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Blog de Patricio Liberona V.
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Ese día, 23 de Diciembre, Roxana caminaba como siempre lo había hecho rumbo a su casa, después de una agotadora jornada de trabajo en un supermercado. Sus pensamientos la llevaban a recordar algunos episodios de su vida que ella creía eran pruebas para medir su fortaleza espiritual ante las adversidades de esta complicada existencia.
1
Recordaba con mucho cariño a sus padres y sus dos hermanos por allá lejos en el sur, a los cuales dejó hace tres años para venir a probar suerte aquí en la capital. Sola ahora, y en estas fechas que hacen que la soledad, exacerbe la tristeza de una persona que no puede compartir con nadie sus penas y las pocas alegrías encontradas en cosas muy simples puestas en su camino.
A Enrique lo conoció al mes siguiente que llegó a Santiago, pololearon exactamente tres meses y decidieron vivir juntos. Todo iba bien, él tenía un buen trabajo, arrendaban una pequeña pero bonita casa en La Florida, Roxana podía buscar un trabajo tranquilamente, pero todo se complicó cuando Enrique se le puso en la cabeza tener un hijo.
Estuvieron cerca de cuatro meses intentando que ella quedara embarazada, pero fue inútil, el veredicto del médico fue tajante, un problema durante el embarazo de la Mamá de Roxana, hizo que su sistema reproductor no se desarrollara adecuadamente, haciendo imposible la producción de óvulos, por lo que jamás podría engendrar un hijo.
Esta noticia fue como un balde de agua fría para Enrique y comenzó a alejarse de Roxana, hasta que finalmente se fue, dejándola sumida en la más profunda tristeza, que se agregó al hecho de que ella no podría nunca tener esa gran alegría, que significa el poder desarrollar el instinto maternal en todas sus expresiones.
Afortunadamente Roxana encontró un trabajo en una importante cadena de supermercados, por lo que no tenía problemas para poder pagar el arriendo y vivir digna pero austeramente.
A sus treinta años y con esta soledad que la acompañaba, pensaba que no valía la pena preocuparse por su aspecto, hacía mucho tiempo que ya no se pintaba, no era fea, tenía un tipo de belleza muy especial que era el reflejo de su estado interior, sus ojos tristes y su mirada cabizbaja, eran como un complemento a su hermosura. Se negaba a aceptar que era joven y podía encontrar alguien que la amara, a pesar de su problema, pero era como un castigo que se imponía asimisma.
Caminaba pensando todo esto, cuando algo la saco bruscamente de sus recuerdos, una voz la saludaba:
- ¡Hola Roxana!
Miró hacia todos lados para ver quien le había hablado, pero no vio a nadie.
- ¡Roxana aquí estoy, en el matorral!
Entonces miró hacia un arbusto que estaba como a dos metros de la vereda, y lo vio. Era un osito de peluche blanco, con un collar y un chalequito dorados y estaba colgando graciosamente con una gran sonrisa y una tierna carita entre las ramas del matorral.
En un primer momento ella creyó que era una ilusión, que su imaginación le estaba jugando una mala pasada.
- ¡Mírame soy yo el que te habla!, No es tu imaginación, acércate y tómame, hace tiempo que te estaba esperando.
Roxana se acercó al arbusto y lo observó con mayor detención. Era muy tierno, sus ojos tenían una gran dulzura y Roxana no pudo resistir una fuerza que la impulsó a tomarlo y tiernamente comenzó a acariciarlo sintiendo un gran amor por el.
Cuando lo tenía en sus brazos otra vez oyó que le estaba hablando:
- Hacía mucho tiempo que te esperaba y estaba muy triste por que no llegabas. Desde el cielo te elegí para que tu me cuidaras y fueras mi Mamá y por fin llegaste, ahora mi felicidad no tiene límites.
Roxana no podía creer lo que le estaba pasando ¿será real? -pensaba- no lograba convencerse.
