Ludiguer - al loro - me duele una puerta

Me duele una puerta

 

Un lunes cualquiera después de comer me senté a ver esos cinco o diez minutos de noticias que me da tiempo a ver antes de volver al trabajo, y como es costumbre, empezaron a hablar de los accidentes de tráfico del fin de semana, así que al momento mi querido loro me comentó, "¡qué barbaridad!, todos los lunes igual", "pues sí, ya ves", le dije yo con tono resignado, "y parece que no se puede hacer nada para evitarlo", en ese momento se acercó a los barrotes con pasos torpes para preguntarme, "¿tú realmente crees que no hay solución?", "bueno", le expliqué, "ya ves que hacen todo tipo de campañas, con anuncios más duros, otros menos, cambian el carné y no sé cuántas cosas más, y al final todo fracasa", "y si todo eso fracasa", empezó a decirme mi plumoso amigo con un cierto tono misterioso, "¿crees que puede ser porque no estamos empezando por al problema principal y origen de todo esto?", "pues no sé", le respondí con un cierto toque de extrañeza, "y ¿cuál es ese problema?, entonces él adoptando ese gesto arrogante que adopta cuando entiende que tiene las cartas ganadoras me respondió, "la educación", "¿la educación?", le preguntó mi boca mientras mi cerebro estaba ocupado intentando analizar su respuesta, "Sí. La educación, o mejor dicho, la carencia o ausencia de ésta", "y ¿en qué te basas para decir esto?", pregunté a mi alada mascota ansioso de oír sus argumentos, así que dirigí mi mirada hacia su jaula y le escuché atentamente como decía, "desde mi punto de vista, hay un problema concreto de los conductores españoles, y con esto no digo que seáis los peores que otros al volante, en otros sitios lo harán mal por otros motivos o por los mismos mezclados con otros típicos de la zona, pero lo vuestro tiene difícil arreglo, sobre todo mientras los españoles, más que las españolas, consideréis el coche como una prolongación vuestra y una manera de suplir vuestras carencias, siempre hablo en términos generales, pero cuanto más raquíticos sois más grande y fuerte queréis el coche, y cuanto más os cuesta llegar a fin de mes, más caro y espectacular, que aunque lo termine de pagar vuestro nieto, vosotros podáis presumir de coche delante de la gente", en ese momento recordé algo que me hizo sonreír y que compartí con mi mascota, "la verdad es que mis primos y yo siempre nos hemos reído mucho de la gente que se marchaba del pueblo y sólo volvía cuando se cambiaba de coche, iba por allí, lo lucía y luego de vuelta a casa a seguir con el agua al cuello para pagarlo, o a devolverlo al concesionario, que también había casos que luego se descubría que eran prestados", al oírme, mi ave hizo algo que interpreté como una sonrisa aviar y siguió diciéndome, "pero hasta tal modo os identificáis con vuestros vehículos como parte vuestra, que la gente dice cosas como, me han dado un golpe, me he quedado sin batería, tengo el filtro del aire para cambiar o llevo un arañazo en la puerta del conductor y obviamente se refieren a su coche como una prolongación más de su cuerpo. A las mascotas también se nos quiere mucho, espero, pero nadie nos entiende como una prolongación de ellos ni dice tengo que ponerme el chip, tengo que comprarme un hueso nuevo para jugar, tengo que vacunarme contra la rabia, tengo pulgas o se me están empezando a caer las plumas del ala", "hombre, no es lo mismo", le dije, pero por decir algo, porque argumentos para defender aquello no tenía, así que no necesito mucho para tirarme la respuesta por tierra, "no es lo mismo ¿por qué?", así que con tono balbuceante le dije, "no sé, eh…, porque el coche te lleva a sitios y parece que él y el conductor forman un mismo objeto, ¿no?", entonces mientras trepaba por los barrotes me replicó, "ya, los caballos también te llevan a sitios y aún no he oído