Ubagua

Quiero creer que nada de lo que me atenaza es leve, para así poder considerarme mejor persona. Por eso a veces tiendo a exagerar todo aquello que me sucede intentando hacer creer a los demás que siempre soy yo a quien le sucede todo lo más, lo mejor, lo peor o lo único...

eso no es algo sobre mí que haya conocido desde siempre, de hecho tampoco estoy seguro que sea así, pero mis años conmigo mismo me hacen creerlo.

 

Esto viene a cuento de una situación que marcó mi vida para siempre y de la que muchos de mis conocidos se han reído, empequeñeciendo el verdadero sentido que tuvo para mí, probablemente debido a lo que ya he comentado en el párrafo anterior.

 

Pues bien, sin ánimo de resultar en absoluto tremendista ni queriendo sobrevalorar el hecho en sí, me he visto en la necesidad de escribir esta pequeña historia acaecida (o imaginada) probablemente a causa del calor y otros factores circunstanciales que acaso afecten a la capacidad cognoscitiva de igual manera.

 

De sobra es conocido por todos el efecto sinérgico de ciertos compuestos químicos y los rayos del sol para con la capacidad mental antes mencionada.

 

Pues bien, a pesar de dudar que este último motivo fuera el que realmente me llevara a considerar el hecho tan importante como para contarlo, no está de más tenerlo en cuenta para que a la hora de sacar conclusiones nadie se apresure a tomarme por loco.

 

Bueno, al grano: Llegué, la vi y quedé prendado... No creo que fuera la misma persona que acababa de salir del coche que yo conducía, fue un momento en que dejé de verla, tan sólo un par de minutos, suficiente para que el bosque se la tragara y la escupiera de nuevo hacia mí envuelta en vistosos colores y olores más propios de jardines de cuento, su sonrisa y su pose resumían la arrogancia de saber que una fuerza superior la amparaba. Su piel reflejaba la luz con más brillos que el agua que acariciaba sus pies, a la vez que murmullaba un coro acompasado al cantar de los pájaros que miraban. Era una diosa.

 

Y no pude sino rendirme...

En más de una ocasión he intentado convencer a mis amigos de que la historia es verídica, de que no hay nada ni lejanamente parecido en mi vida que me haya hecho sentir así, pero ellos insisten en decir que soy un exagerado, o incluso cosas peores.

 

Lo que hace que me considere aún más afortunado y realmente crea que es a mí a quien le suceden esos hechos increíbles, únicos y dignos de anhelar.

 

Ahora ya podéis llamarme loco.

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