- No le busques tantas explicaciones - le decía el osito-
- Sólo cree en lo que te estas viendo y oyendo, si escuchas que yo te hablo, ¡así es!, Y están de más tus prejuicios, los seres humanos siempre cuestionan las cosas hermosas con las que se encuentran en su camino. Si yo estoy hablando contigo, es una realidad, y si esto te da felicidad acéptalo y disfrútalo, no te niegues a las cosas que Dios te envía para ser feliz, solo cree y tómame para cuidarme y protegerme.
Roxana muy asombrada pensó:
Cuanta razón tenía, ¿ porqué debe importarmelo que puedan pensar de mí, o cuestionarme si es real o no, si estoy sintiendo tanto amor por él y esto me da felicidad?
Lo abrazó con mucho amor y se dirigió a su casa, iba muy feliz, hacía tiempo que no se sentía así.
Mientras caminaba sentía claramente como el osito le hablaba:
- Sabes que Dios me ayudó a elegirte como mi Mamá, porqué para mi no hay ninguna mejor que tu, y eso me lo dijo él, yo creo a ojos cerrados en lo que el me dice, me aseguró que contigo iba a ser muy feliz y que a la vez tu también lo serías, que tu me protegerías, y me cuidarías con el más grande amor que una madre puede dar, y ahora que estoy a tu lado siento que es verdad.
Roxana no se dio cuenta y empezó a responderle de manera muy natural:
-Si osito te voy a cuidar mucho y te protegeré de todo aquel que quiera hacerte daño o causarte algún mal, y te voy a amar tanto como si fueras el hijo que nunca podré tener.
El osito la miró y frunciendo el ceño le dijo:
- ¿ Porque crees que nunca podrás tener un hijo ?, Si tu lo deseas con todas tus fuerzas y confías en que Dios te ayudará a lograrlo, solo eso te debería bastar para que se produzca el milagro.
- Que fácil es decirlo osito, ¿ tu crees que si lo hago de esa manera se producirá ?
- Así es, yo estuve antes de venir para acá con Dios, y me pude dar cuenta que a todos aquellos que tienen fuerza, optimismo, y creen en que él los ayudará, les envía toda su luz para que logren las cosas buenas que se proponen.
- Si tienes razón, nunca tenemos la fuerza suficiente para creer o pedirle que nos ayude a lograr nuestros buenos propósitos, siempre hay algo que nos hace perder la esperanza, cualquiera nos dice que estamos locos o que ese tipo de cosas son patrañas y nos derrumbamos influenciados por lo que nos dijeron, en el fondo creo que la clave, es tener una gran fe y mantenerla ante cualquier adversidad.
- ¡Exacto! Esa es la clave -le dijo el osito-
- Voy a seguir tu consejo, vas a ver como a partir de hoy, tendré un gran optimismo y todo lo bueno que anhelo se me cumplirá.
- ¡Muy bien! Esa es la forma de enfrentar la vida, no te arrepentirás.
- ¿Cómo te llamas osito? - Le preguntó Roxana-
- No tengo nombre, solo sé que soy un oso de peluche enviado desde el cielo para hacerte dichosa y para yo ser feliz, ponme tu un nombre.
- A ver........ ya sé, te llamarás “Osito de Oro”, ¿te gusta?
- ¡Si! Mucho........está bonito.
- Ya osito de oro, ahora nos iremos a la casa a descansar, porque a partir de mañana mi vida comienza de nuevo, aunque creo que renací desde ahora al encontrarte.
Caminó con paso decidido hacia su hogar, irradiando una gran felicidad a su alrededor, parecía que los pájaros, las flores, el cielo, todo se conjugaba para dar un marco de belleza al paso de ambos.
Esa noche se acurrucó con el osito y durmió plácidamente. Al día siguiente despertó muy sobresaltada y lo primero que busco fue al osito, pensando que todo podía haber sido un sueño, pero no, ahí estaba a su lado mirándola con esa dulzura y esa ternura que tanto la habían impactado.
