Punto negro sobre superficie rosa

Este hombre al que le explota la cabeza en pleno vagón de metro viste de negro, y tiene un maletín negro entre las piernas. No parece nadie importante, pero podria ser tu jefe. La gente no le mira, pero la cabeza le explota y nos mancha a todos y la gente repara en él, y grita.

Este hombre no es nadie importante, pero posee dinero. Y una casa en las afueras. En ella habitan unos seres que lo quieren. Le llaman papi o cariño, distintamente. Saben que cuando regrese al hogar pedirá la cena. Por ello, la cena ya se encuentra sobre la mesa cuando él llega.

Este hombre es importante en la oficina. La mayoria lo aprecia, admira su trabajo; otros, sin embargo, lo temen. Si quiere un café, baja a por el café y corre, corre para ser el primero. A él le gusta la labor bien hecha, y recordará tu cara si lo considera oportuno.

Este hombre es una persona puntual. Se presenta en el teatro, ya compró la entrada con antelación, desabrocha la chaqueta, saluda al botones, provee de moneda a quien considere oportuno. Ya en la sala, deja pasar a las señoritas por la fila de asientos. Observa la obra con ojo clinico y piensa que es algo fatua, él prefiere a los clásicos.

Este hombre sabe de lo que habla, sabe cómo hablar a la gente. Ha ido a la Universidad y ha terminado una carrera. Lee. No por placer, es el poder salir a la calle con la cabeza bien alta.

Este hombre entra en el Metro (hoy es sábado, pero se dirige a la oficina, hoy también trabaja). Yo lo he hecho segundos antes, pero camino lento, no tengo adónde ir. Él piensa en vajillas, cubertería, joyas, un libro, es el cumpleaños de alquien, artículos, notas, acciones, afeitarse (no ha tenido tiempo), temperatura, aparcamiento, un hijo, presidente de la compañía, de vuelta a las joyas, quizás un collar, eso le gustará, acciones, notas, articulos. Yo pienso en comprar una lata de atún, tengo hambre. Me cruzo con él, no lo he visto antes, y viste bien. Le digo, oye, mira, no tengo un pavo, no me deja acabar, sigue caminando, deprisa. Antes me ha mirado con cara de yo tampoco tengo un pavo, yo soy de ciudad.

Este hombre entra por la puerta del vagón, de un salto, está rojo y resopla, pero ha mirado alrededor antes de sentarse. Nadie necesita dejar de estar de pie. Yo estoy alli, pensando en qué hacer durante el día. Quizas me pase por clase. Al fin y al cabo, a veces te enseñan cosas.

Este hombre, cuya cabeza acaba de explotar, sigue ahí donde se sentó, inmóvil. La gente grita una barbaridad. Yo mientras tanto me pregunto si valía la pena preocuparse tanto por todo. Por mi parte, tengo alguna mancha, en el hombro y el pantalón, y algun pedazo de seso. En frente, se encuentra una señora en camisa; entre botón y botón casi se ha colado un ojo. Está a punto de desmayarse. El resto sigue gritando, salpicados y aturdidos. A veces, la vida es tan desagradable...

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