Sonido e imagen

Diseño silente y silencio diseñado

Chaplin en "City Lights"

A menudo cuando nos aproximamos al diseño sonoro, no es inmediato percatarse de lo importante que es el asunto del silencio, que como comentábamos hace poco al respecto del diseño sonoro del espacio, puede cobrar un valor de vital importancia a la hora de crear una narrativa que disponga lo sonoro en cuanto tal.

Es decir, lo silente entra a valorarse como un elemento importante a la hora de diseñar lo sonoro. Sin embargo, como entraremos a explorar en el presente texto, cuando se trata de diseñar sonido en pro de una historia, el silencio es posible entenderlo en una doble vía: por un lado lo encontramos como el fundamento de la escucha, por el otro es un sonido con gran potencial narrativo, conceptual, emocional, etc, por tanto puede, en cierta medida, ser diseñado. Veamos.

Diseñador mudo

La noción fundamental del silencio cuando se habla de diseño sonoro, no es propiamente la del silencio que se integra en las películas sino aquel que el diseñador realiza en su quehacer. De entrada es factible creer que el diseñador de sonido se preocupa por el sonido meramente, y sí que es cierto esto, pero lo interesante es que para poder atender tanto a la llegada del sonido y como a la culminación del diseño, necesita silenciarse, necesita entender el silencio como actividad.

Este silencio que es propio de la actitud del diseñador puede por ello entenderse en dos etapas, la primera en relación a su práctica de escucha y la segunda con respecto a la anulación de su rol en la película. Vamos a la primera, la escucha:

Bien dice la filósofa Salomé Voegelin cuando reflexiona sobre el silencio y lo sitúa como algo completamente diferente a la ausencia de sonido, ubicándolo como "el comienzo de la escucha", la base misma del proceso de atender al sonido. Y así se entiende incluso desde tiempos ancestrales: el silencio es un acto de abrirse al sonido, como diría John Cage: "un estado mental".

De hecho antes del montaje y la construcción o síntesis de sonido en medios electrónicos, la actividad primera que debe desarrollar un diseñador de sonido es quizás el silencio, que como tal es vital para cualquier persona, de hecho; aquel silencio que lleva a la persona a un encuentro íntimo con el sonido y donde puede desde la escucha misma, puede ya diseñar

En el mero acto de oír yace la poética del sonido, su posibilidad de ser una multiplicidad de cosas. De hecho los grandes diseñadores sonoros son ante todo buenos oyentes, capaces de silenciarse para encontrar el sonido, asumirlo en todas sus formas.

Esto es muy importante porque a la hora de elegir elementos de la librería, saber qué tipo de sonidos grabar y procesar, es necesario estar en silencio, saber escuchar, estar atento y concentrado en el fenómeno mismo de la escucha

Diseñador ausente

De ahí se desprende la actividad de la grabación de campo, la cual implica una apertura a la exploración de lo sonoro y refleja la ausencia del diseñador. Aunque está presente a la hora de grabar, su realidad como oyente es de pura ausencia en tanto busca grabar los sonidos en sí; y aunque manipule objetos para capturar nuevos sonidos, el oyente nunca aparece, quien graba no está allí, al menos cuando se busca material para diseñar sonidos.

Els decir, el diseñador puede modificar la realidad táctil y visual para lograr nuevos sonidos, sin embargo la escucha siempre suena a silencio, el oído no canta porque es donde sucede todo canto. Así, la grabación de campo imprime de por sí una anulación del diseñador, la cual seguirá reflejada en todo aquello que edite, monte, procese, mezcle, etc. Porque el diseño sonoro no se trata de diseñadores sonoros, se trata de realidades sonoras; todo apunta a la obra, no al artista, por más que este sea el filtro principal.

"No existe tal cosa como la banda sonora" dirá sabiamente Michel Chion, lo cual debe entenderse como un juego de palabras que no está pretendiendo anular el rol del diseñador ni su arte propiamente dicho. Al contrario, la frase de Chion nos conduce más bien a un entendimiento de la integración de la obra como tal, el hecho mismo del cine: no estamos viendo una película, sino que estamos en la película, inmersos en la historia, donde acontece el sonido de forma natural.

