DJ

Silenciando el vinilo, o cómo la industria del equipamiento DJ ha tratado de reemplazarlo

Introducción: un control que todos quieren

El vinilo ha sido el formato con el que los primeros discjockeys comenzaron a trabajar y con el que hoy en día muchos profesionales siguen defendiendo su labor frente a una pista de baile. Técnicamente tiene un factor clave que genera mucho enganche entre sus amantes más acérrimos, y es nada menos que el hecho de poder realizar una manipulación directa del soporte que produce una respuesta instantánea en la reproducción sonora, o dicho de otra forma, el poder tocar con las manos la grabación musical y hacer que avance más o menos rápido, retroceda, salte a cualquier punto, pararla, darle de nuevo inicio, etc. De la manipulación directa del soporte surgieron a través de los años todas las técnicas que han empleado los discjockeys para pinchar, tanto las técnicas de beatmatching en las sesiones de club, como las complejas acrobacias del turntablism. Podríamos hablar de otros factores del vinilo que generan un fuerte enganche entre sus fanáticos, como su sonido –tanto sus bondades como sus limitaciones– o su factor estético, pero entraríamos en campos más subjetivos y menos obvios como es el de la manipulación directa que el DJ hace sobre el soporte físico que más que contener la canción, la lleva literalmente esculpida.

En las dos últimas décadas el vinilo ha sido desplazado en gran medida de las cabinas de los DJs, y a pesar del repunte que está teniendo en estos últimos años gracias a un interés entre el público doméstico por el formato, la realidad es que en el sector profesional el vinilo ha sido sustituido por formatos digitales pasando a ser algo de uso minoritario hasta tal punto que muchos DJs actuales jamás han usado vinilo ni tampoco tienen interés alguno en hacerlo. Sin embargo, la industria del equipamiento siempre ha sido consciente de que las formas de manipulación del vinilo producen una gran satisfacción entre los DJs, con lo que han tratado de trasladar esas mismas sensaciones de control a los nuevos formatos digitales empleando diferentes ingenios tecnológicos. Unas veces se han centrado en mantener los platos y sustituir el clásico vinilo por elementos que convierten la rotación de la bandeja y la posición de la aguja en vectores y coordenadas digitales, otras veces simplemente han tratado de sustituirlo por completo con nuevos elementos mecánicos, tanto estáticos como motorizados. Los resultados son dispares y cada medio tiene sus fans y sus detractores en función de las necesidades de cada usuario, ¿qué medio “rotatorio” de control es mejor? ¿cuál se aproxima más emulando las sensaciones y los resultados del vinilo? ¿qué ventajas e inconvenientes tiene cada uno? ¿en qué dirección van a evolucionar? En este artículo trataremos de analizar toda la tecnología surgida alrededor de la pretensión de emular el control que ofrece el vinilo… pero sin vinilo.

Pero, ¿por qué engancha tanto el control que proporciona el vinilo?

Antes de comenzar a analizar las tecnologías que imitan el control del vinilo, es importante saber por qué es algo a imitar. No es tarea sencilla descifrar algo que aunque tiene un amplio componente técnico, a fin de cuentas centra su éxito en las sensaciones que transmite, pero como mínimo hay que intentar darle explicación.

La reproducción de vinilo tiene una mecánica bastante lógica para nuestro cerebro, cuando el vinilo gira en sentido de las agujas del reloj la reproducción de la canción avanza, si gira más rápido la reproducción se acelera y lógicamente lo contrario sucede cuando va más despacio. Simultáneamente percibimos de forma visual cómo la aguja se desplaza sobre la espiral del surco haciendo que con la progresión de la reproducción esta se desplace desde cerca del borde hasta acabar próxima a la pegatina central. Para nuestra vista y nuestro oido, el avance de la canción y el movimiento de los elementos del giradiscos se conectan de esta manera tan lógica, y cuando algo es lógico y lo podemos entender en nuestro cerebro de manera simple, se genera una sensación de toma de control que nos gusta y que facilita aún más su asimilación. A esto debemos añadir en el caso de los DJs un tercer sentido, el del tacto, y es que cuando el DJ manipula el vinilo el sentido del tacto se conecta al de la vista y al oído para completar el control: si el DJ presiona con su mano la bandeja giratoria o sujeta el espárrago central del motor, ejerce de “freno” y hace que la reproducción vaya más lenta, si empuja el vinilo y lo hace girar más rápido, la reproducción se acelera, y si hace un scratch, es como si agarrara la canción con su propia mano y con ella condujera su reproducción. Esto es altamente adictivo para nuestro cerebro, permite coger algo tan abstracto como la música y controlarlo como si de algo físico se tratara; la sensación de control que produce la conexión entre nuestros sentidos para manipular eso que para otros muchas veces pasa como algo abstracto e intangible, nos resulta altamente satisfactoria. Y por eso mismo, muchos fabricantes siguen desarrollando métodos de control basados en elementos circulares que controlan la música, y en parte también por eso mismo también los fabricantes que han probado a desarrollar métodos alternativos, en muchas ocasiones han fracasado.

Los jogwheels: reemplazando por otro ingenio que gira

Aunque a muchos les parecerá una barbaridad, el jogwheel es uno de los primeros intentos por sustituir el control del vinilo. A fin de cuentas es un elemento redondo que gira sobre un eje central, y que al hacerlo rotar en sentido horario o anti horario, produce el mismo efecto sobre la reproducción musical que girar un vinilo.