- Hola Mamá, ¿cómo estás?
A Roxana se le llenaron los ojos de lagrimas cuando sintió que el osito la llamaba Mamá.
- ¿Porqué lloras? -le pregunto-
- Es que es la primera vez que siento esa palabra dirigida a mí, y eso me hace emocionar mucho...
- Ya te lo dije, te elegí con Dios para ser mi Mamá.
Ella lo tomó y le dio un gran beso en su tierna carita. -y el osito le dijo-
- Hoy día es víspera de navidad.
-Si, lo sé.
- ¿Que vas a hacer? -consultó mirándola con sus ojos de vidrio-
- Bueno ahora tengo una gran alegría que eres tú, y voy a compartir contigo esta noche de amor tan especial.
- Voy a armar el arbolito de pascua hoy cuando llegue del trabajo, y vamos a esperar juntos el nacimiento del niño Jesús.
Ese día en el trabajo todos notaron el cambio que había experimentado Roxana, andaba feliz, irradiaba alegría a todos los que se acercaban a ella. Sabía que ahora tenía una razón para estar alegre, y esa razón estaba muy oculta en su bolso, era su tesoro que la estaba esperando para irse a casa a disfrutar de esta navidad.
Esa tarde llegó muy contenta a su casa, puso al osito en el sofá y comenzó a armar el árbol de navidad.
Nunca le había quedado tan bonito, pareciera que las luces y los adornos, reflejaban la alegría que había ahora en ese hogar.
Aquella noche después de cenar junto al osito, se sentó en el sofá quedando justo al frente del arbolito de navidad, y puso al osito a su lado y le dijo:
- ¿Sabes lo que le pedí a Dios?
El osito la miró y le contestó:
- no, no lo sé.
- Le pedí que me sanara para poder más adelante tener un hijo, y se lo pedí con tanta fuerza y fe, que estoy segura que me lo concederá.
- ¡Muy bien!, Eso es fe, tener la seguridad que si uno cree firmemente, se hace realidad.
- ¿Sabes una cosa Mamá?
- Si dime.
- Quiero que cuando vayan a ser las doce, me pongas bajo el arbolito.
- Y porqué me pides eso, si tu no eres un juguete para mí, es más, creo que eres un hijo.
- Por favor hazlo, necesito que a esa hora me pongas en el arbolito.
Roxana al ver que se lo estaba pidiendo con tanta fuerza, más parecía un ruego, le dijo:
- Está bien si así lo deseas, lo haré.
Cuando eran alrededor de las 23:50, tomo con mucha ternura al osito, y lo puso bajo el arbolito de pascua, sin antes darle un beso, luego se sentó nuevamente en el sofá y desde ahí le dijo:
- Te amo mucho, y siempre te amaré pues cambiaste mi vida.
- Gracias Mamá - le respondió el osito-
Roxana se quedó mirando fijamente aquel diminuto juguete que había hecho que su vida tomara otra dimensión, ya no veía las cosas con el pesimismo de antes, era como haber nacido de nuevo a una vida plena de felicidad y de esperanza.
Cuando fue exactamente la medianoche, noto que el osito empezaba a iluminarse, y esta luminosidad iba aumentando paulatinamente hasta casi cegarla. Roxana no entendía nada de lo que estaba pasando, como al minuto la habitación estaba totalmente resplandeciente y esa luz impregnaba a Roxana, llenándola de una gran sensación de paz y bienestar. Llego un momento en que sus ojos ya no pudieron soportar la brillantez de esa luz y tuvo que mirar para otro lado. De pronto sintió el llanto de un bebé en la parte de abajo del arbolito y en ese preciso momento la luz desapareció, pero ahí estaba, era un precioso niño que tenía el osito de oro agarrado con su manito derecha. Roxana se levantó del sofá y prácticamente se abalanzó sobre el niño, tomándolo y aferrándolo a su pecho y llorando desconsoladamente por el milagro que se había producido aquella noche de amor.
