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Biografía: Nací en Madrid el 23 de Enero de 1963, de madrugada para fastidiar más. Mis primeros contactos con la música fueron con 6 años en el viejo piano de mi abuelo, y en el armonio de la iglesia en Villarcayo, Burgos. En 1970 mi padre se aprestó a consolidar esa afición y compró un órgano FARFISA, al que yo estaba pegado todo el día.
Con 10 años ya tenía mis "composiciones" y tocaba el Tico Tico, el Vals de las Mariposas y Palomitas de Maiz. También empecé a estudiar la Tocatta y Fuga en Re menor de JS Bach, pieza de lucimiento.
En 1975 ingreso en el Real Conservatorio de Música de Madrid, tengo 12 años y mi obsesión es ser organista. Estudio dos años más y dejo de ir, me aburre repetir lo que otros han hecho y me paso todo el rato escapándome de clase para ir a las clases de órgano, con los mayores. También tengo la ocasión de tocar el órgano de San Lesmes, en Burgos, una experiencia que me marcó para siempre: allí de noche, en el coro, haciendo retumbar la iglesia, entendí con lágrimas en los ojos que efectivamente Bach hablaba con Dios.
En los años posteriores me interesé por la música Andina y durante un par de años estudié el toque de charango y quena. Posteriormente quedé atrapado por el acogedor duende del Jazz clásico e inicié los estudios de la escuela de Berkeley. Paco Montes y su imperecedero “Jazz Internacional” cubrieron infinidad de noches de buena música en la radio. Aprendí mucho sobre improvisación gracias a ese programa. Desarrollé el Jazz al teclado tanto como pude, me di cuenta que había una directísima relación entre las progresiones de Jazz y los modos eclesiásticos clásicos, y resultaba genial y excitante aplicar formalismos a la improvisación.
Del Jazz salté al Ragtime y por primera vez cambié de instrumento. Aunque aprendí el “Red Back Book” de Scott Joplin al piano, me sedujo mucho más la técnica del “finger picking” en la guitarra acústica, era resultón y divertido. Después descubrí el alegre Bluegrass y compre un banjo de 5 cuerdas (que aún conservo y toco de vez en cuando). Estudié el método de Earl Scruggs y avancé bastante. Hice un par de composiciones para Banjo. Pasaba muchas mañanas tocando en el Retiro madrileño con otros colegas aficionados al Ragtime y al Bluegrass y dando la murga a los paseantes por cuatro duros.
A todo esto continué de manera autodidacta la formación musical en materia de armonía, contrapunto y formas musicales. El tratado de armonía Arnold Schomberg supuso un cambio en la manera de entender la música. Demostraba con exquisita habilidad pedagógica que la modulación de los acordes tiene un porqué, y me introduje en la conceptualización filosófica del Arte. Él y su contemporáneo y amigo Vasil Kandinsky, a través de su librito “De lo Espiritual en el Arte”, me abrieron los ojos hacia el Arte y a la relación viva entre sus componentes.
Desde entonces profundicé en los orígenes de la música y su relación con las emociones humanas a lo largo de la historia. La música folk irlandesa (ó música “celta”) fue el descubrimiento más sorprendente de todos. Los ritmos de las jigas y el contrapunto tenían mucha similitud con algunas progresiones en el Bluegrass e incluso en danzas del Oriente Próximo (comprobadlo en la prodigiosa mezcla de percusión que hace Loreena Mc Kennit). ¿Qué hacía que hubiese esa similitud en culturas tan dispares?. Mas tarde aprendería que los celtas de la Auvernia llegaron hasta Turquía.
Además Mike Oldfield, Enya, Loreena Mc Kennit, Bryan Eno, Peter Gabriel, Edgar Froese (y después Tangerine Dream), Vangelis, Kitaro y muchos otros eran el “pan de cada día” en mis selecciones musicales, pero siempre sin olvidar a Mendelsson, Beethoven, Dvorak o Palestrina.
