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Opiniones de productos14
Lo mejor: Difícil meter más en menos espacio.
Lo peor: Si le quieres sacar partido, es necesario usar software. Su fuente de alimentación no es la habitual.
Por cierto, junto al NanoSynth y con un formato muy similar, Alesis lanzó otros dos ROMplers: el NanoPiano y el NanoBass. Ambos partían de la serie QS y, sobre todo el NanoPiano (que incorporaba la ROM de la tarjeta de pianos de los QS), tuvo bastante presencia en el mercado.
Llama la atención que, desde hace bastante tiempo, se vean muy pocos Nanos a la venta porque, sin haber tenido el éxito comercial que probablemente esperaba Alesis, sí que se vendieron muchos y eran bastante comunes a principios de los 2000.
Su calidad de construcción, por cierto, era bastante razonable y, al menos el que yo conservo, está como el primer día.
Lo mejor: Sonido y precio
Lo peor: No responde a la velocidad
Es realmente increíble que una máquina de muy poco más de 200 euros pueda sonar tan bien.
Su interfaz no es de mi gusto, pero es lo bastante clara como para ponerte a modificar parámetros tan pronto sale de la caja.
En mi opinión tiene tres fallos serios: 1) la falta de un conector de encendido (de verdad, ¿tanto sube el precio un interruptor?); 2) no responde a la velocidad, lo que perjudica la expresividad de sus sonidos; y 3) Sólo tiene 12 memorias de usuario.
Le vendría muy bien contar con editor software, sobre todo si incorporara una función de librería.
Desde luego, si se tiene en cuenta su precio y su sonido, pocas pegas se le pueden poner.
Lo mejor: Que funcionan
Lo peor: Que no son gratis ;-)
Lo mejor: Concepto y versatilidad
Lo peor: Capacidad de proceso
Cuando salió al mercado el hardware de la V-Machine ya estaba en el límite de lo admisible, por no decir que se quedaba bastante corto, pero lo peor no era eso. Lo peor es que nada o casi nada funcionaba como prometía el fabricante. De hecho, la V-Machine abandonó el mercado y su software de control ni siquiera llegó a estar terminado.
Fue sin duda un lanzamiento precipitado de un fabricante que dejaba mucho que desear en la atención a sus (pobres) usuarios y que finalmente dio al traste con lo que era una buena idea.
La V-Machine comenzó vendiéndose en el entorno de los 600 euros y en poco más de dos años fueron saldadas por un tercio de su precio inicial. Desde luego, a los pocos que compraron la V-Machine en sus inicios les hicieron una buena faena porque no sólo les vendieron un hardware que no valía lo que pagaron, sino que, además, ni siquiera funcionaba.
Tras varios años en el mercado, la V-Machine empezó a ser medianamente útil y a tener un precio cercano al de su utilidad real, aunque el daño ya estaba hecho y el fin del producto (y de la familia que SM Pro Audio anunció) estaba cantado.
La V-Machine es una muy buena idea, aunque pésimamente ejecutada. No es fácil de manejar, ni de entender. No todos los plugins funcionan correctamente en ella (hoy en día más bien es lo contrario) y, en general, hay muchos que dan problemas.
Ahora bien, los que de verdad funcionan, van como la seda porque la V-Machine es muy estable en su funcionamiento. En los años que la tengo, puedo decir que nunca se me ha colgado ni dado un solo problema con un plugin que funcionara. Es sólida como una roca y, a diferencia de un ordenador, es absolutamente predecible.
Le falta potencia para ejecutar muchos plugins y, aunque en teoría puede ejecutar hasta cuatro VSTis, con uno va casi siempre justita o simplemente no llega. Hay que considerarla como una unidad monotímbrica en este sentido.
Su polifonía depende del plugin que se use, pero suele ser limitada, sobre todo en los plugins de sintes VA. Rinde más con ROMplers, aunque nunca para tirar cohetes.
Ahora bien, ¿merece la pena? Yo diría que, a pesar de todo, sí y explico por qué.
Hay plugins muy buenos que los ejecuta con soltura y sólo por ellos ya merece la pena tener un cacharrito de estos. DEXED es uno de estos plugins: un DX7 con esteroides, gratis, metido en la V-Machine y funcionando a la perfección.