Los primeros jogwheels incorporados en reproductores digitales profesionales eran pequeños y sólo valían para acelerar o frenar la canción. Posteriormente se les añadió la posibilidad de usarlos para, con la reproducción detenida, avanzar o retroceder de forma algo tosca el punto de reproducción a partir del cual se lanzaría la reproducción.

Fue Pioneer en 1996 con la llegada del primer CDJ-1000  la primera empresa que trata de desarrollar un jogwheel con “valor añadido”, introduciendo funciones que trataban de replicar de mayor o menor manera el feeling del control que ofrece un vinilo, buscando entre otras cosas complementar la conexión sensorial que tiene el vinilo. Y el ingenio que desarrolló dio tan buen resultado que actualmente sigue construyendo reproductores con jogwheels prácticamente idénticos a los que incorporó a aquel reproductor profesional. Veamos lo que introdujo:

  • División del jogwheel en dos partes: la parte superior y el borde lateral funcionan de manera independiente si se activa el “modo vinilo” en el reproductor. Girarlo tocando sólo el borde equivale a frenar o empujar la bandeja de un plato. Tocar la parte superior produce el mismo efecto que manipular un disco de vinilo.
  • Indicador visual central: introduciendo una pantalla con un gráfico giratorio cuya velocidad de giro cambia con la velocidad de reproducción de la canción, se produce una mayor conexión entre lo visual, lo sonoro y lo táctil. Si no lo crees, prueba a escratchear con un jogwheel con este indicador y con uno sin él, y verás que tu sensación de control no tiene nada que ver.
  • Ajuste de tensión: se puede ajustar cuanta resistencia ofrece el jog al giro, para que el DJ lo acomode a sus movimientos.
  • Ajuste de respuesta al soltarlo: mediante un control se puede regular el tiempo que tarda en volver a arrancar la reproducción y ponerse a la velocidad correcta una vez se suelta el jogwheel o se pulsa play. De esta forma se simula el comportamiento del motor de un plato giradiscos, y se logra una mayor cercanía a las sensaciones que transmite.
  • En los últimos modelos de controladores y reproductores se han añadido más indicadores luminosos en el aro exterior, y concretamente en el DDJ-1000 la pantalla interior se ha sustituido por una nueva a todo color con gráficos detallados.

Quienes han probado el jogwheel de un reproductor o un controlador Pioneer de gama alta saben las buenas sensaciones de control que transmiten y la respuesta tan precisa que tienen. Se genera además una conexión sensorial de control buena, esto se debe especialmente a la pantalla central con el gráfico rotatorio pero… en realidad está lejos de las sensaciones de un vinilo. Podría decirse que Pioneer logró realizar un ingenio mecánico  con este tipo de jogwheels que aunque logra una conexión sensorial que en ciertos aspectos es tan atrayente como la del vinilo, en realidad tiene su propia personalidad. Por otra parte hay sensaciones fisicas de la reproducción del vinilo que aquí no están presentes dado que este ingenio mecánico está estático, no se tiene esa sensación de que el plato te arranca el vinilo de la mano cuando vas reduciendo la presión sobre el plástico, tampoco es para nada lo mismo frenar el borde de un plato notando la fuerza de giro que mover un jogwheel hacia atrás por preciso que sea este. También es cierto que es una pieza del reproductor que es francamente delicada, son conocidas las averías en los muelles que hay bajo la pieza superior y los problemas dan los rodamientos de plástico internos que se salen del sitio o se rompen si no se transportan con cuidado. Pero a pesar de todo es un ingenio con personalidad propia y con el que se pueden lograr resultados similares a los del vinilo, practicando un poco se puede con uno de estos jogs realizar los mismos scratches y trucos de turntablism que con unos platos. Eso no es moco de pavo.

¿Ha habido intentos de otras marcas por lograr un jogwheel con personalidad propia? En los últimos tiempos Denon ha tratado de incorporar un jog con pantalla central en sus reproductores, y aunque sus resultados no se pueden calificar de malos, quedan un poco por detrás al emplear un sistema capacitivo –táctil– en lugar de uno mecánico para detectar la mano del DJ sobre la parte superior. Otros fabricantes han tratado también de hacer jogwheels para controladores con pantallas centrales y mucha precisión, pero suelen tener casi siempre dos problemas:

  • La mayoría tienen demasiada inercia al soltarlos, y hasta que no se para por completo el jog no se reanuda la reproducción, y esos milisegundos extra fastidian bastante si pretendes hacer un mísero scratch.
  • La mayoría también emplean un sistema capacitivo con cierta latencia, especialmente al soltar el jog, que añade nuevamente milisegundos extra que son realmente molestos al hacer ciertas técnicas de manipulación turntablística.

El jogwheel motorizado: cambiar un motor por otro

Para tratar de solventar algunas de las carencias que supone un jogwheel estático, durante años muchos fabricantes han tratado de recrear el movimiento de un vinilo para tratar de replicar con mayor eficacia las sensaciones del formato original. Y aquí los resultados han sido muy muy dispares.

