Mi viaje al desierto de Argelia.(Entrega Nº 6)

Retomando mi entrada en la casa, el hombre entro corriendo a llamar a la madre de Feilah y esta salió corriendo gritando y disculpándose, ¡no sabíamos que venias! ¡Fuimos a ver las listas y no estabas! ¡Pensábamos que no vendrías si lo hubiéramos sabido los niños no hubieran ido al colegio! Yo me preguntaba ¿que colegio si hoy es sábado? Ellos no descansan ni sábados ni domingos, solo los viernes) yo no lo sabia, me dijeron, espera, espera que los niños no tardaran mucho en llegar, mientras te vamos a preparar té, ¡para que descanses! ¡Quítate los botines y entra!, el padre todo sonriente y yo desconcertada, me dijo, mientras yo preparo el té, Nezan (es el nombre de la madre de Feilah) va en busca de la cabra y de unas amigas, no entendía nada con su castellano a medias ¿Qué cabra? ¿Qué amigas? Mientras preparaba el té me explico, el té es muy complicado de hacerlo, es todo un ritual de costumbres, tienes que hacerlo en el mismo lugar que lo tomas, es una forma que tenemos de atender a nuestras visitas y familiares. Mientras él estaba haciendo el té seguía charlando, es un poco fuerte pero verás como te gusta, hay que tomar tres vasos y cada uno de ello tiene su significado, el primero es amargo como la vida, el segundo es un poco más dulce representa el amor, y el tercero es dulce como la muerte.

Os podría explicar como traspasaba el te de un vaso a otro y de este a la tetera ¡como se esmeraba! que todo quedara perfecto, cuando tomé el primer té, con algo de miedo a lo que podría saber, al primer sorbo se me quedó casi pegado a la lengua de lo que raspaba, es fuerte, difícil para el paladar pero os puedo asegurar que, después de que lo hayáis tomado varias veces, resulta muy bueno e incluso, algunas veces cuando pienso en el té de los saharauis se me hace la boca agua, llega a crear un poco de dependencia. En este momento sentimos un gran revuelo en el patio, era la madre de Feilah con una cabra delgada, Mohamed no interrumpió el ritual del té, la llamó y los tres terminamos de tomarlo, Cuando salimos para el patio la cabra estaba amarrada y chillaba como loca, pienso que ella ya sabía lo que le iba a pasar, la que no sabía era yo, fueron a buscar unos grandes cuchillos y una palangana, cogieron la cabra y me dijeron tienes que ponerte en el centro para ver como degollamos la cabra, pensé ¡tierra trágame! no sabia que decir ni que inventarme para salir de allí corriendo, tan solo se me ocurrió ¿los niños cuando vienen? ya, ya están al venir, llegaron todos menos la Feilah, no salía de mi asombro todos alborotados alrededor de la cabra chillando, tocando palmas, con los labios y la lengua emitían un grito característico de la fiesta, riendo dando voces ¡hay cabra para comer! cuando vi como degollaban a la pobre cabra casi salgo corriendo, ellos me miraban riendo, me imagino que estarían diciendo, esta asustada y de verdad que lo estaba, fue la primera vez que noté que se burlaban de mi, creo que en cierta forma lo hacían o yo soy mal pensada, pero siempre me ha quedado esa sensación.

Autora: Purificación Ríos Torres

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