El osito la miró y le dijo:
- Ya no llores mamá, tu se lo pediste a Dios y el te lo concedió, tal vez no como tu te lo esperabas, pero el sabe porque hace las cosas, de la manera que las hace.
Esta es la última vez que te hablo mamá, sólo fui una herramienta para producir el cambio en ti, ahora mi espíritu habitará el cuerpecito de tu hijo y este osito será el juguete más preciado que el tenga durante toda su infancia, cuídame mucho porque como te dije antes te elegí con Dios para que fueras mi Mamá.
Actualmente José Ignacio crece feliz junto a su madre y el osito de oro lo acompaña en todos los juegos y es el principal recordatorio que tiene Roxana, para no decaer en la fe que debe poner ante todos los actos de su vida.
FIN
Dedico esta narración, a todo aquel que cree en los milagros que se pueden producir cuando tenemos fuerza, perseverancia, optimismo y fe en las cosas buenas que deseamos para los demás y para nosotros mismos, y que si mantenemos la visualización en nuestra mente, de las cosas positivas proyectadas, no tengan duda que se harán realidad.
Patricio Liberona V.
Diciembre 2000 -
El señor Smittson siempre fue un asiduo asistente a todos los conciertos que se desarrollaban en su pueblo, famoso este por la gran actividad cultural que se efectuaba en los meses invernales, lo que atenuaba el aburrimiento típico de todos los habitantes de este tranquilo lugar y sus alrededores.
8
Siempre que había algún evento musical al que valiese la pena asistir, lo hacía, buscando siempre aquel éxtasis que le proporcionaban las grandes obras creadas por los genios.
Aquel día Smittson reflexionaba sobre su afición a escuchar música como complemento a su gran amor hacia todas las personas, la naturaleza y los animales, pensando que en algún momento tendría un chispazo divino que le permitiera captar con su espíritu, aquel mensaje oculto de las grandes obras, de las cuales siempre pensó que eran dictadas por seres de niveles espirituales muy elevados y que deseaban de alguna manera acercar al hombre a través de la música, a estas verdades inconmensurables que no podemos percibir con nuestro torpe sentido normal de la audición, que solo capta una ínfima parte de todas aquellas sinfonías universales que resuenan en el cosmos infinito, inundando con su mensaje celestial cada rincón de el.
Salía de cada concierto con una sensación de vacío, como si algo le faltara, como si tanta música que había escuchado le hiciera tener la necesidad de buscar algo diferente que ni él sabía que se trataba.
Caminó un poco por el centro de la ciudad y compro un diario, sentándose en un pequeño banquito en una plazoleta rodeada de arbustos, hojeó una a una las páginas del periódico y cuando llegó a la sección dedicada a los espectáculos y eventos culturales, le llamó la atención un pequeño anuncio que decía: “Si quiere tener emociones nuevas con la música, asista a la única presentación que dará a las 22:00 hrs. en la sala de conciertos de la ciudad el tecladista inglés Paul Spencer Mc Ellington, famoso por sus notables experimentos que conducen a estados superiores de la conciencia, mediante frecuencias vibratorias especiales. Asista usted no se arrepentirá lo esperamos.”
Era primera vez que veía un anuncio parecido, dejándolo con bastante curiosidad a tal grado que se decidió a asistir.
Se fue a su casa y almorzó nerviosamente algo de comida que le había quedado del día anterior en el refrigerador. Algo normal era comer alimentos mal preparados por el mismo desde hacía ya un año en que había enviudado. Nunca le gusto la idea de aprender a cocinar y ya no lo iba a hacer.
Esperó con mucha impaciencia el ocaso del día para irse al concierto, y cuando ya fue el momento se puso el abrigo y los guantes y empezó a caminar hacia la sala de conciertos que estaba a pocas cuadras de su casa.
