Ludiguer - al loro - mi bebé antes y más

“Hasta luego”, me dijo mi mujer antes de cerrar la puerta y bajarse al parque a tomar el sol con el bebé, mientras yo me quedaba un momento a asear la jaula del loro antes de bajar con ellos. Así que me la llevé a la cocina y durante el recorrido me dijo mi afable mascota, “¡qué lindo está!”. “¿Quién?, ¿el bebé?” , le pregunté yo, “claro”, respondió él, “hombre, ¿qué te voy a decir yo siendo su padre?”, le contesté, y entonces él mirando a un punto fijo empezó a decirme, “¿sabes?, desde que tenéis al bebé me he dado cuenta de lo relativo que es el mundo de los bebés”, “¡Aah!”, le dije yo mientras le daba un pequeño toquecito en el pecho para que se apartara y me dejara sacar uno de los recipientes vacíos. Entonces él, subiéndose a uno de los columpios de su jaula me preguntó, “¿sabes a qué me refiero?”, y yo le contesté, “en absoluto”, mientras con un trapo limpiaba el suelo de su habitáculo. “Pues está claro”, contestó él y empezó a explicarme, “Cuando nace el niño, lo primero que hacéis es preguntar por su peso. Bueno, pues para el médico ha pesado 2, 820 kilos, pero para el padre que suele estar en otra dimensión son dos kilos ochocientos y pico, la madre, mucho más sabedora de lo que habla comenta que - 2,900. Bueno, le han faltado unos gramos -, y luego llega la abuela que ha oído campanas, y por temor a quedarse corta ya que no ha conseguido retener la cifra por más que se la han dicho cinco o seis veces, se cura en salud y dice que – casi tres -, a lo que quien le escucha siempre contesta que –ah, pequeñito. Los míos todos han pesado más de tres y medio, mi Carlitos pesó 3,889 y mi Marimar 3,772 -”, “¡¡gana la banca!!” le dije yo mientras volvía a colocarle los recipientes en la jaula y guardaba los sacos con su comida en un cajón, a lo que él continuó, “gana, pero sólo por el momento, porque rápidamente se contraataca diciendo que ha nacido dos semanas antes de lo previsto, de ahí esa falta de peso”, en ese momento cogí la jaula para volver a llevarla al salón y durante el camino le añadí, “y con eso hay más o menos un empate técnico ya que una parte se queda contenta porque los suyos han pesado más, y la otra también ya que piensa para sí que el suyo con otras dos semanas más en la tripa hubiera llegado casi a los cuatro, ¿no?”, “eso”, me dijo mi plumoso compañero de tertulia, y continuó diciendo, “y ahí es cuando la vista se gira hacia la madre para preguntarle si le va a dar pecho o biberón, a lo que la madre orgullosa le responde que pecho y que ya con sólo un día el recién nacido intentaba mamar pero que aún no sacaba nada, y entonces la persona al oír esa respuesta rápidamente contesta que los suyos fue llegar a la habitación y empezar a mamar, además, su hija ya tenía leche”, entonces yo le interrumpí mientras buscaba algún periódico antiguo para colocar debajo de la jaula para añadirle, “y si le aprietas un poco te dice que ya en el quirófano tuvieron que interrumpir el parto para que la criatura mamara”, “y luego conforme el bebé crece”, continuó diciendo mientras disfrutaba de la limpieza de su jaula, “vienen el resto de materias por las cuales seguir compitiendo. Si dices que al tuyo parece que le van a salir los dientes pronto con cinco meses, los demás ya a los tres mordían pan del día anterior, y en el ejemplo extremo, la comadrona aún se acuerda del mordisco que recibió del bebé al ir a cortarle el cordón umbilical”, “eso sin exagerar, ¿no?”, le interrumpí nuevamente para ver si terminaba y me podía bajar yo también al parque, pero como siempre su verbo era interminable, así que prosiguió con su quimérico relato, “y si les comentas que tu hijo ya balbucea, dice ajo y que parece que con cinco meses ya quiere hablar, los suyos a esa edad ya decían ajo, pero arriero y lo alternaban con el puerro, por aquello de romper con la monotonía”, en ese momento colgué la jaula en su pié y retiré el periódico viejo, y mientras lo arrugaba para tirarlo, la voz de la jaula me seguía contando, “y a la hora de andar, ¿te has fijado en que cada día los niños empiezan a andar antes?”, “Sí”, le contesté yo, “pero con lo de andar no sé si te has dado cuenta pero ocurre algo muy curioso”, “¿ah sí?”, me preguntó él con interés, “Pues resulta que tú recuerdas que el tal Carlitos estaba casi en edad de afeitarse, y aún iba o en la sillita o en brazos de cualquiera que por allí pasara, porque decidió, cosa muy respetable por otro lado, no andar antes. Pero en cambio, su pariente cuando salga el tema de la precocidad al andar, te dirá intentando tirar balones fuera que no recuerda si fue su Carlitos o su Marimar la que andó”, entonces él me corrigió, “anduvo”, a lo que yo le repliqué, “No. Anduvo es para quien no exagera o se refiere a otra cosa, pero para soltar una exageración, es mucho más contundente decir que andó un poco después de los nueve meses. Lo que leyendo entre líneas significa claramente que el otro, es decir Carlitos, no. Además, ¿Cómo puede alguien recordar pesos, horas, medidas y otros detalles con una exactitud extraordinaria, y no recordar cual de sus nietos o hijos anduvo primero?”, entonces él cogió una pipa con el pico, la mondó, expulsó la cáscara y me dijo, “Deberíais investigar qué os pasa a los humanos con el paso del tiempo, ya que de bebés todos sois potenciales números uno en vuestra especie, y luego mira en lo que os quedáis”, “¡hombre, gracias!”, le dije yo, “todo este rollo para que al final termines metiéndote con nosotros”, “Además”, siguió diciendo, “no sé para que se esfuerza la gente en exagerar si en realidad nadie escucháis a los otros cuando hablan. Estáis esperando a que el otro acabe para corregir y aumentar lo suyo, y si no hay manera de aumentarlo, cambiáis de tema pero diciendo para vosotros – sí, pero el mío es más guapo –, ya que para la belleza aún no se ha inventado el medidor”. En ese momento y ya con mis tareas de limpieza terminadas me dirigí hacia la puerta mientras le decía, “Bueno. Me bajo porque me ha dicho el bebé que cuando bajara me iba a leer un par de artículos del periódico y que hasta que yo llegara me esperaba resolviendo el sudoku”.

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