Podría decirse que el primer intento serio vino por parte de Technics. Los creadores del plato más  utilizado jamás para pinchar, el SL-1200MK2 –y lo que le queda hasta que algún día sea superado– se atrevieron a intentarlo creando un reproductor de CDs que replicaba mucho del diseño de los SL-1200MK2 y de la mecánica interna, empleando una bandeja giratoria de aluminio sobre la que reposaba un mecanismo de aros de plástico que giraban sobre unos rieles. El diseño era complicado que saliera bien por un capricho estético: ubicar la pantalla y parte de los controles el centro, un capricho plástico –que no funcional– que complicó en demasía el mecanismo que simulaba el deslizamiento de un vinilo, al que le faltaba soltura y era algo complicado realizar manipulaciones de precisión, y también obligó a desplazar hacia el exterior de la cavidad interno el sensor óptico encargado de codificar en señales digitales el movimiento de la bandeja, el cual registraba captando del movimiento de una chapucera tira de delicado plástico pegado en el interior. El diseño hacía que fuera fácil que tanto el sensor como la tira de plástico se llenaran de suciedad que obligaba a un mantenimiento periódico de limpieza interna del dispositivo, de lo contrario comenzaba a reproducir introduciendo saltos: el colmo de los colmos, el dispositivo creado para evitar cosas como el salto de la aguja, resulta que le saltaba el sensor óptico. El aparato tenía en general una electrónica delicada, y el sonido que ofrecía al realizar scratch era pobre y de poca resolución dada la escasa capacidad de los procesadores internos. Aunque el sonido fue mejorada con actualizaciones de firmware, el aparato nunca pudo emitir un sonido realista si se activaba la función de bloqueo de tono. Además la holgura de la pieza superior del mecanismo terminaba de proporcionar una experiencia que aunque emocionante por ser novedosa y provenir de una marca respaldad por ser los creadores de “el clásico”, se quedaba en poco tiempo en un “joder, lo podían haber hecho mejor” que no te terminabas de explicar. Le dedicamos a este aparato un completo reportaje por aquí.

Denon y Numark tomaron el testigo de Technics en la investigación de jogwheels motorizados, y son las dos empresas que han logrado los mayores avances tecnológicos en ese campo. Denon ha lanzado a lo largo de los años varios modelos de reproductores digitales que contaban con un jogwheel motorizado que simulaba la bandeja de un plato, los modelos DNS-3500, DNS-5000, DN-HC550, DNS-3700 y DNS-3900 gozaron de bastante popularidad a pesar de quedar siempre un poco a la sombra de la gama alta de los CDJ de Pioneer –a veces incluso injustamente–. Por su parte Numark sorprendió con los modelos CDX y HDX, reproductores que tenían prácticamente el mismo aspecto y tamaño que sus famosos platos TTX y que de hecho montaban el mismo tipo de motor y que a pesar de algunos bugs, fueron alabados por los turntablistas que habían quedado decepcionados con el reproductor de Technics. También Numark lanzó los controladores V7 y NS-7, que básicamente contaban con jogs del mismo aspecto que los de sus platos pero en un reducido tamaño de 7 pulgadas.

Tanto los dispositivos de Denon como los de Numark emplearon un desarrollo similar, básicamente consistía en colocar sobre la bandeja giratoria un falso vinilo sujeto a una pieza central móvil, al mover el vinilo la pieza central se movía con él y este movimiento es captado por un sensor óptico interno que lo convierte en datos. Actualmente tanto Denon como Numark forman parte del grupo empresarial InMusic Brands y esa tecnología se ha perfeccionado para crear dos productos que actualmente son los buques insignia del grupo, que son el reproductor Denon SC5000M, y el controlador Rane Twelve. ¿No aparece Numark por ninguna parte? No, ya que Rane también forma parte de InMusic y el grupo decidió que fueran Denon y Rane las marcas usadas para los productos de gama alta, dejando actualmente a Numark para la gama media y baja.

Los resultados que ofrecen tanto el SC5000M como el Twelve son espectaculares, las sensaciones son prácticamente las mismas que cuando manejas un plato, puedes sentir la fuerza del motor llevarse el vinilo, hacer girar la bandeja bajo el plástico o percibir su fuerza al frenarla del borde. Ambos sistemas son muy exactos, que es de lo que adolecían los primeros sistemas con bandejas motorizadas; antes era común al hacer beatjuggling que al retroceder el disco para volver al inicio de una frase la posición del "falso vinilo" no coincidiera con el punto de la canción al que querías volver, y actualmente esa clase de problemas se han solucionado. Puedes hacer el bestia todo lo que quieras al manipular el vinilo, como no hay aguja no va a saltar ni se va a romper, y obviamente ya puede haber vibraciones de todo tipo en el entorno que salvo que las esté produciendo terremoto no van a afectar a la reproducción. El sonido que se obtiene es bastante realista también en el caso del SC5000M, y en el caso del Twelve es Serato DJ Pro el que genera el sonido, con lo que la calidad está garantizada. Son dispositivos... ¿perfectos? Bueno, eso es muy discutible. En primer lugar dado que no hay aguja, lo cual es una ventaja, perdemos algo, y es el needledropping -el poder moverte por la canción soltando aquí y allá la aguja-. En el caso del SC5000M puedes moverte a lo largo de la canción tocando una representación de la forma de onda de toda la canción que aparece en la parte inferior de la pantalla táctil, y en el caso del Twelve dispones de una tira táctil que cumple con la misma función de desplazamiento. Son dos sustitutivos aceptables, pero si nos paramos a pensar, estamos sustituyendo a los platos por dispositivos de aproximadamente el mismo tamaño, similar peso... más o menos igual de aparatosos en definitiva, e incluso más caros ya que un SC5000M cuesta como dos platos, y un Twelve lo mismo que un plato -y lo mejor de todo es que es un controlador que sin ordenador no sirve de nada, así que en realidad sale más caro-.

