Expressive E Osmose: el teclado que reinventa lo que un teclado puede expresar
Pros
- Alcanza una expresividad mejorada desde una interpretación 100% 'al teclado', sin necesidad de reeducarte para un instrumento nuevo.
- Los sonidos internos de Osmose (gracias a Eagan Matrix) son altamente detallados y expresivos.
- Particularmente con sonidos acústicos y con sonidos muy 'cinemáticos' lleva de forma inmediata a jugar con otras formas de expresión imposibles con un teclado convencional.
- Expressive E se ha preocupado por generar un ecosistema de sonidos para muy diversos sintetizadores, ya personializados para su inmediato aprovechamiento desde Osmose.
Contras
- Mäs allá de los sonidos ya listos (internos o a través de colecciones para sintes de terceros), debes tener en cuenta la necesidad de editar con profunidad tus sintes para aprovechar la expresividad del 'superteclado' Osmose.
- Osmose es sencillo de usar pero Eagan Matrix, su sintetizador interno, es muy complejo y con una documentación muy mejorable.
- Cambio entre sonidos no instantáneo.
- Los mensajes que emiten las teclas deberían ser más ampliamente personalizables sin depender de elementos externos (p.ej. los movimientos laterales a izq. y der. no tienen porqué ser únicamente 'pitch bend').
- Un teclado con un sistema de detección propio
- El motor de sonido: EaganMatrix de Haken Audio
- Las seis macros: personalizadas para cada sonido
- Ajustes de sensibilidad: domar la expresividad
- Arpegiador y el legato por proximidad
- Edición profunda: el editor EaganMatrix
- Un aviso importante: actualiza el firmware
- Conexiones
- Conclusión
Traemos hoy un teclado fascinante e innovador, el Osmose de Expressive E. Conocido hace tiempo y con muy buenas impresiones allá donde uno mire, desde hace pocos meses convive con una nueva edición puramente controladora, la Osmose CE, pensada para disparar sintetizadores hardware y software, especialmente los compatibles con MPE. La unidad que analizamos aquí es la versión completa, la primera edición, la que incorpora fuente de sonido propia; pero la nueva variante sin motor interno ofrece el mismo aspecto y posibilidades, si bien sin sintetizador interno..
La palabra clave es expresividad. Osmose admite una serie de técnicas que resultan impropias de lo que veníamos concibiendo como un teclado. Siempre hemos entendido el teclado como un instrumento de percusión, donde más allá del primer toque ya está definido todo lo que va a sonar. Aquí, en cambio, entran en juego muchas variables que se pueden interpretar desde los dedos para animar el sonido resultante y frasear con detalles mucho más ricos.
La clave es su teclado y la forma peculiar en que detecta lo que hacemos sobre las teclas, gracias a un diseño exclusivo de Expressive E. Con un desplazamiento mínimo ya está generando sonido: en algunos presets basta un leve rascado de la tecla para escuchar, por ejemplo, ese roce inicial de una cuerda. Responde por supuesto a la velocidad, pero en un recorrido generosísimo que ya desde el más breve desplazamiento de la tecla inicia la generación de sonido. De hecho, a la máxima sensibilidad, con solo pasar o mover las manos por encima, en cuanto se roza una tecla se dispara. Es una sensibilidad altísima que se puede controlar y personalizar totalmente, para cada sonido o tema y sus peculiaridades.
Otra de sus singularidades es cómo responde al hundimiento de la tecla, acompañándolo con mensajes que indican la presión o la posición vertical desde el primer momento. Apenas empezamos a rozar la tecla, ya se genera información: primero mensajes de aftertouch polifónico que representan cuánto tenemos hundida la tecla y, a partir de cierto punto del recorrido, aproximadamente la mitad, esos mensajes se sustituyen por el control change 74. Esos dos tramos completan, desde el primer roce hasta el hundimiento profundo, un acompañamiento continuo del gesto con información que permite controlar cosas, con un generoso y desconocido recorrido total útil de aproximadamente una pulgada.
