Ludiguer - al loro - hermano simio

Hoy hemos terminado de cenar un poco más temprano de lo acostumbrado, y mientras el resto de la familia se cepillaba los dientes y se ponía el pijama, yo me he sentado en el sofá y he cogido el mando de la tele para ver qué valía la pena ver. Total, que canal arriba y canal abajo, no encontraba el lugar exacto donde detenerme, hasta que en una de esas idas y venidas, sale en la pantalla un documental de chimpancés, y aunque yo sigo con mi recorrido por todas las cadenas, mi loro, tan observador como siempre me pregunta: “¿Eso es un mono, verdad?”, “Sí”, le conteste yo con la esperanza de que ahí terminara la cosa. “Yo conocí unos cuantos antes de ser capturado” me dijo, y yo sin mucho interés ya que no me apetecía entablar una conversación con un loro sobre monos le dije, “¿ah sí?”, con la voz que tiene el que está más en los brazos de Morfeo que en el sofá. Pero él no. El loro tenía las pilas recién cargadas y empezó con su disertación tras los barrotes de su jaula. “Pues ahora os van a homologar con los simios.”, y yo le replique que sí, y a él lo iban a equiparar a una cacatúa pirata esperando que se desanimara, pero aunque yo mostraba desgana, su discurso ya había arrancado y era irreversible, así que continuó: “Si no te durmieras delante de la tele lo sabrías. Así que ahora algunas conductas tendrán que ir cambiando o al menos las tendréis que empezar a ver desde otro punto de vista”. Y ahí es donde cometí el error de preguntar con casi la misma ilusión que antes o incluso menos, pero el caso es que pregunté. “¿ah sí?, ¿y cuáles?”. “Pues..., lo primero que me viene a la cabeza es que cuando Eto’o o cualquier otro jugador vuelva a oír en un estadio a los espectadores emitir sonidos que imiten a los de los monos cada vez que toquen el balón no deben enfadarse“. “¿Ah no?” dijo mi subconsciente volviendo a caer en su trampa. “¿se enfadaría si le gritarán en ruso, en chino o en danés, por citar algunos idiomas?”, preguntó él y yo como un robot contesté, “Si lo que le dicen no lo entiende, o si lo entiende y no es ofensivo, evidentemente no”. “pues eso” dijo él, y añadió “a no ser que lo que se le diga en estas lenguas dé píe a ello. Pues ahora lo mismo ya que se trata de otra forma de comunicación tan respetable como las anteriores. Pero claro, que tampoco nadie del público se ofenda si mientras se va a los vestuarios, el jugador se echa mano a su entrepierna, porque es posible que simplemente se esté despidiendo de ellos en el lenguaje hermano de los monos”. “Muy bien”, le dije yo, “creo que con esto ya he tenido bastante y me voy a acostar”, así que apagué la tele, le puse el capuchón a la jaula, apague la luz, y mientras salía aun oí al loro reflexionar en voz alta. “Ahora, donde ya no lo tengo tan claro es en el mundo laboral, ¿aquí se sigue también la famosa paridad?, y en caso afirmativo, ¿cómo se entiende esta?, ¿paridad entre humanos y simios?, o ¿paridad entre hombres, mujeres, monos y monas?. ¡Ya seguimos hablándolo mañana!”.

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