Mi viaje al desierto de Argelia.(Entrega Nº 2)

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Y llegó un torbellino de 6 años que se llama Feilah Mohamed, (quiero aclarar que la mayoría de los nombres se denominan Mohamed y en sus costumbres tan solo llevan como apellidos los de los padres y abuelos paternos el nombre de la mujer se pierde).

Pues el torbellino llamado Feilah, sería largo muy largo de explicar las mil y una de esta chica. Desde que el primer día, que metía las manos en las comidas y que lloraba y lloraba sin parar y decía en su idioma algo parecido a esto hagia hagia Smara, (traducción me quiero ir a Smara). Pasándome los tres meses de verano corriendo literalmente detrás de ella.

Cuando llegan estos niños, les hacen un estudio medico, ella ya portaba una carta de sus padres para que en el trascurso del verano fuera curada por nosotros. Bueno eso querían ellos, según ellos la niña tenia una enfermedad, yo me preguntaba, joder que enfermedad, enferma me pondré yo de no dormir, por las noches se me levantaba para ducharse con agua fría y acostarse desnuda en la alfombra de su dormitorio para dormir allí, aclaración no tenia la alfombra puesta cuando llego pero visto lo visto se la puse.

En el transcurso de los exámenes médicos le hicieron la prueba de la tuberculina. ¡ONDIE¡ sorpresa que se llevo el medico y yo susto. La niña dio positivo y no un positivo cualquiera, el brazo se le inflamó tanto, que le tuvieron que poner en la zona antiinflamatorios.

Pues claro médicos para arriba médicos para abajo, pruebas y mas pruebas. Conclusión seis meses de tratamiento para que no se le desarrollara la tuberculosis, porque era portadora pero aun no la padecía, eso si, tenia bronquitis asmática crónica con una pequeña lesión en el pulmón derecho en la parte de arriba por una bronco pulmonía mal curada, Estuvo con nosotros un año entero pero la niña no tenia mejoría en su estado de salud que empeoraba en el invierno, claro en el verano no le pasaba nada de nada ¡Pero joder cuando llego el otoño! Noches en vela administrándole el ventolín y mil cosas más, vómitos provocados por las bronquitis etc.…

Ese es su historial médico pero el personal entre ella y yo, peor que peor, no toleraba que yo usurpara a su madre y yo me veía obligada a cuidarla ya que en aquellos momentos la hubiera mandado paseo.

Con el tiempo nos fuimos conociendo y apreciando. Hoy nos llamamos una vez a la semana, ella ahora está con sus padres y hermanos en España.

Y aquí entra el motivo de mi viaje a los campamentos Saharaui.

Después de pasar todo un año juntas, de pasar malos ratos con sus rabietas, sus vomitonas y aprendiéndonos a conocer conjuntamente pero a la vez nos empezamos a querer, un cariño que no tiene nada que ver con ser madre e hija, son otros lazos muy parecidos, pero a la vez diferentes y difíciles de explicar. Como decía, ese año por más que me moví y nos movimos (La asociación y yo) no la pudimos dejar en España. La reclamaban sus padres y como padres que son con todos sus derechos, acertados o no en sus decisiones.

A mediados del mes de septiembre recibimos una carta de sus padres, para que fuéramos a recoger a la niña, en estos momentos pienso que más bien era para empezar ellos el papeleo de visados, por que creo que ellos ya se habían marcado un camino, el venirse todos a España. Nunca me lo dijeron, pero creo que desde el primer momento que llegué allí fui consciente de ello.

Por aquel tiempo fue cuando nos dimos cuenta que mi hermana estaba enferma. Fueron meses (Septiembre, Octubre) muy angustiosos y movidos, mi marcha para los campamentos Saharaui también fue preparado por aquel tiempo. Salí para Argelia a finales de octubre y días antes nos enteramos de la gravedad de la enfermedad de mi hermana. Tuve que decidir entre ir y no ir y finalmente fui.

Autora: Purificación Ríos Torre

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