Sonido en vivo

La necesaria complicidad del músico

Concierto de Marky Ramone
Concierto de Marky Ramone

Este verano he conseguido algo que pocas veces me ha pasado: un músico, un guitarrista, me ha pedido invertir el tiempo que sea necesario para conseguir, entre ambos, que el sonido de su guitarra eléctrica fuese exactamente el que yo quisiera, no el que él cree que debe ser. En realidad nos costó mucho llegar a este punto, ya que al principio era él quien determinaba los ajustes de su amplificador (normalmente un JCM800) y esperaba que yo simplemente hiciera de “puente acústico” en la mezcla. Por eso en mi caso utilizaba dos fuentes distintas para él: un micrófono de condensador (el SCX25A de Audix) y una Radial JDX insertada entre la unidad de amplificación del Marshall y los altavoces correspondientes. La Radial era mi salvación, en cuanto conseguía un sonido más “limpio” (aunque con su correspondiente distorsión añadida o propia del JCM) pero todavía me dejaba margen para ‘modificar’ el sonido resultante en pro del espectáculo, ya sea mediante complicadas ecualizaciones o, directamente, insertando el pluguin SansAmp.

Como técnico de sonido en gira ,gran parte de mi responsbilidad es que el conjunto, el grupo, suene como el cliente (en mi caso, uno de los componentes) quiere que suene, además con referentes bien conocidos. Se supone que confía en mi para este reto y deja a mi libre albedrío el uso de las técnicas necesarias para conseguirlo: qué microfonía, en qué disposición, el uso o no de procesadores de dinámica, efectos, etc. En este momento me convierto en una especie de productor, ya que no simplemente mezclo lo que me llega, sino que lo transformo desde su origen, pero justo a partir de la fuente, no en la propia fuente. De hecho, el cliente, que es el batería, sí es consciente que los ajustes que él realiza en su instrumento afectan directamente la mezcla final, por lo que es habitual que pida mi opinión cuando tensa la caja o afina los toms. El realidad hace lo que él quiere, pero a veces escucha y actúa en función de lo que le comento. Al otro lado, por ejemplo, tenemos el bajista, que ha conseguido justo lo contrario: de tanto ir tocando los ajustes de su amplificador durante la actuación, motivado por la necesidad de sentirse sólo él cómodo en el escenario, he terminado colocándole una DI entre el bajo y el ampli para conseguir que el sonido sea lo más uniforme posible, aunque para ello he tenido que rechazar el sonido que me podría dar, por ejemplo, un ampli Orange o Ampeg. Pero volvamos al guitarra…

Los primeros días de gira, nuestro guitarrista buscaba el sonido que a él le gusta, ajeno a las necesidades de la propia banda. Eso me llevó a extremar la respuesta en altas frecuencias y, también, intentar rehacer las bajas medias para conseguir cierta contundencia. Acostumbrado a que los músicos hacen lo que quieren con pocas excepciones, me sorprendió cuando tras escuchar un par de conciertos (suelo grabarlos para pulir detalles a posteriori), se le quedó la mosca en la nariz… y empezó a pedirme opinión durante las pruebas de sonido. Normalmente siempre ocurría lo mismo: en pocos minutos conseguía un sonido bueno (bajo mi parecer), pero al querer mejorarlo todavía más terminaba por obtener un sonido ya no tan cercano, con ciertos defectos. Por eso mantenía la misma estructura de micrófono y caja de inyección. Hasta que sucedió algo…

Amplificadores de guitarra Orange

Fue en el Low Cost Festival en Benidorm, tras tocar el día anterior en Galicia y pasarnos la noche viajando, que pasó algo como mínimo curioso. Las pruebas fueron por la mañana y de empalme, y nos dimos cuenta que el guitarrista tardaba muchísimo en conseguir tan siquiera el sonido mínimo deseado. Era raro, porque además contábamos con amplificadores Orange, tope de gama, para la ocasión. No podía ser. Yo no estaba convencido del resultado, pero contaba con la seguridad del SansAmp insertado y de un resultado más que decente… Terminamos las pruebas convencidos que estábamos más cansados que definidos. Entonces, durante el cambio de banda a media noche me di cuenta del problema: habían intercambiado los cabezales de bajo y ampli (no así las pantallas) y nadie se dio cuenta: el guitarrista había trabajado con un cabezal de bajo pero con sus cajas correspondientes y el bajista al revés, con un cabezal de guitarra pero cajas de bajo, las famosas neveras. Pedí inmediatamente al técnico de backline que cambiara los cabezales (¡sólo faltaría!) y a apenas 10 minutos de empezar avisé, sobretodo, al guitarrista (el bajista tanto me daba: sacaba su señal por DI). Sobresaltado, sólo tuvo tiempo de reirse en plan “tierra-trágame” y conectar la guitarra al cabezal correcto para ajustarlo en apenas 1 minuto… luego exclamó: ¡joder!

