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Subido el 21/03/2012
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Descripción
Reservamos mesa en un restaurante y esperamos a que llegaran Emile y Marta. Marcos había pedido prácticamente de todos los entrantes que había en la carta. Aún tenía los ojos enrojecidos y comía como si no hubiera probado bocado desde hacía meses. Yo todavía no había salido de aquella especie de sopor en el que me había sumergido, pero me encontraba ya algo recuperado.
-No vuelvo a fumar maría en mi vida -dije.
-Siempre dices lo mismo.
-Me sienta fatal.
-A mí me sienta de puta madre -dijo cogiendo unas tostadas con foie-. Joder, qué bueno está esto.
Por la puerta entró Marta, y unos metros más atrás, con las manos en los bolsillos y una sonrisilla satisfecha, venía Emile. Los saludamos con la mano indicándoles dónde estábamos y se acercaron. Me puse en pie, le di dos besos a Marta y abracé a Emile, pero me separé porque me clavé algo en el pecho.
-Es un adoquín -aclaró Marta.
-¿Un adoquín?
-Sabe dios por qué lo ha cogido, se lo ha encontrado en la calle y lleva cargando con él casi desde el aeropuerto.
-¿Todavía no ha aprendido español? -preguntó Marcos.
-¡No aprende porque no le da la gana! Es un bastardo que creo que ha nacido para mortificarme. Un día le ahogaré con la almohada, lo juro.
-Por dios, Marta... -comencé a decir, pero me interrumpió rápidamente.
-¡Y tú cállate, que al fin y al cabo, asfixiarlo mientras duerme es tener piedad para todo lo que me hace!
Marcos estaba feliz. Ya estaba sentado junto a Emile observando atentamente el adoquín cuando se acercó el camarero.
-¿Ya están todos? -preguntó a Marta.
-Bueno, sobra uno, pero en esta puta sociedad está prohibido el asesinato, así que no nos queda más remedio que aguantarlo. Traiga la carta, ¿tienen pescado?, y vino, traiga vino ya, una copa de Rioja, grande, la más grande que tenga, maldita sea, traiga una botella ahora mismo, ¡por amor de dios!, ¡qué cabreo tengo, joder!
El camarero salió disparado a por la botella y se la acercó con miedo, temiendo haberse equivocado. Marta la cogió de un zarpazo y se llenó una copa de la que se bebió la mitad de un golpe.
-¡Ah! -suspiró-, qué bueno, ¿sabes lo que me ha hecho el bastardo? -dijo señalando a Emile.
-Ni idea. ¿Algo raro?
-Hemos ido a París, y como siempre, no me he enterado hasta el final para qué estaba allí, y ni así lo acabé de comprender del todo hasta que vi lo que vi. Por lo visto, ha estado escribiendo guiones de cómics estos últimos meses.
-Ah, qué bien...
-No tan bien, espera -dijo dando un largo trago-... son cómics porno.
-Bueno -dije-, tampoco tiene nada de malo, ahora sabemos por qué veía tanto porno.
-No, eso no tiene nada de malo, pero el hijo de puta mandó unas fotos mías al dibujante y ahora mi cara está en un montón de putos cómics pornográficos, ¡joder, cuando me vi me iba a dar algo!
Emile y Marcos empezaron a reírse a carcajadas.
-¡Iros a la mierda todos!, ¡joder!, ¡no me gusta ver cómo me traspasan cuatro negros con una polla enorme por todos los agujeros!, ¡qué asco, por dios!, te juro que lo mataba ahora mismo, diosss, no sé ni cómo lo aguanto, he tenido que venir sentada en otro asiento por no verlo, con su risita de mierda, ¡lo odio!
Pronto empezaron a mirarnos desde las mesas de al lado y yo ya no sabía dónde meterme. Marcos y Emile cogieron las cartas del menú y se taparon con ellas para poder reírse sin que Marta les viera, pero a esta le daba igual todo.
-Es un hijo de puta, te lo dije y te lo digo, un hijo de su puta madre francesa de mierda que engendró a un feto antes de tiempo solo para hacer que mi vida sea el colmo de lo insufrible. Un día... un día... bah, échame más vino, qué cojones, estoy ya hasta el coño.
Le serví otro vaso abundante que se bebió de un trago y empezó a ponérsele la cara de color rosa.
-Como se publiquen en España le arranco los ojos, lo juro.
-Bueno, igual sacáis un dinerito... -dije por lo bajo sin terminar la frase, por suavizar el asunto.