Las inquietudes musicales pronto me empujaron a iniciarme en la composición por secuenciación utilizando un ordenador. Mi primer ordenador fue un Commodore 64, y el segundo un Amiga 500 (¡aún los conservo en perfecto estado!). Este último, maravilla de la técnica, y el estupendo software Aegis Sonix, me permitieron realizar los primeros pinitos en el ámbito digital. Varios años después, en 1993, compré, no sin esfuerzo, el recién aparecido Korg X3, el cual conecté al ordenador y secuenciaba con Cakewalk 2.0
Me tomé muy en serio el mundo MIDI y escudriñé todas las posibilidades del teclado. Mi hermano Xurxo, un gurú de la informática, me comentó acerca de un nuevo formato de compresión que el Instituto Fraunhofer acababa de lanzar: MPEG-1 Layer 3. No le di mucha importancia, pero codifiqué algunas de las pistas que había terminado con el X3 y las coloqué en mi página personal (“Virtuality”, “Altair”, “Camelot” etc. fueron las primeras composiciones que puse en la Red)
Aquello me abrió un horizonte de posibilidades, y contacté con bastantes usuarios de Korg X3 por todo el mundo. Intercambiamos experiencias, “patches”, secuencias e incluso hicimos alguna colaboración, pero todo se quedaba en un ejercicio de reconocimiento mutuo. El mp3 casi era desconocido.
Estaba al día en la actualidad de la técnica de sonido y producción musical, pero no tenía muchos recursos económicos. Entonces tuve la ocasión de probar un Kurzweil K2500 y mis dudas se disiparon: yo tenía que conseguir una de esas estaciones. El K2500 fue un cambio radical y aprendí muchísimo acerca del tratamiento del sonido, la generación, el proceso, el filtrado, la combinación de capas, el muestreo, la aplicación de efectos, ¡estaba todo a mi alcance! Tardé un año en empezar a sacarle jugo y dos años en pagar el equipo, pero posteriormente lo amortizaría con creces.
No sería hasta Marzo de 1999 cuando descubrí un portal dedicado a mp3 y que daba la posibilidad de mostrar tu trabajo al mundo y, de paso, poder editar y vender tus propios discos: mp3.com, ¡estupendo!, así que me puse manos a la obra, recopilé las pistas que había hecho durante esos años con el X3 y lancé “Scent Of Light”.
Y tuve un éxito sonado. En julio de 1999 “Alexandra” llegó a la posición número 1 de las listas de New Age. Aquello me parecía irreal, era la primera vez en mi vida que era el primero del mundo en algo. Dada la exposición de la canción obtuvo muchas más descargas y así llegó al TOP 40 de mp3.com. Lo mismo ocurrió con “Dolmen Ridge”, llegó a la posición 10 de mp3.com y fue número 1 de Easy Listening y New Age durante semanas. Y yo alucinando.
A partir de este momento se creó de manera espontánea una imagen del “estilo GNOMUSY” y casi de manera automática las nuevas canciones que salían llegaban a la posición 1 o 2 de New Age, como ha ocurrido con la última que salió hace un par de semanas “Footprints On The Sea” y como ocurrió en su momento con “Altair”, “Tagorth The Cavern”, “Virtuality” y “Birth Of Blodeuwedd”. En el género medieval ocurría lo mismo con “Dance Of The Mist”. Todas llegaron al TOP40. Este empuje tan explosivo situó a los dos álbumes, “Scent Of Light” (aroma de luz) y “The Edge” (el filo) como dos de los 10 más vendidos de Europa.
Esta respuesta solo tiene explicación si se cuenta con un grupo de fans leal y numeroso. Y creo que para cualquier artista es un tesoro que debe ser cuidado con mimo. Un máximo de 5.000 bajadas en un día sumando un total de más de 2.300.000 en el periodo en mp3.com y 47.000 dólares de ganancias son cifras que, para un ciudadano “de a pie” como yo, dan auténtico vértigo.
¿Vivir de la música?, ¡no!. La música es mi pasión, es un canal sublime de comunicación que me permite expresar y dibujar los mundos y personajes que danzan en mi mente. Transmitir emociones y compartir experiencias y hacerlas eternas a pesar mío. En mi opinión la audiencia pide honestidad, sinceridad en lo que ofreces y últimamente también alta calidad. Si eres fiel a estos principios la primera recompensa que obtienes es un número importante de seguidores, y la segunda la oportunidad de convertir ese tráfico en dinero.
