Mastering, el arte y la ciencia

Ayer tuve la oportunidad de asistir a una sesión de mastering de de un disco que se está acabando, en el que pude participar como co-productor o colaborador en la producción o como lo querais llamar. Básicamente estuve en unas cuantas sesiones dando ideas, casi siempre bien recibidas debo decir, sin falsa modestia. El caso es que por una cosa u otra no había estado antes en un estudio de mastering. Me reservo los nombres de toda esta gente (el disco, el estudio, etc) por discreción, aunque los que me conocen un poco saben de que hablo.

Bueno, lo que quería compartir con la gente de Hispasonic: todo lo que se diga del mastering es cierto. Por dar un ejemplo: habían en la mezcla unos cuantos toms-base que tenían unos armónicos subgraves que simplemente no habíamos escuchado... y ahí estabamos en la sala de mastering y eran tan, tan, tan evidentes... Y así varias cosillas. Me fuí de ahí con la sensación de que el disco se quedaba en buenas manos, para acabar de recibir lo poco que le falta para sonar increíblemente bien.

Esto es lo que debería ser el mastering: una sala que suena excelentemente bien, donde una persona experta escucha con mucha atención y criterio la música que le envían, y le da los toques finales.

Respecto a la batalla del volumen, creo que la conclusión fué dejar el disco en unos niveles sanos, válidos para el mercado tal como está hoy, pero que a la vez la música respire algo, osea que no se llegará a esos niveles destructivos de petación absoluta. Creo que esta es una decisión muy sana, muy correcta: sacar un disco que puede escucharse detrás de otro cualquiera y no desentonará, pero sin ser el más petado de todos. A ver si entre todos vamos acabando con esa manía malsana que hace los discos un poco inescuchables.

Y la última cosa: que bonito ver como acaba un disco. Es un esfuerzo de la hostia, meses de trabajo en este caso, de interés y expectación. Va llegando al final y hay de todo: alegría por el resultado (en este caso, cojonudo), sorpresa por aquellas pequeñas cosas que quedaron mejor que la más optimista de las previsiones, y muchas lecciones aprendidas para el próximo, tanto de cosas que hay que repetir como cosas que no.

Este es un trabajo que hay que amar. No veo la hora de empezar, ahora sí, con el disco de El Hombre Rana.

Salu2.

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