Cuando llegó a la entrada del salón, le llamó la atención que no hubiese nadie esperando la mencionada función y más extraño aún le pareció que no hubiera ningún anuncio que mencionara el concierto. En la puerta principal de la sala, había un hombre de aspecto bondadoso que cuando lo vio acercarse le dijo con voz amable: - Lo estabamos esperando pase usted por favor.
Smittson muy asombrado y sin decir nada entró al salón y cerrándose la puerta de entrada tras de si se sentó en una butaca ubicada al centro de la sala.
El lugar estaba en semi-penumbra, solo una tenue luz celeste iluminaba los cables, teclados, sintetizadores y computadoras ubicados al centro del escenario, dándole el aspecto de la sala de comandos de una nave interplanetaria.
El recinto estaba absolutamente vacío, lo que hizo que Smittson se pusiera un tanto nervioso y con desconfianza, al poco rato de que se hubo sentado, por un costado apareció sobre el escenario, un hombre de unos treinta y tres años, de mas o menos un metro ochenta y cinco de estatura, con una túnica blanca radiante que con la luz celeste que iluminaba el escenario, hacía que la tela resplandeciera aún más, conferiendole al músico un aspecto místico y pulcro.
Dirigiéndose a el le dio la bienvenida:
- Estamos muy contentos de tenerlo con nosotros, lo que voy a tocar llenará absolutamente ese vacío que han dejado todos los conciertos a los que a asistido.
Usted a sido elegido como tantos otros por su capacidad y sus valores inalterables, para tener esta experiencia que lo llevará a los más elevados estados del espíritu, no se preocupe ni tenga temor de nada, porque todo lo que sentirá y verá será de su mayor agrado y tenga la seguridad de que no se arrepentirá, ya que es lo buscado tanto tiempo por usted.
Smittson notó que las palabras del músico fueron como un sedante, ya que todos los temores y desconfianza que lo atacaron en un principio, desaparecieron y como si aquel hombre le hubiera transmitido una paz infinita que lo relajó y calmó, se arrellanó en su butaca disponiéndose a escuchar las notas que darían inicio a aquella actuación.
Miles de ideas pasaron por su mente en aquel momento, pero sentía la suficiente tranquilidad para poder darse cuenta de todo lo que estaba pasando, entonces notó la importancia de lo que aquel hombre le había dicho y se dejo llevar por los acontecimientos con la seguridad de que todo lo que allí sucedería sería trascendental para él. Intuyó que toda su preparación interna durante tantos años no había sido en vano, que todo esfuerzo y sacrificio por ayudar a otros desinteresadamente no solo le brindaría una satisfacción y una alegría en su interior, sino que también lo preparó íntegramente para el momento que ahora le tocaba vivir.
Todas estas reflexiones pasaban por su mente cuando las primeras armonías que interpretó Mc Ellington, lo sacaron de sus pensamientos iniciándose los primeros instantes de conexión espiritual con la música, era otra forma de escuchar y sentir aquel mensaje, ya no eran solo sus oídos los que percibían aquellas vibraciones, ya no estaba presente esa dualidad inherente a todos los acontecimientos de la vida tridimensional, ya no era su intelecto el que percibía la música través de sus órganos auditivos como un proceso mecánico de transmisión de ondas hacia su cerebro, para que este las separe entre sonidos altos, bajos, feos, bonitos, buenos, malos etc. y luego analíticamente decida si ésta música es aceptada para causarle algún grado de satisfacción al auditor, ¡no! esta vez era diferente, era todo su ser espiritual, físico, su alma, cada rincón de sus moléculas estaba siendo integrado a la música misma, era un captar total de toda la creación a través de estas vibraciones, comprendió de una sola vez todas las cosas del universo como un todo, sin ningún tipo de obstrucción, pudo saber que pasaba en todos los lugares del cosmos sin las limitaciones del espacio tiempo, vio y sintió los acontecimientos del pasado, del presente y del futuro como una sola concepción, nada le quedo oculto, captó los pensamientos de todos los seres humanos en un solo instante, todas sus acciones, todas sus intenciones, vio y sintió el amor de muchos seres de otras galaxias donde ya se superaron las imperfecciones del genero humano, era como estar de la mano de Dios contemplando toda la creación desde un lugar privilegiado, donde nada, absolutamente nada queda oculto, solo se es uno con el todo, se pierde la individualidad creciendo infinitamente y pasando a ser el universo mismo en todos y cada uno de sus rincones.
