Ludiguer - Una hormiga en el Wild, Wild West

 

Hay al menos dos cosas que serían diferentes si yo fuera un autor con una gran imaginación. Una es que no me dedicaría a lo que me dedico sino a escribir exitosas novelas, y otra es que tendría la capacidad de situar esta historia en el lejano oeste y empezaría diciendo algo así como “Once upon a time in the wild, wild west lived a young boy named ...”, y cosas por el estilo, pero como no la tengo pues ha de empezar de un modo parecido a “el otro día me encontré”. Aunque pensándolo mejor, lo primero no lo puedo cambiar, pero lo segundo, ¿por qué no intentarlo?, sí, voy a intentarlo, vamos a situar la historia en el lejano oeste. Bueno, imagino que lejano para nosotros, y cercano para los protagonistas, o no, bien, no tiene importancia eso ahora, el caso es que la historia dice que:

 

En un lugar entre las montañas y los ríos del oeste americano, al capataz Joe Street se le encomendó la tarea de buscar a los quince mejores hombres del estado y colindantes para instruirles en la importante tarea de buscar y por supuesto encontrar oro en las minas y ríos de la zona, para por supuesto, extraerlo una vez hallado. Así que una mañana de un jueves de mayo Joe se puso manos a la obra reuniendo en su rancho a más de un centenar de candidatos de entre los cuales sacó a ese grupo de quince elegidos. Así que hecha la labor de selección, todos quedaron emplazados en la mañana del lunes siguiente para comenzar a ser instruidos sobre el uso de herramientas y técnicas de extracción del oro.

 

Se podría decir que en el grupo no había nadie que ya se dedicara a la tarea de extracción de minerales, pero en líneas generales Joe estaba contento con los hombres seleccionados. Tan sólo uno le originaba una ligera duda, pero eso le suponía un reto personal mayor y por eso lo escogió. Así que el lunes llegó, y tras reunirse Joe con sus quince, los colocó en círculo y les pidió que brevemente se presentaran uno a uno para que todos pudieran conocer a todos. Y cuando esperaba que la timidez les invadiera y tuviera que ser él, como de costumbre, quien indicara por donde había que empezar, de su derecha se oyó una voz que decía, “¡eeh oh, empiezo yo!”. Lo del “eeh oh”, como manera de dirigirse a él no terminó de gustar mucho a Joe, pero era el primer día y tampoco quería empezar con mal humor, así que dio la palabra a aquel entre fornido y orondo miembro de su grupo, el cual dijo, “a nadie le importa como me llamo realmente, tan sólo que quiero que me llamen Ant on ehh oh. Lo de Ant viene porque pertenezco a una familia a la que siempre apodaron los hormigas (the ants. Recuérdese que están en EEUU), porque recogíamos en verano y guardábamos para el invierno, y dentro de mi familia hay unos más activos que somos los on (encendidos) y otros que son los off (apagados), y dentro de los on y off se nos diferencia por un rasgo característico, y el mío es el de que cuando hablo digo ¡eeh oh! constante mente, (ii ou más o menos), ¡eeh ou!. He dirigido diligencias, repartido correo, he sido ayudante del sheriff, vendedor de Biblias y de joyas y he comercializado con tabaco y con ganado y ahora quiero aprender las artes de la extracción del oro para explotar mi propia mina”. Realmente no era eso lo que Joe entendió por brevemente y así se lo hizo saber al grupo, el cual uno a uno fue conociendo al resto de sus miembros, ninguno tan impactante, sin duda, como el miembro de los Ant on. Por tanto, hechas las presentaciones, Joe colocó al grupo en dos filas y les pidió que le siguieran pues se iban caminado rumbo a las montañas y ríos cercanos que les serviría de escuela.