a ningún jinete decir que ha de cambiarse las herraduras pues las que lleva le molestan", pues tenía razón el pajarraco, así que como por ahí no tenía salida, decidí dar un giro a la conversación argumentando, " bueno, pero que alguien diga esas cosas tampoco es sinónimo de no tener educación, a lo mejor es una utilización inadecuada del lenguaje, pero de ahí a llamarlo falta de educación…", entonces mi multicolor amigo bajó de un salto del barrote al que estaba trepando y me dijo, "evidentemente no, pero se empieza por ahí, te sientas detrás del volante y ahí te sientes como superior y blindado, y además hay unas normas que te amparan y un maravilloso botón que al pulsarlo hace que suene ese claxon justiciero que castiga a aquellos que se equivocan, aquello de que la bocina sirve para evitar situaciones de peligro es una patraña, sirve para hacer ver al inútil su condición de inservible para la conducción. Tú vas por la calle y un señor delante de ti se tropieza, y rápidamente van todos a socorrerlo y a ver qué le ha pasado, pero si en un semáforo se te cala tu coche, al instante tienes a todos también a tu alrededor, pero no para socorrerte, sino para hacerte saber lo torpe que eres, a un camarero le falla el sacacorchos y le cuesta abrir el vino, y no se pone todo el bar en pie diciéndole que se dedique a otra cosa, pero si a ti no te entra la primera, más te vale que te trague la tierra", "hombre, visto así", le dije yo tratando de minimizar la cosa, "pero no todo es así", "ya lo creo que no", me respondió con un tufillo irónico, "te voy a decir una serie de cosas que están mal vistas si de verdad quieres ser un tipo duro al volante y no un nenaza inexperto toda tu vida, y luego me dices cómo llamas a eso", "a ver. Dímelas", le tiré de la lengua ansioso por saber lo que me decía, "pues mira, está mal visto", y empezó a enumerar, "frenar en cuando el semáforo está en naranja, ir a 100 en una recta que marca 100 como velocidad máxima, parar en los pasos de cebra, esperarse en un semáforo en rojo donde sólo pueden pasar peatones, y se ve con claridad que no hay ninguno a 30 km a la redonda, en los atascos, parar antes de un cruce o bocacalle para evitar quedarte en medio obstruyendo la circulación, ir por el carril de la derecha siempre que haya 3 o más carriles, permanecer en un semáforo en rojo sin moverte cuando el hombrecillo del peatón ya está intermitente, encender luces o intermitentes con tal de facilitar la visibilidad y maniobras al resto, puesto que si uno ve bien y sabe por donde va a girar, a los demás ni les va ni les viene lo que uno haga; dejar pasar a los peatones que hay en las aceras cuando se entra o sale del garaje, no demostrar lo astuto que uno es al volante cuando haya alguien con una L en las inmediaciones, pararse en un semáforo en rojo de madrugada en zonas poco transitadas, tomar a 50 una curva que al entrar pone 50 como velocidad máxima si en realidad con mi maravilloso coche y con mi habilidad la puedo tomar a 80; cuando se aparca pasado un semáforo junto a un cruce, esperar a que tu semáforo de detrás se ponga verde y no salir al medio de la avenida cuando todos te vienen por la izquierda; recorrer 300 metros para hacer un cambio de sentido cuando podemos saltarnos una línea continua, o mejor aún pasar por encima de un seto", y ahí ya tuve que interrumpirle pues se me empezaba a hacer tarde, así que le dije, "bueno, pues a partir de ahora para que no te enfades te equipararé al coche y me acostumbraré a decir que me pica la puerta y que no sé si he cerrado las alas, o que me he de ver la presión de las patas y peinarme el carburador", y agotado el tiempo que tenía para ver noticias, di un beso a la familia y me marché al trabajo.

¿Te gustó este artículo?
0
Comentarios
No hay comentarios todavía. Se el primero en escribir uno.