Informática musical

Escucha la grabación más antigua de música por ordenador, creada por Alan Turing en 1951

Computadora Ferranti Mark I del Computer Machine Laboratory

La vida de Alan Turing está cargada de un intenso y variopinto drama: desde su apoteósico logro al descifrar códigos nazis como los de la máquina Enigma orientada a la estrategia militar en la segunda guerra mundial, hasta dificultades personales como la persecución por su homosexualidad y una muerte bastante controvertida. Todo esto lo ha llevado ser una figura de gran importancia para la lógica, la matemática, las ciencias de la computación y la filosofía, pero quien iba a imaginar, que también incursionó en la música.

Y no a la manera de un músico tradicional, evidentemente. Pero sí a su estilo: desde las computadoras, convirtiéndose en todo un pionero de la denominada computer music, como lo evidencia una reciente grabación restaurada, proveniente de una interpretación musical realizada en una computadora en el año 1951 junto a su amigo el profesor Christopher Strachey, quien sería encargado de programación de la ejecución musical en la que sería una de las primeras computadoras digitales creadas bajo las ideas de Alan Turing.

Aunque se dice que la primera pieza reproducida por computadora proviene del primer ordenador digital de Australia, CSIRAC, no se tienen grabaciones. La pieza de Turing tendría especial relevancia precisamente por estar además registrada, siendo un documento de valor histórico indudable que da cuenta de la “actitud tan general que hemos tenido del trabajo de Turing al ser pionero en los años 40 de la idea de transformar la computadora a instrumento musical”, como comentan investigadores de la University of Canterbury a partir del trabajo del compositor Kason Long y el profesor Jack Copeland, quienes han sido los encargados de restaurar la grabación de la mítica pieza de Turing, hallada en un disco de 12 pulgadas. Escuchemos:

La grabación en cuestión fue realizada hace 65 años en un lugar del Computer Machine Laboratory en Manchester, Inglaterra, donde yacía la gigantesca computadora donde se interpretan fragmentos de tres clásicos: God Save the King, Baa, Baa Black Sheep, e In the Mood. La restauración no fue fácil, según cuentan los investigadores, ya que “las frecuencias en la grabación no son precisas. La grabación da al menos una tosca impresión de cómo sonaba este ordenador”. Bajo una combinación de procesos de detección electrónica, manipulación de velocidad de reproducción, extracción de ruido y compensación del efecto wobble, lograron aproximarse a la grabación original.

Es hermoso poder escuchar este tipo de archivos, no solo porque representan momentos importantes de la tecnología musical, o porque obviamente le añadan un elemento más a la genialidad de Turing (quien realmente no estaba interesado en la música per se, sino en el mágico mundo de las computadoras o en general, en la invención, como le ha pasado a tantos otros genios), sino por mostrar como desde los comienzos mismos de la computación, la música aparece así como lo hace con la aparición de la vida misma, de una forma natural dentro de lo que parecería tan artificial, pero que sería nada menos que el comienzo de una de las revoluciones musicales más importantes de nuestros tiempos.

Y es que si antes apenas eran unas cuantas notas y si ahora los procesadores permiten una pluralidad de procesos exacerbada, es irrelevante a la hora de conocer la raíz de todo: la inteligencia misma que, a la par de la naturaleza, teje desde lo llamado artificial, nuevos caminos de lo orgánico mismo, que también traza una inevitable pregunta: ¿Nos hemos percatado de estar soportados por décadas de intensos intercambios de arte y ciencia? ¿Qué lograremos hacer con todo esto?

Miguel Isaza
EL AUTOR

Miguel se define como un oyente e investigador que relaciona la filosofía, el arte, el diseño y la tecnología del sonido. Vive en Medellín (Colombia) y es el fundador de varios proyectos relacionados con el diseño sonoro, como Infinite Grain, ÉTER, Designing Sound y Sonic Terrain.

¿Te gustó este artículo?
9
Comentarios