¿Qué estamos ganando realmente con todo esto? Si vamos a lo esencial, estamos ganando comodidad con el formato digital, mejor sonido -lo siento mucho, pero a mi también me gusta mucho el vinilo y reconozco que sin lugar a dudas un archivo digital de alta resolución y sin compresión suena mejor-, menos problemas de reproducción, pero a fin de cuentas estamos pagando el doble del coste habitual de un plato. Un SC5000M cuesta unos 1.300€, y un Twelve cuesta unos 750€. En el primer caso al menos tenemos un reproductor -doble- que funciona de forma autónoma, pero en el caso del Twelve estamos pagando lo mismo o más que un plato -depende de la marca y el modelo- y tenemos a cambio algo que sólo sirve para controlar un software y para absolutamente nada más -y cuando digo un software es literal, sólo funciona con Serato DJ Pro-. Obviamente si eres un DJ creativo con los medios digitales actuales puedes hacer muchas más cosas que con el vinilo tradicional, pero todos aquellos -y no son pocos- que gustan de simplemente mezclar dos buenas canciones, ¿ganan algo con todo esto? Con la enorme diferencia de dinero que hay con la simple compra de dos platos tradicionales y una mesa de mezclas, pueden comprarse una buena cantidad de discos de vinilo. Me gustaría ver en los comentarios lo que opináis al respecto de esto concretamente.

Otra de las empresas que ha tratado de tirar por la vía del jogwheel motorizado ha sido Native Instruments. La empresa que reinó con tranquilidad en el mercado del software DJ durante unos años gracias a Traktor cometió el error de retirar los jogwheels de sus controladores y ofrecer a cambio a sus usuarios varios tipos de controlador en los que el espacio del jogwheel era ocupado por controles para tomar el mando de diversas funciones para remezcla multipista en vivo –remix decks, stems, pattern sequencer–. Aunque alargó el ciclo de mercado de los controladores S4MK2 y S2MK2 para no dejar su gama de productos sin una falta absoluta de control por jogwheel y no le dio la espalda a su sistema de control DVS –de eso hablamos luego–, centró todos sus esfuerzos en estos nuevos controladores destinados a la remezcla en vivo y en perfeccionar estas funciones en el software; el resultado no pudo ser más desastroso. Muchos usuarios no quedaron contentos con esta decisión de la marca y de forma lenta y constante ha habido bastantes switchers que se han pasado a otros programas para pinchar. A finales del año pasado decidieron lanzar Traktor Pro 3 con un lavado de cara y acompañarlo de un controlador nuevo que... esta vez traía jogwheels motorizados y fue continuista en su nombre con los anteriores productos con jogs de la marca: Traktor Kontrol S4 MK3

La aproximación que N.I. ha hecho a los jogs motorizados ha sido francamente arriesgada, en lugar de meterse en el tema empleando fórmulas tecnológicas similares de éxito como las de Denon o Numark, decidió crear un nuevo tipo de jogwheel motorizado de una sola pieza –no es una bandeja con un "falso vinilo" encima, sólo hay una bandeja que gira– y controlado mediante un sistema electromecánico que además de dotarlo de movimiento, permite usarlo de forma estática ajustando la tensión de giro. Al margen de eso ofrece respuesta háptica, es decir, transmite golpes o vibraciones a la mano del DJ  a través del jog cuando la reproducción pasa por un punto de cue o cuando se frena la bandeja desde el borde de la misma.

Comercialmente hablando el producto , salió por un precio elevado y el controlador en el momento de su comercialización era simplemente eso, un controlador. Unos meses más tarde ha reducido ligeramente su precio y gracias a una actualización de firmware ahora se puede emplear como mesa de mezclas autónoma y de paso le han corregido unos cuantos errores –tenemos pendiente publicar en breve una nueva review del producto, puedes leer la primera que hicimos justamente aquí–, pero esto ha sido después de que haya finalizado toda la campaña comercial de invierno, con lo que el producto no ha remontado especialmente bien en ventas. Centrándonos en el propio funcionamiento de este curioso jogwheel motorizado, lo más relevante sería destacar que las sensaciones de control que transmite se podrían definir como que "recuerdan" a las del vinilo y se logra en cierto modo esa conexión sensorial de la que hablábamos al principio, pero la respuesta del jog es diferente a la de un plato, y eso le hace perder muchos puntos. Quien no haya pincha nunca antes con unos platos es probable que encuentre satisfactoria la experiencia con estos jogs, pero quien haya pasado unos años tras unos platos probablemente la idea que le venga a la cabeza es que se trata de una curiosa simulación y poco más. Así que con este dispositivo sí logramos sensaciones satisfactorias de control, pero no aptas para quienes hayan usado unos platos reales.

El DVS: adaptar y no reemplazar

Los sistemas de control mediante vinilos de código de tiempo o DVSdigital vinyl system– han resultado ser una de las mayores revoluciones del djing moderno, aunque también una de las que más quebraderos de cabeza ha dado a todos los DJs que se han metido en ese terreno tecnológico, especialmente los primeros años. Es bastante complejo dar con quién tuvo realmente la idea inicial para estos sistemas, ya que aparte de que un buen número de personas se atribuyen la invención, las patentes y los aportes de capital necesarios, ha habido diversos juicicios y demandas al respecto.