No había dudas, Mc Ellington no era esencialmente un músico, el concierto no era tal, toda la escena fue preparada desde lo alto, Mc Ellington era un enviado con una misión específica, la de rescatar a Smittson y se eligió la vía de la música como elemento purificador del espíritu de Smittson para llevarlo a los limites de su capacidad del conocimiento universal.
Mientras Mc Ellington estuvo tocando, Smittson se mantuvo en este estado de bienaventuranza y revelación, sería difícil saber cuanto duró este concierto, pues cuando se tiene acceso al conocimiento absoluto del universo, da lo mismo, un segundo, un minuto, una hora o una eternidad el tiempo pierde totalmente su valor.
Cuando Mc Ellington dejó de ejecutar aquellas excelsas obras, Smittson sintió con toda crudeza la realidad de volver a ser parte de este mundo material, pudo captar conscientemente la densidad de su cuerpo, la limitación de cada uno de sus órganos (sobre todo su cerebro) para poder contener toda la experiencia que significó la iluminación, el conocimiento íntegro de todas las realidades universales. Supo que ya no podría seguir en esta vida, con este cuerpo, en este mundo tridimensional, pues se le haría imposible la comunicación con todos los demás seres y la vida para el ya no tendría ningún sentido.
Mc Ellington captando todo lo que Smittson sentía y reflexionaba, comenzó nuevamente a tocar aquellas armonías y melodías celestiales llevando otra vez a Smittson hacia la plenitud, hacia la meta máxima a que debe aspirar todo ser humano, hacia el retorno definitivo al conocimiento total, o sea Dios.
Al día siguiente el pueblo despertó con las actividades normales que a diario se sucedían, la única diferencia era un pequeño anuncio en la sección roja del periódico de la ciudad que señalaba: ”Conocido personaje del ámbito cultural del pueblo, muere de un ataque al corazón en sala de conciertos abandonada”.
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2
Ahí estaba con sus sesenta y cuatro años enquistados como parásitos a su espalda, conversando animadamente con la fotocopiadora, mientras de tanto en tanto le hacía cariñitos a la corchetera. Los piropos eran la mejor solución cuando la impresora amanecía con los monos y no funcionaba, de esta manera aseguraba su activa y positiva participación en la impresión de importantes documentos que le pedían urgente.
En su pequeño reducto, rodeado de todo tipo de máquinas bulliciosamente parlanchinas, había pasado estas últimas décadas, después de haberse iniciado hace veinte abriles como parte del equipo de aseo de la empresa. Esperaba calmo el momento de su jubilación, para retirarse a su casa junto a su esposa a descansar en el tranquilo atardecer de su vida.
Su jefe y sus compañeros, se habían acostumbrado a sus rarezas y a la estrecha y curiosa relación que el viejo Mario mantenía con los aparatos de la oficina. Lo más notable era que en su trabajo nunca había tenido fallas, muy por el contrario, era extremadamente responsable y se desempeñaba perfectamente en su rutinaria labor, a pesar de sus excentricidades.
Siempre aconsejaba a todo el mundo:
- “Mientras ustedes no logren una comunicación y armonía real con los elementos y personas que los rodean, siempre se encontraran con dificultades de todo tipo”.
Todos lo escuchaban recelosos y reían. –Está chalado- Decían. ¿Cómo darle crédito a las incoherencias vomitadas por alguien que habla con máquinas y útiles de escritorio? Ese era el concepto que la mayoría tenía del viejo Mario. Yo siempre lo escuché y en mi silencio, analizaba y pensaba mucho en sus palabras.
