Ludiguer-Un mayo en la vida-Capítulo 06

Ludiguer - Un mayo en la vida - Capítulo 06

 

Jueves, 9 de mayo, son las 9,15 y Lewis coincide en la puerta con Eleanor, Eleanor Close para más información, que llegaba en ese momento de su casa, la cual iba con la cabeza agachada metiendo algo en su bolso, solo dejando ver su melena tintada de rojizo y unas gafas de sol que se había puesto en la cabeza a modo de diadema, así que llegando a la puerta ella levanta la cabeza y Lewis se encuentra que lleva otras gafas de sol puestas esta vez en su sitio, es decir, en los ojos. Lewis la saluda tímidamente y cede el paso con educación entrando ambos a la oficina, ella para ocupar su puesto detrás de su mesa y el para ocuparlo delante, en la sala de espera, pero Lewis ese día decidió que la persona observada y de la cual escribiría anotaciones sería Eleanor, sin que ello fuera impedimento para escribir algo del resto, así que tras ocupar esa silla próxima a ella, decide seguirla con la mirada muy atentamente, pero discretamente para no levantar sospechas. Y lo primero que le llama la atención es lo extravagante de su vestimenta, y no comprende cómo se le había pasado por alto hasta ese momento, y no es que Lewis sea un experto en moda, pero hasta para él está claro que un vestido con lentejuelas y otros ornamentos no pega con unas deportivas con calcetines blancos, ni una cazadora vaquera y unos pantalones vaqueros debajo, que dicho sea de paso tampoco pega con el pañuelo del cuello, y ya una vez metidos en harina, tampoco pega con el bolso, pero dejando todo esto a un lado, no le deja de sorprender tampoco que se quite las gafas de sol de los ojos y las guarde en el cajón derecho de su mesa de donde saca otro estuche del que extrae otras gafas para ver de cerca, las cuales se coloca pero por supuesto sin quitarse las que luce en el pelo, lo que hace pensar a Lewis que para qué perdió el tiempo el pobre humano que inventó las diademas si con unas gafas podemos conseguir el mismo resultado y además, como utilidad adicional nos ayudan a ver. Pero bueno, todo eso es mera anécdota si luego en su trabajo se desenvuelve como de ella se espera, pero el destino no le dejó que tuviera esa duda durante mucho tiempo, ya que un poco más tarde, a eso de media mañana, Eleanor tiene un pequeño enfado con uno de sus compañeros, pues según parece, le están explicando algo que ya le han explicado en otras ocasiones, pero que ha decidido no asimilar pues no presta gran atención a lo que le dicen, lo cual no sienta bien a sus compañeros pues les huele a tomadura de pelo y ella les dice mientras sale de la oficina que ella se va media hora a pasear y a tomar el sol, y que si no le apetece almorzar no almuerza, pero que ella se va, a lo que su compañero le responde que si se va es para almorzar y si no, que se quede en la oficina trabajando como hace él y el resto, ya que por esa regla de tres, él mañana se traerá un trombón y aprenderá a tocarlo en esa media hora que aparentemente tienen libre para hacer lo que quieran, pero definitivamente, Eleanor abandona la oficina mientras Lewis observa disimuladamente la pelotera y piensa que su loro tiene más sentido común, por eso anota en sus folios:

 

* Eleanor Close,

- Extraña y alocada.

- Mínima capacidad de atención

 

Tras la espantada de Eleanor, el resto de compañeros se miran unos a otros durante unos segundos con gesto de resignación, para continuar con sus tareas, una de las cuales hace que Albert, uno de los trabajadores, recuerde una herramienta con la que trabajaban hace unos años, no muchos, y a la cual llamaban el AS/400, y que por supuesto, como todo en esa oficina, requería una matización, pues tal útil se remonta a los tiempos en los que sólo había un ordenador para toda la oficina el cual tenían que compartir lo que traía duras batallas, y que John, otro de ellos, recuerda como que estabas trabajando en él y si te venía un estornudo y girabas la cara para expulsarlo, cuando volvías la mirada hacia el ordenador, ya había alguien trabajando en él, y casi siempre ese alguien al mancharse te dejaba un montoncito de ceniza en tu mesa y algún papel quemado. Pues bien, aquellos eran unos tiempos de una tecnología tal que todas las tarifas a aplicar estaban anotadas en un folio mugroso, arrugado y mordido por las esquinas, y según éstas se iban ofertando y facturando, llegando ese inmundo y repugnante documento a convertirse en el sólido pilar sobre el que se asentaba la estabilidad de toda la oficina. Podía desaparecer de allí cualquier cosa o persona, pero el famoso AS/400, era sagrado. Allí había anotaciones de todos y cada uno de los usuarios que a él se conectaban, y éstas se podían encontrar en horizontal, vertical, diagonal, de arriba abajo, de abajo hacia arriba, había flechas que te llevaban a otro sitio y flechas cuya punta era inexistente y por tanto no conducían a ninguna parte, pues parte de sus “bytes” se habían caído del documento como hoja que cae del árbol en otoño, como fruto del constante manoseo al que era sometido, pero tal y como recuerdan, nada hubieran sido sin él, a lo que John añade que ni col él, pues recuerda lo que en su día llamaron -Expedientes noria- y que les lleva a una noche de viernes en que Albert y John se quedaron en la oficina hasta altas horas para poder hacer el cierre contable de ese mes, y todos los expedientes pendientes de facturar los pusieron en un montón de unos 50 ó 60 centímetros y uno dictaría los importes a facturar y el otro los introduciría en el único ordenador existente. Así que cogieron el primer expediente y cuando se disponían a emitir la factura correspondiente vieron que había un concepto que desconocían y que no aparecía en el AS/400, así que pusieron este expediente en último lugar debajo del resto y fueron a por el segundo, el cual, padecía el mismo mal que su predecesor, así que lo situaron el último y a por el tercero, el cual, oh sorpresa, carecía de información sobre qué facturar, así que pasó al final, y así ocurrió con todos y cada uno de los expedientes hasta que cuando se quisieron dar cuenta se encontraban de nuevo ante el primer expediente, lo cual les llevó a la decisión de facturar lo que hubiera y ya luego se facturaría lo que faltara, pero al menos algo quedaba facturado, así que miraron a ver qué podían facturar y era una ínfima cantidad con respecto a lo que correspondía, así que expediente a la cola y a por el segundo pero con el planteamiento de la segunda vuelta, pero al segundo le pasaba lo mismo que al primero, y al tercero, y al cuarto, y así uno tras otro pasó por la cima del montón hasta que al rato volvía a ser el primero el que lideraba el grupo, cosa que provocó a los dos trabajadores a apagar el ordenador y marcharse a su casa hasta el lunes siguiente, día en el que esperaban que Frank estuviera inspirado y pudiera decirles, no sin antes abrir decenas de cajones y comprobar en centenares de mini papelitos cual era la oferta correcta a aplicar. Tras esto, Lewis esperó a ver si había alguna historia más que se encadenara a la anterior, pero como ahí quedó todo, tras dejar que el reloj llegara a la una y cuarto Lewis se levantó tomando el camino de su casa

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