Ludiguer - al loro - canciones y puntos

Como ha sido fiesta y después de comer no me apetecía ver la tele, mientras los demás pegaban una cabezada delante de ella yo he cogido mi ordenador, lo he encendido, y cuando esperaba oír la típica música que anuncia que el ordenador ya está operativo, lo que he oído es la melodiosa voz de mi loro que me preguntaba: “¿Qué vas a hacer?”, “cosas con el ordenador”, le dije yo. “Eso ya lo veo, pero ¿el qué?”, insistió, “pues nada. Voy a ver como van mis canciones en la red, cuánta gente las ha visitado, y cuánta gente las ha oído. No sé, me resulta curioso saber que alguien de Dios sabe dónde ha estado oyendo algo que yo he hecho”. Le respondí mientras iba tecleando cosas. “¿Y qué?, ¿hay muchas visitas?”, me volvió a preguntar. “Pues hombre, alguna que otra hay. La verdad es que para un individuo anónimo como yo, no está mal del todo. Y hasta incluso algunos las puntúan y ponen comentarios sobre ellas.” le contesté yo. Entonces él fue hacia el recipiente de sus pipas y empezó a comerse una, y he de decir que eso me asusta bastante, ya que parece como si le trajeran la inspiración, y a más pipas comidas, más palabras emitidas. Bueno, normalmente ocurría esto y ahora no iba a ser una excepción. Así que al momento ya teníamos la primera ráfaga lista. “¿Y dices que las puntúan y todo?”. “Sí, eso he dicho”, le contesté, “¿por?”. “Bueno...”, dijo el tirando una cáscara de pipa, “¿y como las puntúan?”. “Pues como todo es puntuado en esta vida. Si te gusta mucho le pones un 10 y si no te gusta le pones un 1 y del 2 al 9 para los intermedios en función de lo que te haya gustado”, le expliqué yo a lo que él replico “¿Y hay gente que pone bajas puntuaciones?”, “pues claro que sí. Si no les gusta mucho la canción, pues le pondrán un 1 ó un 2, o lo que les parezca.”, le traté de aclarar a mi plumoso y parlanchín amigo.”Pero eso no debería ser así”, exclamó medio enfurecido, o al menos con su voz de loro así lo parecía, mientras yo, poniendo un ojo en la pantalla y el otro en la jaula le pregunté: “¿Y puede saberse por qué no debería ser así?”, entonces él empezó a rascarse debajo de su ala derecha, y cuando terminó se quedo con un gesto típico suyo como si con él quisiera decirte -no sé qué haces mirándome, no esperarás que un loro te responda esa pregunta, ¿verdad?-, y cuando consigue meterte en el cerebro la idea de que qué haces esperando un razonamiento de un loro, y dejas de mirarlo para seguir con lo tuyo, entonces, y solo entonces es el momento de hablar, y ahí habló para decir: “pues porque una canción, un cuadro, una poesía, una escultura, son algo que nadie debería juzgar más que el autor, y menos de forma negativa, cada una de estas manifestaciones de arte son únicas y personales, y suelen exteriorizar algo interior de su autor que necesita salir y ser compartido, al cual alguien le podrá decir si dos versos no riman o si una nota desafina o una palabra está incorrectamente utilizada, y aconsejarle sobre como mejorar el resultado final, pero nunca decir si es bueno o es malo.”, ahí es donde dejé de teclear y me giré a verle la cara a mi ave favorita como diciendo ¡ese es mi loro!, y a punto estuve de interrumpir su discurso cuando tras comerse un par de pipas continuó: “Cuando alguien oye una canción, o lee poesía, o ve un cuadro, jamás se podrá poner en el momento y en el pensamiento del que lo hizo, ¿quién sabe qué movió a John Lennon a grabar Revolution 9, a lo mejor fueron motivos más importantes que los de Imagine”. “Hombre, ahí te he de dar la razón”, Dios mío, yo dándole la razón a un loro. Pero ya metidos en materia hasta se lo argumenté, “hay muchas veces que oigo canciones mías antiguas y pienso, -¡vaya churro!-, porque la veo desde fuera, pero al momento me trae a la cabeza un momento de mi vida, un lugar, una persona, y ya la oigo desde otra perspectiva. Eso es cierto.”. “Y ¿qué me dices?, ¿debe alguien puntuarte eso?”, me preguntó. “Pues hombre, se supone que cuando se puntúa se va más a la corteza de la canción, o del cuadro, o lo que sea, ¿no?, es más un me gusta o no que un es buena o no.”, le contesté, y continuó él, “por eso nunca hay que dar a nadie una mala puntuación, y te lo digo por si alguna vez se te ocurre puntuar a alguien”. “No”, le dije yo, “de momento no lo he hecho, aunque a mí sí me han puesto notas buenas y notas malas, y admito que las malas fastidian, en parte por lo que tú dices, por todo el esfuerzo y lo que las canciones representan, y eso que las canciones de aquí no son de las más significativas, pero si algún día subo alguna dedicada a alguien o algo importante, y me la puntúan con un 1 o me ponen algún comentario negativo sé que me va a doler.” . “O imagínate que por ejemplo un día les da por puntuar a las mascotas”, dijo mi loro, “y alguien me pone un uno. ¿A qué te dolería?”, “uff, mejor cambiemos el ejemplo” le contesté y seguí viendo mis canciones.

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