Dakou: el asombroso viaje del excedente de discos y casetes

#1 por raat el 06/06/2014
El otro día, mientras conducíamos por las calles de Changchun, me fijé en que mi amigo Qin tenía unos cuantos CD originales en su coche, algo que no es demasiado habitual ni en los países con menos fama de “copiones”. Entre ellos había un LP publicado por The Cardigans en los 90, y sentí curiosidad por saber si en aquellos años ya era posible comprar sus discos en China.

Entonces, él, que sabe muy bien que me gusta escribir sobre los fenómenos sociales y culturales del país, y siempre me ayuda con nuevas ideas, comenzó a hablarme del fenómeno dakou (打口), término que traduciríamos por el sustantivo “excedente” o el verbo “rayar” (en este caso un disco), aunque para las juventudes chinas del final del Siglo XX supuso toda una ventana a la exploración musical.

Y es que, aunque la apertura internacional facilitada por Deng Xiaoping a partir de 1978 permitió la entrada de oleadas de capital extranjero, todavía a comienzos de los 90, China se hallaba prácticamente aislada en lo relativo a la industria musical occidental.

Tal y como explica el periodista Li Jianmin en un artículo que escribió en 2003, y en el que se basa la mayor parte de la información de esta entrada, en aquellos años, las cintas y discos disponibles legalmente en el país eran distribuidos por la Corporación Nacional de Importación y Exportación, que gozaba del monopolio dentro del sector.

Sin embargo, a pesar de sus intentos puntuales por comercializar algunos de los éxitos de la cultura popular occidental, sus responsables acabaron encontrándose una y otra vez con la negativa del gobierno, todavía muy preocupado por la influencia que dichos materiales pudieran ejercer sobre la población.

Ahora bien, la censura no era el único problema que mantenía a las audiencias chinas alejadas de los sellos extranjeros, pues el precio de las casetes y discos del mercado legal alcanzaba niveles prácticamente prohibitivos para la mayoría de la población. Por ejemplo, según recuerda Qiu Dali, conocido como “el padrino del dakou en Guangzhou”, en 1994 sólo cobraba 120 yuanes al mes como empleado de una fábrica textil de Anhui, mientras que un CD legal podía rondar 60 yuanes si había sido producido en China, y 100 yuanes si era de importación.

Todo ello hizo que las juventudes chinas, cada vez más interesadas por la vida en las potencias occidentales, desarrollasen una “sed” cada vez más acentuada hacia su música. Esta necesidad afectaba especialmente a los interesados en contribuir activamente a la escena local, quienes contaban con enormes dificultades a la hora de estar al día de lo que se tocaba en Norteamérica y Europa.

De acuerdo a lo relatado por Cui Jian, el pionero del rock en la China de los 80, cuando era joven tenía que realizar interminables rondas en bicicleta hasta poder dar con alguna tienda donde encontrar algo de los Sex Pistols, aunque, normalmente, la mejor oportunidad para hacerse con cintas extranjeras residía en las maletas que los estudiantes marchados a Europa o Estados Unidos se traían de vuelta a casa.

La solución a la sequía musical padecida durante décadas llegó en cuanto los ávidos “emprendedores” del municipio de Chaoyang (Cantón), conocidos como “los judíos del Este”, descubrieron el enorme negocio latente en las toneladas de CD y casetes que la industria local importaba a modo de “desechos plásticos”.

Según explica Jianmin, en principio, la importación de estos materiales arrancó debido a la rentabilidad que ofrecía a las plantas de procesado de plásticos y de producción de cintas. Y es que, aunque a algunos les pueda sorprender, la industria musical de países como Estados Unidos producía, y sigue produciendo, una enorme cantidad de excedentes mensuales traducibles en pérdidas. ¿La solución? Venderlos a países en desarrollo como material reciclable.

Así es como millones y millones de cintas y discos, la mayoría de ellos fuera del llamado “mainstream”, fueron a parar a América latina, Europa del Este, el Sureste Asiático y, por supuesto, China. Pues, aunque la mayoría de estos productos eran rayados o agujereados sistemáticamente (de ahí el término dakou) antes de ser cargados en los contenedores, por lo general, los daños sólo afectaban a dos o tres temas del álbum. Es decir, la mayoría de las casetes y discos compactos podían satisfacer perfectamente las necesidades de la “sedienta” audiencia china, y los hombres de negocios de Chaoyang no perdieron la oportunidad para sacar beneficio al asunto.

Y vaya si le sacaron provecho. Tras comprar los casetes y CD por peso y constando como “desechos plásticos”, procedieron a venderlos a mayoristas y minoristas de todo el país como lo que constituían para los jóvenes chinos: productos musicales con un defecto de calidad. En poco tiempo, el negocio contaba con su propia red de distribución clandestina y cientos de vendedores que merodeaban cerca de las tiendas de productos de importación, a las que machacaban en cuestión de precio.

Debido al carácter ilegal de esta industria, aparte del dato de los cerca de 100.000 discos que llegaban en cada contenedor, nadie sabe a ciencia cierta qué cifras se manejaron esta industria, aunque, de acuerdo con la China Video-Audio Association, en el año 2002, ya al final de la época dorada del dakou, sólo 600 de los 5000 millones de discos digitales vendidos en el país fueron adquiridos legalmente (incluyendo copias).

