Sonido en vivo

¿Dónde va el control de FOH?

11/10/2016 por R. Sendra
FOH en concierto de Linkin Park
DiGiCo

¿Os imagináis que un fabricante de coches decidiera colocar el volante en el maletero, oculto a la vista porque, bajo su juicio, queda más bonito? Claro, el conductor no vería ni tan siquiera el camino, pero se supone que con un móvil y el Google Maps tiene más que suficiente para conducir, así dejamos ese asiento frontal, con mejores vistas, a libre disposición de otro pasajero. O algo más absurdo todavía: decidir fabricar unas ruedas cuadradas, simplemente bajo criterio estético, para una bicicleta de competición. Ambos son dos ejemplos absurdos, irracionales, fáciles de rebatir: si el conductor no ve la carretera ni tiene a su alcance el mayor número de “inputs” no podrá ni conducir ni aún menos evitar accidentes; y en el caso de la bicicleta, es obvio reconocer que una rueda cuadrada ya no es una rueda, por lo tanto, no hay bicicleta.

En nuestro sector ocurre algo similar (desgraciadamente cada vez más habitual) cuando el cliente decide colocar el control de FOH (Front of House) fuera de su correcto posicionamiento, utilizando la mayoría de las veces tanto argumentos estéticos como falaces basados en seguridad. Pero primero ¿dónde se coloca el FOH?

¿Dónde debe ir el FOH?

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En una configuración sencilla donde hemos instalado una caja en L y otra en R, el control de FOH debería estar en la línea perpendicular al escenario, a una distancia equidistante a ambas fuentes. Normalmente las cajas acústicas tienen un ángulo de dispersión horizontal de 90 grados (en función del modelo y ajuste) por lo que el punto dulce (sweet spot) está justo donde se forma un triángulo equilátero entre esos tres puntos (60º). Si nos acercamos más recibiremos más presión sonora; si nos alejamos al contrario.

¿Por qué en esa situación? Para conseguir el mayor control posible de la mezcla, siempre y cuando mezclemos en estéreo. De esta manera, el técnico de sonido recibe por igual la energía proveniente de cada lado, pudiendo diferenciar perfectamente los detalles y matices de su trabajo. Evidentemente, justo donde está el técnico de sonido de nuestro ejemplo es donde mejor se escucha todo, por lo que normalmente “se cede” este espacio al público, alejando un poco el control del escenario, pero es una decisión de simple cortesía. Modificando la posición del punto dulce reducimos la perfecta audición de la mezcla por parte del técnico, aunque se supone que, como profesionales, él es lo suficientemente bueno como para saber diferenciar los matices perdidos y seguir controlándolos a voluntad (matices que, evidentemente, ningún productor escucha). Personalmente, considero que el técnico que mezcla según qué trabajos (básicamente musicales) debe estar situado en el mejor sitio posible, ya que estará trabajando para un público situado en diferentes sitios que, en definitivas cuentas, escucharán tantas versiones como espectadores haya, por lo que debemos facilitar el trabajo al técnico para que consiga la mejor mezcla sea como sea. Un pequeño inciso: gracias técnicos de luces que nos cedéis siempre ese punto perfecto.

¿A qué altura colocamos el control de FOH?

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A ras de suelo, o mejor dicho, a la misma altura que los espectadores (quizá levemente alzado, pero opino que nunca más de 20 cm). Es algo que podéis comprobar fácilmente cuando os encontráis un control elevado: lo que se escucha a 40 cm encima de las cabezas del público nada tiene que ver con lo que escucha el propio público. ¿Qué sentido tiene escuchar algo que difícilmente nadie más escuchará? Si nos alzamos apenas 20 cm seguimos teniendo cierto control, pero básicamente porque evitamos la distorsión que puede suponer un espectador más alto que tu situado delante tuyo (que, según la ley de Murphy, siempre ocurre). Está claro, ¿verdad? Fijaros que el objetivo es conseguir la mejor mezcla para el público, a quien siempre he defendido como nuestro cliente final.

¿Cuándo dejaríamos mover el control de FOH?

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Cuando además queremos seguridad ante las inclemencias meteorológicas. Aunque haya clientes que no lo sepan, algunas de las mesas que utilizamos valen más (¡mucho más!) que su reluciente BMW o Mercedes. Si montamos un control de FOH para un festival querremos no sólo resguardarnos del sol (algo que, por cierto, es obligatorio por ley: ¿dónde está mi carpa?), sino también de la lluvia, humedad y, en según qué conciertos o festivales, de las producidas por un público alcohólico que decide, de vez en cuando, tirar su bebida al aire de manera aleatoria. No se preocupe que tengo el material asegurado, pero ¿con qué mezclaremos mientras se repara la mesa? ¿Ha pagado usted una mesa de recambio por si esto sucede?