Pero no al revés. Estoy convencido que si la motivación para hacer música fuese el dinero no me saldrían las melodías tan fácilmente. Además las empresas que ofrecen servicios al artista, incluyendo mp3.com o las firmas discográficas, dan una estabilidad económica relativa, puesto que depende mucho de las líneas comerciales que se establezcan en el momento y de los gustos del público objetivo. Siempre existen excepciones, como Mike Oldfield, que son capaces de reunir a dos o tres generaciones en un solo concierto.
La fórmula actual, y su relación comodidad/beneficio, es muy atractiva, deja mucho margen para la inspiración, el relax, la meditación, la lectura y largos paseos por lo más profundo del bosque.
En mi experiencia es muy, muy importante que ofrezcas calidad en las pistas y sobre todo que mantengas un trato diario y personal con los fans y amigos. Esos dos componentes han funcionado siempre en mi esquema, en el cual la calidad de sonido es una cuestión de celo por las cosas bien hechas, pero que incluye el estudio y aprendizaje continuo y la utilización de tecnología punta, cada vez más accesible y poderosa.
No obstante, en las “alturas” las cosas son de otro modo. Cuando “Dolmen Ridge” llegó a la posición 10 general de mp3.com noté una “excesiva” resistencia para subir más arriba, aunque las previsiones de la tendencia la empujaban más allá por el número de descargas y los discos vendidos. La dificultad para llegar a las primerísimas posiciones crece exponencialmente y me temo que las 10 primeros lugares estén “reservados” y que haya que aplicar otro tipo de “políticas” que se salen fuera de mi alcance. Esto parece lógico, por que una pista en la posición 5, por ejemplo, puede generarte hasta 10.000 o 12.000 descargas en un día, y eso supone mucho dinero.
En Marzo de 2004 salió a la calle mi primer disco en condiciones, Ethereality, publicado por Non Profit Music (NPM), como una recopilación de los mejores trabajos desde 1994 hasta 2003. Una edición limitada de 1000 copias cuyos beneficios se destinan a acción humanitaria a través de Medicos Sin Fronteras. Sigo metido de lleno en el proyecto NPM y ya estoy preparando mi siguiente álbum Armilar, que a ver si publico a primeros de 2005.
El nombre GNOMUSY tiene un origen curioso. Como me llamo David, mi “nick” en IRC (soy un gran aficionado al chat) era “Gnomo”. Pero pronto el nick fue adoptado por muchos otros David y aquella muchedumbre de gnomos empezaba a ser molesta, no tenía una identidad inequívoca. El nombre de GNOMUSY (que en inglés se pronuncia como “no-music” pero sin la “c” oclusiva final) se me ocurrió cuando hice el primer recopilatorio de pistas para el Korg X3 y lo titulé GNOMUS-I (“lo del gnomo, parte uno”). Al leerlo todo junto se entendía algo como “gnomo de la música” y pensé que nadie estaría lo bastante “pirao” para ponerse un nick tan estrafalario. Desde luego que era único, ponía “GNOMUSY” en Altavista y tenía la certeza de encontrar solo “links” relativos a mi música. Después el nombre se hizo popular y ahora me ha atrapado completamente por su expansión en todo el mundo. Actualmente intento derivarlo poco a poco hacia la coletilla “Druid Of Sounds”.
El origen principal de mi inspiración es la naturaleza, el bosque. Soy Ingeniero de Montes y mi amor por la naturaleza se remonta a la infancia. He pasado largas temporadas estudiando las águilas, las plantas y paseando entre la niebla. Mientras tanto escuchaba a Mike Oldfield y leía a Tolkien. Aquella amalgama de sensaciones cristalizó inevitablemente en lo que sería después el núcleo de mi estilo.
Me fascina la capacidad del ser humano para condensar y encapsular mundos y sensaciones en obras de arte y que posteriormente, más allá de la propia existencia del artista, la obra madure y perdure, inundando los sentidos de miles de otras sensibilidades en cualquier época y lugar. En mi caso la fuente de inspiración siempre es una emoción, ya sea ésta positiva o negativa. Una emoción intensa y real, algo que me hipnotice o me ponga los pelos de punta. Entonces leo, viajo, curioseo, pienso, vuelvo a leer. Solo entonces voy al estudio y dejo a mis dedos danzar libremente en el teclado.
