Mi viaje al desierto de Argelia.(Entrega Nº 4)

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El aeropuerto era tan rudimentario, que en la descarga de nuestros equipajes tardaron más de una hora y media, siendo los mismos policías militares los que nos pasaban los equipajes por “Una cinta”.

Por fin salimos de allí y nos subieron a una especie de autobuses, eran tan viejos que creo que por aquí en los desguaces los hay mejores. Cuando llegamos a Rabuni pasaron lista nos dieron algo de comer, nos dijeron si queríamos llamar por teléfono para decir que habíamos llegado, bien casi todos llamaron yo no quería llamar, me daba miedo simplemente no lo quería hacer, como el avestruz que esconde la cabeza en la tierra por lo que me pudieran decir sobre el estado de salud de mi hermana, llamé, pero di una excusa para quitarme pronto del teléfono .Mas que comer, intentaba no separarme de esa familia, no quería quedarme sola me sentía perdida, así que donde iban ellos iba yo. Nos prepararon la tienda de campaña, son esas tiendas militares que tanto se ven en las películas, ya en la tienda nos dispusimos a “dormir”.Creo que aquella noche nadie durmió, por la mañana cuando tocaron a diana nos dispusimos a levantarnos y asearnos un poco, con toallitas refrescantes. Cuando salí de la tienda vi una nube negra de moscas por todos los lados, ¡Uf dije yo que es esto¡ a lo cual me dijeron esto no es nada veras cuando llegues a los campamentos, allí si que hay moscas.

Nos dieron el desayuno algo de leche de camella y “café” joder que malo estaba aquello.

Al medio día salimos para los campamentos, ellos los denominan wilayas, unos nos dirigíamos a Smara, otros al Aium, Auserd, dajla. Nos montamos en los “autobuses”, yo iba radiante al ir al encuentro de esa chiquilla que echaba tanto de menos,

Todo tenía un color diferente era como si el paisaje tuviera un tupido velo color anaranjado, tan desolado sin un solo árbol ni casas, todo era arena piedras y sol.

Cuando llegamos a Smara, al paso del autobús se arremolinaron un montón de chiquillos corriendo detrás de nosotros y chillando ¡los Españoles!¡los Españoles! mismo hacían las personas mayores, ellas con su melfas y ellos con sus darrat.

Lo que más me sorprendió de todo es que los militares Saharauis, que nos hacían de guías nos dijeron que íbamos al ayuntamiento de Smara y que cuando se nos acercaran los chiquillos no les diéramos nada.

Yo aún me preguntaba el porque, y también si alguien se acordaría de que yo estaba allí.

Una vez en el ayuntamiento, el cual era un corral de ladrillos de adobe y una choza de igual calidad, enseguida empezaron los chiquillos a venir hacia nosotros. Tímidamente y sin apenas darnos cuentas nos encontramos rodeados de chiquillos sucios llenos de moscas, que se les posaban por todos lados, ojos, bocas, narices. Una niña ya mayor que me recordaba a Algalia, se dirigió hacia mi para pedirme algo de comer, y aquí comencé asentir una pena profunda, de esas que lloras aunque no lo quieras, las lagrimas se me caían si parar y por mas que intentaba no llorar las lagrimas seguían cayendo por mi cara, estaba totalmente derrotada, compungida, añoraba mi casa mi gentes y a la vez no entendía como podían vivir allí toda estas personas. La mayoría de los niños tenían la nariz llena de mocos verdes, de esos que salen y entran, lo más curioso fue que ellos ni siquiera se molestaban en quitárselos.

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