Magacín

"Autoplagio"

03/03/2012 por Juan Ramos

Hubo una melodía que hice de niño, durante una época era la que más me gustaba, no recuerdo que título tenía. Pero había algo que me preocupaba, tenía la sensación de que no la había hecho yo. Bueno, sí la había escrito yo pero tras hacerla percibía que quizá podía ser algo que hubiera escuchado anteriormente sin darme cuenta. Me resultaba familiar. Lo curioso es que esta sensación se produjo días después de hacerla, no en el momento en que se me ocurrió.

Con el tiempo descubrí que no existía ninguna melodía como aquella, quizá por intuición o de casualidad había logrado componer una melodía que me evocaba la misma sensación que otras que me gustaban, eso me llevó a pensar que esa melodía ya la había escuchado. En realidad lo que se repetía en mí era la sensación, no la música que la transmitía.

Más adelante, conforme me he ido formando (el proceso continúa actualmente y dudo que deje de hacerlo nunca...) he ido llegando a la misma “conclusión” musical que otros autores, es decir, he acabado realizando movimientos musicales muy similares a otros conocidos. Cuando esto ocurre automáticamente lo rechazo, no por las consecuencias legales que pudiera tener (probablemente ninguna ya que se tratan de elementos muy breves y que no llegan a ser realmente idénticos) , sino porque eso ya lo ha dicho otro/a tipo/a. ¿Qué me aporta a mí o qué le aporta a quien la escuche que vuelva a repetirlo yo?

De chiquillo mi intención era emular las sensaciones que me transmitían los temas que a mí más me gustaban, quería sonar como ellos. No en cuanto a sonido, sino a la emoción que recibía de esos temas que me ponía una y otra vez sin cansarme de escucharlos.

Ahora quiero lograr transmitir las sensaciones que me gustaría escuchar en piezas que no existen y que no encuentro en ningún sitio (otra cosa es que lo consiga), salvo que me vea obligado si es un encargo. En todo caso, suelo separar bastante el concepto de la música de encargo, algo más funcional, de la música que te encargas a ti mismo para proyectos propios, libre completamente. Ahora distingo claramente esos dos conceptos. No sé cuando fue el punto de inflexión, probablemente fuera algo progresivo. La cuestión es que ya no percibo la sensación de que pueda estar “copiando”. Salvo, en ocasiones, a mi mismo.

El autoplagio es un delito, lo es cuando has firmado un contrato de exclusividad para un tema y luego realizas uno muy similar (lo suficiente para que se considere plagio) para otro proyecto.

Pero al margen de contratos y conflictos legales, el autoplagio o el “semi”autoplagio es algo habitual en muchos artistas. No pondré ejemplos por no molestar a nadie en particular, pero dudo que haya alguien al que no se le ocurran un gran número de artistas, del panorama musical nacional e internacional, que realizan canciones que recuerdan “demasiado” a otras que ya habían hecho en el pasado (quedándose, habitualmente, a un nivel más bajo que las originales, en una sombra de ellas). Esto, para mí, en algunos casos llega a su máxima expresión cuando el artista directamente realiza versiones, o “revisiones” de temas que publicó años atrás (en la mayoría de casos deteriorando la versión original).

Intentar repetir algo que tuvo éxito en el pasado para mí no es algo bueno musicalmente hablando. Quizá sí lo sea comercialmente (¿quizá?...), y que sea así pienso que, en parte, es culpa del público que lo consiente, tal vez porque también quiere revivir ese éxito, esa sensación, de nuevo (a mí me ha pasado) o porque en algunos casos no es muy exigente (hablo de la "masa").

En muchos casos se plagia por accidente. Algunos casos famosos de plagio no creo que hayan sido realizados a propósito (igual soy demasiado inocente). Pero el autoplagio no debería ser por accidente, se presupone que uno se conoce a si mismo y las piezas que hace.

De todos modos al igual que existe colesterol del bueno y colesterol del malo, pienso que también existe una forma de “autoplagio” (quizá no sea correcta del todo a partir de aquí esta palabra pero creo que se me va a entender) “buena” y otra “mala”.

La buena es aquella que te hace avanzar, es decir, partir desde donde lo dejaste para evolucionar.

En un tema que hiciste aprendiste algo, en el siguiente desarrollas ese algo e incorporas algo más y así sucesivamente. Probablemente en cada tema haya algo de los anteriores pero también aparecen cosas nuevas y la intención no es la de repetir (esto es lo importante) si no la de avanzar. Todos, además, con el tiempo vamos adquiriendo un estilo personal, eso no es nada malo eso, si se consigue, es fantástico. A eso no le vamos a llamar copiar, le llamamos “estilo”.

El “autoplagio malo” es aquel que no deja fluir la creatividad, que obstruye esas “arterias” por las que ha de pasar esa creatividad, la inspiración, etc. Ese “colesterol malo” está en muchas partes, en las imposiciones de la industria, en la falta de creatividad de algunos autores (quizá por falta de formación también), en parte del público que sólo “busca” escuchar “lo mismo”, en los “talibanes” de un determinado género que lo consideran inamovible y “sagrado”, etc...

El ser humano está programado para avanzar, la naturaleza es así, no se está quieta, evoluciona.

El arte es crear y crear no es repetir, no es tampoco tirar los dados esperando a que sumen doce. Porque entonces uno depende de cómo sople el viento. Un artista controla y prevee que el viento pueda soplar desde cualquier dirección y con más o menos fuerza, pero sabe que el camino no lo condiciona el viento y que la dirección a recorrer va a ser la misma aunque ese viento sople en contra. Uno no es artista porque en su día hizo la canción “A”, uno es artista porque después de la “A” hizo la “B”, luego la “C”, etc...

En un artista sus mejores obras siempre suelen estar por llegar. Pero no llegan a la puerta de casa, normalmente hay que salir a buscarlas. Y es que al público hay que decirle lo mismo: ¡las mejores obras aún no las has escuchado! Y que no espere encontrarlas en la emisora de radio más fácil de sintonizar (llámalo radio, llámalo X), ha de salir a buscarlas.

Juan Ramos

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