Dentro del contexto de la película el sonido no es diseñado, no existe como una entidad separada de la obra en sus otros aspectos (visual, emocional, narrativo, y un largo etcétera) sino como una realidad en sí misma. Los actores y la historia misma no tiene soundtrack, no tiene nada artificial, porque esa es su realidad.

Esto se relaciona con el silencio del diseñador en tanto su rol debe ser completamente sutil y ausente. No solo en cuanto a los cortes de edición, los niveles y la correcta fluidez del sonido, sino en la capacidad misma que se tenga a la hora de integrar lo sonoro a la fidelidad de la historia en cuanto tal. Si en algún momento el sonido no es fiel a la película, allí aparece el soundtrack, allí aparece el diseñador, aparece el ruido, se pierde su silencio. Y eso distorsiona la película en tanto extrae al espectador de su inmersión.

El diseñador es pues, un personaje silente. Por eso aparece al final de los créditos, por eso no mucha gente sabe realmente a qué se dedican los artistas de foley o un supervising sound editor e incluso un diseñador de sonido, porque están invisibles, no existen, no se presentan realmente en la película, igual a como no existe el director ni los actores son actores. En gran medida, la película no es una película, es una historia en su propio mundo, un universo temporal, un lapso de realidad donde nada debe sentirse artificial, puesto, montado; lo cual es quizás el mayor reto de un diseñador sonoro: dar vida.

Diseñar silencio

"Idealmente, para mi, el sonido perfecto tiene cero pistas. Tratas, de alguna forma, de llevar a la audiencia a un punto donde puedan imaginar el sonido. Oyen el sonido de sus mentes, y eso realmente no está en la pista después de todo. Ese es el sonido ideal, aquel que existe totalmente en la mente, porque es el más íntimo. Lidia con la experiencia de cada persona, y es obviamente de la más alta fidelidad imaginable, porque no está siendo traducido por ninguna clase de medio” – Walter Murch

En el cine el silencio se diseña, el silencio imprime, narra, contiene, anula, cuestiona, abre la imaginación. El silencio es el más bello sonido, quizás el más poético de todos. Y muy lejos de ser la mera ausencia de vibraciones, los silencios, como en la música tradicional, manifiestan un sin fin de posibilidades sonoras: crean ritmo, espacio; permiten respirar, generar emociones o conducir al oyente a un estado inigualable de recogimiento con la escucha.

Antes de pintar con sonidos la historia, el diseñador sonoro ya está diciendo en el silencio de la pista, el cual no constituye propiamente un mero lienzo donde se agregan sonidos. No, el silencio del cine es tan elocuente como la pista sonora, más aún si tenemos en cuenta que el cine, por naturaleza, es silente y antes de agregar efectos sonoros, diálogos u obras musicales, las películas ya vivían en silencio. Y aún tras agregarles sonidos, el silencio sigue y seguirá teniendo un espacio privilegiado.

A la hora de diseñar sonido, el silencio se vuelve un elemento clave, porque permite expresar contundentes elementos de la narrativa y la emoción. Espacios silentes, gritos silentes, realidades donde se expande la perspectiva de la audiencia, donde los efectos sonoros son también efectos silentes, capaces de dar lugar a la expectativa, a la tensión, a la búsqueda interna de la sonoridad.

De hecho, el arte del diseño sonoro es, además de agregar sonidos, un arte de eliminarlos, de dejarle espacio a la dinámica y, como diría Tarkovsky, "esculpir en el tiempo", extender la realidad entre los espacios de la obra. Sin embargo, igual a lo que hablábamos al respecto del silencio interestelar, es delicado asumir los extremos de presencia y ausencia de sonido en el diseño sonoro, porque, como cualquier otro sonido, el silencio necesita su momento, necesita saberse expresar en términos de la poética y la estética general de la obra.

