Salud auditiva en la Música Electrónica

#1 por Hard_Benzel el 25/04/2015
El “Tinnitus”, también denominado “Acúfeno”, es un sonido que escuchamos sin que medie fuente sonora alguna en el proceso. Este síntoma puede estar causado por varios motivos: Enfermedad de Ménière, episodios de estrés o exposición a elevados niveles sonoros, que será el principal caso que nos ocupe en este artículo.


El oído es el órgano sensorial responsable de la audición y del mantenimiento del equilibrio mediante la detección de la posición corporal y del movimiento de la cabeza. Su función primordial se lleva a cabo a través de los órganos auditivos alojados a ambos lados del cráneo, aunque algunas frecuencias de componente muy grave son percibidas por todo el conjunto de la estructura ósea y también por el diafragma (músculo plano ubicado en el vientre).


Se compone de tres partes bien diferencias, oído externo, medio e interno. El externo se localiza fuera del cráneo y los otros dos dentro del hueso temporal.



El oído interno es la parte esencial del órgano de la audición, porque en él se produce la transformación de la onda sonora (energía mecánica) en impulsos nerviosos (energía eléctrica) y también se realiza el análisis de los sonidos.


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Foto 1. Estructura básico del oído humano.



Muchas personas podemos identificar un acúfeno ya que, de manera momentánea, al salir de un concierto o discoteca, y tras haber estado durante varias horas expuesto/a un ruido considerable, experimentamos un molesto zumbido. Éste se debe a la irritación de las terminaciones nerviosas del oído interno, ya que al recibir ondas sonoras demasiado enérgicas, los cilios (pelillos encargados de transformar el sonido en una señal nerviosa) se sobreexcitan, generando así descargas eléctricas sin que exista un sonido real.


El oído humano responde de este modo a la agresión recibida por los potentes altavoces de la sala. Es el sistema de protección auditivo, cuya función radica en regular el sonido captado, preservando así los órganos auditivos internos de presiones sonoras inadecuadas. En principio, percibir un zumbido en esas circunstancias no debería alertarnos, ya que es algo totalmente normal.



Ante una fuente sonora demasiado elevada, existen unos músculos encargados de reducir la tensión del tímpano; otros, en cambio, alteran la posición angular del estribo sobre la ventana oval, consiguiendo una atenuación de la fuerza aplicada. También funciona a la inversa. Cuando es necesario escuchar con mayor precisión en un ambiente poco proclive a ello, el oído se comporta de modo similar a una ganancia automática, amplificando hasta obtener un sonido más claro.


Una exposición breve a un ruido excesivo puede ocasionar una pérdida temporal de la audición. Se denomina desplazamiento temporal del umbral a esta afección.



La exposición al ruido durante un período de tiempo más prolongado puede provocar una pérdida permanente. La pérdida permanente de audición, actualmente, no tiene cura. El zumbido y la sensación de sordera desaparecen normalmente al cabo de poco tiempo de estar alejado del ruido. Ahora bien, cuanto más tiempo se esté expuesto al ruido, más tiempo tardará el oído a volver a la normalidad.



Si padecemos un trauma acústico se recomienda, en un plazo de 48 horas desde que se produjo, acudir a un especialista que resolverá el problema utilizando corticoides, vasodilatadores, inhalación de carbógeno o hemodilución (entre otros).


El inconveniente de nuestro sistema de protección es que su tiempo de reacción no es suficientemente veloz como para resguardarse de un ruido muy elevado y repentino, por lo que ante una hipotética detonación o exposición momentánea a un sonido que supere el índice crítico de Hood (95 db), el oído será dañado, con las fatales consecuencias que podéis imaginar.


La sensibilidad del oído humano es más elevada a niveles bajos que altos. Cuanta más intensidad sonora hay, serán necesarios mayores aumentos de los estímulos sonoros para poder percibir los cambios de nivel. Nuestra sensibilidad auditiva no es la misma para todas las frecuencias. Percibimos con mayor claridad los tonos medios que los bajos o los altos.



