Ludiguer - al loro - se vende canción

SE VENDE CANCIÓN

 

Hace unas cuantas tardes, y mientras el resto de la familia estaban dándose un baño en la piscina, se me ocurrió coger la guitarra para tocar un rato, y aunque barajé varios lugares para instalarme, al final , y ya que estaba allí más cómodo, decidí hacerlo medio tirado en el sofá del salón, lo cual no dejó de ser una equivocada elección, pues nada más verme aparecer por allí mi loro, tiró la cáscara de la pipa que se estaba comiendo y con pasos torpes se acercó hacia los barrotes de su jaula para preguntarme, “¿Qué vas a hacer?”, “pues tocar la guitarra un rato”, le contesté, “¿y qué vas a tocar?”, me preguntó siguiéndome con la mirada, a lo que yo le contesté mientras me acomodaba, “pues voy a ver si compongo algo, que hace tiempo que no lo hago y me apetece hacer algo nuevo”, “y una vez compuesto ¿qué vas a hacer?”, me pregunto mi mascota, “pues lo de siempre”, le aclaré, “grabarlo, esperar a tener suficientes canciones para grabarlas en un CD, y una vez grabado el CD ponerlo en la estantería junto con los otros míos que ya tengo grabados”, “¿y tienes muchos CDs en la estantería?”, se interesó mi plumoso amigo, así que sin pensarlo mucho le confirmé, “unos 18 ó 19, ahora no lo recuerdo exactamente”, “¿y hay muchas canciones en ellos?”, me cuestionó con interés, “pues piensa”, le dije yo, “que cada disco tiene como poco 11 canciones, aunque hay alguno que llega a las 20. Así que ya puedes ir sacando el cálculo”, en ese momento y retrocediendo sobre sus propios torpes pasos me dijo, “¿y eso es rentable?”, “pues ni rentable ni desfavorable. Simplemente es lo que es y ya está”, le contesté de manera resignada, “¿quieres decirme que tienes más de 200 canciones ahí en una estantería y ya está?”, me insistió mi multicolor amigo, “entonces, ¿para qué las haces?”, y apoyando los dos brazos sobre la parte superior de la caja de la guitarra le respondí, “pues por la necesidad que hay a veces de transmitir cosas. Haces una canción, la grabas y luego cada vez que la oyes es como si de algún modo volvieras a aquel momento y oyes tu voz de ese preciso instante lo cual hace todo lo que la rodea irrepetible”. Al oírme decir aquello, me miró y con una cierta dosis de ironía me comentó, “si, pero a base de que otros vuelvan a muchos momentos irrepetibles algunos están forrados, y tú ya te ves”, y con resignación le comenté, “ya, pero el mundo de la música está así de mal repartido”, a lo que él rápidamente y sin abandonar la ironía me replicó, “mal repartido, ¿no?, eso es lo que decís los que estáis en el lado feo de la tortilla, pero seguro que los del lado vistoso no opinan igual”, y parándome a pensar por un instante le aclaré, “pues yo creo que sí, porque salvo excepciones, el ser alguien o no en este mundo depende de una serie de factores que no siempre están unidos a la calidad y al trabajo”, “lo dices por ti, supongo”, me siguió diciendo con cierto retintín a lo que le respondí, “no. No lo digo por mí, o sí. En general lo digo porque uno está harto de juntarse con gente y de oír cosas que para lo precario de los medios con los que está hecho, suena muy bien y tiene muy buena pinta aunque está condenado a perderse en el olvido, y luego hay cosas grabadas en los mejores estudios, o al menos en estudios que no es poco, con grandes colaboraciones, y un despliegue de medios espectacular y cuando las oyes son una bazofia monumental. Pero ahí están, y con suerte estamos hablando ya del cuarto o quinto trabajo que publican”, “pero eso os ocurre a los humanos en todas las facetas”, me comentó ya apeado de su tono burlón, “sí”, le dije, para seguir añadiéndole, “pero en este mundo de la creatividad es quizá más injusto el que todos no partamos desde una misma línea de salida”, a lo que mi plumoso amigo me comentó, “no sé a qué te refieres”, así que yo me dispuse a comenzar mi discurso reivindicativo, así que tome aire y le dije, “pues me refiero a que todo lo que crea un músico, un pintor, un escritor, o cualquier otro personaje que hace surgir una idea desde su cerebro es sin lugar a duda susceptible de ser apreciado y seguro que hay alguien en algún lugar al que le gusta, con lo cual el privar al creador de difundir su obra, supone no sólo su frustración por no llevar a cabo el fin último de la obra que es ser oída, vista, leída, etc., por alguien, sino también implica que estás privando de pasar un buen rato a aquel que podía haber disfrutado oyendo ,viendo o leyendo tu obra”, y tras escucharme con mucha educación me volvió a comentar, “¿Y lo de la línea de salida?”, “pues esto viene”, le aclaré yo, “a que como habrás notado durante el tiempo que llevas entre lo humanos, nuestros gustos son muy maleables, es decir, que ya nuestra cultura nos condiciona bastante los gustos, la zona en la que naces, la familia, etc., pero luego, hay una gran cantidad de factores que condicionan nuestro gustos”, “¿Cómo cuales?”, continuó preguntándome, a lo que yo le seguí aclarando, “pues los medios de comunicación tienen una gran influencia, como se suele decir normalmente, lo que no sale en la tele no existe, y por el contrario, sé positivamente que muchos de aquellos que han oído alguna vez alguna canción mía y han pensado que vaya plasta también serían luego los primeros en ponérsela en el móvil si algún refresco decidiera utilizarla para algún anuncio, y la canción sería la misma, ni mejor , ni peor que ahora, sólo con la diferencia de que ahora sale en un anuncio”,