Siempre he creído que cualquier idea que a alguien se le ocurra, por muy descabellada que parezca, es por que en algún lugar puede ocurrir, si no, me temo que no podría aparecer en la mente de nadie. Por lo tanto cuando veo o escucho cosas que son un tanto inverosímiles, les pongo atención, pues tal vez sea una señal de que algo nos están tratando de decir.
Mucho me llamaba la atención, cuando tenía que pedirle alguna fotocopia u otro servicio, la profunda sabiduría que emanaba de sus afirmaciones.
Siempre recuerdo algo que en una oportunidad me dijo, impactándome profundamente y que después lo hice parte de mi forma de vida.
Una mañana, necesitaba armar unas carpetas con fotocopias para una reunión que tendría durante la tarde y me dirigí a su lugar de trabajo.
- Buenos días Mario, ¿Cómo está?
- Muy bien señor gracias.
- ¿Me puede ayudar a armar estas carpetas con fotocopias?
- ¡Encantado! –me dijo muy entusiasmado.
Mientras el sacaba las fotocopias, bromeando le pregunté.
- ¿Y cómo se han portado sus amigos metálicos?
- Muy bien, somos un gran equipo. Una complementación así deberían tener las personas de esta empresa, pero no, sólo discuten y discuten sin lograr armar buenos grupos de trabajo como el que tengo con mis amigos.
- Pero llevarse bien con las máquinas es fácil –le comenté- Ellas obedecen todo lo que se les pide.
- Está usted absolutamente equivocado –dijo con mucha seguridad-, ¿ha estado malhumorado fotocopiando o imprimiendo algo y las máquinas no funcionan?
- ¡Mmmm! Déjeme pensar –Y tenía toda la razón. Muchas veces me ha pasado que no estoy en un muy buen día y me fallan las máquinas- Si puede ser –le dije.
- Pues bien –agregó Mario-, cuando usted está emitiendo vibraciones negativas, estas afectan todas las cosas, animales y seres humanos que hay a su alrededor. Si esto sucede con una persona, la primera reacción de ella es discutir con usted o alejarse. La máquina no tiene esta posibilidad, de manera que su respuesta inmediata es dejar de funcionar o hacerlo mal. ¿Me comprende?
- Interesante tesis, pero ¿cómo sé yo si esto es verdadero?
- Pues haga la prueba. Envíele vibraciones positivas a todo lo que hay a su alrededor, y cuando digo a todo, esto incluye cosas, plantas, animales y personas. Yo soy un poco mas exagerado, porque le hablo a todos estos aparatos en términos positivos.
Si consideramos que las palabras son emitidas a través de vibraciones, también tienen un efecto armónico, por eso mis amigos metálicos nunca me fallan y me llevo muy bien con ellos.
En el jardín de la casa, junto a mi señora –siguió explicando Mario-, jamás perdemos oportunidad de hablarle a las plantas y decirle lo lindas que están. Y si usted las observa por largo rato, empieza a haber una comunicación con ellas y se siente la presencia de algo, distinto del vegetal que hay ante nosotros. Para mí, eso es vivir en armonía con todos los elementos. Yo nunca podría hacer daño a una planta o a un árbol, menos a un animal o a un ser humano, porque al percibir aquello que está más allá de las flores o espinas de un rosal, de la mullida piel de un gato o del andrajoso cuerpo cansado del anciano mendigo, logro comprender la esencia de todas las cosas y seres que me rodean y entiendo que son parte de mí.
Después de esta gran explicación de Mario sobre su relación con el entorno, sonriendo me entregó las carpetas con las fotocopias. Yo me despedí agradeciéndole y profundamente impactado por lo que me había conversado me fui a mi oficina.
Las palabras del viejo Mario, continuaron dándome vueltas en la cabeza los días siguientes de aquella breve conversación. Todo lo que me había dicho caló profundamente en mi. Inconscientemente estaba empezando a considerarlas y ni cuenta me di, cuando mentalmente estaba adulando mi computador o acariciando el teclado y el mousse para que no me fallaran y fueran mis aliados en la lucha diaria para sacar adelante todas las pegas que me daban.
