Cómo elegir una guitarra... eléctrica

10/06/2004 por Soyuz

No es fácil acertar en la elección de una guitarra. Tal vez no exista esa guitarra soñada con la que mantener largos idilios más allá del flechazo inicial, o simplemente la cuestión radique en la naturaleza insatisfecha (y caprichosa) del guitarrista… Como leí una vez, quizá se trate de una enfermedad nueva y compulsiva que la revista Guitar Player bautizó como G.A.S. (Guitar Adquisition Syndrome). Más de uno sabrá de lo que hablo.

Motivos aparte, el hecho es que no resulta fácil decidirse por un modelo de guitarra determinado, ni siquiera cuando la tenemos en nuestras manos. “¿Me la quedo?”, “¿es la que necesito?”, “¿suena bien?”… aquí no tenemos la respuesta a esas preguntas, pero al menos sí podemos comentar algunos criterios que, durante años, he tenido que emplear tanto asesorando a amigos y conocidos, como para mis propias adquisiciones.

Si se trata de tu primera guitarra, el asunto es ligeramente diferente. Nunca he estado de acuerdo con ese concepto a là Fisher-Price de la guitarra “mala para empezar”. Léase “barata”, en lugar de mala: no cambia el sentido. Aún así, me parece mala idea. ¿Por qué aprender lo básico con una guitarra que, tarde o temprano, vas a querer reemplazar por una más competente? Es una manera de generar frustración, dificultar el aprendizaje, disfrutar poco con los primeros pasos… y gastar más dinero.

No obstante, sí hay algunas cualidades que la primera guitarra debe reunir, y ello nos lleva a intentar sintetizar cuántos tipos de guitarras hay. Una clasificación muy sencilla y general, obviando los aspectos estéticos (formas, colores) sería la siguiente:

Tipos de guitarras

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Guitarras eléctricas “clásicas” con puente fijo

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Son aquellas que no tienen palanca de tremolo porque las cuerdas descansan sobre un puente totalmente inmóvil. Algunos memorables ejemplos son la Gibson Les Paul, las Grestch, o la Fender Telecaster, además de innumerables modelos similares e imitaciones que siguen la filosofía del puente fijo.

Cabe reseñar que muchas veces las imitaciones no se corresponden con el sentido peyorativo del término, sino que se trata de instrumentos competentes que están alcance de más bolsillos. Los guitarristas tradicionales, y especialmente los que se mueven en el terreno del blues, jazz, o rock n’ roll, suelen optar por la que podríamos llamar “opción clásica”.

Volviendo a la primera guitarra, esta opción sería también la más indicada para aprender y conocer el instrumento. El puente fijo es mucho más sencillo para ajustar las cuerdas, cambiarlas o afinarlas, y cuando alguien está empezando a tocar ya tiene bastante con pulsar cuerdas y aprender acordes, como para añadir complicaciones extra. Estas guitarras clásicas no presentan ese tipo de dificultades añadidas, y por tanto parecen la opción idónea para familiarizarse y dar los primeros pasos.

La familia Stratocaster

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La Fender Stratocaster es una de las guitarras más influyentes e imitadas del universo guitarrero. Desde que Jimi Hendrix la convirtiera en la guitarra eléctrica por antonomasia (eso sí, en versión zurda), ha sido todo un icono del rock.

Sus principales características son las 3 pastillas simples (más adelante comentaremos esto), que combinadas aportan una gran versatilidad de tonos y sonidos, y el uso de la palanca de tremolo sobre un puente que puede oscilar hacia delante. Aunque de posibilidades limitadas, el uso de la palanca expande las posibilidades sonoras de la strato y resultará indispensable para los que quieran reproducir algunos de los “rugidos “más emblemáticos del rock.

Eric Clapton, Yngwie Malmsteen o Mark Knopfler han sido fieles devotos de la stratocaster. Por algo será.

La revolución de Mr. Floyd

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Es decir, guitarras con “puente flotante”. El puente de este tipo, también llamado Floyd Rose debido a su inventor (y dueño de la patente), consiste en un conjunto de muelles que, compensando la presión ejercida por las cuerdas, permiten mantener en equilibrio el punto de apoyo, de manera que con la palanca de tremolo pueden tensarse y destensarse, subiendo y bajando el tono.

El Floyd Rose ha sido patrimonio casi exclusivo de las guitarras más “cañeras” del rock, y su popularidad se disparó en los ’80 (las Jackson que usaba Eddie Van Halen montaban este puente), y se consagró en los ’90 gracias a las Ibanez que tocaban virtuosos como Joe Satriani o Steve Vai. Se trata pues de guitarras con sonido potente y mástiles finos para que resulte cómodo interpretar solos de cierta complejidad técnica.

