Subido el 27/04/2012
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Descripción
Bill se había levantado pensando. Bueno, se había levantado, se había bebido un trago de vino que quedaba en un vaso de la noche anterior, y entonces ya sí se había puesto a pensar: “Antes se podían hacer hogueras en la playa, aparcabas donde te daba la gana y si había que meterse siete en un coche no había problemas. Eran mejores tiempos. Cualquier tiempo antes de casarme eran mejores tiempos”, pensó pellizcándose los ojos y separando los párpados. Le gustaba sentir fresco el ojo. Bill decía que levantarse los párpados despegándolos dos o tres veces seguidas equivalía a lavarse la cara con jabón. Cuando se mudó tiró todos los tabiques. Quería libertad, toda, incluso visual. Siempre había querido tirar algún tabique a martillazos, pero cuando empezó con uno se aburrió y llamó para que otros lo hicieran. Estaba bien eso de descargar adrenalina, pero muy pronto le dolió el brazo y le costaba respirar. Tenía que dejar el tabaco. O dejar de tirar tabiques. Bill miraba las paredes y pensaba con agrado que ninguna discusión había rebotado en ellas. Eso era lo mejor que tenía aquella casa: nunca habían escuchado una pelea ni una voz más alta que otra. Por lo menos, desde que él estaba. Lo que hubiera ocurrido antes se la traía al fresco. Desde la cama veía la cocina, el salón y todo lo demás. Los platos de hacía varios días estaban por medio con restos de comida. De hoy no pasa, se dijo, pero no se levantó. Estiro la sábana hasta el cuello y metió la nariz dentro para aspirar profundamente. Le gustaba cómo olía su cuerpo. Nada de colonia ni gel. Le gustaba cómo olía antes de ducharse cada mañana.
Tenía que cortarse las uñas de los pies. Notaba que estaban largas porque las sábanas no llegaban a tocarle los dedos. Por eso le dolían los pies al caminar. También tendría que ser hoy, de eso estaba seguro Bill: hoy sería el día de los platos y las uñas. Sin duda alguna. ¿Qué haría antes?, ¿los platos o las uñas?, se preguntó. Tiraría una moneda al aire. Miró alrededor, pero no había ninguna moneda a la vista. Vio la radio. La encendería, y si la primera canción era country, los platos; si era pop, las uñas. La emisora solía poner country a esa hora y se puso a rezar para que no lo fuera. Era mucho mejor lo de las uñas. De la calle empezaba a llegar el ruido de los coches. Todos los días a la misma hora se formaba el mismo embotellamiento. Pero eso a él no le importaba. Aunque a veces sí que le gustaría que le importase. Eso significaría que tenía algún sitio al que ir, o que tendría algo que hacer. No era bueno estar todo el día sin hacer nada. Tenía que conseguir un trabajo. Pero hoy no. Hoy eran los platos, y las uñas, y si salía alguna otra cosa, quizás también, pero tendría que ser dentro de la casa. No tenía mucho ánimo Bill esa mañana. Se distrajo lo suficiente para olvidar lo de la radio y se levantó. Lo primero que hizo fue chocar con la pata de la mesa que estaba junto a la cama. Era una mesa baja que arrastraba de acá para allá según la necesitara. Por eso no estaba acostumbrado a su presencia y ya se había golpeado muchas veces con ella. Algunas noches se la llevaba junto a la cama para poner el tabaco y el cenicero. Y ahora, por culpa de la maldita mesa, se había acordado otra vez de las uñas cuando ya había conseguido olvidarlas. Había tropezado con el dedo gordo y el dolor era insoportable. Empezar mal el día es una mierda, dijo en voz alta. Si eso te ocurre a las seis de la tarde no pasa nada, pero empezar mal la mañana era muy distinto. Se asomó a la ventana. Escuchó la sirena de una ambulancia y sacó la cabeza mirando de lado a lado. El sonido rebotaba en los edificios y al pronto no supo reconocer de dónde venía. Venía de la derecha. Se había levantado algo embotado, pero poco a poco empezaba a recobrarse. Había varias botellas tiradas, pero pensó que no serían todas del día anterior. Ahora mismo no se acordaba. Estiró una pierna y luego la otra hasta que apareció la luz de la ambulancia en el fondo de la calle. Los coches se apartaban como podían, que no era mucho, y la ambulancia se atascó en mitad de la calle. Los tíos de los coches son tontos, pero más tontos son los peatones, pensó. Varios coches intentaban subirse en la acera para dejar pasar el vehículo, pero algunos de los que iban andando no se apartaban, no se daban ni cuenta, parecía que no iba con ellos el asunto. Siempre que Bill veía una ambulancia pensaba en cuánto faltaba para que él fuera dentro. Esperaba que mucho, pero cada día faltaba uno menos. Se tocó la cara. ¿Cuánto hacía que no se afeitaba? Dos o tres días, calculó. No mucho. No tendría que preocuparse por eso hoy. Aunque quizás más tarde... y dejó el pensamiento en el aire, por si acaso. Le gustaba ocupar su mente con actividades, llenar el día le hacía más feliz, pero cuando no las cumplía se sentía luego desdichado. Aunque no siempre. Otras veces pensaba “bueno, puedo permitirme el lujo de dejarlo para mañana”. Podía pensar una cosa u otra según le pillara.
