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noosfera
Estado de México, México
Biografía: Gildardo Rábago Cacho
15 de abril de 1969
Proyecto que sirve para medir la capacidad auditiva, con algunos momentos enfermos y otros destrozando los esquemas musicales, una verdadera sátira metafórica de sonidos en espacio y tiempo indefinido, todo surge a partir de 2006 en un juego y experimentación con los elementos disponibles, al parecer la mediocridad de los proyectos anteriores afectaron las neuronas del único individuo que dice hacer toda esta porquería, y aun así se siente orgulloso de presentar sus temas, porque en su desequilibrio musical ha descubierto que puede ser una propuesta diferente, tal ves no te guste lo que escuches de noosfera, porque la crudeza descriptiva es fría y oscura digna de la globalización destructiva del momento universal.
Artistas favoritos: Todos y ninguno
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Discografía: Noosfera:
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Blog

  • por noosfera el 12/10/2008

    Como todas las noches, se veía debajo de ese árbol retorcido y siniestro la figura de Lucrecia con un cuerpo fantasioso, vistiendo ropa negra entallada para lucir sus encantos que ella poseía, de una blancura tersa era su piel semejante a la seda, su palidez era evidente por lo que la suavizaba con maquillaje, transformando su rostro como si fuese de porcelana y luciendo unos labios rojos y provocativos.



    Nunca duraba mucho tiempo en ese lugar a media luz porque, como era de esperarse su sensualidad arrebatadora atraía a infinidad de hombres, sollozando por su lujurioso instinto, esta noche era nublada, sin estrellas. El turno era para Marcos, un ejecutivo hombre de negocios y empresario de una importante compañía de productos electrodomésticos, todo un triunfador en todos los aspectos de su vida, de personalidad varonil e imponente. Pasó en una lujosa limosina, de aspecto fúnebre y no dejó pasar la oportunidad al ver a Lucrecia quedando pasmado como tocado por el diablo, sintió correr su sangre rápidamente, pidiendo con voz firme a su chofer, que se acercara y se detuviera en el lugar exacto donde se encontraba Lucrecia, para hacer alarde de seducción de una manera que no pudiera ella rehusar tan tentadora proposición, sin importar el precio que fuese, para así lograr su objetivo porque nunca había fallado en estas cuestiones.



    Se escucharon truenos, se veía de manera definitiva que el cielo lloraría en esta noche, Lucrecia al verlo sintió que su instinto asesino corría por todo su hermoso cuerpo, así que sin titubeo subió a la limosina para dirigirse a donde Marcos quisiera, pero su deseo era tal, que solo se preocupó por subir el vidrio divisor polarizado de la limosina, diciéndole a su chofer que no interrumpiera y que diera vueltas por toda la Ciudad sin importar el tiempo.



    Marcos se sentía desesperado y dispuesto a todo sin importar el precio, se abalanzó sobre Lucrecia deslizando sus manos entre sus piernas besándola intensamente y pasando su lengua por el cuello en donde ella respondió de manera aceptable entregándose a todos los deseos a los que se le fuera sometido. Haciendo práctica de su gran experiencia, se desnudaron sin ninguna dificultad, Lucrecia abrió sus piernas sentándose sobre de Marcos, siendo de manera instantánea la penetración dejándose llevar por una serie de movimientos oblicuos, a los que ambos respondieron con alaridos infrahumanos y como si el momento estuviera encantado, él parecía un super macho durando como nunca antes lo había hecho en toda su existencia, ella dominando la relación no dejaba de disfrutar de esos momentos de poder femenino adquiridos por una diosa del arte del placer.



    Después de un rato, Lucrecia se decidió a entrar en acción, tomando del cuello a su víctima, empezó por estrangularlo hasta llegar al clímax perfecto, donde de manera extraña Marcos experimentó el placer de un orgasmo mortal, al momento de ser desprendida su cabeza de tal forma que pudo ver un instante su cuerpo ensangrentado del cual Lucrecia se dejaba beber a sorbos mientras que con sus manos desmoronaba el cráneo como terrón de azúcar.