Sin embargo, no es una buena opción para iniciarse, ya que el puente flotante presenta algunos problemas para ajustar las cuerdas y mantenerlas afinadas, además de la necesaria “compensación” entre los muelles y las cuerdas.

Los modelos innovadores

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Durante los últimos tiempos se han desarrollado nuevos tipos de guitarras, incorporando novedades realmente asombrosas en muchos casos, como las Parker Fly o la más reciente Line6 Variax. Son guitarras pensadas para cubrir necesidades específicas, como la posibilidad de utilizarse como controladores MIDI, o de emular el sonido de guitarras acústicas o clásicas con cuerdas de nylon. Estos modelos suelen ser la elección de guitarristas de estudio, con mucha experiencia y con la necesidad de tocar muchos estilos eficazmente.

Las pastillas

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Las guitarras eléctricas “suenan” gracias a la amplificación de la vibración de sus cuerdas metálicas, captada por unas cápsulas electromagnéticas que se sitúan debajo de las cuerdas. Estas cápsulas reciben el nombre de pastillas o pick-up, y resultan determinantes en el sonido final de la guitarra, aunque no más que la madera o la calidad del amplificador. Existen muchísimos tipos, calidades y marcas de pastillas, pero básicamente encontramos 3.

Humbuckers o pastillas dobles

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Constan de dos hileras de puntos magnéticos; su bobinado es más denso y producen un sonido más saturado y grave. Por tanto, el mayor volumen de salida las hace adecuadas para obtener tonos “redondos” y para saturar con facilidad; o sea, para meter caña.

Single o pastillas sencillas

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Constan de una única hilera, y su sonido tiene menos cuerpo que las humbuckers, si bien resulta más claro y cristalino. Algunas humbuckers pueden hacerse sonar como single mediante un conmutador que añade versatilidad a las prestaciones de la guitarra.

Pastillas activas

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No se limitan a transmitir impulsos magnéticos, sino que mediante la ayuda de una batería o pila amplifican el sonido de las cuerdas, aportando más “sustain” o duración a las notas, claridad y volumen de salida. Dentro de los tres tipos podemos encontrar variaciones, como las pastillas cubiertas, que producen una menor señal de salida.

Esta información debería servir para que el guitarrista (o futuro guitarrista) sea consciente de sus necesidades musicales, dejando al margen gustos estéticos o pasajeros. ¿Qué voy a interpretar con mi guitarra?, ésa es la pregunta que debemos hacernos antes de empezar a probar modelos. A veces ver las fotos de nuestros ídolos es más explicativo, aunque es innegable la elevada dosis de fetichismo que conlleva esto. Por ejemplo, si queremos tocar como Bruce Springsteen no parece lo más indicado elegir una Ibanez. Y si deseamos seguir los pasos del furioso tapping de Van Halen, hacernos con una Les Paul tampoco parece la opción más adecuada.

Pero no. No es tan inmediato. El argumento anterior parece lógico pero no es definitivo ni mucho menos. Una buena guitarra puede servir para casi cualquier estilo, de la misma manera que una mala guitarra no facilita las cosas ni a unos, ni a otros. Es entonces cuando, con las ideas básicas perfiladas, debemos comenzar la tarea de “búsqueda y captura”.

Probando la guitarra

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Podrían escribirse libros sobre el peculiar arte de entrar en una tienda, pedir tu guitarra favorita y decir “déjeme probarla”, antes de comenzar con el arsenal de “tocadas de prueba”. La película “Wayne’s World” realiza una divertida parodia de este proceso (¿recordáis aquello de “prohibido tocar Stairway to heaven”?). No en vano, muchas veces no sabemos poner a prueba al instrumento… malpensados.

A menudo este proceso se convierte en una fugaz exhibición de talento, pero sin comprobar si realmente merece la pena apostar por esa guitarra o, como en los rascadores, hay que seguir buscando. Supongamos que estamos en un establecimiento, sentados con nuestra guitarra de prueba y, a veces, bajo la amenazadora mirada del dependiente. ¿En qué debemos fijarnos?

Comodidad

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El instrumento ha de ser cómodo, agradable de sujetar, que no oponga resistencia cuando nos intentemos adaptar a sus dimensiones. Una guitarra puede reunir todas las virtudes del mundo, pero si su mástil, cuerpo, botones, etc. resultan incómodos, el intérprete no estará a gusto jamás. A veces no es una cuestión de peso o dimensiones, sino de “feeling”. Qué más da; la comodidad es fundamental.