De todos modos, la gran ventaja competitiva de los discos y casetes dakou consistió en su capacidad de poner a disposición de las juventudes del país toda una variedad de artistas y bandas censuradas a un coste asequible. Aunque, según recuerda Hao Fang, gerente del sello Star, cuando, en 1994, Kurt Cobain se quitó la vida, el precio de sus discos escaló hasta rondar los 70 yuanes , todo un dineral para la época.

Fuera al precio que fuese, tal y como señala Jianmin, lo cierto es que el fenómeno dakou dejó memorias prácticamente imborrables en miles y miles de jóvenes del país, como el propio Qiu Dali, quien todavía se ve a sí mismo olisqueando las casetes de sus bandas americanas favoritas, como si su aroma lo transportase a una realidad cultural a miles de kilómetros de distancia.

Incluso mi amigo Qin, criado en el remoto Noreste, se pone nostálgico al acordarse de sus viajes al mercado de segunda mano de su barrio, y de la excitación por descubrir qué tipo de melodías le aguardaban en las cintas seleccionadas con ayuda de la opinión del vendedor, y de la pinta de la caratula, cuando la había.

Sin embargo, quienes más agradecidos tienen que estar a la cultura y la industria dakou son las bandas de rock de nueva ola surgidas en Pekín y otras grandes ciudades en los 90 y a comienzos del nuevo siglo. Es más, el propio Hao Fang considera que nos encontraríamos ante poco menos que una traición si los integrantes de dichas bandas no reconociesen la influencia que recibieron de todos aquellos álbumes comercializados de forma clandestina.

Aunque tampoco nos podemos olvidar del enorme beneficio que este fenómeno supuso para la industria discográfica de Estados Unidos, Canadá o Europa, pues, tal y como señala Zhang Dali, dueño del legendario Houhai Bar de Pekín, el negocio dakou supuso una forma de “colonialismo cultural” y un claro caso de “agresión económica” a la industria local. Y es que, lo miremos como lo miremos, lo cierto es que, gracias a la solución de los discos y casetes dakou, muchos sellos y estilos de música occidentales lograron extenderse a millones y millones de oyentes sin gastarse un duro en promoción.

Porque, no olvidemos, en el caso del dakou hablamos de material excedente, es decir, producción que no se ha podido vender en el mercado, y de artistas y bandas que, en muchos casos, estaban censurados en China.

Por otra parte, a medida que China se acercaba más y más a los productos culturales de Occidente, y mejoraba la economía del país, el público chino comenzó a demandar CD dakou menos rayados, o no rayados en absoluto, situación que, según el propio Hao Fang, motivó más de un “acuerdo” entre intermediarios chinos y empleados de las discográficas, con tal de hacer llegar contenedores con material menos dañado.

En cualquier caso, y como casi todo en la vida, llegó un momento en el que esta forma de negocio y de cultura sucumbió a nuevos métodos y tendencias. Y en apenas unos años, la industria de las copias, aunque sobre todo la de las descargas por Internet, dieron paso a toda una nueva oleada de acceso a bienes culturales con su propia sociología.

Mientras tanto, y aunque ya se han publicado varios libros sobre este fenómeno, el recuerdo de lo que fue la cultura dakou parece desvanecerse en el ambiente de intensos y acelerados cambios sobre el que galopa la sociedad china del Siglo XXI.

http://historiasdechina.com/2014/06/04/asi-conoci-nirvana-asombroso-viaje-excedente-discos-casetes-china/
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#2 por Los Hilos de la Marioneta el 06/06/2014
Muy interesante.

No me imaginaba algo así.



Pd. El blog es tuyo? Tiene muy buena pinta

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#3 por Los Hilos de la Marioneta el 06/06/2014
Edito, repetido

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#4 por raat el 07/06/2014
#2 Hola, no es mio pero tiene cosas interesantes y el artículo es muy curioso, no tenía ni idea que las empresas de discos hicieran eso con los sobrantes
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#5 por Los Hilos de la Marioneta el 07/06/2014
#4
Si. Al final se trata de vender el formato...no el contenido... y lo gracioso es que allí donde lo venden al peso, sí que valoran el contenido. De locos.

Gracias Raat

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#6 por Endre el 07/06/2014
Quería encontrar un rato para poder leer tranquilamente el texto, que en un primer vistazo ya me parecía interesante. Me recuerda esa refrán que dice que siempre encontrarás alguien más pobre que tú. Pero fijáos en la persistencia del interés por el arte y lo inaccesible que generó toda una industria, tan potente que dañó incluso la local.

A mi estas cosas me gustan. Si bien es cierto que hay parte de negocio y de estafa, podría considerarse que el fin justifica los medios y que siempre hay alguien que consigue que no se pierda la esperanza por algo mejor. Donde unos ven occidentalización, yo veo mestizaje, y donde otros ven agresión a la economía local yo veo audacia y reivindicación. Y todo eso por no hablar de la influencia y gestación de nueva cultura en china además de permitir esa liturgia de las visitas a las tiendas de discos que no debería faltar a ningún adolescente.

Buen aporte, raat.
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