Si lo que oigo no me arranca las lágrimas o me pone en movimiento internamente, entonces sé que se trata solo de una mera modulación de sonidos, pero no de un mensaje. Para “Dolmen Ridge” me empollé varios libros sobre los proto-humanos (Paranthropus, Pithecantropus, Australophitecus y las primeras especies de Homo), viajé a lugares dode hay restos del calcolítico, entré en cámaras funerarias bajo los dólmenes (p.e. Dombate, Galicia), me bajé docenas de fotos de monumentos megalíticos en la Red y me emocioné viendo puestas de sol en los lugares donde habitaban. Con tal carga emocional es muy sencillo “ver” después los sonidos que hay detrás. El resto es aplicar técnica para transferir con la máxima fidelidad lo que tienes en la cabeza a una pista mp3, digamos que es la parte “fácil” (aunque producir esta pista me llevó 6 meses).
Todas mis composiciones tienen detrás una historia, con sus paisajes, personajes y acontecimientos. Primero doy forma a este escenario como quien planifica una película o una representación de teatro, aunque bien podría tratarse de la vida real. Para ello leo mucho sobre los temas relacionados, viajo a los lugares y veo películas. Digamos que me zambullo de lleno en el mundo que me propongo describir.
Siempre llevo algún tipo de grabadora conmigo, sobre todo en los largos paseos por el monte, y registro cualquier idea o melodía canturreando las partes, los efectos y anotando cómo podría hacerlo, la inspiración surge en los lugares y momentos mas inoportunos. No suele haber nadie en los alrededores, porque de otra manera sería grotesco verme simulando un stereo delay o un filtro de barrido con la voz allí solo, en medio del campo.
Las melodías son siempre el eje central de mis composiciones, intento no hacer nada que no se pueda silbar. La modulación armónica sigue patrones parecidos para dar consistencia temática al álbum, pero cada vez hay algo que da personalidad a cada pista. Sobre la modulación de cada canción suelo componer dos melodías que se complementan. Las melodías son trabajadas durante días, las toco una y otra vez con un sinfín de instrumentos y haciendo variaciones con el fin de asegurarme que son consistentes y que de verdad relatan algo. Es fácil ver si una melodía va a funcionar: cada vez que la tocas te emocionas.
Después hago un borrador de la estructura de la composición que tiene relación con la historia que se quiere contar, casi siempre con una introducción, una presentación del tema principal, un interludio que rompe el ritmo y la intensidad y la resolución mediante la presentación de la segunda melodía con la fusión final. Muy a menudo incluyo también una cola de relajación y frecuentemente ésta es cíclica con el principio. El hacer principios y finales parecidos ayuda después a organizar las pistas en el álbum mediante el encaje cabeza-cola.
Los picos de expresión tienen dos niveles, el primero está de acuerdo a la estructura general de la composición, pero la propia melodía tiene un segundo nivel de exposición que en sí mismo tiene un climax. Me encantan los contrastes, ir flotando por el éter y de repente subir a los cielos pero a ras de suelo por la ladera de una montaña inmensa, o planear por una pradera y dejar el sonido volar horizontalmente mientras que el vacío se abre súbitamente a tus pies al borde de un acantilado. La percepción humana se basa en gran medida en los contrastes y por eso ésta es una fuente inagotable de recursos.
Con 10 años ya tenía mis "composiciones" y tocaba el Tico Tico, el Vals de las Mariposas y Palomitas de Maiz. También empecé a estudiar la Tocatta y Fuga en Re menor de JS Bach, pieza de lucimiento.
En 1975 ingreso en el Real Conservatorio de Música de Madrid, tengo 12 años y mi obsesión es ser organista. Estudio dos años más y dejo de ir, me aburre repetir lo que otros han hecho y me paso todo el rato escapándome de clase para ir a las clases de órgano, con los mayores. También tengo la ocasión de tocar el órgano de San Lesmes, en Burgos, una experiencia que me marcó para siempre: allí de noche, en el coro, haciendo retumbar la iglesia, entendí con lágrimas en los ojos que efectivamente Bach hablaba con Dios.