 

Nadie conocía a nadie, así que el silencio era un miembro más del grupo, sólo interrumpido por las constantes quejas de Ant on, quien puro en boca, recriminaba al resto que le iban colocando en su camino todas las piedras para que tropezara con ellas, mientras entre dientes reprochaba a Joe no haberle explicado mejor qué tipo de camino había que recorrer. Así que entre queja y queja y entre tropezón y tropezón llegaron al lado de un río, y Joe advirtió a su grupo, "Bien, éste es el sitio. Imagino que tendréis sed, pero no bebáis aún, os voy a dar vuestro material y luego os diré donde beber". Y así lo hicieron todos menos uno, pues cuando se dio la vuelta para coger el primer juego de herramientas que tenía guardado en una pequeña caseta, vio como una silueta de gran contorno se agachaba ya para hacer contactar su boca con el líquido elemento y acto seguido como con un resorte levantarse lanzando improperios como, “¡ehh oh! pero este tío es un ...”, y a partir de aquí que cada uno termine las frases y sustituya los puntos a su gusto, y prosiguió, “hay que ser ... para traernos con sed a un sitio donde el agua baja llena de tierra y con sabor raro a metales”, a lo que Joe no pudo resistirse y le contestó con la pregunta de que qué era lo que él acababa de decir. Que si había dicho que no bebieran era porque diez metros más arriba desemboca un riachuelo que enturbia el agua y simplemente subiendo once o más metros el agua ya es pura. La cosa no convenció a nuestro héroe, y de malos modos recogió su material y avanzó esos once metros que le permitían beber agua pura.

 

Para entonces, Joe ya empezaba a sospechar que su intento de hacer una buena acción le iba a provocar más de un quebradero de cabeza, pero no podía dejar que eso le afectara pues tenía a otros catorce hombres que instruir, y a ello dedicó los siguientes minutos, así que les dijo que cogieran la saca que les había dado, la abrieran y de ella sacaran la batea, y así lo hicieron todos. bueno, todos no, hubo uno que se atascó a la hora de abrir la mochila,

 

- “Mi saca no abre. ¿Qué tipo de saca me has dado a mí?””. Dijo Ant on.

- “Pues como al resto. Todos tenéis la saca del mismo tipo, además es igual que la de los carteros, y tú dijiste que habías sido cartero, ¿no?”, le añadió Joe.

- “No, he dicho que había repartido correo. Que no es lo mismo. Ayúdame a abrir esto.”

 

Y por no empeorar las cosas, Joe fue hasta él y le abrió la saca y al momento Ant on empezó a sacar cosas de ella.

 

- “He dicho que sólo sacarais la batea”, le recordó Joe.

- “¡Eeh oh!. Pues dilo más alto. Si estoy intentando abrir la saca no puedo oírte. ¿Qué quieres que saque?, ¿la jofaina de hierro?”, dijo Ant on.. Joe asintió con la cabeza y explicó a todos la manera de coger la herramienta y de colocarse en el río.

 

- "

Para separar el oro del resto de sedimentos utilizaremos la batea. Se pone sedimento en ella y en el río buscamos un lugar sin demasiada corriente. La introducimos en el agua y, mediante rotación, hacemos que se acumule el oro en el fondo de la batea. El oro es el mineral más denso de los sedimentos de los ríos, y esto nos permite distinguirlo fácilmente".

Y tras esto les pidió que se adentraran en el agua y practicaran lo aprendido. Así lo hicieron todos, y Joe supervisaba que cada uno de sus hombres lo hiciera de manera correcta y corrigiendo si había algo que corregir. Pero mientras hacía esto, oía una especie de golpecitos que no sabía bien de donde provenían, así que uno a uno a uno fue visitando a sus hombres hasta que al girar una pequeña curva del río y tras un tronco encontró a su ya gran amigo, pico en mano, y agachado donde más corriente había golpeando unas piedras que en medio del río pasaban el día pretendiendo permanecer al margen de lo que allí ocurría.

 

- “¿Qué te he dicho que cogieras?”, preguntó Joe ya enfadado.