-¿Y qué más me da a mí el dinero?, míralo -dijo señalándolo-, me da igual vivir en la pobreza o tener cien mil millones de dólares, me enamoré de él dios sabe por qué clase de estúpido hechizo o por qué mierdas, y ahora estoy condenada, ¿cuánto tiempo lleva aquí?, ni lo sé ya, y sigue sin saber una palabra de español, ¿cómo es posible?, no le importo nada, no le importo nada... -comenzó a sollozar. Emile fue a besarla en la mejilla, pero le dejó el adoquín sobre la falda y se retiró sonriendo-. ¡Hijo de puta!, ¿lo has visto?, ¿lo has visto? -dijo levantándose y dejando caer el adoquín sobre el suelo con un ruido espantoso que sobrecogió a todo el restaurante. El camarero se acercó con mucha precaución a llamarnos la atención y Emile le dijo algo en francés.
-Oui, oui -respondió mientras le escuchaba-. Perdone, señora, su marido quiere que le traduzca algo que quiere decirle.
-No me fío -dijo Marta aún de pie.
-Señora, si no le importa, podríamos intentarlo, los demás clientes se están quejando.
-Me importan una mierda pinchada en un palo los demás clientes, pero venga, a ver qué quiere decirme el bastardo hijo de puta.
Emile se puso a hablarle al camarero, pero este se puso rojo como un tomate, le respondió algo y Emile le hizo gestos afirmativos con la cabeza. El camarero se negó, pero Marta le dijo:
-O me lo traduce o aténgase a las consecuencias -y por su cara, las consecuencias iban a ser de horripilantes para arriba.
-Es... está bien -Emile comenzó a hablarle lentamente al camarero mientras este le iba traduciendo-. Dice que, ejem, que quiere su, digamos, chochito... -hizo una pausa y siguió cuando vio que Marta no le había golpeado con nada-... pues eso, que quiere su chochito como a ningún otro chochito, y que... que le va a hacer el amor con su porra gorda y dorada hasta que... hasta que grite de placer porque... bueno, porque su chochito es el más chorreante que ha visto y que, en fin, que la quiere con locura y que le va a hacer mucho el amor por todos los sitios.
-¿En serio? -dijo Marta que cambió la cara hasta reflejar una felicidad que dejó perplejo al camarero.
-Sí, es eso, más o menos, lo que ha dicho.
-¿Cómo que más o menos? ¡O me lo traduce bien o le arranco las pelotas de cuajo!
-Sí, sí, quería decir que eso es exactamente lo que ha dicho, ni más ni menos, perdone la confusión, estoy súper nervioso, compréndame -y se le acercó al oído-, entré a trabajar ayer, no quiero líos, por favor, si me echan tendré muchos problemas, ¿me entiende?
-Ooohh -dijo Marta volviéndose a Emile-, ¿en serio?, ¿es verdad que me quieres?
Emile asintió con una sonrisa y Marta se le echó encima dándole besos por toda la cara.
-Ains, mi precioso, precioso, no sabía... te quiero, te quiero, te quiero mucho, traiga más vino, ¡más vino, ostias!, ¡que estoy súper contenta! -le dijo al camarero, que salió rápidamente a por otra botella.
La cena transcurrió con normalidad, con la normalidad que se puede pretender con semejantes comensales, pero vamos, que no pasó nada malo. Cuando terminamos, Marta, Emile y Marcos salieron a fumarse un cigarrillo de marihuana antes de los postres y volvieron riéndose como niños traviesos. La cuenta fue alta y me tocó pagarla, pero qué puñetas, fue una cena inolvidable. Al final, Marta y Emile cantaron encima de una silla una canción francesa que habían aprendido durante el viaje. Así de abrazados estaban.




Música: Wah funky wah, wah acidjazz!
http://www.hispasonic.com/musica/wah-funky-wah-wah-acidjazz/36719
Texto: Monster
Ilustración: Man, de Alfred Kubin

Súper explotando al Delta, qué máquina que es...
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Comentarios
  • #1 por Rosa el 22/03/2012
    Está genial! :plasplas: :plasplas: :plasplas:
  • #2 por Javier Piñeira el 24/03/2012
    Ufffff vaya saga.Está muy bien compañero, mucho feeling si señor.
    Buen trabajo.

    :plasplas: :plasplas: :plasplas: :plasplas: :plasplas: :plasplas: :plasplas: :plasplas: :plasplas: :plasplas: :plasplas: :plasplas: :plasplas: :plasplas: :plasplas: :plasplas: :plasplas: :plasplas: :plasplas: :plasplas: :plasplas: :plasplas: :plasplas: :plasplas:
  • #3 por EMIL el 01/04/2012
    Excelente!
  • #4 por ZzAJeerF el 31/05/2012
    Una vez más.... Bravo Monster. =D>