Lo mejor: Sonido Oberheim
Lo peor: Interfaz de edición nula. Procesa con lentitud los SysEx
Sonido Oberheim para pobres: eso es el Matrix 1000, o al menos lo era hasta hace poco, cuando podía encontrarse usado en el rango de 200-300 euros. Ahora empiezan a verse más caros.
De él puedes esperar lo más notable de la saga Matrix: me gustan especialmente sus brasses analógicos ochenteros, los pads y sonidos de ambiente elegantes y cálidos, pero gracias a la versatilidad de su motor de síntesis, puede enfrentarse con un rango de timbres muy flexible.
Su limitación más evidente es la total ausencia de una interfaz para editar los sonidos, limitándose a un par de botones para activar funciones generales, y un teclado numérico y +/- para cambiar presets). Sin embargo, sí se pueden editar los sonidos a fondo vía SysEx, utilizando las herramientas software que hay disponibles. Eso sí, el procesador del Matrix 1000 es tan lento, que se atascará si el flujo de datos es mínimamente superior a lo normal. Aguanta lo suficiente para editar un patch, ir subiendo los cambios y escuchar el resultado, pero hacer barridos de filtro rápidos, por ejemplo, es inviable.
Es un inconveniente grave, pero de todos modos, considerándolo todo (precio, sonido analógico, profundidad del motor de síntesis), el Matrix 1000 merece la mejor nota.
Como curiosidad, Access -la creadora del Virus- comenzó su historia como fabricante con un editor hardware para este sinte: el Access Matrix Programmer. Además, se produjo en dos versiones idénticas en todo menos en el color de la carcasa y las serigrafías: negro con letras blancas (menos las rojas de "power"), y blanco con letras negras.