Ludiguer-Un mayo en la vida-Capítulo 03

Ludiguer - Un mayo en la vida - Capítulo 03

 

Lunes 6 de mayo. Tras un feliz fin de semana en familia y tal y como ya hiciera el viernes anterior, Lewis llegó a la oficina de empleo a las 9,15, minuto arriba, minuto abajo, y tras él entró a pasos no excesivamente largos, pero sí sonoros y muy rápidos, alguien llamado Mr. Marth, que supuestamente era uno de los jefes de la oficina, más concretamente el que aporreaba las teclas del ordenados a velocidad endiablada y no cogía el teléfono hasta que no sonaba al menos durante dos minutos, cosa que dicho sea de paso, no solía agradar a quien le pasaba la llamada. Frank iba vestido de negro, con la chaqueta quitada y apoyada en su brazo izquierdo y con las gafas de sol puestas, las cuales una hora más tarde aún llevaba, y eso lo sabe Lewis porque como de costumbre se sentó en la sala de espera, y aunque esta vez tampoco nadie le ofreció nada, ya más acostumbrado a la situación y al lugar, se dedicó a ver el mobiliario de la sala donde había pasado los días anteriores y donde se suponía aún tenía que pasar muchos más. Así que levantó la vista y lo primero que le llamó la atención fueron los cuadros, pues una cosa es la pintura abstracta y otra un timo concreto. Estudió detenidamente los cuadro y vio que en una pared había uno compuesto por un gran cuadrado formado a su vez por varios cuadrados de diferentes colores y texturas, como si se tratara del muestrario que uno ve en una casa de muebles cuando tiene que elegir la tela que quiere para su sofá o para sus cortinas, y en otra pared había dos cuadros que se suponía hacían juego entre sí ya que ambos constaban de un fondo totalmente negro y en el centro una circunferencia roja como si alguien hubiera dejado el bote de pintura de este color encima y se hubiera quedado la marca del contorno de éste, pero los diferenciaba que en uno parecía que el bote estaba muy lleno y al cogerlo de nuevo, algo de pintura se había derramado dejando una mancha de pintura roja en la parte inferior, o superior, depende de qué lado lo cuelgues, y el otro que tenía junto al aro de pintura roja una mancha amarilla que o bien podía ser la península arábiga vista desde Marte en un día de niebla, o el tanga de una mulata visto de perfil. Pero esto no era todo ya que no estaban ellos solos, pues éstos tenían el honor de compartir pared con un par de mapas y planos de la ciudad, varias fotos de algunos empleados de la oficina en alguna celebración común y un calendario, cosa que nada tendría de particular si no fuera porque al fijarse más, en esa curiosidad innata que tenemos los humanos para ver en qué cae este año nuestro cumpleaños, en él vio que volvía a caer en sábado, cosa que recuerda que no hacía mucho ya ocurrió porque tuvo que invitar al grupo de amigos del partido del sábado, así que al mirar con mayor detenimiento observó que era de hacía tres años, y todo esto coincidía en el espacio y en el tiempo con pilas de expedientes amontonados por todas partes, que como decoración eran un horror, pero le ayudaron a llegar entretenido a las 13,20, que es cuando volvió a coger sus cosas para marcharse a su casa.

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