Ludiguer - al loro - jaula de refranes

Jaula de refranes

Hace un par de noches estábamos sentados en el sofá mi mujer y yo viendo algo de tele-basura, mientras el bebé dormía y mi loro nos observaba comiendo pipas desde su jaula. En una de ésas, uno de los personajes que aparecían en la tele quiso demostrar su amplio dominio del lenguaje y dijo un refrán, bueno, más que un refrán lo que dijo fue un compendio de varios pero con un resultado desastroso que sólo el supo lo que quiso decir. Al oír aquello, mi mujer empezó a reír, y yo hice lo propio, y cuando ya pude dominar la situación les dije, “Pues tened cuidado que todo se pega menos el hambre y como no seas más listo que un día sin pan, cuando te quieres dar cuenta estás hablando como ellos”, y entonces mi mascota, la cual yo pensaba que estaba simplemente pensando en sus pipas me añadió, “quizá sea meterme en agua de borrajas pero luego os puede pasar que aunque pongáis los cinco cuernos en hacerlo bien, en menos de un dos por tres os estéis volviendo a equivocar por la costumbre”, entonces levanté la vista hacia mi plumoso amigo y al mirarle vi un gesto como si me estuviera retando a una pelea de refranes mal dichos, así que aprovechando la práctica que tengo de cuando en la oficina sacamos punta a este tipo de cosas, recogí el guante y le dije, “la verdad es que decir un refrán de manera inadecuada es como tirar uno la casa contra su propio tejado, ya que toda la fuerza que éste podía aportar se esfuma un segundo después de decirlo, es como poner a alguien la mosca en los labios para después quitársela pero encima del susto lo dejas con la piel de punta”, “pero ya sabes que hay gente que ella misma se cuece sus habas”, me respondió mi mascota con gesto altivo, “y tiene un morro de tres pueblos, por lo que no les importa decir alguna que otra tontería como la copa de un templo”, al oír esto, y sin quitar la mirada de la pantalla le dije, “ande yo caliente no me mires el diente, es lo que deben pensar, pero no se dan cuenta de que todo llega menos la hermosura, y que no se puede decir nunca que de este agua no beberé ni la dejaré correr”, entonces mi plumoso amigo empezó a decirme mientras trepaba por los barrotes de su jaula, “sí, pero no creas que son tan valientes como parecen, porque en cuanto le ven las orejas al rabo, a unos se les pone el estómago en un nudo y otros se cierran a capa y espada”, “claro”, le repliqué, pero eso es como pedirle peras al árbol caído, ya pueden darse con una piedra en los dientes y esconder la mano si alguna de las cosa que dicen está bien dicha”, y bajando de sus barrotes, mi ave me añadió, “ya, pero es que esta gente parece tener manga libre para hacer lo que quieran y los demás tenemos que dar el visto verde siempre a lo que ellos hacen y si les llevas la contraria hasta te dicen que eres más raro que la chaqueta de un guardia”, para entonces yo ya tenía que hacer grandes esfuerzos para aguantar la risa y mantener el tipo pero aún así, respiré hondo, tragué saliva y le repliqué, “pero date cuenta que todo viene de lo mismo y se resume en que a perro ladrador todo son pulgas o en que a poca salud mangas verdes. Tú sabes que no me gusta hacer leña del olmo, pero tampoco soy de los que meten la cabeza detrás de la oreja, así que si tengo que defender el buen uso del idioma, dentro de mis posibilidades lo defiendo donde sea”, entonces él me miró y me dijo, “tú sí, pero esa gente en cuanto está con la lengua al cuello para evitar quedarse sin vender ni un armario, prefieren irse a otra cadena de televisión donde les paguen algo, y no les importa que les digan que son unos culos de mal agüero”, así que yo habiendo oído aquello, le dije lo que cualquiera hubiera respondido en mi caso, “mira, yo sólo digo una cosa, perro flaco poco mordedor, pero has de pensar una cosa, y es que con toda esta gentecilla que sale por televisión, y que quieren estar en el plato y en la procesión, tarde o temprano se demuestra que cuando el río suena no mueve el molino, y lo demás es querer buscar en al agua los tres cascabeles al gato”, en ese momento y aún con la sonrisa en los labios, mi mujer nos dijo, “¡hay que ver que imaginación tenéis!, sois capaces de hacer la conversación más larga que un horno de bollos”, a lo que nuestra mascota le aclaró, “imaginación no, memoria .Yo todos los refranes que he utilizado se los he oído decir a gente convencidos de que estaban bien dichos, ni he añadido ni he quitado. ¿No estábamos haciendo eso?”, en ese momento mi mujer y yo nos giramos hacia la pantalla y seguimos viendo anuncios.

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