Mi viaje al desierto de Argelia.(Entrega Nº 1)

MI VIAJE AL DESIERTO DE ARGELIA

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Acontecimientos preliminares

Los momentos anteriores al viaje, transcurrieron llenos de avatares y de acontecimientos muy dolorosos, se podría decir que fueron dos años previos en los cuales me preparaba para afrontar tiempos muy duros, decisivos en mí vida en los cuales me ayudaron a tomar decisiones que le dio un nuevo rumbo a toda mi existencia, días que dejarían una gran huella para así poder hacer mí viaje iniciático.

Hacia más o menos dos años que acogía a niños Saharaui, ellos vienen de vacaciones de verano hacia nuestro país, donde los limpiamos les damos de comer, les enseñamos un mundo muy diferente al que ellos conocen.

Algunos de ellos los que viven más apartados en el desierto no conocen la luz ni el agua corriente, es sorprendente ver sus caras de asombro cuando se le da a la manilla de un grifo y sale agua o le das al interruptor y de allí sale luz.

Son chicos listos donde los haya inteligentes y despiertos. Te saben buscar las vueltas que es un gusto, instintivamente es una forma de sobrevivir en tan inhóspitos parajes.

El primer año me tocó una niña dulce y buena, el único inconveniente era la hora de comer ya que sus gustos eran muy diferentes a los nuestros y ella obstinadamente se negaba a probar bocado de la comida de casa, pero si dejamos ese aspecto a un lado era un absoluto encanto de niña, guapa, despierta, alegre, dulce con unos ojos grandes y negros y un pelo que más bien se podría decir que era la misma seda que produce las mariposas en su crisálida.

El lugar de donde proceden, la inmensidad de desierto, carecen de medios para la higiene, ellos son un pueblo de costumbres, en la cual la limpieza aunque parezca lo contrario esta muy arraigada en ellos. En todos estos años de exilio han tenido que adaptarse a la vida en el desierto sin agua y casi sin medios de vida a no ser por los que les proporciona la ayuda humanitaria y todo esto ha ido en detrimento de la limpieza por carecer de elementos básicos para ello. Con este hándicap es a lo que me tuve que enfrentar durante todo un verano en el cual me pase quitándole piojos y liendres del pelo, un pelo tan fino que ni siquiera se veía y que cada vez que la despiojaba creía interminable mi tarea.

Tres meses maravillosos, donde aprendí a convivir con otros olores, mi hijo Antonio, también empezó a aprender convivir con otros niños en casa, ella era mayor que él y lo cuidó como a su hermano pequeño. Son niños cariñosos, dulces y que tienen muy adentro el cuidar de los suyos de su familia y en aquellos días nosotros éramos su familia.

Abgalia Mohamed, aquella chiquilla que me iluminó aquel verano, nunca la he vuelto a ver más, algunas veces la vida no va por los derroteros que tu quieres y pierdes lazos del pasado, sobretodo si estos están basados en la lejanía de un desierto que tiene el inconveniente que no puedes comunicarte con ellos, si ellos no lo hacen contigo, pero todo a su tiempo y esto forma parte de otra historia. El segundo año yo esperaba que viniera Abgalia, pero no llegó, por más que se intentó, ella ya sobrepasaba la edad para venir a España.

Autora:Purificación Ríos Torres.

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