Aunque ya publicamos un completo monográfico al respecto de este método de control hace unos años, trataré de resumir todo el asunto. Los orígenes se remontan a una empresa holandesa llamada N2IT que con financiación e ideas de John Acquaviva y Richie Hawtin, terminan desarrollando y patentando el invento conocido como Final Scratch, que consistía en un interfaz de audio que se conectaba a unos platos en los que se reproducían vinilos con código de tiempo, dicho código de tiempo tiene dos modos de funcionamiento, el relativo que simplemente toma del código de tiempo la parte que indica si el vinilo avanza o retrocede, y el absoluto que indica la posición exacta de la aguja a lo largo de toda la espiral que surca el plástico. La señal de código de tiempo tiene dos partes, una señal sinusoidal a una frecuencia constante que sirve para señalar el avance o retroceso del disco y su velocidad –la amplitud de la señal sirve para saber con exactitud la velocidad de movimiento– y una compleja huella espectral sensorialmente percibible como una especie de ruido tras la señal sinusoidal que lleva codificada la posición exacta para el modo absoluto. Esta última señal de huella espectral es lo que suele ser objeto de patente por cada marca que desarrolla su propio sistema DVS.

Final Scratch fue distribuido por la marca Stanton –al contrario de lo que mucha gente cree, Stanton era un mero distribuidor, no inventaron nada– y tuvieron un arranque muy lento. Su sistema de control por DVS sólo funcionaba bien primero bajo el sistema operativo BeOS y luego sobre Linux, además de no ser muy estético. Todo esto hacía que fuera engorroso pinchar con Final Scratch ya que debías tener un ordenador con una partición de disco duro sólo para el sistema. Recurrieron a Native Instruments para que les hiciera primero el software en vista de que Traktor iba muy bien, para después directamente hacer su hardware compatible con Traktor y dejarse de desarrollos paralelos. Casi al mismo tiempo, una empresa de Nueva Zelanda que hacía plugins para Pro Tools que se llamaba Serato se alió con una empresa americana de hardware de audio llamada Rane para lanzar un sistema muy similar llamado Scratch Live. Su sistema era idéntico, pero desde el principio fue mucho menos engorroso y causó furor en Estados Unidos, mientras que la alianza Final Scratch-Traktor funcionó comercialmente mejor en Europa. En medio de toda esta historia hay diversos relatos de gente que asegura haber financiado ideas similares que acabaron convirtiéndose en Final Scratch, pero no nos vamos a liar con todo eso.

Cuando Native Instruments decide acabar su alianza con el producto Final Scratch hay poco después un litigio porque Native Instruments lanza su propio sistema DVS y N2IT les acusa de haber empleado propiedad intelectual que conocían por su alianza previa. El asunto se salda con que Native Instruments debía pagar una cantidad de dinero a N2IT por cada copia de Traktor Scratch que vendiera. Lo curioso del caso, es que pese a que N2IT y Serato lanzaron casi el mismo producto y su base de funcionamiento es la misma, nunca se han demandado –que se sepa– entre ellas.

Con el paso de los años diversas compañías han lanzado su propio sistema DVS, y básicamente se diferencian por la huella espectral y la frecuencia de la onda sinusoidal que planchan en el disco de vinilo. No vamos a ponernos ahora a decidir cual responde mejor, ya que daría para un análisis bastanten largo y complejo, y realmente las diferencias no son tan exageradamente grandes. Donde sí ha habido diferencias es en el plano comercial, y es que cada compañía ha seguido con los años modelos diferentes de negocio, y esa es quizá la parte más interesante de todo esto.

En el campo del DVS siempre ha habido dos modelos de negocio, el modelo abierto, en el que el desarrollador de software permitía usar cualquier interfaz de audio y a veces incluso vinilos de empresas rivales para su sistema –en este modelo tenemos a Virtual DJ y a Rekordbox– y el modelo cerrado, en el que hay que usar un interfaz de audio que o bien te vende el mismo desarrollador de software o un partner; en este modelo teníamos hasta hace poco a Serato y a Traktor. Sin embargo Traktor abandonó ese modelo con la llegada de la versión 3 de su software y sólo Serato sigue con el modelo de negocio cerrado, modelo que emplea en general para su software, no sólo para la función de control DVS.

Si Serato sigue con el modelo cerrado es por un único motivo: le funciona mejor que al resto seguir con el modelo cerrado, de hecho es la base de su negocio. Actualmente tiene acuerdos con InMusic (Denon, Rane, Numark) Pioneer DJ, Roland, Allen & Heath y RCF Group (Mixars) para llevarse pequeñas cantidades de cada hardware "certificado" –compatible en su modelo cerrado– que esas empresas venden. El software de Serato no sólo exige un hardware de audio concreto, también unos vinilos de control específicos sobre los que Serato tiene también un bollante mercado alrededor, ya que al estar patentada la señal que va grabada en el vinilo sólo ellos o quien ellos licencien pueden fabricar los vinilos de control. Lo lógico sería pensar que esto es algo común a el resto de marcas con sistemas DVS propios, y hasta cierto punto es así, pero Serato ha sabido moverse mucho mejor en el mercado de vinilos codificados: los fabrican en todos los colores, transparentes, ediciones limitadas con decoraciones especiales o encargadas a conocidos diseñadores, y también llegan a acuerdos con artistas para lanzar vinilos que por una cara llevan canciones del artista y por la otra la señal codificada. Y no sólo eso: venden directamente los vinilos desde su tienda online y desde espacios propios en tiendas físicas gracias a colaboraciones con cadenas de tiendas como Guitar Center. Es probable que Serato genere más facturación con vinilos de código de tiempo que la que generan muchísimos sellos discográficos dedicados al vinilo tradicional.