El ajuste

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¿Está la guitarra bien ajustada? Este apartado entraña cierta complejidad y, si eres novato, lo mejor será que te acompañe alguien para probar esto. Aunque toda guitarra puede (y debe) ajustarse periódicamente, lo ideal es que ya lo esté.

a) El mástil divide las escalas en semitonos, correspondiéndose con cada uno de los trastes. Si la guitarra tiene 24 trastes, la nota producida por una cuerda “al aire” (sin pulsar ningún traste), ha de ser la misma que la producida por los trastes 12 y 24, es decir, sus “octavas”. Una guitarra tiene que estar bien octavada, lo cual indicará que la curvatura del mástil, tamaño de los trastes, etc. han sido bien calculados (todo ello obedece a principios y leyes físicas que nos extenderían en exceso).

Lo podemos comprobar tocando armónicos naturales, a base de oído o con la ayuda de un afinador electrónico, pero las notas tienen que ser exactamente las mismas, independientemente del traste elegido para interpretarlas. A veces las cuerdas viejas tienen tendencia a vibrar defectuosamente dando la sensación de que la guitarra está “desquintada” o “desoctavada”, por ello es importante, especialmente en este punto, probar la guitarra con cuerdas nuevas o en buen estado.

b) La altura de los trastes. Aunque este punto guarda mucha relación con la comodidad, la altura de los trastes o “acción” resulta crucial a la hora de interpretar determinados fraseos. Si deseamos tocar rápido, o hacer uso del tapping y tocar solos técnicamente complejos, puede ayudar notablemente el hecho de que la acción esté lo más baja posible. Siempre hay que tratar de evitar que las cuerdas trasteen (es decir, que rocen los trastes al vibrar y su sonido sea poco claro o desagradable), por tanto las cuerdas bajas, aunque ayudan, siempre tendrán más tendencia al trasteo y al sonido menos claro.

Por otro lado, el sonido será más nítido con la acción alta, ya que habrá mayor espacio mástil-cuerda para permitir la vibración. Sin embargo, los bendings, tappings y fraseos rápidos resultarán más complejos. Tenemos que decidir qué configuración se ajusta mejor a lo que pensamos interpretar.

c) Mástil y “dureza” de las cuerdas. Otro aspecto que interviene directamente en la facilidad para la ejecución es el grosor del mástil: un mástil grueso dificultará que nuestros dedos “vuelen” sobre el diapasón, pero hará más sencillos los bendings, ya que tenemos mayos superficie de sujeción. Otra ventaja del mástil con cuerpo es que mejora la estabilidad y resistencia de la guitarra. Un mástil fino resulta más cómodo para solear rápido, pero también es más endeble. A pesar de esto, dependiendo de dimensiones, tensión de las cuerdas, altura de las mismas, etc. hay guitarras que resultan cómodas, “blandas” para tocar con ellas, y otras por el contrario más duras y menos confortables al principio.

En mi opinión, es primordial que cuando evaluemos la comodidad de la guitarra también busquemos una altura de cuerdas y tipo de mástil que concuerden con nuestras necesidades y con lo que esperamos del instrumento.

El sonido

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Normalmente, en las tiendas, las guitarras se prueban con amplificadores de calidad, lo cual puede despistarnos un poquito respecto al verdadero sonido de lo que estamos probando. Obviando esto, debemos buscar un sonido que nos convenza desde el principio, cuya primera impresión sea lo más positiva posible. Que sea lo que vamos buscando, el flechazo, el amor a primera vista… o a primer acorde. Un bluesero perseguirá un tipo de sonido diferente a un metalero, o a alguien que desee hacer pop-rock, pero todos ellos tienen un sonido ideal determinado en su cabeza. Debemos configurar el amplificador para obtener ese sonido… y evaluarlo, cuanto antes mejor, ya que después de varias horas perdemos poder sensitivo y no sabemos ni lo que están oyendo nuestras orejas.

Si tenemos que resumir el proceso de prueba en tres aspectos, yo reseñaría comodidad, sonido y feeling. Y por supuesto, sentirse cómodo también con el precio. En el mercado hay cientos de modelos, imitaciones, marcas y posibilidades que pueden ajustarse a casi cualquier bolsillo. Así que una vez superada esa selección inicial (obligada), y con las nociones básicas estilísticas claras, lo más importante es que el instrumento sea confortable y que suene como esperamos.

NUNCA hay que forzar la máquina, y comprar guitarras con las que sea difícil tocar lo que habitualmente tocamos, con el pretexto de “ya me acostumbraré”. Y tampoco hay que conformarse con cualquier sonido, repitiendo eso de… “bueno, no es una guitarra cara”… o “esto lo arreglo yo con mi pedal metal-power”. La primera impresión es fundamental: si ésta es positiva, y además el objeto de deseo aprueba la comprobación de ajustes y presenta un buen aspecto, podemos estar ante la guitarra ideal. Ésa que nos va a regalar miles y miles de horas de placer guitarrero. O tal vez, regresando a la primera línea de este artículo, vas a acabar pensando que no hay amor que cien años dure. En ese caso, ya puedes ir ahorrando. Bienvenido al club del GAS.

Por José Manuel Ruiz

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