En los años posteriores me interesé por la música Andina y durante un par de años estudié el toque de charango y quena. Posteriormente quedé atrapado por el acogedor duende del Jazz clásico e inicié los estudios de la escuela de Berkeley. Paco Montes y su imperecedero “Jazz Internacional” cubrieron infinidad de noches de buena música en la radio. Aprendí mucho sobre improvisación gracias a ese programa. Desarrollé el Jazz al teclado tanto como pude, me di cuenta que había una directísima relación entre las progresiones de Jazz y los modos eclesiásticos clásicos, y resultaba genial y excitante aplicar formalismos a la improvisación.
Del Jazz salté al Ragtime y por primera vez cambié de instrumento. Aunque aprendí el “Red Back Book” de Scott Joplin al piano, me sedujo mucho más la técnica del “finger picking” en la guitarra acústica, era resultón y divertido. Después descubrí el alegre Bluegrass y compre un banjo de 5 cuerdas (que aún conservo y toco de vez en cuando). Estudié el método de Earl Scruggs y avancé bastante. Hice un par de composiciones para Banjo. Pasaba muchas mañanas tocando en el Retiro madrileño con otros colegas aficionados al Ragtime y al Bluegrass y dando la murga a los paseantes por cuatro duros.
A todo esto continué de manera autodidacta la formación musical en materia de armonía, contrapunto y formas musicales. El tratado de armonía Arnold Schomberg supuso un cambio en la manera de entender la música. Demostraba con exquisita habilidad pedagógica que la modulación de los acordes tiene un porqué, y me introduje en la conceptualización filosófica del Arte. Él y su contemporáneo y amigo Vasil Kandinsky, a través de su librito “De lo Espiritual en el Arte”, me abrieron los ojos hacia el Arte y a la relación viva entre sus componentes.
Desde entonces profundicé en los orígenes de la música y su relación con las emociones humanas a lo largo de la historia. La música folk irlandesa (ó música “celta”) fue el descubrimiento más sorprendente de todos. Los ritmos de las jigas y el contrapunto tenían mucha similitud con algunas progresiones en el Bluegrass e incluso en danzas del Oriente Próximo (comprobadlo en la prodigiosa mezcla de percusión que hace Loreena Mc Kennit). ¿Qué hacía que hubiese esa similitud en culturas tan dispares?. Mas tarde aprendería que los celtas de la Auvernia llegaron hasta Turquía.
Además Mike Oldfield, Enya, Loreena Mc Kennit, Bryan Eno, Peter Gabriel, Edgar Froese (y después Tangerine Dream), Vangelis, Kitaro y muchos otros eran el “pan de cada día” en mis selecciones musicales, pero siempre sin olvidar a Mendelsson, Beethoven, Dvorak o Palestrina.
Las inquietudes musicales pronto me empujaron a iniciarme en la composición por secuenciación utilizando un ordenador. Mi primer ordenador fue un Commodore 64, y el segundo un Amiga 500 (¡aún los conservo en perfecto estado!). Este último, maravilla de la técnica, y el estupendo software Aegis Sonix, me permitieron realizar los primeros pinitos en el ámbito digital. Varios años después, en 1993, compré, no sin esfuerzo, el recién aparecido Korg X3, el cual conecté al ordenador y secuenciaba con Cakewalk 2.0
Me tomé muy en serio el mundo MIDI y escudriñé todas las posibilidades del teclado. Mi hermano Xurxo, un gurú de la informática, me comentó acerca de un nuevo formato de compresión que el Instituto Fraunhofer acababa de lanzar: MPEG-1 Layer 3. No le di mucha importancia, pero codifiqué algunas de las pistas que había terminado con el X3 y las coloqué en mi página personal (“Virtuality”, “Altair”, “Camelot” etc. fueron las primeras composiciones que puse en la Red)
Aquello me abrió un horizonte de posibilidades, y contacté con bastantes usuarios de Korg X3 por todo el mundo. Intercambiamos experiencias, “patches”, secuencias e incluso hicimos alguna colaboración, pero todo se quedaba en un ejercicio de reconocimiento mutuo. El mp3 casi era desconocido.