    Ya disfrutado el banquete, tocó el vidrio divisor polarizado de la limosina y en el momento que fué deslizado, Lucrecia adoptó el cuerpo de una loba avalanzándose sobre el chofer, sin darle tiempo a defenderse y con sus fauces destrozó el cuello, sólo para matarlo porque ya estaba saciada su sed de sangre.



    La limosina perdió el control y fue a estrellarse a un poste de luz, en esa calle obscura y solitaria, Lucrecia salió de ésta y se alejó entre la lluvia que enjuagaba sus ropas batidas por la sangre, mientras esto sucedía se escuchó un rayo que azotó derribando aquel árbol retorcido y siniestro que había sido testigo de todas las noches en que Lucrecia esperaba a los cliente.

  • por noosfera el 14/10/2008

    Siempre como sombras de la legión del poder, ocultas en las tinieblas de la desmedida muerte.



    Saber que el mundo es alimento para nosotros, durante el vuelo nocturno buscando entre tus ríos.



    Sangre, alimento divino dador de vida a seres muertos, que destruyen el alma.



    Maldición o bendición ver pasar los tiempos, sin daño alguno por la perdición.



    Solo al purgar con las ruinas de las almas perdidas. En la miseria de su codicia y disfruto con ellas acabar.



    Soy el que limpia del pecado al hombre, para que pueda algún día purificarse.

  • por noosfera el 20/10/2008

    El sonido de la música era bastante alto, para los finos y delicados oídos de Ray, un vampiro homosexual, al que le gustaba cazar humanos tersos y frondosos como si fuesen puros de verdad.

    Había tenido mala suerte durante cinco noches, ya que Ray a diferencia de otros vampiros era dócil y cariñoso, pequeño problema para los de su especie, porque era más difícil él poderse alimentar y a causa de esto lucía muchísimo más delgado que cualquiera que presuma de serlo.



    Su progenitor, era todavía recordado por Ray, ya que cuando estaba vivo era el que se encargaba de hacer presas de los humanos, para su sustento y deseos de lujuria, nunca lo olvidaría ya que había sido el amor de su vida; pero todavía Ray siente pánico cuando recuerda la desgracia de Salermo, como si acabara de suceder la desgracia de aquel vampiro tan arrogante y depravado que nunca pudo medir los límites para sus orgías, en donde una noche perdió la noción del tiempo y sin percatarse fue víctima del sol, en aquel amanecer radiante que se encargó de dejar cenizas de aquel vampiro cruel, vanidoso y engreído progenitor. Ray recordaba las palabras de Salermo siempre le dijo, que será de ti cuando yo no este para proveerte, pero esas palabras eran extrañas todavía a casi 300 años de su muerte en donde Ray había sobrevivido en la soledad, sin embargo; sabia que en cualquier momento se acercaría alguien para poderse alimentar, ya que cuando fue creado sólo tenía 18 años y con su apariencia juvenil, delicada e inocente siempre era deseado por algún otro homosexual que imaginaba de manera equivocada que Ray era delicado pasando a ser víctima, en casos como este fingía demencia y si ya se estaba haciendo tarde aceptaba a cualquiera para saciar su voracidad.



    Siempre se tomaba la pose de inexperto haciéndose a desear, así fue como en su distracción se acercó Andrés con una gran sonrisa, invitándolo a bailar, Ray por su hambre encantado salió lamiendo sus carnosos labios, al compás de la música Rave empezaron a moverse acercándose el uno al otro de manera sensual, peligrosa y atrevida, platicándose al oído. Todo iba a pedir de boca, cada vez rozaban más cerca los cuerpos de ambos, sintiéndose tremendamente excitados y deseosos de poseer sus cuerpos desnudos en una pasión desenfrenada.