Otros que me encantan son Minimogue o ImpOSCar, y algunos plugins de órganos como VB3 o de pianos eléctricos como Mr.Ray, que suenan realmente bien en ella. También funcionan los plugin de Korg y, de verdad, es una pasada tener un M1 o un Wavestation en un cacharrito así.
Por el precio al que se saldaron las últimas V-Machine y los pocos euros por los que cambian de mano, creo que es difícil encontrar algo que dé más que la V-Machine, aunque hay que estar dispuesto a dedicarle algo de tiempo y a vivir con sus muchas limitaciones.
Es una solución portátil para usar plugins pero, en el estudio y eligiendo bien lo que se le carga, se comporta como un sinte hardware más, pequeño y fácil de transportar. Al mismo tiempo resulta muy versátil puesto que, aunque no todos los plugins funcionan, sí que permite elegir entre un número de opciones suficientes y, en todo caso, muy superiores de las que cualquier otro hardware puede alcanzar.
Por el precio al que salió al mercado, no la recomendaría nunca, pero en el entorno de los 100-120 euros en que se mueven, la V-Machine me parece un auténtico chollo, aunque sólo sea para ejecutar un pluggin.
Teniendo en cuenta que no es uno, sino que pueden ser decenas y que algunos de ellos son realmente buenos, el valor de la V-Machine se incrementa considerablemente y la convierte en un chisme muy recomendable.
La V-Machine suena bien y con cuerpo (los conversores debieron ser en lo único que no escatimaron). Eso sí, hay que decir que lleva un ventilador interno que resulta bastante molesto, pero que es necesario para refrigerar un aparato que, no obstante, se calienta bastante.
En definitiva, si alguien quiere tener un pequeño módulo con, por ejemplo, un DX7 o un M1, y no tener que andar con un portátil de aquí para allá, ya sabe que la V-Machine le conviene y mucho. Tendrás que trabajar y dedicarle algo de tiempo, pero una vez que la cosa marche, te sacará más de una sonrisa.
Lo mejor: Lo que esconde
Lo peor: Lo que se ve
De hecho no es sólo un sintetizador: debajo de esa carcasa tan fea, se esconde además un secuenciador... del que no puedo decir nada porque jamás lo he utilizado, pero que ahí está.
El TQ5 se vendía en su época como un producto ideal para complementar un Clavinova y aportarle la parte de workstation del que el Clavinova carecía. Porque el TQ5 es justamente eso, un workstation en formato de sobremesa, con las limitaciones propias de la tecnología que emplea, que en la época en que fue lanzado estaba dando sus últimos coletazos.
Como sintetizador, el TQ5 es básicamente un TX81z mejorado aunque con una edición limitada, la llamada easy FM (quick edit), que sólo permite tocar algunos parámetros de los sonidos. No obstante, basta con emplear un editor del TX81z para que todos los parámetros de la máquina estén a nuestra disposición, con la ventaja de que, a diferencia del TX81z, aquí tenemos 100 posiciones de usuario y otras 100 en tarjeta, más las 100 posiciones presets. En definitiva, con un TQ5 podemos disponer de 300 sonidos FM de 4 operadores, de los cuales 200 son editables.
Hay que reconocer que la imposibilidad de bucear en el sintetizador desde su propia interfaz a finales de los 80 (el TQ5 es de 1989), era una limitación real porque los editores software no estaban en absoluto generalizados ni disponibles para la mayor parte de los usuarios, pero hoy en día, no supone problema ninguno.
De todos modos, la llamada easy FM tenía mucho sentido en una época en que la dificultad de programación de los sintes FM supuso que la mayor parte de sus usuarios tirara de presets y que, como mucho, los retocaran ligeramente. Siendo esa la realidad de su época, era muy sensato, por una parte, hacer fácil una edición muy superficial de los presets al alcance de cualquiera y, de otra, incorporar un gran número de éstos a la máquina. Eso fue lo que hizo Yamaha con el TQ5 y con sus hermanos: los YS-100 y 200.
Además, el TQ5 incorpora una sección de efectos, muy básica, pero que resulta muy útil para endulzar los sonidos FM.
El TQ5 presenta una polifonía de 8 voces como el resto de sintes de su familia (salvo el V50, que llevaba dos chips generadores y que tenía 16 voces) y es multitímbrico con 8 partes disponibles, demasiadas para su escasa polifonía pero que, en la práctica, nos permitiría usar 8 sonidos monofónicos.
