Ludiguer-Un mayo en la vida-Capítulo 22

Ludiguer - Un mayo en la vida - Capítulo 22

 

Viernes 31 de mayo, ese día Lewis llegó a la oficina a la hora de abrir y poco a poco vio como iban llegando los empleados de la oficina. La mañana transcurrió sin grandes novedades, es decir, Joe seguía sin solucionar ni el problema de visitar clientes ahora que Gerard no estaba para visitarlos, ni buscaba gente para cubrir la baja de Sara, y mucho menos para ampliar la plantilla, Frank seguía ensañándose con su teclado, Jane cantando por toda la oficina, Albert y John con sus predicciones deportivas y alguna que otra pincelada política, James escondido, Ann saboreando su fruta en los momentos libres que le deja el fumar cigarros, Mary, hablando de fiestas y festivales con su cliente favorito e Irma y Eleonor buscando algún sitio donde salir de copas esa noche, los tubos seguían fundidos, y el aire sin acondicionar, pero pese a todo esto, ese día Lewis no se marchó pasadas la una sino que espero hasta la hora de cerrar a las dos, de tal modo que cuando ya no quedaba nadie en la oficina más que los empleados y él, y le invitaron a marcharse pues ya era hora de cerrar al público, se levantó colocándose en el centro de la sala y desde allí alzando la voz se dirigió al personal de la oficina diciendo, “Buenos días a todos. Soy Lewis Harrison, y desde el día dos de mayo he venido a esta oficina todas y cada una de las mañanas y he estado aquí desde las nueve hasta la una ininterrumpidamente, y nadie, repito nadie se ha dignado a preguntarme qué necesitaba, qué me ocurría, quién era y qué hacía aquí tantas horas al día. A nadie le ha importado si era un parado, un terrorista, o un enfermo con intención de contagiar su enfermedad al mayor número posible de personas. Al final, todos han terminado considerándome como una parte más del mobiliario, como algo que no aporta nada, pero que como no da problemas, pues ahí está bien, por no hablar de las veces que han preferido hablar entre ustedes o leer la prensa y comentarla en lugar de venir a ver qué era lo que yo necesitaba, ¿y ustedes se llaman trabajadores?, ¡vaya profesionalidad la suya!” y terminando de decir esto, uno de los trabajadores se dirigió a él ofendido y le dijo, “haga el favor de calmarse hombre, ¿quiere que llame a seguridad?, ¿quién se cree que es para venir aquí y decir todo lo que ha dicho?”, y en ese momento Lewis adoptó un gesto de jugador de cartas repleto de ases y le dijo muy sosegadamente, “en respuesta a su primera pregunta, sí, llame a seguridad que para ellos también tengo algo que decir y con respecto a su segunda pregunta, ya le he dicho que soy Lewis Harrison, y en cuanto a quien creo que soy, mp ft rvf 3p drfb, ft rvf tpy dftdf hbdf vm mft f3 mvfvp dirfdtpr df fttb pfidimb, y f3 3vmft rvifrp vfr3ft b tpdpt fm mi dftpbdhp b pbrtir df 3bt pdhp vmp trbt ptrp ppr prdfm df bmtigüfdbd, jvmtp dpm vm tédmidp df3 birf bdpmdidipmbdp. Señores, buenos días, buen fin de semana y hasta el lunes”.

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