    Después de un par de horas de mucha agitación, Andrés le murmuró a Ray en el oído para invitarlo a su cabaña situada en las afueras de la ciudad, como si Ray fuese tímido dudó por unos instantes, para después aceptar, en donde Andrés hizo varios intentos para lograr convencerlo.



    Se decidieron a salir de aquel antro gay, para dirigirse en el auto de Andrés, un Toyota deportivo rojo, que hacía juego con sus jugosos labios.



    Andrés le platicó en el camino a Ray que era funcionario público, pero en sus noches de destrampe, acudía a lugares donde podía comportarse de manera natural sin preocuparse, era una plática errática, ya que en sus venas corría el elixir embriagador de las copas de un fino Bourdeaux 72, pero eso no importaba porque iban deseosos de otros placeres nada que ver con hablar, solo gemir como si se tratara de dos bestias voraces hambrientas de lujuria.



    Al tomar una desviación, por un camino empedrado llegaron a una brecha por la cual atravesaron por un bosque espeso que a la luz de la luna daba una apariencia mágica y misteriosa, a lo lejos se podía apreciar una hermosa cabaña, llegaron hasta ahí, Andrés descendió del auto y con un gesto gentil le abrió la portezuela, tomando el brazo de Ray tan delicadamente que sintió mayor deseo de beber su sangre, se dirigieron al interior en donde Ray pudo admirar la lujosa decoración. Andrés se dirigió a encender la chimenea pues el vaho helado de la noche creaba una sensación de escalofrío, se acercaron de manera sensual, para entregarse en un beso apasionado donde sus lenguas se enredaban como si fueran víboras, perdiéndose una con la otra y con desesperación y desenfreno comenzaron a rasgar sus ropas, hasta quedar desnudos rompiendo cualquier protocolo, entre caricias y ese gran acercamiento sentían como sus penes erectos chocaban en un duelo como espadas siniestras.



    Entre tanta hambre y desesperación de deseo, Ray empezó a morder esa lengua rosada tan vigorosa de Andrés y de un solo mordisco jaló para arrancarla, tragándosela mientras brotaba la sangre de ese beso infernal clavó una de sus garras en el ano de Andrés provocando que brotara todo ese semen blanquesino batiendo el pene y vello púbico de Ray, estremeciéndose de manera formidable por no ser tan cruel y darle un inmenso placer a Andrés el cual entre pánico y sorpresa se veía indefenso ante el ataque, con la mano que Ray tenía libre rasgó todo el pecho abriendo zanja para tocar ese corazón carnoso, jugoso y delicioso, el cual arrancó dejando de Andrés un cadáver que pagaba el tributo de la noche de cacería de Ray, que después de saciar su voraz hambre, salió satisfecho de la cabaña para dirigirse a Paso lento por ese bosque dirigiéndose a su lugar de descanso recordando con una lágrima roja que escurría por su ojo izquierdo a Salermo su progenitor, murmurando entre sus labios ensangrentados ...te amo.

  • por noosfera el 04/11/2008

    No, espérate, no, ya vámonos sollozaba Angélica delirantemente entre el placer y el reprimirse; porque a pesar de desearlo tenía firmes convicciones, pero Héctor la tenía abrazada de una forma tal que era imposible que Angélica pudiera escabullírsele en algún momento y además con gran pasión la acariciaba y la besaba de manera intensa, deslizando sus pálidos labios por todo el cuello excitando a Angélica cada vez más.



    Todo sucedía en las sombras de un parque a media luz, ya que el alumbrado era deficiente por la falta de mantenimiento, era como una cueva de placer perfecta para parejas promiscuas, sin dejar Angélica de rehusar con vehemencia al terrible placer no podía evitarlo. Se sentía poseída por una fuerza extraña.



    Angélica había conocido a Héctor la tarde anterior, quedando como hipnotizada por su varonil presencia, de porte muy elegante, de mirada seductora y trato finísimo, fue impactante ya que en su vida había conocido a un ser tan exquisito como lo era Héctor.



