Ludiguer - al loro - hoy viene el papa

Como cada día voy a preparar los desayunos no sin antes quitar el capuchón a la jaula del loro e intercambiar con él unos cordiales buenos días. Voy a la cocina y oigo que desde la jaula me preguntan “¿no es hoy domingo?”, “Sí ¿por?” contesto, “son solo las 7, ¿no es demasiado pronto para levantaros?” pregunta el loro. “Sí”, le contesto, “es que queremos dar una vuelta por donde están los peregrinos que esperan al Papa, y ver el ambiente y todo aquello, y regresar a casa antes de que empiece al calor fuerte y la misa”. “El Papa es ese señor que vino ayer a Valencia, ¿verdad?” “sí“, contesté a mi alado y plumoso amigo. “parece ser un hombre muy importante. En la radio de la tienda hablaban mucho de él y de su visita, y de la gente que iba a venir a recibirlo, y a oír lo que él dijera”, “pues sí, es el representante de Dios en la tierra y la persona más importante para los cristianos, por ser quien es y todo lo que representa, en fin, no sé si sabes lo que quiero decir”, “y también es presidente de un país, ¿no?” fui preguntado por mi loro, “hombre, pues sí, del Vaticano” le dije yo, mientras ponía el pan a tostar, a lo que mi mascota añadió tras tirar de su boca la cáscara de una pipa, “y todo eso le hace merecer un trato especial, ¿no?”, deje de echar leche en el vaso, miré al loro y le contesté, “no sé a dónde quieres llegar”, “bueno, pues ya sabes” decía mi ave mientras escupía otra piel de pipa, “pues que cuando el resto de la gente le saluda, despide o se dirige a él ha de seguir unas normas ya establecidas y un protocolo para evitar quedar como un ignorante, un falto de educación, o quién sabe que otras cosas peores”, “hombre, pues sí, se supone que todos tenemos unas normas mínimas de conducta y respeto que cada uno en su estatus ha de cumplir y seguir, bueno, todos menos tú, que eres un loro y superas con creces las expectativas que en ti depositamos, ya que con un -lorito bonito-, nos hubiera bastado durante el primer mes, y aquí me tienes hablando de buenas costumbres contigo”, “sí pero ...” añadió el loro tragando otra pipa, “¿por qué ayer cuando llegó el Papa todos al darle la mano le basaban el anillo y dos o tres de las personas que le esperaban no lo hicieron?”, ¡uf!, si ya es difícil contestar esa pregunta, encima lo tengo que hacer a un loro que está cabeza bajo en su jaula mientras ingiere otra de sus pipas. “Bueno, querrán demostrarle que no son del todo seguidores de su doctrina y de lo que él predica”, Hala, ya he contestado, ahora él seguirá comiendo pipas y yo con mis desayunos, o al menos eso creía yo, porque lo que estaba era cargando el arma para disparar la próxima pregunta “pero ese grupo que no le ha besado el anillo no está ahí para demostrar lo que ellos piensan o no, sino para representar a todos aquellos que le estáis pagando para que habiéndolo votado o no os represente, ¿verdad?, por lo tanto, y dado que todos no podéis ir a recibir al Papa, ni representaros cada uno a sí mismo, lo correcto sería seguir lo protocolariamente establecido y dejar las manifestaciones particulares para cuando se reúnan con la gente a nivel particular y con dinero de su bolsillo, ¿no?”, después de tan larga parrafada casi se me acabó quemando la tostada, pero un tuve tiempo de rescatarla, y antes de que me diera tiempo a nada ya tenía otra pregunta en el aire. “Además, uno de ellos ya había hecho algo parecido una vez que pasó una bandera por delante de él y no siguió el protocolo establecido de levantarse a su paso, ¿verdad?”, “pues sí, ahora que lo dices, sí fue así”, “Por tanto a estados ya establecidos les desprecia su bandera, y cuando van a su casa dirigentes de naciones inexistentes que sólo son regiones españolas que quieren independizarse de ésta, entonces sí que les valora y respeta sus símbolos, será porque soy un loro, pero me cuesta comprender su comportamiento, ¿tú me lo puedes explicar?”, entonces yo me quedé mirando a mi loro durante unos segundos, dejé el vaso de leche que estaba preparando sobre una bandeja, me dirigí hacia él y le dije: “tienes razón, es demasiado pronto para levantarnos” al tiempo que volvía a poner el capuchón sobre su jaula.

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