- “¡Eeh oh!. La jofaina, pero con eso no cojo nada, así que estoy picando unas piedras antes para poder coger algo con este chisme después”, respondió Ant on.

- "Pero que ahora no cojas no importa. Debes hacer caso a lo que yo diga. y seguir mis instrucciones que es a lo que os estoy enseñando. De otro modo, tengo que perder un tiempo contigo que no debería y que retrasa al resto de tus compañeros", y dicho esto, reunió al grupo y les dijo, "Y ahora, buscad la brújula de la saca". y como no pudo ser de otro modo se oyó, "¡ehh oh!, en mi saca no hay brújula".

- "Es imposible que en tu saca no haya una brújula. Yo personalmente puse el material en las sacas y es muy extraño que tú no tengas brújula".

- "¡Eeh oh!, pues lo he comprobado y no está".

- "A ver, déjame la saca", y Joe buscó en ella y a los pocos segundos sacó la brújula inexistente de la saca mientras decía, "¿por qué antes de decir que no está no miras bien en todas partes?. Yo no puedo enseñarte cosas básicas como buscar algo en una saca"

- "¡Eeh oh! y ¿por que no explicas tú las cosas bien?, di que está en un bolsillo de la saca pero no digas que está en la saca".

- "De acuerdo. La culpa es mía. Todos la encuentran menos tú. Pero la culpa es mía".

 

Como se puede ver, el ambiente se iba haciendo cada vez más tenso, por lo cual Joe decidió que era un buen momento para que sus hombre se tomaran un descanso, así que durante casi una hora los hombres hicieron lo que mejor les parecía para relajarse. Momento que aprovecho Ant on ehh oh para darse un refrescante baño en el río y aparecer segundos más tarde completamente seco perturbando el descanso de sus compañeros, John Papers, Joseph J. y Lou McPerdigan para pedirles consejo sobre como llevar la situación con su instructor, coincidiendo todos en que debía ser más cauto en sus comentarios y no lanzarlos tan a la ligera como lo hacía. Que siguiera las instrucciones que Joe les daba y que no hiciera nada diferente a los demás. Así que con el consejo bien tomado, el descanso termino con una pregunta de Joe al grupo.

 

- "Vamos a ver. En una especie de establo que hay junto al río había una bala de paja para alimentar al pequeño burro que hay allí, pero ahora ya no está. ¿Sabe alguien algo de ella?"

- "¡Eeh oh!, la he echado a la hoguera que había para hacer más fuego y secarme la ropa que se me había mojado en el río. Pero si no debía gastarla que hubieran puesto un letrero que lo explicara".

- "Pero vamos a ver. Si el sentido común no te llega a saber que algo que no es tuyo no lo debes utilizar sin permiso ¿cómo te va a llegar a buscar un cartel y luego leerlo?. Sólo espero que no hayas cogido el loro de mi jefe que está en una jaula colgada de un gancho en esa misma caseta y te lo hayas asado para almorzar".

- "No digas tonterías, ¿Por quién me tomas?"

 

En realidad no fue una buena manera de volver del descanso, y el resto de la mañana no fue mejor. Los consejos dados por sus compañeros sólo sirvieron para tenerlos como referencia y actuar de la manera más diametralmente opuesta a ellos, pero un mal día lo tiene cualquiera, así que terminado el día cogieron el camino de vuelta al poblado, mientras bajaban surgió el tema de que a la mañana siguiente se deberían de organizar de algún modo para el aseo personal, pues en el barracón construido a tal efecto no había más que un espejo en el que deberían mirarse los quince a la hora del afeitado, pero alguien no iba a tener ese problema.

 

- "¡Eeh oh!, yo me iré a la posada y me afeitaré en el aseo de las mujeres ya que he visto que tiene dos espejos".

- "¿Y como sabes que tiene dos espejos?, además, ¿y la molestia que ello ocasiona?. Le dijeron sus compañeros."