Cuando me iba a casa, mantenía mi atención en relacionarme armónicamente con todas las cosas y personas que se me cruzaban en el camino. Es increíble como este ejercicio cambió mi existencia. Todo me resultaba muy bien, mi estado era de una constante alegría y los conflictos a los que me enfrentaba en el trabajo o en mis relaciones con las personas, los resolvía con la técnica que el viejo Mario me explicó.
Cada vez que tenía oportunidad, me arrancaba con el pretexto de pedirle cualquier trabajo, para hacer que me hablara de tantas cosas que eran de una gran profundidad y verdad.
Una vez recuerdo, lo encontré muy demacrado y cansado y así me lo manifestó.
- ¿Que le pasa que está tan pálido? – Le pregunté.
- Me he sentido muy cansado este último tiempo. – Se quejó entre decaído y melancólico.
- Debería tomarse unas vacaciones para que se recupere.
- Si, lo he estado pensando y más que unas vacaciones, creo que voy a tramitar mi jubilación. Necesito retirarme a descansar y hacer las cosas que ya a mi edad se deben realizar.
Cuando escuché esta cuasi decisión, me quede muy como para adentro y me asombré que esto me sucediera.
- ¿Y, usted cree que ya sea tiempo de hacerlo?.
- Si, creo que mis capacidades físicas ya no me acompañan y necesito ese retiro para encontrar la tranquilidad y la paz que a estas alturas de la vida, uno ya comienza a necesitar con mucha fuerza, para hacer una especie de inventario de lo que hizo en la vida y de esta forma poder equilibrar las cosas negativas y las positivas que en mi existencia realicé. Para poder tener estas reflexiones, uno debe estar tranquilo, sin obligaciones que cumplir, sólo vivir y encontrarse con esa parte que está en el interior de todos. Quiero permanecer en mucho contacto con la naturaleza, disfrutando de las cosas donde no ha intervenido la mano del hombre, al hacerlo, se está en contacto directo con Dios, y eso creo, me dará la armonía y paz necesarias para terminar mis años sabiendo que mi paso por este mundo tuvo alguna validez.
- Que puedo agregar, sí con lo que me acaba de decir, me dan hasta a mí, ganas de jubilar. Lo dice usted con una fuerza y seguridad en lo que hará, que convence y entusiasma a cualquiera.
Mi vida y mis actividades continuaron. Siempre estaba aplicando lo que el sabio hombre me había enseñado. Comprendí perfectamente que la relación con todos los elementos que a uno lo rodean, debe ser siempre armónica. Lo que le pasa al del lado a la larga me afectará a mí, que la naturaleza la materia y nosotros, somos parte de una misma fuente, por lo tanto debemos relacionarnos con estos elementos como si se tratara de nosotros mismos.
Meses después supe que el viejo Mario se había retirado de la empresa. Me dio mucha tristeza porqué lo había empezado a considerar como un padre y a la vez como un maestro, que cambio por completo la forma que yo tenía ahora para transitar por la vida. El jamás supo el efecto que causaron sus palabras en mi, pero yo sabía que su misión era esa. Si de entre cincuenta personas que lo consideraban un loco, una sola captó la sabiduría de sus mensajes y la aplicó en su diario vivir causándole un cambio positivo importante, la tarea que él tenía se cumplió cabalmente.
Creo que en todas partes existe algún viejo Mario que debemos escuchar. A veces los oídos y los ojos de nuestras almas están tan cerrados, que no pueden ver u oír a personas como él y al contrario, los despreciamos, dejando pasar excelentes oportunidades de adquirir gran sabiduría para poder enfrentar este complicado mundo en el que vivimos.
Mi gran guía y maestro ahora debe estar disfrutando y conversando con todas sus cosas y acercándose cada vez más al creador.