La idea del DVS es probablemente una de las mejores que existen, y esto no lo digo a nivel técnico, si no como producto comercializable. El DVS en realidad lo que hace es adaptar al mundo digital unas herramientas que el DJ ya posee y ya conoce, sus platos y su mesa de mezclas, y para ello usa como medio algo que probablemente también posee ya y también conoce: su ordenador. Pero a la vez también puede resultar atractivo para nuevos DJs, ya que adquirir un nuevo setup alrededor de este método de control permite tanto usarlo para dicha finalidad como también con vinilo tradicional, así que los nuevos DJs pueden conocer ambos mundos desde el principio. Sin embargo el DVS no está exento de complicaciones, ni mucho menos.

La primera barrera que se suele encontrar es tecnológica, muchos DJs se lían con las configuraciones y cableados necesarios. No es algo especialmente complicado pero sí requiere leer cierta documentación y tener muy claro como funciona todo. El segundo problema está en que obviamente se siguen empleando platos y vinilos, y aunque el corazón del sistema sea un ordenador, los platos y los vinilos siguen expuestos a problemas de toda la vida cuando dependes de un setup que en parte no es tuyo y que hoy por hoy se acentúan todavía más en salas y clubes actuales: no se hace un mantenimiento correcto de los platos –si es que poseen unos propios–, no hay en ocasiones un técnico de sala que sepa calibrarlos adecuadamente, no se instalan de forma correcta y se ven afectados por vibraciones o feedback excesivo de una mala monitorización, no se ubican los elementos de la cabina de forma que los DJs pueden conectar fácilmente su interfaz de audio y su portátil... Por otra parte los sistemas DVS no funcionan bien con cualquier ordenador –Serato y Rekordbox no garantizan la compatibilidad con procesadores AMD, por poner un ejemplo– ni que no esté correctamente optimizado y configurado. Sin embargo hay que reconocer que cuando todo está correcto los sistemas DVS son lo más parecido posible al vinilo de toda la vida, salvo quizá por el sonido. Con una configuración potente se puede trabajar a latencias por debajo de los 5ms y una resolución de 24 bits y 96kHz, lo cual supone un tiempo de respuesta casi instantáneo que ni los turntablistas más rápidos detectan y una calidad sonora excelente que reproducirá con total fidelidad. Incluso programas como Serato DJ llegan a mejorar la experiencia incorporando funciones que corrigen el wow/flutter de los platos y hace que parezcan un reproductor digital. Pero tal nivel de rendimiento supone una inversión económica que no siempre está al alcance de todos.

Phase: un futuro que quizá ha llegado demasiado pronto

Siguiendo con los sistemas que tratan de adaptar la tecnología ya existente, es pertinente pararse a hablar de algo bastante nuevo que ha llegado muy recientemente al mercado. Vaya por delante que esto quizá sea lo único del artículo que no he podidio probar personalmente, aunque he estado estudiándome bastante a fondo cómo funciona esta nueva tecnología, me he dedicado a seguir muy de cerca las reacciones de los early adopters y he podido recoger de forma directa las impresiones de un DJ muy experimentado que ya lo emplea –nuestro hispasónico Loomy–.

Phase es una tecnología basada en sensores de movimiento y código de tiempo, el mismo código de tiempo que se emplea con los sistemas DVS. El ingenio consiste en pequeños emisores que se fijan magnéticamente sobre cualquier vinilo y que al girar convierten el movimiento del vinilo en el están montados en datos que transmiten a un dispositivo que genera el código de tiempo necesario para "mover" cualquiera de los programas actuales para pinchar. Así explicado suena genial y uno se pregunta por qué no se le había ocurrido a nadie antes, pero vistos los problemas que está dando y analizando detenidamente cómo funciona, uno se da cuenta de que Phase, o al menos este primer Phase, quizá no vaya a ser el éxito revolucionario que sus creadores están esperando.

Phase ha tenido varios retrasos en su llegada al mercado que han sido justificados por sus creadores con cuestiones relativas a conflictos con las fábricas asiáticas encargadas de manufacturar el dispositivo y no con asuntos relativos a su fiabilidad. Por otro lado, se ha fabricado inicialmente un número limitado de unidades que no se habrían podido llevar a cabo si la empresa responsable, Mixfader, no hubiera recaudado dinero de algunos de los futuros compradores mediante una campaña de crowdfunding. Esto es bastante extraño hoy en día en este sector, ya que cuando tienes una tecnología realmente fiable y revolucionaria lo más probable es que alguna de las grandes empresas del sector se interese por comprártela y sacarla bajo su nombre, pero no sólo no ha ocurrido eso si no que además ninguna de las principales compañías de software ha tenido por el momento ningún tipo de colaboración con el desarrollo de Phase -Serato parece que ahora se ha interesado-.

