Subido el 07/09/2009
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Descripción
Capítulo 1. El tren
Tenía una hermana, Lidia, tres años menor que yo, a la que no le gustaba estar sola, y cada vez que me iba al campo a jugar solía venir conmigo. Yo me alejaba más y más, siempre un poco más allá. Me fastidiaba su presencia y disfrutaba al verla asustada. Además, sentía una curiosa sensación en el estómago cuando la veía debatirse entre seguirme y volver sola a casa.
Recuerdo muy bien su carita miedosa mirando adelante y atrás, imaginando cuál de las dos opciones sería la peor. Yo no le contestaba casi nunca, hasta que consideraba que ya estábamos lo suficientemente lejos. Entonces, cuando me volvía a preguntar hasta dónde pensaba alejarme, le decía que hasta el fin del mundo. Eso la asustaba. Era fácil hacerla llorar y verla me divertía.
Un día nos alejamos tanto que llegamos hasta la vía del tren. El cielo estaba nublado y la pequeña me miraba recelosa, pero con mi rostro, al que ya había enseñado con tanta destreza a simular falsedades, la tranquilicé haciéndole gestos de confianza. Ese día la llevé con engaños, le decía una y otra vez que sólo quería ir un poco más lejos, pero sin advertirla de la verdad.
Me gustaba buscar bichos y hacer agujeros y solía llevar una caja de cerillas y una botella de plástico vacía de algún detergente. Uno de mis pasatiempos favoritos era prenderle fuego y dejar caer ese fuego pegajoso sobre los matorrales y hormigueros del suelo en un bombardeo plástico que tardaba en apagarse.
Mientras yo encendía la botella, mi hermana solía alejarse. Le daba miedo que le cayeran gotas de plástico quemado como ya había ocurrido alguna vez. Pero ese día no esperaba aburrida. Estaba curioseando, entusiasmada, entre los gruesos tornillos de los raíles. Le dije que esas vías las recorrían vagabundos que se habían hecho ricos encontrando bellos diamantes escondidos durante la guerra. Lidia rebuscaba, de espaldas a la dirección en que venían los trenes, que todo sea dicho, aparecían muy de cuando en cuando.
Yo me encontraba a unos quince o veinte metros de ella cuando escuché el ruido apagado y profundo del tren que se aproximaba. La miré, pero mi hermana seguía absorta entre los raíles sin que pareciese haberse dado cuenta del peligro que estaba corriendo.
No sé por qué, me quedé parado, completamente inmóvil. El ruido se hacía más estridente y las gotas de plástico encendidas seguían cayendo de la botella formando un pequeño montículo de fuego sobre el suelo que yo no veía.
Entonces apareció el tren de entre los árboles frondosos que crecían junto a la curva que había a su espalda. No dije nada, y el tren se seguía aproximando. Una extraña sensación en el estómago me impedía moverme y no podía apartar la vista de las enormes ruedas que giraban. Me parecieron tremendamente poderosas.
Cuando pasaron por encima de mi hermana no hicieron casi ningún ruido, apagado por el sonido atronador del tren que parecía ocupar un plano más elevado de la consciencia. Me aproximé y me puse en cuclillas sobre el suelo a observar en lo que se había convertido.
Así pasé mucho rato.
Tenía una hermana, Lidia, tres años menor que yo, a la que no le gustaba estar sola, y cada vez que me iba al campo a jugar solía venir conmigo. Yo me alejaba más y más, siempre un poco más allá. Me fastidiaba su presencia y disfrutaba al verla asustada. Además, sentía una curiosa sensación en el estómago cuando la veía debatirse entre seguirme y volver sola a casa.
Recuerdo muy bien su carita miedosa mirando adelante y atrás, imaginando cuál de las dos opciones sería la peor. Yo no le contestaba casi nunca, hasta que consideraba que ya estábamos lo suficientemente lejos. Entonces, cuando me volvía a preguntar hasta dónde pensaba alejarme, le decía que hasta el fin del mundo. Eso la asustaba. Era fácil hacerla llorar y verla me divertía.
Un día nos alejamos tanto que llegamos hasta la vía del tren. El cielo estaba nublado y la pequeña me miraba recelosa, pero con mi rostro, al que ya había enseñado con tanta destreza a simular falsedades, la tranquilicé haciéndole gestos de confianza. Ese día la llevé con engaños, le decía una y otra vez que sólo quería ir un poco más lejos, pero sin advertirla de la verdad.
Me gustaba buscar bichos y hacer agujeros y solía llevar una caja de cerillas y una botella de plástico vacía de algún detergente. Uno de mis pasatiempos favoritos era prenderle fuego y dejar caer ese fuego pegajoso sobre los matorrales y hormigueros del suelo en un bombardeo plástico que tardaba en apagarse.