    Quedó todo en una cita, al día siguiente en donde a Angélica se le había hecho el día larguísimo esperando con ímpetu el momento del encuentro, parecía que estuviese en una cárcel por lo tedioso de su oficina y ciertas fricciones de trabajo con sus compañeros.



    Al momento de dar la hora de salida, fue como el escuchar a su alma decirle que ya había llegado el momento más importante de su vida y ni tarde ni perezosa llegó en primera lista al checador, con una sonrisa placentera y un deseo jamás mostrado por esta criatura de una belleza tan delicada y tersa como la de una flor.



    Momentos después de haber bajado por el elevador, llegando al pasillo en donde se encontraba la salida, le brillaban los ojos de manera demencial, Angélica estaba al borde del infarto por la emoción, porque a lo lejos pudo reconocer a Héctor su cautor.



    Al momento del encuentro fue como estar en el paraíso y sin darse cuenta se dejó envolver por esa seducción, hasta llegar al lugar en que salía presa de esta promesa de amor a primer instante.

    Así, continuaba Angélica murmurando con voz cada vez más excitada no, espérate, no, ya vámonos, pero a Héctor no le importaban esos comentarios, porque la tenía ya al borde del placer absoluto, el placer divino en el que Angélica, sería la principal protagonista.



    Héctor sintiéndose jadeante y ya excitado, continuó deslizando sus pálidos labios hasta poder tocar con su lengua los rosados pezones y de manera que si fuesen bombones, los arrancó uno a uno con su tenaz dentadura, tan perfecta; Angélica no notó el momento y siguió delirando, tal vez porque jamás sintió dolor solo placer, y al empezar a escurrir la sangre de manera continua, iba desapareciendo a través de los labios pálidos de Héctor; pero esa pasión desencadenada lo llevó a un grado tal, que tuvo que hacer ya uso de sus colmillos filosos y largos, cual estacas milagrosas que empezaban a clavarse una y otra vez en esos hermosos pechos dignos de una ninfa, al mismo tiempo que esto sucedía Angélica gritaba, gritaba, gritaba y gritaba cada vez más y más y más de un placer descomunal, increíble e infinito, que paso a paso la debilitaba, de tal modo de que desfalleció quedando ese cuerpo perfecto, en algo inerte y muerto por ese desangre que le devolvió el vigor a Héctor.



    Sin que nadie lo notara, Héctor se alejó del lugar con una sonrisa siniestra y tarareando una melodía infernal, dejando a Angélica recostada en la banca del parque, con una cara que proyectaba el placer del que había sido protagonista y que solo se da una vez en la vida.



    Sin embargo Héctor; al llegar a una calle llena de centros comerciales, con la primera mirada se acercó a una mujer hermosísima de nombre Cristal, con la que hizo cita para el día siguiente.

  • por noosfera el 22/11/2008

    Los estridentes acordes de Rock pesado, sonaban enloqueciendo a todo el publico presente, delirando con melodías encantadas, por la mano maligna de un interprete y compositor de tesituras celestiales, capaces de dominar a cualquier hombre.



    Samuel, con dominio escénico y de cabal presencia, como un griego de la época de Homero, amante del arte, pasión y estética sugestiva, con ojos profundos azules, blanco hasta mas no poder, de cabello largo negro lacio, alto, robusto, con colmillos afilados pero de manos tan delgadas como cadavéricas dejando entre su palidez la personalidad tan viva y tan muerta al mismo tiempo, creando una paradoja viviente, real, sin convertirse en una quimera.



    Denunciaba un apetito hacia el sexo femenino tan voraz como vesánico, y en sus demostraciones de artista consumado, como de estrella o ídolo de todos sus seguidores, lograba seducir a la dama que más gusto le diera a su fino olfato, que usaba para seleccionar ese sabor tan delicioso de una virgen con sangre purificada.