A esto se añade la reacción al desplazamiento lateral de la tecla, que sirve para expresar un vibrato directamente desde los dedos, tal como si féramos un violinista, y una reacción de legato especialmente expresiva. Se puede tocar de forma polifónica natural (sin legato) y reservar el legato para que solo se aplique cuando nos movemos en la vecindad de las notas que ya se están tocando: si tocamos una nota y la siguiente está suficientemente alejada, ataca de forma natural e independiente; si está próxima, se produce el legato. Un legato que incluso puede ser un balanceo entre dos notas, regulando cuál de las dos queremos más fuerte y, por tanto, hacia cuál debe desplazarse el control, o incluso permitiéndo regular el tiempo de ese ligado desde ese balanceo de los dos dedos.
Ese tipo de expresión ampliada llama muchísimo la atención en sonidos acústicos u orgánicos, que se animan portentosamente. El teclado tiene, además, una estética muy singular. Destaca un recorrido largo del cuerpo móvil de la tecla, siempre útil para la interpretación, y un tacto muy agradable. El conjunto resulta muy indicado para controlar los matices de lo débil, de los fraseos cacntabie al borde del filato. Se puede tocar con fuerza, por supuesto, pero está muy pensado para que la respuesta sea cercana e instantánea en cuanto tenemos los dedos sobre las teclas.
Todos los sonidos que se escuchan en la demostración provienen del Osmose original y de su motor interno, el EaganMatrix de Haken Audio. Es un sintetizador bastante complejo, pero a cambio ofrece muchísimas posibilidades de parametrizar cómo queremos que reaccione, especialmente ante los matices de control que ejercemos desde el teclado, las ruedas o los pedales.
La interfaz de manejo diario a bordo del propio Osmose, sin embargo, es sencilla: una pantalla con cuatro encoders, un par de encoders pulsadores, una palanca de pitch bend, otra de modulación y muy pocos botones, destacando 4 sobre la pantalla que dan acceso a sendas secciones.
La primera es la de selección de presets, que pueden ser de usuario o de fábrica —el banco de fábrica se amplió con la versión dos de la biblioteca de sonidos—. Hay opciones para buscar por tipos (sonidos con arco, de viento, de bajo y otras familias), marcar favoritos y confeccionar listas ya ordenadas para llevar a una actuación. El segundo botón lleva a los ajustes del sintetizador interno. No es una edición profunda —para eso hay que ir al ordenador—, sino un puñado de parámetros seleccionados que asoman en forma de seis macros. Y aquí está una de las claves: esas macros son individuales, están personalizadas para cada sonido.
En un sonido basado en un modelo físico, por ejemplo, el parámetro de resonancia juega con la relación o el feedback entre la cuerda y el cuerpo de la guitarra, permitiendo llevarlo a territorios que reccorren desde sonidos mantenidos a otros mucho más muteados. Otra macro incide sobre el brillo, otra sobre el tipo de cuerpo o resonador del modelo, otra sobre el eco.... Tocando muy poco esos parámetros se cambia por completo el color y la duración del sonido. Si en lugar de un modelo físico elegimos un sonido de corte analógico, las macros que aparecen serán propias de ese tipo de sonidos, asomando por ejemplo frecuencia de corte, drive, resonancia, duración... , en definitiva, específicas totalmente para cada sonido.
Más allá de las macros del sonido en sí, hay un segundo bloque editable con parámetros los efectos globales, donde se ajusta por ejemplo la mezcla de una reverb entre los distintos efectos disponibles y otros muchos parámetros de la misma. El encoder superior permite moverse entre secciones —las macros del sintetizador, los efectos globales, una ecualización que se puede incorporar a cualquier sonido, un compresor— y otros ajustes como el recorrido de la rueda de tono o la reacción de los pedales. Para el sonido en sí, ese conjunto de seis macros es todo lo que se puede tocar desde el aparato, más lo que hagamos con la rueda de modulación. Conviene saber que esa rueda de modulación está combinada con la segunda entrada de pedal: podemos controlar ese parámetro con la mano en la rueda o con un pedal continuo.