- "¡Eeh oh!, molestia ninguna, ellas que hagan lo que quieran y yo me aseo allí. Para mí no es molestia en absoluto".

 

La respuesta dejó sin palabras a sus compañeros, pero no a Joe que le advirtió que si Lady Rachel, que era quien regentaba la posaba le veía hacer tal cosa, posiblemente no se lo explicara con palabras si aquello era una molestia o no, cosa que aún mantuvo más a Ant on en su postura pues seguía sin ver el inconveniente, como tampoco entendió que en el establo que había enfrente del barracón se enfadaran porque llevara a su pequeño borrico a compartir el alimento con los caballos del dueño.

 

- "¡Eeh oh!, será ... el tío. Pues no se enfada porque le he dado de comer a mi burro en su establo. ¡que no se va a comer toda la comida!"

- "Ya, pero es su comida que está en su establo y es para sus caballos y si alguien quiere la ha de comprar, y no está para regalársela al primero que por allí pasa". Le explicaron John Papers y Lou McPerdigan.

- "Pero es que está ... Si fuera un caballo grande lo entendería, pero un borrico, ¿cuánto se puede comer?"

 

Definitivamente no lo entendió, y así continuó durante la cena, y al acabar ésta, salieron a charlar un poco bajo las estrellas antes de ir a dormir, y allí empezó otro debate.

 

- "Eeh oh!, Die'n'go" (muere y vete), que es como llamaba él a otro de sus compañeros, "tu entiendes de Colts, ¿verdad?"

- "Sí, pero ¿qué quieres ahora?, ahora hay que descansar y ya mañana veremos más cosas". respondió.

- "No seas así ... Si es sólo un minuto", y mientras sacaba su revolver le decía, "es que no sé si está encasquillado o que le pasa, pero no dispara. Toma y mira que le pasa".

 

Así que Die'n'go, no tuvo más remedio que mirar el Colt y al momento se lo devolvió diciéndole.

-"Claro que no dispara. No tienes munición"

-"¡Ehh oh!, no tengo munición, no. Al menos me queda una bala. Ya has tocado algo que se ha caído la bala que había."

-"No tenías munición. Ponle munición y luego vemos qué le pasa. Pero sin munición no puedo ver nada."

 

Total, que medio convencido, recupera su revolver y se dispone a llenar el tambor cuando al momento se oye un disparo. Todos se alarman y al momento aparece de su cabaña Ant diciendo.

 

- "¡Eeh oh!, no sé que le pasa que ahora dispara sola".

 

Tanto Joe como Die'n'go se apresuran a observar el arma y coinciden en que es muy extraño que ella sola dispare.

 

- "¡Eeh oh!, pues yo no he tocado el gatillo y la bala ha salido sola, además pregúntale al gato que aun estará corriendo con las tres patas que le quedan sanas si yo le he disparado"

- "Es imposible que la pistola se te haya disparado sola". Le recriminó Joe.

- "Al final aún habrá sido un intento de suicidio del gato". Añadió Lou McPerdigan.

- "¡Eeh oh!, ¡Que yo no he tocado el gatillo ...!

- "Bueno, pues recárgala y déjala sobre esa piedra a ver si se dispara sola".

- "¡Eeh oh!, yo no tengo que poner mi pistola en ningún sitio, yo no lo he tocado, como mucho lo habré rozado un poco sin darme cuenta".

 

y dicho este comentario, el enigma del revolver que se disparaba solo quedo resuelto, así que antes de ir a dormir les amenizo con unas historias de pequeños conflictos que tuvo en la frontera cuando no le dejaban entrar al país no sé que productos alimenticios, a lo que Lou McPerdigan le dijo que no se metiera con la gente de la aduana que conociéndole como le conocía estaba seguro de que él estaba intentando entrar al país armas, tabaco y alcohol de contrabando y el oficial por cubrir el expediente y no complicarse le diría guiñándole un ojo que las latas de alimentos no estaban permitidas y que tenía que dejarlas, pero Ant on tan sutil como siempre, no captó la indirecta y encima ahora se permite poner al agente de la aduana de ... y de ... y a su madre de ... y a su hermana de ..., dando por hecho que su mujer ya era una ...