Estaba al día en la actualidad de la técnica de sonido y producción musical, pero no tenía muchos recursos económicos. Entonces tuve la ocasión de probar un Kurzweil K2500 y mis dudas se disiparon: yo tenía que conseguir una de esas estaciones. El K2500 fue un cambio radical y aprendí muchísimo acerca del tratamiento del sonido, la generación, el proceso, el filtrado, la combinación de capas, el muestreo, la aplicación de efectos, ¡estaba todo a mi alcance! Tardé un año en empezar a sacarle jugo y dos años en pagar el equipo, pero posteriormente lo amortizaría con creces.
No sería hasta Marzo de 1999 cuando descubrí un portal dedicado a mp3 y que daba la posibilidad de mostrar tu trabajo al mundo y, de paso, poder editar y vender tus propios discos: mp3.com, ¡estupendo!, así que me puse manos a la obra, recopilé las pistas que había hecho durante esos años con el X3 y lancé “Scent Of Light”.
Y tuve un éxito sonado. En julio de 1999 “Alexandra” llegó a la posición número 1 de las listas de New Age. Aquello me parecía irreal, era la primera vez en mi vida que era el primero del mundo en algo. Dada la exposición de la canción obtuvo muchas más descargas y así llegó al TOP 40 de mp3.com. Lo mismo ocurrió con “Dolmen Ridge”, llegó a la posición 10 de mp3.com y fue número 1 de Easy Listening y New Age durante semanas. Y yo alucinando.
A partir de este momento se creó de manera espontánea una imagen del “estilo GNOMUSY” y casi de manera automática las nuevas canciones que salían llegaban a la posición 1 o 2 de New Age, como ha ocurrido con la última que salió hace un par de semanas “Footprints On The Sea” y como ocurrió en su momento con “Altair”, “Tagorth The Cavern”, “Virtuality” y “Birth Of Blodeuwedd”. En el género medieval ocurría lo mismo con “Dance Of The Mist”. Todas llegaron al TOP40. Este empuje tan explosivo situó a los dos álbumes, “Scent Of Light” (aroma de luz) y “The Edge” (el filo) como dos de los 10 más vendidos de Europa.
Esta respuesta solo tiene explicación si se cuenta con un grupo de fans leal y numeroso. Y creo que para cualquier artista es un tesoro que debe ser cuidado con mimo. Un máximo de 5.000 bajadas en un día sumando un total de más de 2.300.000 en el periodo en mp3.com y 47.000 dólares de ganancias son cifras que, para un ciudadano “de a pie” como yo, dan auténtico vértigo.
¿Vivir de la música?, ¡no!. La música es mi pasión, es un canal sublime de comunicación que me permite expresar y dibujar los mundos y personajes que danzan en mi mente. Transmitir emociones y compartir experiencias y hacerlas eternas a pesar mío. En mi opinión la audiencia pide honestidad, sinceridad en lo que ofreces y últimamente también alta calidad. Si eres fiel a estos principios la primera recompensa que obtienes es un número importante de seguidores, y la segunda la oportunidad de convertir ese tráfico en dinero.
Pero no al revés. Estoy convencido que si la motivación para hacer música fuese el dinero no me saldrían las melodías tan fácilmente. Además las empresas que ofrecen servicios al artista, incluyendo mp3.com o las firmas discográficas, dan una estabilidad económica relativa, puesto que depende mucho de las líneas comerciales que se establezcan en el momento y de los gustos del público objetivo. Siempre existen excepciones, como Mike Oldfield, que son capaces de reunir a dos o tres generaciones en un solo concierto.
La fórmula actual, y su relación comodidad/beneficio, es muy atractiva, deja mucho margen para la inspiración, el relax, la meditación, la lectura y largos paseos por lo más profundo del bosque.
En mi experiencia es muy, muy importante que ofrezcas calidad en las pistas y sobre todo que mantengas un trato diario y personal con los fans y amigos. Esos dos componentes han funcionado siempre en mi esquema, en el cual la calidad de sonido es una cuestión de celo por las cosas bien hechas, pero que incluye el estudio y aprendizaje continuo y la utilización de tecnología punta, cada vez más accesible y poderosa.
