Mi viaje al desierto de Argelia.(Entrega Nº 5)

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Poco a poco cada uno de nosotros fuimos recogidos por una “Familia” Saharaui, ahora éramos nosotros los acogidos, yo me quede para la ultima, bueno mejor dicho nadie fue a recogerme. En esos momentos era un mar de dudas. ¿Por qué no vienen? ¿No se habrán enterado que estoy aquí? ¿Cómo puede ser que se olviden de mí? ¿Qué hago yo en este lugar?

Unos guardias se dirigieron a mí, me preguntaron a que “Familia” pertenecía, les expliqué que era de la “Familia” de Mohamed, el conductor de la ambulancia del hospital, se reunieron unos momentos y cuando llegaron a mí, me dijeron, nosotros te llevaremos. En esos momentos me sentía totalmente desolada y olvidada, diciéndome una y otra vez ¡si quedamos que al llegar ellos me vendrían a recoger! ¿Qué ha pasado con todas esas llamadas en las cuales me pedían que fuera y ahora nadie viene? Los policías que me trasladaban veían mi cara de pena y compungida, en un mal castellano me decían, algunas veces las listas de los visitantes no vienen correctas.

Nada que me pudiera consolar ¿Cómo puede ser que solo mi nombre no viniera en las listas? ¿Y si no está la “familia” de “mi niña” por aquí? La pregunta seguro que la hice en voz alta porque me contestaron, ¡ah Sra. no pasa nada la mandaremos con otra “Familia” y seguro que estarán contentos con tener a una Española tan guapa como Usted! Por fin llegamos a la puerta de la casa de Mohamed el conductor de la ambulancia de Smara, mi corazón me latía con tanta fuerza que creía que se me saldría del pecho.

Me bombardeaban nuevas preguntas ¿serán ellos los que viven aquí? cuando por fin salió un hombre alto con bigote, lo reconocí de inmediato, lo había visto en fotos que me mandaron desde Tiduf, !sí, si, son ellos¡ ¡Gracias a Dios¡ Al verme el hombre estuvo un rato hablando con los policías, luego se vino a mi y me dijo, entra estas en tu casa. La casa era de ladrillos de adobe, todo un lujo, al lado de las Jaimas, (es así como llaman a las tiendas de campaña con un palo central, con un nombre muy característico debido a sus connotaciones simbólicas, es el palo que sostiene la tienda, familia, nación). A los lados de la casa tenía unos muros de ladrillos de la misma calidad, ni muy altos ni muy bajos, lo suficiente para guardar la intimidad del interior de aquel patio. Cuando entré había cuatro estancias separadas entre si, una servía de comedor y dormitorio de las mujeres, la otra mas pequeña en donde se guardaba el tesoro del arcón (Este arcón, fue llevado por ellos en su exilio a través del desierto, en el llevaban sus más preciados tesoros, todas sus pertenecías más queridas, de esas casas que dejaban atrás, aguardando el día en que regresen a su nación, el tesoro del arcón que básicamente es su ajuar, juegos de te de plata, alfombras, cubiertos, brasero jamás serán usados hasta que puedan regresar, este arcón pasa de padres a hijos, según su criterio de quien es el mejor portador de sus tesoros).En esta estancia es exclusiva, reservada para el arcón y para los hombres de la casa. En un cuartucho pequeño que había al lado pero separado por una leve distancia estaba “El cuarto de baño” Al lado del comedor o cuarto de mujeres y niños pequeños, estaba una estancia pequeñísima que la llamaban cocina, en ella tampoco entré demasiado, a las visitas no las dejan de que entren en la cocina, simplemente desde fuera le eché un vistazo había un especie de frigorífico una cocina de gas y un lugar donde había una pequeña puerta, más tarde me enteré que allí estaba su despensa, la cocina era la única estancia de la casa que la cerraban con llave incluso el portón tan solo lo cerraban con una cuerda y un pequeño cerrojo uno en la parte posterior y otro en la interior. En mi interior pensé algo que era incomprensible para mi, ¿Cómo pueden serrar la despensa y no su tesoro?

Autora:Purificación Ríos Torres

copyright© Purificación Ríos Torres (Barcelona) 2007

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