Un control de FOH cubierto ya es una molestia visual evidente y por ello se suele retrasar notablemente de ese punto dulce. Porcentualmente, la cantidad de público que no tendrá visión directa no es tan notable como puede suponerse (hagan números), por lo que no es tan problema. Incluso diría más, justamente por seguridad hoy en día se suele utilizar la línea perpendicular que hay entre el control de FOH y el escenario (sí, justo por donde pasan las mangueras de señal, entre otras) para dividir la platea en dos zonas seguras e independientes. Así, en caso de emergencia en un supuesto proceso de evacuación repentina los estudios demuestran una mayor eficacia y control. Exacto, por seguridad se ha eliminado esa línea de audición perfecta que es la zona equidistante entre L y R.

Si nos olvidamos de los grandes festivales, en la mayoría de conciertos no existe excusa para no dejar el control de FOH en esa situación. La carpa que “tanto molesta” durante las pruebas de sonido y de día (los técnicos tenemos un IAE específico, pero seguimos siendo personas) puede desaparecer durante el concierto y, amén de ese cuadrado de 2 x 4 m, la excitación visual es casi nula, la mezcla es lo más perfecta posible y todo el mundo sale ganando. Además, las mesas actuales son mucho más compactas y pequeñas que las de antaño...

Aún así, a veces podemos ofrecer una solución a este “gran problema”: nos alejamos totalmente de esa perfecta línea perpendicular. Pero, ya que tenemos que hacerlo, lo haremos bien. Muchas giras (¡que no festivales!) de gran formato utilizan este recurso justamente para mayor beneficio del público (normalmente asociado al uso de un provocador), pero juegan con la ventaja que no son festivales, sino un producto propio en ruta. Lo hizo Muse en la gira de hace un par de años: mover los controles de audio e iluminación, incluso por separado, fuera del eje principal, pero en una posición estudiadísima. Desde la nueva posición de FOH, Mark Carolan tenía acceso directo a uno de los lados de la PA, teniendo claro que el otro lado, el que no escuchaba, funcionaría tal y como debía (amén de una escucha propia y tremendamente bien ajustada). Es decir, perdía los detalles de un lado, pero no el del otro.

En este sentido, la elección del nuevo punto dulce es más complicada: tiene que estar en línea al eje del lado de la PA elegida y debe estar alejado justo por debajo donde el audio del lado contrario no se convierte en eco, lo que dificultaría todavía más la buena mezcla. Este punto suele ser el que se consigue con un arco des de el punto dulce que resulta de ese triángulo equilátero hasta la perpendicular exacta del lado elegido. En este momento, cualquier modificación, para entendernos, duplica o más la deficiencia en la escucha.

¿Qué otros lugares podemos utilizar como control de FOH válidos?

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¡Ninguno más! Cualquier otra posición es una aberración para el técnico que mezcla. Cualquier otra decisión redundará directamente en el resultado final y, creo yo, nadie en la producción de cualquier evento quiere que eso ocurra (aunque la culpa siempre es del técnico, ¡sólo faltaría!). Hay situaciones concretas donde incluso podemos poner control detrás de la línea de PA, pero suele ser cuando no es necesario un control de lo que se escucha, por ejemplo, en un festival de danza donde, amén de un micrófono, el resto son pistas de audio; pero incluso así el técnico no tiene percepción directa del nivel de presión ejercido, ni podrá tenerlo aún utilizando un sonómetro (una cosa es un valor de presión sonora y otra muy distinta el cómo de bien o mal suena esa ‘presión sonora’). Ya no digo la dificultad que supone ver lo que ocurre en el escenario.

La popularización de los iPads o controles remotos tampoco es una solución válida, como mínimo hoy por hoy. Sirven para algo muy concreto y definido, pero no para mezclar música, ocho inalámbricos o el importante discurso del presidente en su congreso. Un control remoto todavía no es más que una simplificación de los comandos básicos y no sólo eso, sino que tampoco te permite hacer lo mismo que con una superfície de control estándar. Sus limitaciones no son solución.

Al igual que ocurre con toda la cadena de producción en un equipo de sonido, el control de FOH es otro de los elementos críticos. Tras más de 20 años trabajando en este sector no he encontrado ni una sola excusa válida para mover control de su punto dulce, aunque he tenido que tragar como el que más. Y cada vez que he movido control alguien ha salido perdiendo: el público. Un apunte final: ¿saben por dónde molesta menos la manguera de señal? Exacto, justo por el medio, que es donde menos gente la cruzará.

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