De su sonido poco se puede decir: es el propio de los Yamaha FM de 4 operadores, con bajos muy bestias y huecos, y con una personalidad muy marcada en sonidos de metal que se controlan con mucha facilidad desde un controlador de viento. La verdad es que, a pesar de las limitaciones propias de su más limitada estructura, Yamaha hizo un gran trabajo con este tipo de sintes y la incorporación de formas de onda adicionales a las sinoidales empleadas por los FM de 6 operadores, permitió a estos sintetizadores alcanzar una enorme variedad sonora. El TQ5, además, lleva los mejores conversores empleados por Yamaha para esta familia de sintes con lo que su calidad de sonido es probablemente la mejor de las disponibles. Desde luego, los famosos Solid Bass y Lately Bass suenan brutales en el TQ5.
El TQ5 tiene una construcción de calidad si lo comparamos con lo que se vende hoy en día. En su momento era una alternativa barata a los sintes profesionales de Yamaha, aunque teniendo en cuenta cómo han bajado los estándares de calidad, casi se podría decir hoy que está construido como un tanque. Su único punto débil es el control de volumen, que tiende a rascar con el paso del tiempo, pero por lo demás es un cacharro muy fiable.
En definitiva, detrás del feo aspecto del TQ5 se esconde uno de los grandes tesoros de Yamaha y, en mi opinión, la mejor elección posible de entre los sintetizadores FM de 4 operadores. Además, al ser un aparato muy poco conocido, hace que puedan encontrarse a precios bastante bajos, con lo que, si a sus capacidades sonoras le añadimos un bajo precio de adquisición, el TQ5 es simplemente insuperable.
Desde luego, si el mío se averiara, no tardaría ni un minuto en ponerme a buscar otro.
Lo mejor: Relación sonido/precio
Lo peor: Display minimalista
A pesar de sus numerosos controles, su edición no es tan cómoda como podría imaginarse porque muchos de ellos tienen varios usos que hay que seleccionar con interruptores y, además, su display, muy limitado, resulta poco o nada informativo.
El motor de síntesis de A-Station fue incluido por Novation en aparatos posteriores como el X-Station o la familia K/KS, además de en el software V-Station. Para mis oídos suenan todos ellos muy similares, por no decir idénticos, incluido el V-Station que es una buena manera de contar con el sonido del A-Station.
Los presets del A-Station son compatibles con los de sus descendientes, incluido el V-Station.
Para la edición del A-Station yo uso siempre el X-Station, mucho mejor y más directo que los mandos del propio A-Station, aunque éste puede editarse sin problemas desde su propio frontal.
En lo que se refiere a sonido, sólo puedo decir que suena a Novation, con sus pros y sus contras. Quien quiera un sinte agresivo, creo que con el A-Station se equivoca. El A-Station suena redondo, muy lleno y detallado. Frente al Nova, que también tengo, sólo envidia los efectos, pero en calidad no se queda atrás. No he comparado con el Supernova, pero no creo que le vaya a la zaga. Lógicamente en posibilidades de edición es mucho más limitado (por no hablar de polifonía o multitimbralidad), pero no por ello suena peor.
Del A-Station sacaron dos versiones: una azul (la primera edición) y otra gris (la segunda). Su sonido es similar, aunque la versión gris es más aconsejable porque su arpegiador transmite notas MIDI. Creo que salvo esta cuestión y la estética, no hay más diferencias entre ambas versiones.
Los filtros del A-Station se pueden emplear para procesar fuentes externas con muy buenos resultados.
Al precio al que se mueven, creo que es una buena inversión. No conozco ningún VA que ofrezca más por menos y es una muy buena forma de añadir el sonido Novation a nuestro arsenal. Falla en el hecho de contar con una polifonía corta y en no ser multitímbrico, aunque por su precio es fácil sumar unidades si queremos aumentar voces y timbres. Además, en el estudio siempre está la opción de sumarlo al V-Station, que responde a todos los controles de A-Station y es un buen compañero de éste.
Lo mejor: Su sonido
Lo peor: Su interfaz
El K4 fue mi primer sinte "de verdad", lo compré sobre el año 1990 y lleva conmigo desde entonces.