Debemos diferenciar una magnitud de carácter objetivo, como es la intensidad, de otra totalmente subjetiva: la sonoridad. Mientras la primera se atiene a parámetros puramente físicos, la segunda está en relación a la propia percepción del oyente.



La intensidad se mide en unidades denominadas decibelios (dB) o dB(A). La escala de los decibelios no es una escala normal, sino logarítmica. Esto significa que un pequeño aumento del nivel de decibelios es, realmente, un gran aumento del nivel de ruido. Un incremento de tan solo 3dB representa multiplicar por dos la energía sonora y un incremento de 10 dB representa multiplicarla por 10. El oído, sin embargo, percibe un incremento de 10 dB como el doble de ruido o sonoridad.


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Foto 2. Curva de sonoridad de Fletcher y Munson.


Es bien conocida la curva de sonoridad de Fletcher y Munson, la cual determina cuándo un sonido es igual de fuerte que otro. Estos científicos experimentaron en 1933 con grupos de personas que accedían a una cámara anecoica.

Se les pidió que compararan la sonoridad de un tono de referencia con distintos tonos de prueba; conociendo, en todos los casos, los niveles objetivos de presión sonora. A lo largo de cada curva el oído percibe la misma sonoridad, y hace falta más presión sonora si se trata de frecuencias altas o bajas para equiparar su sonoridad con las frecuencias medias.


Observando las curvas de igual sonoridad se comprueba como el oído tiene una sensibilidad máxima en las frecuencias comprendidas entre los 1000 y los 6000 Hz; por el contrario, en las frecuencias más bajas se necesitan unos niveles de presión muy altos para conseguir la misma sensación sonora obtenida en las frecuencias medias.



El nivel de presión sonora tiene la ventaja de ser una medida objetiva y bastante cómoda de la intensidad del sonido, pero tiene la desventaja de que está lejos de representar con precisión lo que realmente se percibe. Esto se debe a que la sensibilidad del oído depende mucho de la frecuencia. En efecto, mientras que un sonido de 1 kHz y 0 dB ya es audible, es necesario llegar a los 37 dB para poder escuchar un tono de 100 Hz, y lo mismo es válido para sonidos de más de 16 kHz.


Comparemos la sensación sonora causada por un sonido y por otro de referencia. Si los dos producen la misma sensación en nuestros oídos, tienen la misma sonoridad, aunque pueden ejercer distintas presiones sobre el oído. Si el sonido que comparamos parece dos veces más potente que el de referencia, podemos decir que su sonoridad es el doble, lo cual no quiere decir que sea así en realidad, debido a las particulares cualidades de nuestros órganos auditivos.


Vamos a nombrar dos aspectos básicos en la audición humana:



Umbral de la audición: Nivel mínimo de sonido perceptible por una inmensa mayoría de personas, en un margen de unas frecuencias concretas.



Umbral del dolor: Nivel de presión sonora que comienza a generar molestias en el oído a unas determinadas frecuencias.


El umbral mínimo de percepción del sonido en el ser humano es de 0,0002 microbares ó 20 micropascales. Éste varía entre distintas personas y, dentro de la misma persona, para distintas frecuencias. El umbral de dolor se establece en 120 db.


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Foto 3. Umbral de audición y de dolor.



Normalmente, un sonido empieza a resultar molesto en cuanto pasa el nivel de 120 dB (200 microbares, porque un dB de presión equivale a un dB de tensión) si su frecuencia está entre los 200 y los 10.000 Hz. A partir de 120 dB hay serio peligro para las facultades auditivas.



El oído humano no percibe por igual el abanico frecuencial, alcanzando su punto máximo en las frecuencias medias. Por ese motivo se ponderan las unidades, mediante las denominadas curvas isofónicas.


La exposición medida en dBA es un buen indicador del riesgo auditivo, porque es una unidad de medida que se diferencia del dB en que filtra las bajas y altas frecuencias, dejando únicamente las más dañinas para nuestro oído.