    Con el poder que proyectaba, dirigía la mirada a la que en su momento sería digna de ser seleccionada, y como siempre en este día no sería la excepción, después de finalizar el concierto, se acercaron varias jovencitas al lugar por donde se daba acceso a los camerinos, Samanta una dulzura de apenas 14 años, estaba impaciente y deseosa de ver si podía obtener el autógrafo de su ídolo, de manera para ella fantástica fue seleccionada para pasar junto con otras tres chicas que

    deliraban de emoción, sintiéndose como alguna especie de estúpidas sin saber como dirigirse verbalmente a Samuel su máximo ídolo hasta el momento.



    Al momento de introducirce en el camerino, la sangre se les congeló de un modo indescriptible, justo al ver de frente a Samuel, quien se acercó sigilosamente con una sonrisa sarcástica y con esa arrogancia que le caracterizaba como un ser

    despreciable para todos los que no soportaban su vanidad, sin tanto protocolo despachó rápidamente a las tres jovencitas que acompañaban a Samanta, quedándose solo ella en ese lugar con Samuel, quien pidió que todos se retiraran mientras lograba realizar sus sagrados alimentos.

    Empezó a deslizar sus manos por los brazos tersos de Samanta, que sin resistirse se dejaba llevar por el encanto, pasando por su pensamiento que si alguna vez tenía que perder su virginidad ya había llegado ese momento, empezó a ser despojada de sus ropas que una a una caían al piso como un suspiro, que enternece en esos momentos, que el amor es verdadero haciendo a un lado la pasión.



    Era como un ir y venir por caminos de grandiosa ornamentación, lleno de curvas peligrosas, que se desbordaban con esas caricias de adoración hacia lo mas sublime de la perfección femenina.



    Los cuerpos de Samuel y Samanta semejaban la creación de un nuevo cosmos, como en el principio en el que todos nacimos perfectos, tan puros y sin ningún gesto de maldad, en el que eyacular era la gestación de una nueva vida sobre el globo terráqueo, destilando toda esa vida que nos dio algún alguien o ese quien que desconocemos del cual siempre nos preguntamos, buscando la negación por el engañoso entendimiento que jamás ha entendido nada.

    Sin ninguna agresión se deslizaban las uñas filosas de Samuel, dejando pequeños surcos de sangre que lengüeteaba delicadamente poniendo en frenesí a Samanta, que poco a poco se iba despidiendo de su existir por ese desangre erótico en el que se sentía transportada como en un sueño celestial, del cual nunca despertaría, prolongándose durante toda la oscuridad de la noche.



    Cuando Samuel terminó, dejó un cadáver satisfecho con el sabor de una noche de amor vampírico, así disfrutaba aquella estrella de Rock sus noches de pasión.

  • por noosfera el 23/12/2008



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    El maligno ha llegado con sudor en la frente, teniendo los labios rojos por la sangre derramada al beber sin medida ni restricciones.

    Su nombre no le recuerdo, a pesar de haberlo escuchado varias veces nombrar por las damas de la región, que deslumbradas quedaron al verle; nunca entendí qué vieron en este ser despreciable, como es posible tanta enajenación, si no se veía diferente a las demás personas que habitaban en estos lugares de desolación.

    Toda esta gente, cree que estoy loco por esa historia que presencié, sin explicarme como salí vivo y porqué no me ha matado esa criatura, monstruo o lo que sea, por ponerle algún nombre que describa su naturaleza diferente a lo establecido en el género humano.

    En aquella noche, todo se veía tranquilo, no había bebido mucho, de hecho solo un par de cervezas, por culpa de ese calor húmedo que se sentía.

    Estaba como siempré sentado en esa calle estrecha, por donde muy pocos se atrevían a pasar por la falta de luz y el temor de ser asaltados por algún vago del rumbo, a mí me tenía sin cuidado, ya que desde niño acostumbraba estar en ésta, con algunos amigos, que por el paso del tiempo se fueron a otras partes, quedándome solo en el lugar donde nos llegamos a reunir en una época.