Por otra parte hay que fijarse en el detalle de que Phase utiliza código de tiempo para comunicarse con el software que quieres controlar, ¿por qué? Porque es la única forma que tenían los desarrolladores de tener algún tipo de control de alta resolución con el software sin contar con la colaboración de quienes hacen el software. ¿Pero no habíamos explicado antes que el código de tiempo está patentado? Sí, pero lo importante es la huella espectral para el modo absoluto, y Phase únicamente emplea modo relativo porque lo único que puede transmitir algo que gira es la dirección y velocidad de giro, y eso se consigue generando una onda sinusoidal normal y corriente. La cuestión aquí es que lo interesante es que si Phase se hubiera desarrollado en colaboración directa con las empresas que hacen el software DJ, se podía haber evitado el paso intermedio en el que se transforman los datos de movimiento que recogen los sensores en código de tiempo que el ordenador debe interpretar para obtener el movimiento que está realizando el plato, y haber hecho que directamente Phase y el software DJ se comunicaran de forma directa.

¿Qué tal funciona Phase? En un pricipio es bastante espectacular y divertido ver como el giro del disco sin ser tocado por la aguja se convierte en datos que hacen que se reproduzca la canción, además han logrado una latencia bastante baja, con una respuesta que no hace pensar que todo sea inalámbrico. Pero tiene unos cuantos problemas, el primero es que aparecen mensajes de error de calibración por parte del software DJ porque este no encuentra el código de tiempo completo, estos errores resultan bastante molestos. Además con Traktor y Serato parece ser que tiene errores de precisión, se produce lo que se conoce como sticker drifting, término empleado para designar el problema de que si lanzas la reproducción con el vinilo en una posición y después haces retroceder el vinilo a la misma posición la canción no está en el mismo punto; esto para los turntablistas es todo un problema ya que hace imposible realizar algunas técnicas y trucos. También hay quejas de que la oscilación de velocidad es mucho mayor que con vinilos DVS y eso produce que las mezclas se desacompasen en poco tiempo y sean necesarias muchas correcciones. Y finalmente parece que los dispositivos salen de fábrica calibrados de forma dispar, de manera que si un emisor puesto sobre un vinilo manda datos que hacen que el software refleje un tempo de la canción, si sin tocar el control de pitch del plato se sustituye por otro emisor, este envía datos que hacen que aparezca una velocidad unos decimales más arriba o abajo.

Es una verdadera lástima que Phase haya salido al mercado con todos estos problemas, porque el concepto en el que está basado supone una mejora ideal respecto a los sistemas DVS. Desaparece la necesidad de aguja, con lo que no afectan las vibraciones ni el excesivo feedback, desaparecen muchos cables también, lo cual simplifica montar el setup y cualquier lío relacionado. Desaparece el desgaste de los vinilos codificados, con lo que supone un ahorro y no tener que preocuparse de si pierdes los vinilos en un bolo, te los roban o se estropean. Pero los desarrolladores han optado por una forma de comunicar Phase con el software que es mejorable, y obviamente tienen problemas con la calibración de los sensores y su precisión. Ahora se arriesgan a que su producto no tenga el suficiente éxito y no puedan lanzar una versión 2.0, o que otra empresa con más recursos tome nota de estas cosas mejorables y lance su propia versión de Phase.

Sistemas como Phase podrían ser una revolución, al mantener el uso del plato se mantiene esa conexión sensorial con nuestro cerebro, se mantiene ese placer por el control que ofrecen los platos, pero eliminando muchas preocupaciones, molestias y gastos que tiene el usar los platos. Probablemente una actualización de Phase o un producto similar perfeccionado pueda ser el golpe definitivo.

¿Hacia dónde evolucionamos?

Por si nadie se ha dado cuenta hasta ahora, en este artículo hemos expuesto lo que en realidad es un pequeño choque entre dos sectores de la industria: la de la industria musical contra la industria del equipamiento profesional.  Cuando el vinilo era el formato profesional por excelencia la industria del equipamiento se preocupaba de fabricar buenos platos, accesorios para ellos, mesas de mezclas... ahora que las ventas del vinilo dirigido a DJs son una pequeña fracción de lo que fue hace unos años la industria del equipamiento trata desde hace tiempo de aprovechar el filón económico que supone reemplazar este formato físico y manipulable por otros elementos manipulables que ellos mismos pueden fabricar y vender, o dicho de otra forma, al descender el uso del formato físico, el propio sistema de reproducción debe incorporar el elemento físico manipulable por el DJ que traiga las mismas sensaciones. De hecho a la industria del equipamiento realmente no le interesa que el  uso del vinilo tradicional en el sector profesional se recupere más del punto en el que está ahora. Por ejemplo, si uno analiza las actuales mesas de mezclas digitales y controladores híbridos, se dará cuenta de que cada vez es más raro encontrar más de dos canales con previos phono para platos y que estos mismos previos parecen más pensados para simplemente captar con eficacia la señal de código de tiempo de los vinilos codificados que para reproducir de forma fidedigna los vinilos tradicionales. Tienes que frecuentemente fijarte en las mesas de mezclas digitales de gama más alta para encontrar buenos previos phono.