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Foto 4. Relación de actividades con su correspondiente medida en dbA.


Durante décadas se han investigado ampliamente diversos grupos de operarios industriales y se desarrollaron diversos criterios de evaluación de situaciones específicas.



Uno de esos criterios, correspondiente a la Norma Internacional ISO 1999, comienza definiendo el "déficit auditivo" o hipoacusia como un aumento permanente del umbral auditivo (el mínimo nivel sonoro audible) suficientemente importante como para afectar la inteligibilidad de la palabra (este aumento resulta ser de alrededor de 25 dB para los tonos de frecuencias medias).



El siguiente paso es utilizar una tabla de doble entrada que permite evaluar el riesgo porcentual de experimentar déficit auditivo al exponerse a ruidos de carácter laboral (8 horas diarias durante 6 días por semana) de cierto nivel sonoro promedio durante una cantidad determinada de años:

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El daño auditivo es función de la energía sonora media recibida por día. Como la energía media se mantiene constante si al disminuir la exposición a la mitad se incrementa el nivel sonoro en 3 dBA, la mayoría de las legislaciones admite un halving rate (Halving rate, o también exchange rate es el incremento del nivel sonoro en decibelios que se admite ante una reducción a la mitad del tiempo de exposición) de 3 dBA.



Por cada disminución a la mitad de las horas totales trabajadas el criterio se aplica restando 3 dB al nivel sonoro real.



A modo de ejemplo, consideremos el caso de un Disc Jockey que trabaja en una discoteca tres días por semana, expuesto durante 4 horas a un nivel sonoro promedio de 106 dBA. Dado que se trata de la mitad de días y la mitad de horas diarias, deben restarse dos veces 3 dB. Supongamos, además, que el joven permanece en este trabajo desde los 15 años hasta los 30, es decir, una exposición a lo largo de 15 años.



Bien, la tabla revela que el riesgo de experimentar incapacidad para la comunicación oral asciende al 37%, es decir que casi 4 de cada 10 personas en estas condiciones tendrá, a los 30 años, dificultades para comprender una conversación normal.

Las legislaciones laborales, normalmente permiten exposiciones a niveles de 85 dBA o hasta de 90 dBA, obligando a los trabajadores a hacer exámenes periódicos.

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Debemos cuestionarnos la ilesividad de los 80 dBA, porque en la definición de riesgo hay otro factor en juego: previamente se ha restado el porcentaje de la población que sufre presbiacusia (hipoacusia por envejecimiento).

la EPA afirma que para proteger a toda la población (incluyendo a los individuos más susceptibles) el nivel sonoro promedio de las 24 horas del día no debería exceder los 70 dBA; tampoco debería pasar los 75 dBA en el transcurso de una jornada laboral de 8 horas, siempre y cuando el resto del tiempo el nivel de exposición se mantenga bastante por debajo de ese valor.

Como podéis comprobar, hay una clara diferencia entre los criterios formulados por ISO y la EPA, siendo éste último más restrictivo. En cuestiones de salud auditiva, toda precaución es poca, así que desde aquí insto a seguir los parámetros orientados por la EPA.



De todos modos, el valor de EPA es promedio. Se pueden tolerar niveles mayores durante breves períodos de tiempo. Por cada reducción a la mitad de la exposición, el nivel no lesivo puede aumentarse en 3 dBA., Durante 4 horas diarias serían razonables 78 dBA; durante 2 horas 81 dBA, durante 1 hora 84 dBA, etc. Por encima de 100 dBA es muy desaconsejable, incluso en dosis muy reducidas.

La molestia producida por el ruido es de carácter subjetivo, así que debe estar sujeta a las peculiares características de cada persona. En base a ellas, establecemos los siguientes factores:



Energía sonora:

Cuanta mayor energía tenga un sonido, más malestar provoca. Se mide con el nivel de presión sonora.



Tiempo de exposición: A iguales niveles de ruido, la molestia aumenta con el tiempo que dura la exposición (a mayor duración, mayor molestia).