Hay sonidos —típicamente los más analógicos o tradicionales— en los que la extremada sensibilidad a la posición de la tecla resulta impropia y genera desafinaciones que distraen. Para eso está el tercer botón, el de sensibilidad, y aquí el Osmose pone todo el control en nuestras manos. De forma parecida, en función del tipo de sonido (un violín, una flauta, una guitarra...) podremos facilitar la obtención de fraseos expresivos y 'adecuados' ajustanto los controles de sensibilidad.
El primer parámetro es la reacción al bending. De origen tenemos un bending de un semitono en el extremo, que se puede ajustar a lo que queramos, incluso a menos de un semitono para mantenerlo bajo control. Además, se puede definir la curva de reacción: una curva lineal, en la que cualquier movimiento por leve que sea ya arrastra la afinación, o una curva plegada que deja toda una primera zona sin reacción y solo responde en los extremos. Con esta segunda opción, no renunciamos a un bending ocasional pero tampoco lo tenemos omnipresente. También se puede estabilizar la señal para suavizar el temblequeo de un dedo nervioso, además de un ajuste general de sensibilidad.
De la misma manera hay parámetros para la reacción a la presión. Puesto a cero, un ajuste hace que la nota suene con casi solo rozar la tecla y permite un recorrido profundísimo. Ese recorrido, como dijimos, se divide en dos tramos: el pressure, la primera mitad, y el after, la segunda. Se puede decidir cuánta fuerza hay que ejercer para que respondan. Y aquí compartiré una impresión: resulta muy agradable tener la sensación física de que, cuando pides fuerza al sonido, necesitas tú ejercer fuerza. Ese paralelismo entre el gesto y lo que se escucha es lo que da potencia a la interpretación, así que no siempre conviene buscar la facilidad de que todo salga sin esfuerzo; profundizando se le saca mucho más jugo. Ese recorrido tan extenso en vertical permite dar a cada nota su propia velocidad de crecimiento: realmente dibujas con el dedo la vida de la nota. Todos estos ajustes de sensibilidad se pueden guardar de forma específica para cada preset.
La cuarta sección (playing ) es donde se controla el uso de arpegiador o de ese legato especial limitado a 'en vecindad'. El arpegiador tiene múltiples posibilidades de edición: tempo, patrón —hay muchos, algunos bastante esotéricos y nada simplones—, división, hold, duración del gate, número de octavas, swing, ratcheting y demás. Y todos esos parámetros se pueden gobernar desde la rueda de modulación, los pedales o la propia presión, con lo que se le saca un jugo expresivo especial. Es curioso, por ejemplo, poder controlar la velocidad del arpegiador con el tacto, como vemos en uno de los ejemplos del vídeo.
La otra opción de esta sección de playing es el modo de deslizamiento o glide. Aquí decidimos si queremos que solo ligue las notas hasta una determinada distancia: a un semitono, por ejemplo, el aparato toca polifónico salvo cuando las dos notas están a esa distancia, en cuyo caso las liga. Y la duración de ese barrido no está prefijada en el sonido, sino que depende del propio toque, de cómo hagamos la transición: si voy reemplazando la primera nota por la segunda poco a poco tengo un glide largo, y si lo hago más veloz, un glide más breve. La distancia se puede fijar en un semitono, terceras, un número de octavas o el teclado completo si queremos un fraseo estrictamente monofónico con legato clásico. Es una implementación muy bien resuelta, y una de las cosas que —importante— también se pueden usar vía MPE hacia sintetizadores externos.
Para editar en profundidad hay que irse al ordenador y entrar en el editor EaganMatrix, un software que se califica frecuentemente y con razón de complejo. Es una especie de entorno modular donde hay muchos elementos que se interconectan a través de una matriz. Las filas son los orígenes de modulación y las columnas los posibles destinos. Puede haber hasta cinco elementos que son osciladores o filtros, de varios tipos, y se conectan a las salidas de audio o entre sí —por ejemplo, el ruido yendo a un filtro, o una salida de paso bajo hacia un paso alto—, permitiendo realimentaciones, interconexiones entre elementos de audio...