No obstante, en las “alturas” las cosas son de otro modo. Cuando “Dolmen Ridge” llegó a la posición 10 general de mp3.com noté una “excesiva” resistencia para subir más arriba, aunque las previsiones de la tendencia la empujaban más allá por el número de descargas y los discos vendidos. La dificultad para llegar a las primerísimas posiciones crece exponencialmente y me temo que las 10 primeros lugares estén “reservados” y que haya que aplicar otro tipo de “políticas” que se salen fuera de mi alcance. Esto parece lógico, por que una pista en la posición 5, por ejemplo, puede generarte hasta 10.000 o 12.000 descargas en un día, y eso supone mucho dinero.
En Marzo de 2004 salió a la calle mi primer disco en condiciones, Ethereality, publicado por Non Profit Music (NPM), como una recopilación de los mejores trabajos desde 1994 hasta 2003. Una edición limitada de 1000 copias cuyos beneficios se destinan a acción humanitaria a través de Medicos Sin Fronteras. Sigo metido de lleno en el proyecto NPM y ya estoy preparando mi siguiente álbum Armilar, que a ver si publico a primeros de 2005.
El nombre GNOMUSY tiene un origen curioso. Como me llamo David, mi “nick” en IRC (soy un gran aficionado al chat) era “Gnomo”. Pero pronto el nick fue adoptado por muchos otros David y aquella muchedumbre de gnomos empezaba a ser molesta, no tenía una identidad inequívoca. El nombre de GNOMUSY (que en inglés se pronuncia como “no-music” pero sin la “c” oclusiva final) se me ocurrió cuando hice el primer recopilatorio de pistas para el Korg X3 y lo titulé GNOMUS-I (“lo del gnomo, parte uno”). Al leerlo todo junto se entendía algo como “gnomo de la música” y pensé que nadie estaría lo bastante “pirao” para ponerse un nick tan estrafalario. Desde luego que era único, ponía “GNOMUSY” en Altavista y tenía la certeza de encontrar solo “links” relativos a mi música. Después el nombre se hizo popular y ahora me ha atrapado completamente por su expansión en todo el mundo. Actualmente intento derivarlo poco a poco hacia la coletilla “Druid Of Sounds”.
El origen principal de mi inspiración es la naturaleza, el bosque. Soy Ingeniero de Montes y mi amor por la naturaleza se remonta a la infancia. He pasado largas temporadas estudiando las águilas, las plantas y paseando entre la niebla. Mientras tanto escuchaba a Mike Oldfield y leía a Tolkien. Aquella amalgama de sensaciones cristalizó inevitablemente en lo que sería después el núcleo de mi estilo.
Me fascina la capacidad del ser humano para condensar y encapsular mundos y sensaciones en obras de arte y que posteriormente, más allá de la propia existencia del artista, la obra madure y perdure, inundando los sentidos de miles de otras sensibilidades en cualquier época y lugar. En mi caso la fuente de inspiración siempre es una emoción, ya sea ésta positiva o negativa. Una emoción intensa y real, algo que me hipnotice o me ponga los pelos de punta. Entonces leo, viajo, curioseo, pienso, vuelvo a leer. Solo entonces voy al estudio y dejo a mis dedos danzar libremente en el teclado.
Si lo que oigo no me arranca las lágrimas o me pone en movimiento internamente, entonces sé que se trata solo de una mera modulación de sonidos, pero no de un mensaje. Para “Dolmen Ridge” me empollé varios libros sobre los proto-humanos (Paranthropus, Pithecantropus, Australophitecus y las primeras especies de Homo), viajé a lugares dode hay restos del calcolítico, entré en cámaras funerarias bajo los dólmenes (p.e. Dombate, Galicia), me bajé docenas de fotos de monumentos megalíticos en la Red y me emocioné viendo puestas de sol en los lugares donde habitaban. Con tal carga emocional es muy sencillo “ver” después los sonidos que hay detrás. El resto es aplicar técnica para transferir con la máxima fidelidad lo que tienes en la cabeza a una pista mp3, digamos que es la parte “fácil” (aunque producir esta pista me llevó 6 meses).
