Cuando dormir es un problema.

A menudo me veo a mi mismo desvelado, pálido y ojeroso. Asustado por la idea de irme a dormir.

Sé que una vez en la cama ya no habrá vuelta atrás. No estaré consciente durante unas horas, y para cuando vuelva a estarlo, la realidad me aplastará como una apisonadora y ya no seré dueño de mi vida.

Suena el despertador. Comienza la automatización.

Tras un par de minutos iniciando el sistema sentado al borde de la cama, paso al modo prueba de errores mientras me aseo y me visto. Reinicio el sistema con mi dosis de naranja y zanahoria líquidas que ejercen de anti-virus contra los posibles catarros y reparan cualquier archivo corrupto que haya podido escapar de los sueños. S.O. chequeado, ninguna avería importante.

Procedo pues, a la desfragmentación del disco duro. Esto suele llevarme hasta la hora del almuerzo aproximadamente, que es cuando me conecto al messenger para mantener conversaciones de voz entre bocado y bocado en la barra del bar de toni.

El sistema está ahora listo para funcionar con garantías.

Alterno entre el office y el premiere para hacer cálculos y editar las imagenes que pasan por mi cerebro. Ahora soy yo quien le da significado a las cosas. Clasifico paquetes de chapa.

280 X 22 - primera.

260 X 16 - tercera.

250 X 20 - segunda b.

Las labores de edición y montaje se extienden hasta el mediodia, momento en el que recargo la batería (soy un portátil, no lo olvidemos) y paso a un standby de una media hora.

La tarde se hace más amena porque la película ya está montada, ahora solo hay que visionarla una y otra vez para pulir pequeños matices o añadir algún efecto que le de más estilo y sofisticación y el jefe quede contento.

Se acercan las siete, las baterías están agonizando de nuevo, pero ya no me importa porque en breve me convertiré en un ser humano, y en vez de conectarme a la red electrica me bastará con ir al bar de toni a beberme unas cuantas cervezas.

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