Características del sonido:

Algunos sonidos, debido a su particular espectro frecuencial, ritmos, etc, molestan más que otros.



Sensibilidad individual:

Hay personas que sienten grados diferentes de molestia frente a un mismo ruido. Aquí influyen factores culturales, sociales, físicos, etc.



Actividad del receptor:

Dependiendo de la hora que sea, de la actividad que se realice y del nivel de concentración que se requiera, un mismo ruido puede provocar distintos grados de molestia.





Expectativas y calidad de vida:

En la segunda vivienda, las exigencias de calidad ambiental son más altas y los ruidos provocan más quejas.

A continuación mostramos una tabla en la que se reflejan los dBA recomendados por cantidad de horas, teniendo en cuenta que, si queremos estar realmente protegidos, sería necesario no sobrepasar los 75dBA en un período de 8 horas.

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En síntesis, toda persona involucrada en la Música Electrónica (Disc Jockeys, técnicos de sonido, camareros, porteros y, por supuesto, el público asistente a los eventos) debe tomar en cuenta estas importantes consideraciones relacionadas con la audición. Para ello, recomiendo encarecidamente la revisión periódica (Audiometría) y el uso de filtros (comúnmente llamados “tapones”) para reducir la exposición sonora en los clubs.

Fuente: New Vinyl Order

http://www.newvinylorder.com/tienda/blog/7_Salud-y-audici%C3%B3n.html

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#2 por undercore el 25/04/2015
¿Y esto que tiene que ver con la música electrónica?

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#3 por Hard_Benzel el 25/04/2015
Esto, por ejemplo: A modo de ejemplo, consideremos el caso de un Disc Jockey que trabaja en una discoteca tres días por semana, expuesto durante 4 horas a un nivel sonoro promedio de 106 dBA. Dado que se trata de la mitad de días y la mitad de horas diarias, deben restarse dos veces 3 dB. Supongamos, además, que el joven permanece en este trabajo desde los 15 años hasta los 30, es decir, una exposición a lo largo de 15 años.

Y esto: En síntesis, toda persona involucrada en la Música Electrónica (Disc Jockeys, técnicos de sonido, camareros, porteros y, por supuesto, el público asistente a los eventos) debe tomar en cuenta estas importantes consideraciones relacionadas con la audición. Para ello, recomiendo encarecidamente la revisión periódica (Audiometría) y el uso de filtros (comúnmente llamados “tapones”) para reducir la exposición sonora en los clubs.

Aunque, evidentemente, no es algo exclusivo para esta música, sino para cualquier otra y para trabajos en los que haya ruido considerable.

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#4 por Hard_Benzel el 25/04/2015
En la práctica, tiene que ver con la Música Electrónica porque, si te fijas, la fuente es de una tienda de discos de Música Electrónica, con público enfocado a ese sector. Quizás en este foro no aporte gran cosa, porque la mayoría saben de sobra todo esto. De todas maneras, no creo que esté de más y seguro que alguien puede aportar más luz sobre el tema o incluso corregir algo que no esté del todo bien ;)

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#5 por undercore el 25/04/2015
Pero esto es aplicable a todo tipo de música, un discjokey que pinche merengue y bachata tendrá los mismo problemas, al igual que un técnico de sonido en un concierto de heavy metal.

Todo esto tiene que ver con el volumen y no con los estilos.

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#6 por Hard_Benzel el 25/04/2015
undercore escribió:
Pero esto es aplicable a todo tipo de música, un discjokey que pinche merengue y bachata tendrá los mismo problemas, al igual que un técnico de sonido en un concierto de heavy metal.

Todo esto tiene que ver con el volumen y no con los estilos.


Seguramente... aunque ya expliqué las peculiaridades del artículo. Si lo prefieres, quédate con "Salud auditiva" en general :P

¿Qué opinas de este magu-artículo?

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--447838--
#7 por --447838-- el 25/04/2015
#2 Lo mismo digo.
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