 

De ahí todos a dormir y al día siguiente de vuelta a las montañas a emprender una nueva jornada que empezó con una reunión y Joe dirigiéndose a sus hombres.

 

- "Me acaban de decir que los vagones que estaban estacionados a la salida de la mina estaban unidos por un clavo grande, y ahora ese clavo no está. ¿Sabe alguien algo de esos clavos".

 

El silencio se extendió por el lugar sólo roto por alguien que llamó a Joe, éste se marcho y cuando volvió dijo:

 

-"Me aclaran que no son los vagones de la entrada de la mina sino los del río. ¿Habéis visto alguien esos clavos?

- "¡Eeh oh!, si son los vagones del río sí. Yo los vi y como no sabían de quién serían y por si se los quedaba alguien, decidí llevármelos y si alguien los reclamaba devolverlos".

- "Pero si estaban en los vagones, ¿cómo se te ocurre pensar que no son de nadie?"

- "¡Eeh oh!, porque yo ya he tenido otra experiencias de este tipo y al final se acaban quedando los demás con las cosas que se pierden"

- "Pero eso no lo había perdido nadie, era de los vagones. ¿Dónde están ahora?"

- "¡Eeh oh!, en el barracón en el poblado"

- "Pues has de ir a por ellos y traerlos"

- "¡Eeh oh!, luego en el descanso iré"

- "No, has de ir ahora".

 

Y tomó el camino del poblado para recuperar los clavos "perdidos", mientras sus compañeros seguían la instrucción sin mayores novedades.

 

Visto con calma da la impresión de que Ant on eeh oh es de ese tipo de personas que necesitan saber donde están los límites y que otros se los marquen, para así sentir más placer a la hora de saltárselos. La cosa fue de mal en peor día tras día, y la relación entre Joe , el grupo y Ant on fue cada vez más tensa.

 

¿Y por qué cuento esto?, porque estoy seguro de que quien haya llegado hasta aquí leyendo se estará preguntando que a qué viene este cuento. Pues bien, la moraleja de esta historia está en que tú que lo has leído sepas que Ant on eeh oh está en tu ciudad. Y puede ser tu vecino, tu compañero de trabajo o estudio, esa persona que te da el turno en la panadería o aquél que está a tu lado en una cafetería comiéndose un bocadillo, el que te pita en un semáforo y te dice de todo por la ventanilla o el que te pregunta cómo llegar a una calle. Puede estar en cualquier lugar y en cualquier parte, y aunque no lo conoces cuando lo veas sabrás que es él, y lo reconocerás, porque tú ya estarás prevenido, y gracias a esta historia podrás huir de él al primer indicio de que esa persona es quien tú y yo sabemos .... si es que aún estás a tiempo y no es demasiado tarde ya.

 

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Comentarios
  • #1 por jmacias el 08/06/2009
    Sorpresa es la palabra.
    Y después Sonrisa.
    Y más tarde reconocimiento.
    Eres un artísta.

    =D> :lol: =D>

    J. Macias.

    http://jmacias-photographer.blogspot.com/
  • #2 por panchacoco el 08/06/2009
    Mmmm... La historia me resulta algo familiar...
    Me sumo al reconocimiento de Macías.
    Y espero con impaciencia la siguiente entrega del intrépido capataz Joe Street.

    Lady Rachel
  • #3 por josephj el 09/06/2009
    Cada vez que lo leo
    me rio mas y mas.
    Sencillamente genial,
    esperemos que no pare la cosa
    y se siga completando la
    historia, tiempo hay.

    =D> =D>

    Joseph J