Lo que complica y a la vez enriquece el asunto es que las interconexiones no son un simple punto con una intensidad, sino fórmulas (A, B, C… hasta la V) que se desarrollan como un compuesto de varios elementos: se pueden combinar de forma sumatoria o multiplicativa teniendo en cuenta la nota, los dos recorridos (pressure y after) del movimiento vertical..., y hay elementos capaces de saturar o deformar esas señales de control. A eso se suman módulos disponibles que aportan técnicas como la síntesis modal —con sus propios resonadores ajustables por el usuario—, la síntesis basada en formante, o la síntesis aditiva. Es un entorno complejo, pero que permite llegar, sin uso de muestras, a los resultados que veis en el vídeo.
Tanto para el Osmose como para el Osmose CE, la propia Expressive E vende colecciones de sonidos para diversos sintetizadores comerciales, normalmente software; en el caso del controlador CE se incluye además un paquete de sonidos listos con un editor. Eso sí los que opten por Osmose CE no tendrán los sonidos de Eagan Matrix (si bien se puede adquirir un módulo hardware con dicho sintetizador que vende Haken Audio).
Para quienes ya tenéis un Osmose, un aviso: si no lo habéis hecho, interesa mucho actualizar el firmware. En nuestra unidad no fue posible saltar directamente desde una versión muy antigua a la más reciente porque el salto era demasiado grande; hubo que pasar antes por una versión intermedia y desde ahí ya realizar la instalación a lo último. Conviene leer los detalles en la página oficial de Expressive E antes de lanzarse.
La actualización trae muchas novedades: mejoras en el motor de sonido, una cantidad de presets mucho mayor, más espacio para sonidos de usuario y una reorganización de la pantalla —la que se ve en el vídeo ya es de esta versión reciente—. También el motor de Haken Audio gana nuevos tipos de filtros y de posibilidades. Merece la pena prestarle atención.
En conexiones, el Osmose es muy sencillo. Tiene entrada de alimentación con interruptor, una salida de audio estéreo pseudobalanceada —admite usos tanto simples como balanceados— y dos entradas de pedal: una para el pedal de sustain, que es continuo, y otra para un segundo pedal también continuo, que puede sustituir la necesidad de llevar la mano a la rueda de modulación. Hay una conexión USB que se encarga tanto de la comunicación de notas e información de control y MPE desde el teclado como del diálogo con el editor de sonidos, a través de dos puertos MIDI separados, y también MIDI DIN de cinco pines de entrada y salida.
Un detalle muy útil: se pueden definir ajustes diferenciados para el motor interno y para un sintetizador externo, algo interesante porque la respuesta a la sensibilidad puede ser muy dispar entre uno y otro. De hecho, en el original con motor interno muchos sonidos empiezan a sonar mucho antes de que el teclado comience a enviar MIDI, pero eso se puede modificar si lo deseamos. Hay, en resumen, mucha flexibilidad para complementar el Osmose con sonidos externos o para disparar un sonido enteramente externo.
El teclado del Osmose es realmente singular. Tiene la capacidad de trasladar la expresividad de los dedos que interpretan sin necesidad de estar pendientes de mover la mano a otro sitio, activar pedales o alcanzar controles del panel. Desde el propio teclado podemos gobernar buena parte del sonido final y conseguir una expresividad que se demuestra cercana, en no pocos casos, a la de los instrumentos acústicos emulandos con el motor interno.
Pero, más allá de eso, lo que ofrece es una posibilidad de control desconocida en un instrumento de teclado, salvo que nos vayamos a controladores MPE muy dispares de la interpretación 'pianística'. Y esa es su gran ventaja: no hay que aprender una técnica nueva. Con una matriz de pads tienes que reentrenarte, se trata de un instrumento radicalmente diferente. Con superficies como el Haken Continuum —una superficie plana por la que mover los dedos—, los glides quedan estupendos y muy controlables, pero no dan la facilidad de interpretación para muchos otros usos que ofrece un teclado convencional. El Osmose es, en definitiva, un teclado al cien por cien, pero ampliadísimo en esas posibilidades de expresión, que no necesita de una extensa reeducación para sacarle partido.