De haberse casado sí estaba arrepentido. Cada día le dedicaba una o dos horas al tema. Volvía al pasado y pensaba en lo rápidamente que saldría del bar donde conoció a Sue. Saldría disparado, pensaba continuamente. Disparado. Le gustaba pensar que corría más que los coches, que los trenes y que los aviones. El motor de Sue era un motor de tecnología espacial inversa: daba energía eterna en dirección contraria. No se acordaba del teléfono de nadie, pero sí del de Sue. Por más que quisiera borrarlo de su memoria no podía. Ni de su número de carnet. Pero al menos no recordaba su cumpleaños. Aunque eso no lo había recordado nunca, así que no contaba como olvido. Todos los olvidos, para ser contados, tenían que haber sido conseguidos a posteriori, sino no valían. Sue era morena. Cuando terminaron conoció a algunas morenas, y le daba aprensión acercarse a besarlas, porque cuando estaba muy cerca solo les veía el pelo y le recordaban a Sue. Y Bill quería olvidar a Sue. La verdad es que le importaba una mierda Sue, pero no se la podía quitar de la cabeza. Eso le desconcertaba:
-Si no me importa una mierda, ¿por qué no puedo olvidarla?
Y era verdad que no le importaba nada. Ni lo que hacía, ni dónde estaba ni nada de nada en absoluto. Pero no la olvidaba. Abajo, la ambulancia estaba atravesada sobre la calzada, intentando encontrar un hueco por donde pasar, pero el camino que había escogido entre los coches que habían comenzado a apartarse se había taponado porque los de delante no podían moverse. Uno llegó a rozarse con una farola y Bill se imaginó el grito de fastidio del conductor y sonrió. El sonido de la sirena era estridente. Si Bill hubiera sido el conductor le habría bajado el volumen, si es que aquello tenía volumen, porque no hacía más que poner nervioso a la gente. Se imaginaba al hombre, o a la mujer, que también podía ser una mujer, pero él siempre se imaginaba un hombre allí dentro, tumbado, amarrado muriéndose mientras un idiota no se apartaba, y todo dependía de eso. No podía soportar la idea de estar allí metido y que se muriera por un idiota. A los idiotas no deberían darles el carnet de conducir. O por lo menos, deberían poner una prueba donde uno estuviera en un atolladero y tuviera que apartarse para que pasara una ambulancia. Rodearía al idiota de otros idiotas, o de actores haciéndose pasar por idiotas y a ver cómo reaccionaba. Si lo hacía bien varias veces, se le podía dar el carnet. Sino, no. Todo lo demás se aprendía con la práctica, pero si no sabes apartarte cuando tienes que hacerlo no lo aprenderás nunca y alguien morirá. Y ese alguien podía ser él. Se volvió hacia la habitación y miró las botellas para ver si quedaba algún resto en alguna. Por desgracia, estaban todas vacías menos una de cerveza. De todos los restos, el peor es el de cerveza, pero aun así, fue a por él rápidamente para no perderse nada y volvió a la ventana. La ambulancia seguía allí. Se la bebió de un trago porque no estaba como para paladearla, abierta y caliente. Fue a dejarla junto a una mesa y vio detrás de una de las patas una botella de whisky donde aún quedaban al menos tres o cuatro dedos. La cogió y se fue de nuevo hacia la ventana. Al llegar, la uña del dedo gordo golpeó suavemente contra la pared, pero fue suficiente para que una punzada le recorriera el pie y le hiciera poner una mueca de dolor. Parecía que el dedo latía solo como si tuviera un corazón maltrecho que se estaba muriendo. Igual dentro de la ambulancia había un dedo enorme entubado haciéndose una transfusión. Se imaginó la escena y sonrió. Hasta la ventana llegaba el ruido de la sirena y los bocinazos de los coches. Era ensordecedor. Creía que los peatones estaban tan aturdidos escuchando todo ese jaleo tan temprano que nadie podía hacer nada. Bill pensó que era el fin del mundo.