    Sin poner mucha atención, escuché risas y murmullos por un buen rato, ya me había acostumbrado a que siempre se trataban de ocultar por alguna parte obscura, tres o cuatro parejítas para pasar un rato intenso de pasión.

    Pero, en esta ocasión fue algo muy diferente, de repente se escuchaban gemidos, como de algún animal enfermo o herido, la curiosidad me hizo acercarme muy discretamente, para tratar de ver que era ese ruido extraño
    tan desagradable, conforme avanzaba era peor el ruido, hasta el grado de ser desagradable, teniendo que llevarme las manos a los oídos para amortiguar ese espantoso ruido.

    De momento, solo visualicé sombras moviéndose de un lado a otro. De manera estrepitosa, como si alguien estuviera atrapado o teniendo algún tipo de ataque por una fiera. Sin hacer evidente mi presencia, traté de estar lo más cerca, de manera que la luz me ayudara un poco más para saber que pasaba, fue en ese momento que me quedé anonadado por la escena presenciada por mis ojos; mi cuerpo presento una sensación de ansiedad y de temor, jamás experimentadas por mí en toda esa existencia malograda, hasta ese terrible momento.
    No sé cómo describir lo que vi, fue tan impresionante, que el solo echo de recordarlo me deja sin habla, pero lo intentaré siendo lo más explícito y apegado a la realidad.

    Este ser, se aparecía como un demonio, con los ojos rojos, el rostro desfigurado al grado de una bestia entre felina y cadáver descompuesto, del cuál sobresalían sus colmillos semejantes al marfil, con vivos rojos como salpicados de sangre, su cuerpo era entre velludo y deforme, sus pies como garras de halcón, tenia protuberancias en la espalda a la altura de los pulmones semejando algún tipo de alas, pero muy extrañas, sus manos tenían las uñas tan largas y negras como dagas de grafito, que penetraban en intervalos de diez segundos en la carne flagelada de aquella mujer desfigurada por la agresión a la que era sometida.

    Ese ser maligno, sacaba su lengua puntiaguda para lamer las heridas, succionando la sangre que se escurría de manera violenta, cada golpe desgarraba por completo la piel mandando fragmentos de carne por todas partes, dejando entrever los huesos de la víctima.

    Toda esa escena macabra fue tan rápida, que me quedé paralizado sin saber que hacer y con un nudo en la garganta sintiendo como se revolvía mi estómago, además de batir todos mis pantalones de orines y excremento, temblaba a tal ritmo que mis dientes parecían castañuelas, por lo que aquel monstruo maligno volteó dirigiendo su mirada hacia mi. Justo en ese momento, ya no recuerdo nada porque caí desfallecido, desplomándose mi cuerpo como muñeco de plomo, hasta que me despertó el ruido de los autos por la mañana.

    Desde ese terrible momento, solo espero a que venga por mi alma por haber sido testigo de un hecho que jamás nadie me creerá, porque de lo que pude ver, no quedó algún rastro para darme la razón y no dejarme como un loco cualquiera.

    Sé quien es, por esa mirada y sonrisa de burla que me muestra, cuando lo veo caminando como cualquier ser normal por las calles.

  • por noosfera el 23/12/2008



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    la agonía divina, el esplendor de los sueños del amar al matar.

    Sincroniza el tiempo de morir durmiendo.

    Afilados colmillos que atraviesan al tiempo.

    Y desangrarse despacio disfrutándolo, sintiéndolo.

    Y agonizar lentamente sintiendo que mueres.

    Los ojos brillan, los ojos lentamente atraviesan los ojos lloran, los ojos lentamente hipnotizan.

    Volar en la oscuridad del tormento retorcido, de la fiera nocturna que ataca tus sentidos.

    Se desvanece al amanecer.
    Esperando la noche para volver a salir a comer.

    Disfruta tu descanso; porque tal vez sea eterno.

    Amen.

