Mi viaje al desierto de Argelia.(Entrega Nº 3)

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Salida para Argelia

La salida estaba prevista para la ocho de la tarde, todo era un barullo de personas, los que nos íbamos en el vuelo, y los que llegaban al aeropuerto, tan solo para llevar cartas a niños de unos y otros campamentos.

El vuelo se retrasó cuatro horas, sobre las once de la noche vi llegar el avión me pregunté ¿en ese trasto me tengo que montar? el avión era de las líneas argelinas, nada que ver con los aviones que tenemos por aquí en Europa. Yo era un manojo de nervios y de dudas por que aun tenia ganas de echar marcha atrás, llegó el momento del embarque todos salimos corriendo para montarnos en el avión, cuando me paré justo en medio del avión para decidir por que puerta entraba, creí ver una fisura en el fuselaje que iba desde una ventanilla hasta el ala, me pasó por la cabeza el irme para atrás, tenia miedo a volar y de montarme en ese gran cacharro viejo y cargado de todas nuestras maletas (Creo que todos llevamos sobrecarga en nuestros equipajes) pensé en mi hermana la dejaba “sola” y sobretodo tenia miedo a lo desconocido.

El viaje transcurrió tranquilo sin más, con ese anhelo de llegar a destino, estábamos todos alegres, yo ya había encontrado gente con la que quedarme esa noche en el campamento de Rabuni (es el campamento político militar que tiene en el territorio de Argelia los Saharaui).

Hoy en día tengo los acontecimientos muy confusos, en ese avión, se que me agregué a una familia española que iba a encontrase con la familia de “su niña” a la cual habían acogido durante varios años.

Era la primera vez que salía sola de España y también la primera vez que me tenía que desenvolver por el mundo y creo que escogí un plato bien fuerte. La familia de “mi niña” me dijo que me iría a recoger, estaba casi tranquila por que con ellos todo es imprevisible.

Anteriormente nos dijeron (los de la Asociación amigos del Pueblo Saharaui) que si llevábamos comida y regalos para “nuestras familias” lo pusiéramos en el fondo de las bolsas de viajes, a las mujeres nos aconsejaron que pusiéramos compresas encima de todo y a los chicos que pusieran una chocolatina para evitar que nos requisaran los objetos que pudiéramos llevar.

Pues llegamos ¡Ondie cuando yo vi, donde aterrizaba el avión! estaba oscuro como la barriga de un buey solo se veía desde el aire algunas luces perdidas y las de la pista de aterrizaje.

Salimos del avión en el camino hacia el aeropuerto el cual me dijeron que era militar y que no seria extraño que nos encontráramos con policías argelinos armados y que no hiciera ningún movimiento que pudiera levantar sospecha. Yo cada vez más nerviosa y preguntándome una y otra vez si yo debería de estar allí.

Autora: Purificación Ríos Torres

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