Y tras oírme decir esto, me replico con cierta sorna, “no te preocupes que no vas a tener ese problema”, a lo que yo hice como que no le oí y seguí diciéndole, “o imagina que alguna de esas cosas que me has hecho escribir y colgar en el portal de Internet donde tengo las canciones y que ha leído un determinado número de gente, de repente empieza a circular el rumor de que detrás del seudónimo del escritor está el periodista de moda, un humorista famoso, o alguien en boga en este momento, estoy seguro de que las visitas a mi blog se dispararían y lo que antes era un tostón o una historieta simplemente graciosilla inmediatamente se convertiría para muchos en un símbolo de originalidad y gracia, y hasta a lo mejor había alguna frase que se convertía en la frase del verano. Y el texto es el texto, y no es más gracioso o menos en función del número de la gente que lo lee”, en ese momento mi mascota expulsó la cáscara de pipa que se había comido y me dijo, “y de ahí lo del mal reparto ¿no?”, a que yo le aclaré,

“bueno, de ahí, y del reparto de beneficios, ya que te lo digo sinceramente, y salvo el grupo contado de excepciones que por supuesto están en otra dimensión, o bien por la indudable calidad de sus creaciones, o porque son pioneros y han abierto nuevos caminos en su estilo impensables para el resto, o por las dos cosas a la vez, el resto son un amasijo de más de lo mismo que simplemente están donde están porque alguien tenía que ocupar ese lugar y ellos eran los que pasaban por allí en ese momento, por eso aparecen un año y desaparecen seis”, “así que la solución es estar ahí en ese momento”, me dijo trepando los barrotes de su jaula, “pues no creas“, le añadí, “a mi modo de ver, la solución es otra, y es que haciendo uso de las nuevas tecnologías, está claro que el CD al uso tiende a desaparecer, y todo estará en Internet, y ahí es donde hay que encontrar el beneficio. Ahora un CD puede costar, por redondear, 20 euros, y por redondear también, tiene 10 canciones, con lo que nos sale a 2 euros por canción, y aunque sólo nos gusten seis canciones, hemos de gastarnos los 20 euros completos, con lo cual acabo de gastar 8 euros en música que no me gusta, y que sumados al resto de euros que los demás se están gastando en música que no nos gusta, no nos dice nada, o simplemente ya la tienes en alguna recopilación”, “porque no ha salido en ningún anuncio”, me interrumpió, “pues a lo mejor.“, le repliqué y continué diciendo, “La cosa es como si uno fuera a una frutería y le dijera al frutero que quiere un kilo de naranjas y otro de manzanas, ya que las ha visto y le gusta el aspecto que tienen, además ya alguien se las había recomendado antes, y cuando pregunta por el precio de los dos kilos de fruta que lleva, el frutero le dice que son 12 euros. Por supuesto el comprador se extraña y le recuerda que sólo lleva dos kilos, pero el vendedor le dice que no se pueden comprar las frutas por separado, la compra ha de ser un kilos de naranjas, otro de manzanas, otro de limones, otro de fresas, otro de cerezas, y así sucesivamente hasta completar los doce euros, que ese es el formato establecido de venta en el lugar y que el no puede hacer otra cosa, y que por más que el comprador alegue que las peras no le gustan, y que acaba de comer fresas y que tiene cerezas en casa, o se gasta los que le piden o no hay fruta, con lo que uno piensa que el caso es que todo eso sirve para que una determinada gente se forre de oro los grifos, la ducha y el interior del retrete, vaya al cuarto de baño en su avión particular o le regale a su pareja dos elefantes comprados a peso y ropa interior con encajes de brillantes para celebrar la inauguración de su novena mansión de más de 100.000 hectáreas de playa privada”, tras decir yo esto, mi plumoso contertuliano se bajó del barrote de un salto y acercándose a mí con sus típicos pasos torpes me reprochó, “¡eh!, ¡eh!, ¡eh!, Aquí huele a envidia, y mucho”, a lo que yo intentando salir rápido del paso le aclaré, “En absoluto, yo acepto que una gran parte de ellos tienen algo que yo ni tengo ni llegaré a tener”, “su dinero”, me interrumpió de