Música: Pieces of Daphne, de Klos:
http://www.hispasonic.com/musica/pieces-of-daphne/71060
Texto: Monster
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Comentarios
  • #1 por Mrkeyboard el 27/04/2012
    Un tema hiperrealista y muy descriptivo de un personaje marcado por la desidia, con tu texto describes muy bien ese momento matituno con todas las ideas y sensaciones que van circulando en el personaje, haciéndolo muy creible. Como siempre tu pluma traza con elegancia y tino auqello que quieres crear, en este caso haciendo un retrato muy bien delineado de un personaje cansado, aburrido y sin rumbo.
  • #2 por klos el 27/04/2012
    Jejeje, me he echado unas risas con tus ocurrencias, aunque, en este caso, la música es un pretexto para tus letras, creo que es el divorcio más claro que he visto entre música y tu cuento, aunque tu ya lo avisabas, pero como eso es lo de menos pues mucho de tus relatos los leo sin la música de fondo, he disfrutado con el apático Bill, que casi se parece al Wilt gris y anodino de Tom Sharpe.
    Has expresado algunos pensamientos en alto, especialmente en lo relacionado con los idiotas, circunstancia que suscribo completamente, y lo de las uñas…, eso es un clásico, te acuerdas de ellas cuando te machacas los dedos, que gran verdad…