La gira siguió, durante unos días, con amplis Marshall, y seguimos con el mismo procedimiento. Pero cada vez el guitarra tardaba menos en probar y ajustar su ampli. Dejó de maldecir la noche del Low Fest para afirmar, ya sí totalmente convencido, que el ampli Orange era de lo mejor que había tenido entre sus manos. Tras escuchar la mezcla del Low un par de veces, deseaba con gratitud volverse a encontrar con el Orange para conseguir, ahora sí, el sonido que ambos buscábamos. Insisto: ambos. El resultado es que estos últimos conciertos he aparcado la Radial a favor de un Audix i5 que entra en comunión perfecta con el SCX25A. El guitarrista sigue preguntándome cada vez si tenemos por fin el sonido deseado y la respuesta cada vez llega antes. Él a veces se queja de que quizá está demasiado agudo, pero es consciente que es lo que yo necesito, que es lo que hace sonar todavía mejor la banda… Ahora desplaza ligeramente los cabezales para que los agudos no le enfoquen directamente a su testa.

Este es el tipo de comunicación normal que debería existir entre músicos y sus técnicos en gira en una producción. Ambos deben respetar el objetivo y trabajar al unísono con ese concepto en mente. La larga trayectoria musical del guitarrista le sirvió para entender que quizá era necesario “modificar” sus sonidos en pro del conjunto, dejar de lado su egocentrismo (si es que lo tenía) para que su guitarra encajara perfectamente en la mezcla final, más en un caso concreto donde la batería necesita un cierto empuje. Al otro lado está el bajista, quien ha conseguido dejar en mis manos toda la construcción de su sonido en mis manos, pero no por un tema de confianza, sino justo lo contrario: cuando podríamos estar sacando lo máximo utilizando amplificadores de calidad como los Ampeg Classic o los Orange top de serie, debo recurrir a otras artimañas para poder encajar su instrumento en una producción, por otra parte, tremendamente sencilla. Comunicación.

R. Sendra
EL AUTOR

Con más de 20 años de experiencia en los escenarios, es técnico de sonido especializado en FOH. Trabaja para bandas nacionales e internacionales como técnico de mesa, y es productor técnico para diferentes festivales y grandes eventos. Kinosonik es su estudio de sonido basado en plataforma digital. Le gusta compartir y le encanta aprender.

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11
Comentarios
  • #1 por Mister Carrington hace 3 semanas
    Aplaudo este artículo, que algunos a no mucho tardar, tacharán de 'batallita'. Me parece un ejemplo claro y de hoy; no de hace 30 años como podrían ser los míos.

    En fin, completamente de acuerdo con toda la narración. Gracias por compartirla y espero que tenga efectos en todos los eslabones de la cadena de la música que andamos por aquí.
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  • #2 por Soundscapes hace 3 semanas
    Gracias por compartir la experiencia.
  • #3 por carmanyol hace 3 semanas
    Buenas Ramon, muy buen articulo, una pregunta cuando utilizas el micro y la Radial, enfasas la senyal? Y si es asi como lo haces?

    Gracias
  • #4 por R. Sendra hace 3 semanas
    ¡Gracias Carmanyol!

    Claro que tengo que ajustarlas en tiempo. Como que voy con una S3, utilizo el pluguin time adjuster. Utilizo el oído y la vista para conseguirlo: cuando suenan más fuerte, es que voy bien. También puedo 'calcularlo' mediante la visual que me dan las señales en el ProTools.
  • #5 por Julius@Wikter hace 3 semanas
    Más que batallita, documento escrito. Cada uno se lo tome como quiera, pero buena referencia es.
  • #6 por Relic hace 3 semanas
    Estos "guitarras de las cuerdas gordas"... siempre dando guerra y a su bola... :desdentado:

    :mrgreen: :mrgreen: :mrgreen:
  • #7 por fontaneda hace 3 semanas
    La verdad es que si dices que enchufó la guitarra en el ampli del bajo y el del bajo en el ampli de la guitarra pues...
  • #8 por carmanyol hace 3 semanas
    #4 Gràcies Ramon
  • #9 por contrabajo hace 3 semanas
    #6 Un respeto... :D

    En serio ahora, muy interesante. Debe ser complicado encontrarse con músicos con la humildad y el sentido común necesarios para preguntar "¿qué tal suena?" a la persona adecuada, el técnico de sonido.
  • #10 por Optimuff Prime hace 2 semanas
    Bueno, por mi parte, una de cal y otra de arena.
    Que no esté de acuerdo en algunas cosas no quiere decir que no me haya gustado el artículo. Ni tampoco que discrepe en todas las cosas (ni mucho menos).
    Así que en primer lugar empezaré dando las gracias por un artículo muy interesante y con el cual he aprendido cosas y he leído un punto de vista interesante además de muy acertado.

    Pero también tengo que aportar un matiz y pedir una explicación.
    Empiezo por la petición de explicacion:
    -¿Qué coño pasa con nosotros los bajistas? :mrgreen:
    Ja, ja! Es coña. Sabemos muy bien que adolecemos de sentido común.
    Ya me lo dijo mi abuela:
    -Déjate de músicas y dedícate a la ingeniería, que es como se gana dinero.
    xDDD
    Y bueno, en una cosa sí tenía razón; El bajo no da demasiados cuertos, es cierto... No todos podemos ser el Flea, el Sting o el Wooten.

    Ahora en serio:
    El otro día estaba comentando con el guitarrista de mi grupo la importancia y la magia de un buen instrumento.
    Vale que un buen instrumento se deja tocar fácil.
    También es verdad que suenan muy bien.
    Pero esto no es lo verdaderamente importante en un instrumento.
    Lo importante de verdad son las sensaciones que te produzca al tocarlo.

    Mi mejor instrumento cuesta varios miles de euros. Está absolutamente hecho a mano, tiene un tacto que mejora a la mantequilla, un sustain infinito, una estabilidad de otro planeta (no he tenido que ajustarlo en los 10 años que lleva conmigo) y tiene un sonido brutal.
    Sin embargo, mi jazz bass de 1978 es bastante más duro de tocar (aunque tampoco está nada mal, no os penseis. simplemente lo comparo con un bajo que es de otro planeta). Tiene bastante menos sustain. Tengo que ajustarlo 2 veces al año (una en verano, y otra en invierno), y su sonido, aunque más dulce y versátil que el del roscoe guitars, no tiene la garra, la potencia y la definición que la de su competidor.

    ¿Pero sabeis qué?
    Desde que conseguí ese jazz bass del 78, el roscoe (y casi todos mis bajos) han terminado en la funda y solo los saco de vez en cuando.
    Porque no será mi mejor bajo, pero es el que más me hace disfrutar. El que más sensaciones me transmite.
    El que mejor me suena.
    El que me produce erecciones cuando lo enchufo a mi equipo y lo pongo a sonar a toda caña...
    Y eso no hay nada que lo supere: El estar a gusto con algo.

    Estoy casi seguro de que casi nadie que escuche en un ensayo una canción tocada con mi JB'78 y otra tocada con otro jazz bass notará ninguna diferencia en cuanto a timbre y sonido, porque es algo que desde fuera resulta muy sutil.
    Y si la nota es porque es bajista y porque pondrá muchísima atención.
    Pero la importancia de todo esto radica en que a mí sí me transmite muchísima diferencia tocar uno u otro bajo.

    Y esas sensaciones diferentes hacen que yo toque diferente.

    ¿A donde quería llegar con todo esto?
    A que esos pequeños matices que notamos los músicos cuando tocamos pueden serlo todo.
    Si estoy tocando incómodo, aunque mi instrumento suene a gloria bendita y esté acualizado y comprimido por George Martin, Brian Wilson, Bob Katz y Phil Spector, yo tocaré incómodo y por tanto tocaré flojo.

    Me parece clave en una actuación que el músico se sienta lo más cómodo posible para que pueda sacar todo eso que lleva dantro.

    Es el viejo tema sonido Vs comunicación.

    Cuando la gente va a un espectáculo en directo, lo realmente importante (a ver si nos enteramos de una vez) es que transmita lo más posible al público.
    Porque si se trata de sonido, lo mejor es quedarnos en casa y pinchar el CD.