Mientras yo encendía la botella, mi hermana solía alejarse. Le daba miedo que le cayeran gotas de plástico quemado como ya había ocurrido alguna vez. Pero ese día no esperaba aburrida. Estaba curioseando, entusiasmada, entre los gruesos tornillos de los raíles. Le dije que esas vías las recorrían vagabundos que se habían hecho ricos encontrando bellos diamantes escondidos durante la guerra. Lidia rebuscaba, de espaldas a la dirección en que venían los trenes, que todo sea dicho, aparecían muy de cuando en cuando.
Yo me encontraba a unos quince o veinte metros de ella cuando escuché el ruido apagado y profundo del tren que se aproximaba. La miré, pero mi hermana seguía absorta entre los raíles sin que pareciese haberse dado cuenta del peligro que estaba corriendo.
No sé por qué, me quedé parado, completamente inmóvil. El ruido se hacía más estridente y las gotas de plástico encendidas seguían cayendo de la botella formando un pequeño montículo de fuego sobre el suelo que yo no veía.
Entonces apareció el tren de entre los árboles frondosos que crecían junto a la curva que había a su espalda. No dije nada, y el tren se seguía aproximando. Una extraña sensación en el estómago me impedía moverme y no podía apartar la vista de las enormes ruedas que giraban. Me parecieron tremendamente poderosas.
Cuando pasaron por encima de mi hermana no hicieron casi ningún ruido, apagado por el sonido atronador del tren que parecía ocupar un plano más elevado de la consciencia. Me aproximé y me puse en cuclillas sobre el suelo a observar en lo que se había convertido.
Así pasé mucho rato.
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Comentarios
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Gracias Monster por poder compartir tu espacio tu relato con un humilde servidor. Por si las moscas no creo q te acompañe nunca a la via del tren... a no ser q haya enfermeras de esas q nos gustan...
Contentísimo de dejarme ambientar tus relatos... cada uno es mundo en si mismo...
gracias otra vez....
Es increíble el talento que tienes, cómo sabes leer e interpretar las situaciones y las emociones al piano y, encima, con una inspiración tan pura que te permite hacerlo en tan poco tiempo.
Alucinadito me has dejado.
Ahora los relatos no están desnudos, se han vestido con un traje maravilloso y van mucho más allá de las letras, enganchados en las notas del piano como pasajeros que, como no tengan cuidado, ya verás, ya... que los trenes son muy peligrosos...
Compones a todo tren...
Pareces una locomotora...
I Love You
Pd. Te voto y te revoto
Tíos, esto no vale, cojones ...(la lujuria)! Me tiro un mes tocando y retocando cualquier mierda de temilla mío (la gula) y viene ahora un berdei de estos (la soberbia) y hace música en un ratillo (la avaricia) y, encima, con todo el sentido y la intención del mundo.
No es justo y él lo sabe. No quedo más en Marbiella con él (la ira), ea ! (la pereza ...) ...
el aplauso (cagonlamá, qué destreza er tío ... Un pianista de verdad !)
Por un lado, me encanta.
Por otro... es deprimente
Los pelos de punta Berdei, Monster... me das miedo
Después dices que por qué te considero un maestro...
Cómo tocas el piano tio! que es para mí el instrumento más bonito que se puede tocar...
Un abrazo!
Cuánto dá de sí esa cabezita...
Estamos en contacto!
Ya estaba subido en la silla dispuesto a ahorcarme...
En mi trabajo tengo q acompañar en función de muchas cosas por lo q el merito es relativo (es mi trabajo). es agradable conocer personas q le hacen sacar a uno lo mejor de si mismo. gracias a todos ... de verdad
Personalmente me siento honrado por poder dar salida a mis pajas mentales gracias a ese catalizador llamado monster al cual todos apreciamos mucho por aquí y cuyo talento a la hora de escribir ambientes y situaciones lo hacen para mi un verdadero catalizador...
Creo q esta pagina es una maravilla para todos nosotros.Creo firmemente q la unión hace la fuerza.
monster I love you to
está conseguido al 100%
Cuánto aportan los distintos puntos de vista, lo tendré en cuenta. Al fin y al cabo, esta obra se basará en eso. En el punto de vista de este señor.
Gracias, Javier, por la parte que me toca, jejeje, pero son sólo personajes. Dios me libre de parecerme un átomo a semejante monstruo
Ismael, un hombre solo ante el piano con un texto... Eso sí que me parece un artista.
Da gusto veros a ti y a los otros similares que hay por esta página.
Tengo que meditarlo antes de comentarlo!!!
Me ha dado risa el relato , no sé por qué.
Como que no me lo creo
Jajaja....
Tengo que analizar esto...
Impresionante!!!
Tengo un problema con el relato!!!
Arhhhh....
Felicitaciones Ismael!!!