    Gracias por tu visita y comentario al tema, me falta mucho para llegar a plasmar lo que quiero pero estoy en ello, vosotros me ayudáis, saludos a bill
  • #3 por ZzAJeerF el 27/04/2012
    me encanta como presentas la cotidianeidad......y de repente PAF!!!....

    "...si no sabes apartarte cuando tienes que hacerlo no lo aprenderás nunca y alguien morirá"....me he quedado en un bucle.

    Bill.
  • #4 por J.Gabriel Navalón el 27/04/2012
    :shock: :cascos: muy bueno, me he reido mucho con lo del carnet de los idiotas, porque en ocasiones todos pensamos algo así, y con lo del dedo haciéndose una transfusión :mrgreen: .

    :birras: (pero ésta con gas y "escarchá")
  • #5 por Jose de Soutelo Verde el 27/04/2012
    Jjajajajajajajajajajjajajajajajajaajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajaja
    Tú imaginación es infinita y tú sentido del humor inigualable.
    Cagüen la leche se han atascao los emoticonos.

    Cinco estrellitas.
  • #6 por fankel el 27/04/2012
    Ay, monstercito que majete eres... jeje, está historieta me ha gustado, está entretenida y graciosa. Me da pena el pobre hombre ese pero bueno, supongo que será ficción.

    =D> =D> =D> =D> =D> =D> =D> =D> =D> =D> =D> =D> =D> =D>
  • #7 por Monster el 27/04/2012
    Claro que es ficción, sino estaríais todos llorando. Gracias por los comentarios, esta vez han sido muy significativos para mí, y eso me interesa cantidad. Eso sí, el único que ha traído cerveza ha sido el colorao, ese sí que sabe, no como vosotros...
  • #8 por fankel el 27/04/2012
    Está caliente.
  • #9 por ictineo el 28/04/2012
    Muy bueno el relato!! así es la vida, los platos vuelven a mancharse por mas limpios que los dejes, las uñas siempre están creciendo, pero hay que cortarlas claro, el vino siempre se acaba, aunque lo compres por garrafones , vasta que quieras olvidar a alguien, para que no se te vaya de la cabeza y el día que más prisa tienes, siempre hay alguien que cierra el paso.
    Más cervezas, si dejáis que se calienten, que no sea por pereza.
    :birras: :birras: :birras: :birras: :birras: :birras: :birras: :birras: :birras: :birras:
  • #10 por Jose de Soutelo Verde el 28/04/2012
    A ver por favor que en el trabajo no se bebe.
  • #11 por ictineo el 28/04/2012
    Solo a partir de las 00..........
  • #12 por Monster el 28/04/2012
    Ya veo que habéis captado el mensaje :P
    Buenas noches, chicos (menos para el azulado, que es bicho nocturno), y hasta mañana (si a la mudanza le da la real gana) :hola:
  • #13 por Jose de Soutelo Verde el 28/04/2012
    ¿Pero cuánto duran las mudanzas en Andalucia? a ti lo que te pasa es que estás de caseta en caseta y venga finitos
  • #14 por Monster el 28/04/2012
    Ni hablar. Es que me mudo a una especie de almacén/casa que está llena de libros. Y cuando digo llena es en sentido literal. Tengo agujetas hasta en los tuétanos.
  • #15 por Jose de Soutelo Verde el 28/04/2012
    Pues venga... y que te sea leve jeje
  • #16 por J.Gabriel Navalón el 28/04/2012
    :???: Uff, mudanzas, yo he hecho unas cuantas, :susto: , que duro!! ánimo, que al final se llega a la última caja, las de libros duelen :shock: !! Eso sí, parte positiva, te vas a poner cachas!! :desdentado:

    :birras: (mi birra, siempre está fría, bassman :desdentado: )

    Un abrazo, gente!!
  • #17 por albertus el 28/04/2012
    Bueno, quizá me he perdido un poco entre lo maravilloso de la composición musical y lo extravagante del relato, pero yo soy bastante cortito, lo cierto es que hay que ser muy despierto para caer en todos esos detalles tan mundanos de nuestras vidas y realzarlos
  • #18 por ismaelberdei el 29/04/2012
    Alucino contigo tio!

    A veces me pareces escribiendo la reencarnación de Boris Vian... del cual siento bastante predilección... y en relatos como este veo similitudes con el mismo Paul Auster... Me encanta la capacidad que tienes de poner al lector en la tesitura del personaje!

    No se si lo camaleónico en ti se ciñe solo a lo musical ... lo que tengo claro es que eres un todo terreno!!!!

    CLin CLin!

    Cuando acabé seguia la música... pero es igual... hasta ese momento la sensación ha sido de absoluta sincronia!
  • #19 por Monster el 29/04/2012
    Cuando la hice estaba pensando en que te gustaría.
  • #20 por ismaelberdei el 29/04/2012
    Pues acertaste! Este es el tipo de relato que me mete en harina! y curiosamente con la música de Klos produce un efecto quasi hipnótico...