    La gente va a un concierto a recibir energía. Y esa energía emana de la actitud de lso músicos, que son artistas, no técnicos.

    Ojo, no estoy diciendo que el sonido no sea importante, porque claro que lo es.
    Pero no es lo más importante: Primero está que el artista pueda sentirse cómodo para desplegar toda la energía que pueda.

    Cuantos conciertos increíbles habré visto donde el sonido era bastante mejorable... (ojo, no digo malo!)
    Y cuantos conciertos mediocres he visto en los cuales el sonido era una verdadera bestialidad de bueno.

    Sin ir más lejos, cuando fuí a ver a los Muse, aluciné: Un sonido increíble y un concierto de merda: Cero energía.
    Y sin embargo, Jonsi, que ere "grupo de relleno", me dejó alucinado.
    Sonar, sonaba peor.
    Pero se nos metió a casi todos en el bolsillo.

    Por tanto me parece que si un músico necesita "toquetear" el ampli durante el concierto porque tal y como está ajustado lo hace sentirse incómodo para tocar determinada canción, será importante que lo haga.
    ¿Sería mejor que se comprase varios amplis para poder poner diferentes ecualizaciones y no tener que tocar nada durante la actuación?
    Pues sí, claro que sí.
    En lo posible, es deseable que el sonido varíe lo menos posible durante un concierto: Además de facilitarle la labor al técnico, el sonido será más controlable y empastará mejor en cada canción.
    Pero si no hay otra manera, me parece que es la opción menos mala.
    (Recalco que "solo si no hay otra manera").
    Personalmente soy de no toquetear NADA una vez que me ecualizo y empiezo a tocar: Intento ecualizarme con los dedos y con los potes del instrumento y nunca toco el ampli.
    Pero si hay gente que necesita hacerlo no veo que tenga que ser algo malo: Será labor del técnico intentar encontrar una solución (como utilizar una DI como bien indica Sendra).

    Perdonad el ladrillo, pero entre que estoy un poco ciego de THC (que no acostumbro a consumir) y que es un tema recurrente que hablamos en el grupo de amigos/técnicos/músicos, no he podido contenerme.

    Gracias a Sendra otra vez por este artículo y por tantos otros que redacta: Lo sigo con interés y aprendo muchísimas cosas de él.
    Léase mi intervención un poco como un matiz y otro poco como un desvaríe de un maldito drogadicto. :mrgreen:
    Disculpas a tod@s. :birras:
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  • #11 por Relic hace 2 semanas
    Tenemos que haber gente pá tó... Si no sería muy aburrido. :-P

    Yo prefiero que suene que te cagas. De hecho si no me gusta como suena, me marcho haya pagado lo que sea.
    Prefiero mil veces haber visto a Pink Floyd o a YES sonando que te rilas, aunque sean unos marmolillos o cosas así que al Flea & Company (por decir alguno al azar) pegando saltos por el escenario, por mucho que transmita, que le vamos a hacer.

    Creo que pocas veces he oido sonar algo mejor que Yes con el enorme Tony Levin en Zaragoza y eso que era en un pabellón.
    El volumen en la primera mitad del concert era ridículamente bajo. Si hablabas, molestabas a la gente.

    Sobre el tema: el problema quizá de tener complicidad con el músico es que cada músico quiere su "parcela de complicidad" y si se da el caso de un grupo u orquesta grande, de estos de 16 miembros y miembras, no se acaba nunca.
    "A ese le has dedicado más rato a probar" "¿Porqué el guitarra lleva 4 canales y yo solo uno?"... :desdentado:
  • #12 por Optimuff Prime hace 2 semanas
    A ver, una cosa: Pink Floyd es uno de mis grupos favoritos.
    Claro que en un concierto de Pink Floyd valoraría mucho más el sonido que en otro tipo de conciertos.


    Pero sacando Pink Floyd (que ya es imposible) y Radiohead, creo que nunca en mi vida volveré a un macroconcierto.
    Mi terreno son los conciertos pequeños, donde el guitarrista se sacude el sudor de la cabeza y te puede caer una gota encima.
    Porque es donde suele haber más energía.

    Ah, y dar saltos no es sinónimo de que el músico esté haciendo el tonto o tocando mal, no hay que prejuzgar.
    En "Atoms for Peace" (junto a Thom Yorke), Flea salta y al mísmo tiempo hay una calidad de sonido y una energía increíbles.
    Una cosa no quita siempre la otra...