Como alerta Chion, eso de "grado cero en el soundtrack que representa el silencio, no es ciertamente tan simple de alcanzar, aún a nivel técnico". Y lo delicado de esto es quizás que el espectador precisamente se percate de la existencia del sonido montado, diseñado, de lo artificial de la película; puede "tener la impresión de un corte técnico". Esto nos lleva a pensar que es el silencio el sonido más bello por diseñar, el espacio mismo donde sucede la imaginación sonora y que debe ser aún más preciso que la articulación de efectos sonoros, música o diálogos.

El silencio genera expansión, contraste. No es lo mismo una explosión entre muchas explosiones, que una explosión en el silencio. No es lo mismo un grito silente a uno lleno de ruido. El silencio, aún tan sutil y a ratos esquivo, se convierte en un potente elemento narrativo más allá de lo diegético y no diegético, más allá de la película misma.

El silencio es un estado natural de las cosas, que al reflejarse en la narrativa del cine, cobra no solo un valor fundamental en beneficio de la película, sino que permite, desde el cine mismo, apuntar al silencio propio de la vida, logrando una relación bidireccional entre la realidad de la audiencia y la de la obra, entre lo que se escucha en la película y lo que la película misma escucha de nuestra imaginación, como bellamente lo dijo Chion:

“El silencio, el cual reina alrededor de palabras y sonidos aislados, imparte una particular nueva intensidad a ciertas escenas. Aparece, por otra parte, en algunas de las tempranas películas en Dolby y aún antes en las películas con soundtrack en cinta magnética. Sin embargo, el cinema Dolby introduce un nuevo elemento expresivo: el silencio de los parlantes, acompañado con su reflexión, el silencio atento de la audiencia. Y el silencio nos hace sentir expuestos, como si estuviera poniendo al descubierto nuestra propia escucha, pero también como si estuviéramos en presencia de un oído gigante, en sintonía con nuestros ruidos más leves. Estamos ya no sólo escuchando a la película, estamos ya como siendo escuchados por ella."

Miguel Isaza
EL AUTOR

Miguel se define como un oyente e investigador que relaciona la filosofía, el arte, el diseño y la tecnología del sonido. Vive en Medellín (Colombia) y es el fundador de varios proyectos relacionados con el diseño sonoro, como Infinite Grain, ÉTER, Designing Sound y Sonic Terrain.

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Comentarios
  • #1 por JLC el 07/08/2015
    muy interesante a todo lo que nos aproximas. muy interesante
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  • #2 por FJ el 08/08/2015
    También resulta muy interesante los sonidos fuera de campo como lo empleaba Robert Bresson en un condenado a muerte se ha escapado, creo recordar. Tarkovski, Bergman, Bela Tarr, todos ellos dosificaban a la perfección. En música siempre me sorprendió Slint con washer en su disco Spiderland. A veces el silencio sugiere más que la propia música. Gracias por el artículo, estupendo. Y nunca olvidar ese maravilloso título: the sounds of the silence. Saludossss.
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  • #3 por Malú Olego el 09/08/2015
    Gracias por el artículo y los vídeos, muy instructivos.
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  • #4 por microchyps el 10/08/2015
    :amor: Gracias
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  • #5 por Mister Carrington el 10/08/2015
    Una preciosidad de artículo con gran reflexión de fondo para los que amamos el mundo sonoro.

    Tuve la suerte de conocer a Walter Murch en 1986, en la Habana...
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  • #6 por JaviMittens el 11/08/2015
    Si comparamos el buen cine de hace décadas con el actual en cuanto a silencio y en cuanto a minutos de música... para tirarse de los pelos. Cada vez valoro más las películas actuales con poca música. Si no necesitan música suele ser porque la acción dramática se sostiene por sí misma y no necesita música que entretenga al espectador.

    Hace poco leí que las series necesitan más música para entretener, para que el espectador no cambie de canal. Y decían que en el cine eso no es necesario, ya que el público no va a cambiar de canal. Sin embargo, a los directores (y productores) de cine se les ha pegado la sobredosis sonora de las series.

    ¡Viva el silencio (y John Cage, de paso, que junto a muchos otros nos indujo a la reflexión)!
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