¿Estamos ganando algo con esto? Es obvio que los medios digitales suponen para el DJ moderno una comodidad treméndamente mayor al no tener que moverse de aquí para allá cargado de vinilos, a la par que un gasto menor en música y una mejora en calidad sonora tremenda –siempre y cuando no compres en formato comprimido y elijas bien lo que compras–. Pero todo eso que nos ahorramos gracias a los medios digitales, parece que tenemos que reinvertirlo en el equipamiento que reproduce los medios digitales. Si además queremos obtener un control tan satisfactorio y eminentemente físico como el que nos proporcionaba la manipulación directa del vinilo, los costes comienzan a dispararse en el caso de sistemas que lo reemplazan por completo –el caso del Twelve lo considero directamente escandaloso– o bien su setup se vuelve algo farragoso en el caso de los sistemas que tratan de adaptar los tradicionales platos, como es el caso del DVS. Si nos vamos a cosas aún más modernas como Phase nos encontramos con situaciones en las que hacemos un desembolso de dinero en algo que es muy espectacular, pero a nivel funcional está cargado de errores y debería haberse madurado mucho más antes de ser lanzado al mercado. Es un claro ejemplo de uno de los problemas de la industria del equipamiento para DJ: la prematura puesta a disposición de los usuarios finales de productos con tecnologías poco maduradas. Parece que se ha vuelto una necesidad que las empresas de este sector disfruten de protagonismo gracias una rápida evolución de sus productos, pero los tiempos se han vuelto tan cortos que se obvian procesos en los que se debe testear la fiabilidad y la durabilidad de lo que se comercialize, y aquella famosa gracieta de los técnicoso de sonido de "ya lo arreglaremos en el master", aquí se ha convertido en "ya lo arreglaremos en una actualización de firmware" o incluso en algo peor: "ya lo arreglaremos en el siguiente producto".

Por otra parte, el hecho de que la industria musical tenga ahora el vinilo como algo minoritario para los DJs ha repercutido para muchos amantes de la música en la calidad de la propia música que se lanza. Antes realizar un lanzamiento discográfico suponía jugarse una buena cantidad de dinero en fabricar las copias, y aunque vender un disco supone también realizar maniobras inteligentes de marketing, sin unas buenas canciones que poner en los surcos no había esperanza posible de recuperar la inversión. Ahora con los formatos digitales ese riesgo de pérdida se ha reducido en gran medida, y sólo puede haber pérdidas por lo invertido en marketing, con lo que se da una curiosa paradoja de la que se quejan muchos DJs: el mercado está plagado de una música mediocre que debe ser reproducida una tecnología digital carísima que sale a la venta sin estar del todo rematada.

Que nadie me malinterprete, no todo es malo, ni en la música ni en el equipamiento. Pero cada vez conlleva más esfuerzo separar el grano de la paja tanto al comprar música como al decidir el setup que vas a usar para pincharla. ¿Podemos revertir esto? Es complicado, ya que parece que la industria musical tiene un  interés limitado en que el vinilo retome el papel protagonista. Su repunte como formato de uso profesional para DJs ha sido muy inferior que el que ha sufrido el formato entre el gran público, y es que lo que más se vende en vinilo son álbumes de artistas muy conocidos; los singles para DJs y pistas de baile son cosa en la mayoría de los casos de pequeñas discográficas que hacen tiradas muy cortas, no está la cosa como para arriesgar mucho dinero. Las empresas de equipamiento ganan mucho más sacando a la venta un controlador que un plato y aunque queda muy bien decir en un anuncio que están apoyando al vinilo o a los DJs que lo usan, cualquiera de sus ejecutivos te reconocerá en privado que gana mucho más dinero vendiendo un dispositivo de reproducción digital o un controlador. Todos parecen cómodos en sus posiciones actuales.

La solución a todo  esto desde luego no es tratar de volver al pasado en formatos, pero sí en costumbres. Los consumidores finales deberían ser más exigentes y selectivos a la hora de comprar equipamiento nuevo, exigir que un producto esté acabado cuando sale a la venta y no seis meses o un año después, e incluso que se adoptaran legislaciones  que sancionaran a las empresas que comercializan productos sin acabar. Los comercios deberían disponer de espacios donde los profesionales pudieran probar los nuevos productos y aceptar sin discusión alguna que cuando algo no está acabado el cliente lo pueda devolver sin miramientos. Creo que no me equivoco si digo que todos queremos poder poner música en todos los formatos y que suene decentemente, y poder preocuparnos más de hacer buenas selecciones musicales y grandes mezclas en directo, y no tener que estar pendientes de que una mesa digital nos cuelga el ordenador  porque el driver está programado deprisa y corriendo. Por su parte, la industria musical no debería haberse tomado el prescindir de los formatos físicos como un "todo vale" a la hora de lanzar nueva música y aprovechar parte de ese ahorro que suponen el formato digital en buscar mejor y cuidar más auténticos talentos que merezca la pena hacer sonar en las pistas de baile. Os confesaré que yo mismo siempre uso formatos digitales, pero es en vinilo -que después digitalizo- donde encuentro muchas joyas exclusivas que no ven la luz en otros formatos. No es que haya tirado la toalla con las compras en formato digital, pero sí que ha sido para mi desde hace tiempo una forma más rápida de encontrar música de muy buena calidad y de paso conservarla en un medio físico, un backup casi permanente. Parece mentira viniendo de mi que he apoyado sin concesiones los formatos digitales, pero visto el mal uso que se ha hecho de ellos comercialmente, no tengo más remedio que admitir que es mi forma preferida actualmente de obtener buena música.

Si todos nos volvemos más exigentes quizá tengamos los productos que nos merecemos en todos los ámbitos, productos mejor acabados, más abiertos, que interactúan más eficientemente entre  ellos, para poder pinchar música en cualquier formato sin que nada quede comprometido. ¿Una utopía? Quizá, pero a veces las utopías son el punto de partida para realidades mejores.

Teo Tormo
EL AUTOR

He trabajado como productor musical y discjockey. Desde hace años investigo y analizo la tecnología musical aplicada al DJ, buscando siempre las herramientas más innovadoras y observando su impacto en la industria musical.

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