  • por noosfera el 04/02/2009

    Empezaba a caer la tarde, el sol se iba ocultando poco a poco, creando pánico en ese pueblo de escasas tres mil gentes, el cual no hacia mucho tiempo era del doble de habitantes, al parecer ocurría algo terrible al oscurecer y todos corrían con pánico hacia sus casas, humildes de adobe, que eran como bóvedas del dolor comparables con cuevas frías, como ratoneras, por quedarse todos en una misma habitación.



    Damian, una personalidad misteriosa que tenía bajo sus órdenes a nueve siervos del dolor, estaba acostumbrado a los lugares donde todos ponían por explicación a los hechos extraños como cosa del diablo, por su difícil comprensión para gentes tan burdas dedicadas al campo de sol a sol. En este pueblo como de fantasía, situado en un lugar inhóspito donde no había ni carreteras y para llegar era necesario caminar largos tramos de cerros en mulas, por esas cosas del olvido de un gobierno que cooperaba en complicidad con seres nefastos, con control mental que lograban todo lo que querían. Era así como Damian lograba hacerle un favor a un gobierno corrupto y podrido por la ambición del poder, su labor consistía en desaparecer pueblos, de manera silenciosa para que pudieran apoderarse de todos esos vienes y riquezas naturales, dejando camino a esa ambición. Pero Damian no lo hacia por el poder, si no por la sed de sangre que corría en sus venas, apoyado por su pequeño grupo de colaboradores que disfrutaban del banquete gratuito y sin castigo alguno.

    La gente ya paranoica, no podía dormir tan fácilmente y siempre dejaban a algún miembro de la familia vigilando, aparte de poner tijeras en la puerta en forma de cruz, colgarse collares de ajo, tener crucifijos por todos lados y sin faltar el agua bendita, algunos ya habían preparado estacas e incluso comisionaban personas para reunirse en el kiosco todas las noches, para rezar la magnifica y el rosario, pero al parecer nada de esto les había dado resultado, porque siempre eran atacados de manera sorpresiva y sanguinaria. Era evidente que todos morían, pero el orden era al azar causando mayor terror a aquellos miserables campesinos, que no dormían. Y sin embargo no dejaban de trabajar, ya que todo era tan metódico que nadie se sorprendía, al encontrar cadáveres destrozados y sin una gota de sangre.



    Damian, era un temible cazador con experiencia, de dos mil setecientos cincuenta y dos años, desde su nacimiento como engendro

    maligno, acostumbraba a llegar en silencio con sus servidores, de manera tan perfecta que el primer grito humano se escuchaba cuando ya por todos los rincones del lugar en que se encontraban, se veía bañado en sangre con partes humanas y vísceras dispersadas por la señal de los depredadores, malignos seres que saciaban su sed con la gula más exquisita. Damian, coleccionaba cabezas humanas, perfectamente bien disecadas, con tratamientos secretos aprendidos a las brujas milenarias. Todo era perfecto, mientras este engendro disfrutaba del horror causado por la transformación de su horripilante cuerpo como mutación diabólica sin preocuparse del dolor. Ya pasados algunos meses, sólo quedaban veinte gentes, refugiadas en la iglesia, esperando la fatalidad. Cuando se aproximaba la noche preparándose a el día del juicio, que sería en cualquier momento; para estos refugiados sin perdón que solo con machetes en mano esperaban su final. Damian nunca imaginó que esta casería sería una muestra de supervivencia humana, los campesinos habían puesto de manera casual hilos cruzados en diferentes alturas que se dirigían a algunas campanas como para que al momento de ser reventados los hilos, sonaran como aviso de esas presencias malignas que nunca eran advertidas. Todo se veía como siempre, Damian estaba seguro de que esa misma noche partirían hacia otro lugar, los campesinos estaban acurrucados en el centro de la iglesia, sería fácil pensó Damian con sonrisa siniestra. Y al momento de dar la orden de ataque se abalanzaron los vampiros reventando los hilos, dejando sonar las campanas alertando a los campesinos que sin intentar ver a sus atacantes, soltaron machetazos como si saludaran al aire, pero en ese nerviosismo se escucharon aullidos de bestias heridas, por las armas filosas que de manera acertada cortaron por casualidad o por algún milagro fueron dirigidas de algún modo perfecto, en esta ocasión la pedacería de cuerpos regados eran de los nueve siervos de Damian, los cuales habían quedado mutilados, ya que en la desesperación de estos campesinos dejaban ir sus machetes de un lado a otro como ventiladores divinos por el tino de dejar a este mundo libre de la presencia de estos vampiros. Damian sorprendido analizó la situación desde las alturas y con esa paciencia que lo caracterizaba tomó la decisión de regresar a su morada a descansar, dejando que se confiaran pensando que todo había terminado. Dejó que volviera a oscurecer regresando en busca de sus víctimas, pero en este regreso ya no sonarían las campanas, atacó como un maestro evitando cualquier grito o señal que diera a conocer su presencia y sin batallar arrancaba una a una las cabezas con una velocidad extraordinaria siendo sólo necesario un minuto para darle muerte a los últimos veinte campesinos de este miserable pueblo, ahora ya fantasma que había retrasado una noche, aparte de darle el trabajo de tener que reclutar nuevos prospectos de cazadores de humanos para seguir con su tarea de acabar con pueblos para el bien de la nación y preservación de los vampiros.