Todas mis composiciones tienen detrás una historia, con sus paisajes, personajes y acontecimientos. Primero doy forma a este escenario como quien planifica una película o una representación de teatro, aunque bien podría tratarse de la vida real. Para ello leo mucho sobre los temas relacionados, viajo a los lugares y veo películas. Digamos que me zambullo de lleno en el mundo que me propongo describir.
Siempre llevo algún tipo de grabadora conmigo, sobre todo en los largos paseos por el monte, y registro cualquier idea o melodía canturreando las partes, los efectos y anotando cómo podría hacerlo, la inspiración surge en los lugares y momentos mas inoportunos. No suele haber nadie en los alrededores, porque de otra manera sería grotesco verme simulando un stereo delay o un filtro de barrido con la voz allí solo, en medio del campo.
Las melodías son siempre el eje central de mis composiciones, intento no hacer nada que no se pueda silbar. La modulación armónica sigue patrones parecidos para dar consistencia temática al álbum, pero cada vez hay algo que da personalidad a cada pista. Sobre la modulación de cada canción suelo componer dos melodías que se complementan. Las melodías son trabajadas durante días, las toco una y otra vez con un sinfín de instrumentos y haciendo variaciones con el fin de asegurarme que son consistentes y que de verdad relatan algo. Es fácil ver si una melodía va a funcionar: cada vez que la tocas te emocionas.
Después hago un borrador de la estructura de la composición que tiene relación con la historia que se quiere contar, casi siempre con una introducción, una presentación del tema principal, un interludio que rompe el ritmo y la intensidad y la resolución mediante la presentación de la segunda melodía con la fusión final. Muy a menudo incluyo también una cola de relajación y frecuentemente ésta es cíclica con el principio. El hacer principios y finales parecidos ayuda después a organizar las pistas en el álbum mediante el encaje cabeza-cola.
Los picos de expresión tienen dos niveles, el primero está de acuerdo a la estructura general de la composición, pero la propia melodía tiene un segundo nivel de exposición que en sí mismo tiene un climax. Me encantan los contrastes, ir flotando por el éter y de repente subir a los cielos pero a ras de suelo por la ladera de una montaña inmensa, o planear por una pradera y dejar el sonido volar horizontalmente mientras que el vacío se abre súbitamente a tus pies al borde de un acantilado. La percepción humana se basa en gran medida en los contrastes y por eso ésta es una fuente inagotable de recursos.
Artistas favoritos: Mike Oldfield
Equipo: Yamaha P90, Kurzweil K2500, Korg X3, Korg Triton-R, Roland XV3080, Novation Supernova II, Novation Remote 25, Lexicon MPX500, Mackie VLZ1202, monitores activos Event 20/20, Steingerg Houston, Steinberg Midex 8, Echo GINA 24. Producción bajo Steiberg Nuendo 3, con una pila de plug-ins y VSTis, entre ellos destaco Ivory y Simphonic Choirs.
Discografía: Ethereality (2004), Non Profit Music













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el 04/02/2010Rafael Pacha
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el 20/12/2009spectrum128k
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el 17/12/2009area300
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el 13/12/2009Luis Zuñel
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el 02/12/2009spectrum128k
Ver todosVaya, vaya, caballero, creo que nos conocemos de hace algunos años...algo así como del año 2000, cuando Mp3.com, Peoplesound.com y ciberdiscográficas ... Leer más
bueno.....que decir más que me tienes abrumao....gracias por tus palabras que me dan pa comer un año...gracias por el linkeo..gracias por escucharme y... Leer más
Gracias por tus comentarios.. escucho tu música mientras leo tu perfil, interesantisimo... Commodore Amiga... cuantos buenos momentos me ha dado esta ... Leer más
Resumo todas tus composiciones como un regalo para los oidos..un placer haberte descubierto... Leer más
Un millon de gracias por tu comentario...y más viniendo de ti :oops: ...no te conocia, pero estoy escuchando y es impresionate tu trabajo...esto si qu... Leer más