Ludiguer - al loro - una hora más que ayer y una menos

El pasado domingo me levanté más bien tirando a temprano, y como siempre, antes de ponerme a preparar los desayunos, fui a quitar el capuchón a la jaula de mi loro, y cuando sólo llevaba levantada la mitad, ya pude ver los ojos de mi mascota que me miraban fijamente, “¿Dónde vas tan temprano un domingo?”, me preguntó sin ni siquiera darme tiempo a darle los buenos días, “bueno”, le respondí, “ya he dormido bastante y me levanto”, “pues no es eso lo que dice tu cara”, me replicó mientras me observaba minuciosamente, “pues mi cara podrá decir lo que quiera”, le insistí yo, “pero el reloj dice que son ya las ocho y cuarto, así que ya es hora de ir levantándose”. Al oír esto miro hacia la ventana y dijo, “ni tu cara de sueño ni la luz de la calle indican que son de las ocho y cuarto. Además, yo no soy como vosotros y no necesito relojes para saber la hora que es, me rijo por otros indicios y sé que aún no es hora de levantarse un domingo”. Entonces yo señalándole al reloj del reproductor de DVD que toma la hora de la señal le dije, “puedes verlo tú mismo. 08:17”, entonces él me miró durante un momento con gesto arrogante y aunque su pico permanecía inalterable sus ojos dejaban ver que por dentro lucía una sonrisa burlona, y me dijo, “ah, ya sé. Os han vuelto a cambiar la hora, ¿no?”, “exactamente” , le respondí, “¿qué pretenden?”, me preguntó, “¿que deis más leche?, ¿o que ahora la deis de mejor calidad?”, al oír esto me acerqué a su jaula y le respondí en voz suave, “hombre, vale que cada vez que hay un cambio de horario me sienta como las gallinas que tenía en una granja un tío nuestro de Cartagena al que íbamos a visitar en los veranos de mi tierna infancia, que les mantenía la luz más tiempo encendida por la noche para que se creyeran que el día era más largo y pusieran mas huevos, o algo así. Pero de ahí a que tú hurgues en la herida hay un trecho”, “o sea, que tengo razón”, añadió con tono socarrón (o quizá debería sustituir la primera ‘r’ por una ‘b’ al definir su tono), “ Que te sientes como un animalillo objeto de un experimento”, “no, no del todo”, le aclaré, “aunque no te negaré que a veces con estas cosas es cierto que me siento como si alguien estuviera tomando anotaciones sobre cómo me comporto ante determinados estímulos”, “os creéis muy autosuficientes y muy poderosos“, me recriminó, “y luego os dicen que a partir de hoy todos os tenéis que levantar, o comer, o lo que sea, una hora más pronto o más tarde, y ahí estáis todos haciéndolo sin rechistar”, dijo mi multicolor amigo sacando pecho, para luego añadir, “ve a la selva y dile al león que hoy tiene que comer una hora más pronto y verás lo que te dice, o al cocodrilo, o al águila, o a cualquiera de esos a los que llamáis bestias”, “Pero ¡cómo manejas los ejemplos según te interesa!”, le reproché, “lo leones no tienen que ahorrar energía. Según dicen con esta medida se ahorraran 60 millones de Euros, y eso es una cantidad importante. Tan importante que hay días que yo no los gano”. “Sí, pero de momento mañana cuando vayas a trabajar, tendrás que preparar los desayunos con la luz encendida, cosa que la semana pasada no hacías”, me replicó al momento. “Bueno“, le contesté yo, “pero a largo plazo seguro que se ahorrará lo que dicen”, entonces se acerco con pasos torpes al recipiente de las pipas, cogió una y mientras se la comía me dijo, “De todas formas lo de los 60 millones de euros de ahorro no me parece suficiente motivo”, “¿ah no?”, le dije yo sorprendido, “¿y cuál crees tú que es el verdadero motivo para hacer estos dos cambios de hora al año?, entonces expulsó de su pico la cáscara de la pipa, se acercó a los barrotes por la parte más cercana a mí y me dijo en un tono susurrante, o al menos todo lo susurrante que un loro puede hacerlo, yo creo que os están preparando para que en uno de estos cambios cuando os cojan desprevenidos decidan desde algún ministerio poneros multas a los que no hayáis cambiado la hora al día siguiente de lo estipulado y quitaros tres puntos del carné de conducir”, entonces yo aliviado, le enseñé la muñeca izquierda y le dije, “Ah pues yo como no llevo nunca reloj no tengo nada que temer. Me libro de la multa”, “¿qué no llevas reloj?”, me reprocho indignado, “pero eso es mucho peor. Eso son tres puntos por suponer que no la has cambiado, y cinco por ir por ahí sin reloj y la correspondiente multa. Digamos que diez euros por minuto, como lo normal es que lo lleves una hora mal, son 600 euros que con una previsión de 100.000 multados, ya nos cubre los 60 millones que tenían previsto ahorrar”, al oír esto le miré con una fingida cara de susto, y le pregunté “¿Y tú crees que llegarán a poner en práctica lo de la multa y los puntos?”, entonces mi multicolor ave me respondió con tono misterioso, “o eso, o algunos grandes almacenes intentarán explotarlo anunciando ‘Haz que los tuyos nunca se olviden del cambio de hora con la medalla conmemorativa - 25 de marzo de 2007’, la fecha es importante para que no sirva de un año para otro y tengas que comprar dos cada año y luego le pondremos una frase pegadiza como, ‘Una hora más que ayer pero menos que mañana’, o no, no, a ver que te parece ésta, ‘Una hora más que ayer y una menos en Canarias”, entonces miré a mi loro con gesto de aprobación y le dije, “me gusta. Resérvame un par de medallas de ésas para el año que viene”.

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