  • por noosfera el 20/02/2009

    Todo sucedió bastante rápido, ni siquiera tuviste tiempo de sufrir, al momento que desgarraba tu piel con mis garras.



    No sé que fue más placentero, si el que sintiera la seducción de mi mirada o al momento de sentir como penetraban mis colmillos, como para darte un placer

    doble en múltiples orgasmos de excesiva lujuria, la cual deseabas desde siempre.



    Nunca habías disfrutado tanto en toda tu miserable vida, pero valió la pena esperar, porque son pocas las personas que experimentan estos placeres tan exclusivos,

    que claro desearías volver a sentirlos; pero lástima ya que sólo se puede lograr por una sola vez.



    Es raro como al momento de que absorbo tu alma, se siente el deseo de nunca parar y sin embargo, tu muerte no es lo peor, sino tu posible destino como muerto viviente.



    Como desearía volver a vivir mi terrible transformación, en el ser que jamás volverá a tener sentimientos y que

    disfruta de la sangre viva, sin condenarse nunca.

  • por noosfera el 25/02/2009

    La hermandad se hallaba reunida en una fiesta, donde cada uno se encargaba de llevar humanos para su diversión y entretenimiento, donde cada vez era más la depravación en ese recinto de vampiros.

    Todos los miembros de la hermandad, ya estaban acostumbrados a todo tipo de placeres por muy extraños que fueran, en donde sus víctimas cooperaban como tiernos corderillos, dejándose llevar por todo ese placer desenfrenado y desquiciante hasta el borde de la locura.



    En un principio todo era baile, alcohol, drogas y sexo; terminando todos en su desnudez intercambiando parejas, penetrándose unos a otros sin importar con quien, haciendo escenas lesvicó gay, dejado rastro de eyaculaciones en toda la residencia de esta hermandad caótica.



    Tantos vampiros juntos daban un giro a esa especie, ya que unidos eran muchísimo peores y más sanguinarios, sintiéndose como en una competencia para ver quien era peor o más despiadado.

    Ya llegada la media noche empezó el verdadero festín, en donde todos con los ojos rojos desorbitados, empezaron cada uno por su cuenta a torturar su alimento,

    para que en esa desesperación corriera mejor la sangre por la excitación, algunos se deleitaban arrancando a mordidas grandes trozos de carne, otros rompiendo huesos. No faltaban los que mutilaban los cuerpos, o los descuartizaban parte por parte causando terror inhóspito en todos esos humanos presentes y sin escapatoria, que uno a uno iban muriendo de manera inevitable, fue así como en un lapso de cuatro horas se festejó aquel nefasto banquete, que no sería ni el primero ni el último de la hermandad.