nuevo, pero yo seguí, “además. A determinados lugares sólo se llega por méritos propios, pero no creo que nadie haga tantos méritos como para llegarse al nivel que se llega. Yo hago música, e independientemente de los medios técnicos con los que la hago, como con todo el mundo, a unos les gusta más a otros menos, a unos mucho y a otros nada. Y me parece muy bien, para eso subo algunas canciones”, “¿las mejores?”, me volvió a interrumpir mientras se acercaba al recipiente de sus pipas, “No“, le aclaré, “sin duda tengo canciones de las que tengo mejor concepto que de las que he subido, y por supuesto que las tengo de menor calidad, de todo tiene que haber y todas cumplen o han cumplido su misión en su momento, es como si en un país se decidiera expulsar a los feos sin valorar el papel que desempeñan, además quién valora quien es feo y quien no, pero como te decía, por eso comprendo que esa gente esté en un nivel diferente al mío, o al de otra mucha gente que conozco o de la que he oído música, pero tanta diferencia como para que nuestros ingresos anuales en concepto de música ronden calculados al alza los cero euros y los de ellos no me quepan en la pantalla de la calculadora, definitivamente no está claro. Algo no está bien organizado cuando con tan solo vender una pertenencia cogida al azar de algunas de estas estrellas un ciudadano de a pié se compra un piso céntrico en una gran ciudad y además le da para cancelar su antigua hipoteca, porque seguro que la tiene”, así que siguió con sus dudas, “entonces, ¿qué hacemos?”, y sin pensarlo mucho le aclaré, “Pues yo creo que se tendría que dejar el mercado mucho más abierto, la industria discográfica se queja de las descargas de música ilegales, pero lo que está claro es que si en vez de tener que pagar los mencionados 20 euros para aprovechar doce existiera la posibilidad de que todos entráramos en ese mercado, y como tal mercado sólo compráramos lo que en realidad nos interesa y a un precio que se ajuste a la oferta y la demanda como buen mercado, nadie o casi nadie tendría inconveniente en pagar precios razonables por las canciones, entendidas cada una como entes individuales, y con esos ocho euros que no nos hemos gastado antes, repartidos entre aquellos a los que no les llega nunca nada, a lo mejor yo podría cambiar de coche cada diez años, otros lo harían de deportivo cada dos y medio, y otros cada diez meses de limosina, pero sin ponerle tapacubos, retrovisores y parachoques de oro y brillantes, que al fin y al cabo el coche funciona igual sin ellos. Y otra cosa es que gracias a los conciertos, patrocinios y varios, te dé para hacer los cambios de vehículo con mayor frecuencia, pero eso es como todo, a más canciones y más conciertos, mayor probabilidad de ser escuchado y tu producto comprado”, pero volvió a adoptar una cierta actitud entre arrogante y benévola para hurgar en la herida, “de todas formas cuando tanto lo criticas es porque de algún modo te gustaría tener un coche así”, y sin pensarlo mucho le dije, “pues no te voy a decir que hace unos años sí que me hubiera hecho gracia, pero hoy en día creo que ya simplemente me conformo con alimentar mi ego y que un día en algunos grandes almacenes oiga una conversación por casualidad donde alguien diga que ha oído en Internet una canción mía que le ha gustado mucho o si alguna vez me atreviera a subir las cosas que tú y yo hablamos como muchas veces me has sugerido, le estuviera contando en esos grandes almacenes que está enganchado a las conversaciones que un tipo chiflado tiene en un portal de la red con su loro”, así que mientras se subía al techo de su jaula me decía, “pues nada, ponte un cartel en el pecho donde diga que se venden canciones e historietas y date una vuelta por las playas este verano a ver si al menos consigo que me compres una jaula más grande, y luego ya hablaremos de qué metal la quiero”

Ludiguer te agradece que hayas leído esta historia creada por él y se alegra si te ha gustado, y si no, tienes otras 50 historias más de Ludiguer en www.hispasonicos.com, que quizá te gusten.

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