Es un sinte bastante desconocido para muchos y al que no le vino nada bien su etiqueta de sintetizador económico. Su sonido es bastante más rico que el de la mayoría de los sintes de su época y sus posibilidades de creación de sonidos muy superiores a las de, por ejemplo, un Korg M1 o un Roland D50. Sus filtros digitales suenan realmente bien y la posibilidad de emplearlos en serie o en paralelo da muchísimo juego.
En lo que se refiere a sonido, sólo le encuentro un fallo importante: la calidad de algunas de sus muestras. No obstante, es un fallo que afecta a las muestras de algunos sonidos acústicos que, hoy por hoy y en un sinte de 25 años, resultan irrelevantes.
Desde luego, el K4 luce más en sonidos sintéticos que en la emulación de sonidos reales, pero su estructura de cuatro fuentes, permite ediciones bastante detalladas y se consiguen sonidos acústicos resultones y expresivos.
Desde mi punto de vista, el K4 brilla especialmente en pads (con sonidos de cuerdas espectaculares) y en leads (aunque la carencia de portamento no ayuda).
Su teclado es simplemente fantástico: con diferencia, el mejor que he probado en un sinte. Me encanta. Fácil de tocar pero con peso.
La interfaz del K4 es su talón de aquiles: una pantalla muy pequeña de 16x2, un único slider de edición y muchas opciones, lo que obliga a que haya que estar constantemente tocando botones y cambiando de pantalla. Hay que reconocer que, una vez que te pones, es fácil hacerse con él porque tiene una estructura bastante sencilla, pero no es en absoluto un sinte que permita ediciones sobre la marcha.
Los efectos del K4 son en mi opinión bastante útiles y permiten redondear sus sonidos. Me gustan especialmente los delays.
También se queda corto en memorias: sólo 64 posiciones de patch y otras 64 en modo multi. Las tarjetas de memoria DC-16 doblan la capacidad del K4, pero 128 no dejan de ser pocas posiciones para un sinte que se presta y mucho a experimentar. Afortunadamente su implementación sysex es muy buena y existen varios editores que permiten la creación de una extensa librería de sonidos.
En mi opinión se trata de un sinte de gran personalidad y que se distingue por un sonido oscuro y grueso. Muy recomendable.
Lo mejor: Timing y número de canales
Lo peor: No funciona desconectado
El UX-256 se presenta como una unidad de medio rack que se conecta a través de USB, disponiendo de 6 puertos MIDI convencionales y de 10 puertos en dos conexiones TO HOST (2 puertos IN y OUT, y 8 OUT), para un total de 256 canales MIDI OUT y 128 MIDI IN. Creo que no hay ningún interfaz MIDI que sea capaz de gestionar tantos canales.
Aunque es un aparato que salió a finales del 2000 y sus primeros drivers funcionaban con Windows 98, hoy sigue teniendo drivers para las últimas versiones de Windows (no sé para Mac), lo que dice mucho y bueno del soporte de Yamaha. Sus drivers, además, permiten conectar tantas unidades como soporte la CPU del ordenador.
Desde mi punto de vista su mayor defecto es que para funcionar necesita estar conectado a un PC. Es el único -y no pequeño- inconveniente que le encuentro, aparte de la dificultad de manejar las conexiones TO HOST que son las que suman mayor número de canales. Sin ellas, el UX-256 queda como una interfaz de 6 puertos muy competente, pero que en nada se distingue de otras similares.
Desde mi punto de vista, si tuviera un modo stand-alone, aunque fuera muy básico, sería la interfaz perfecta... pero no se puede tener todo.
Su timing es realmente bueno y lo es además desde sus primeros drivers, sin que puedan apreciarse ningún tipo de retardos en la gestión de la señal MIDI, cosa que no era tan común en las primeras interfaces USB.
En cuanto a calidad de construcción, responde a los estándares habituales de Yamaha: ni un pero.
Por si no se ha notado, yo estoy encantado con esta interfaz y volvería a comprarla(s) sin dudarlo.
Lo mejor: La expresividad de algunos de los sonidos
Lo peor: Su pantalla
Es un aparato difícil de manejar con 126 formantes que pueden agruparse en hasta 6 grupos y compartir envolventes. Es un sinte capaz de sonidos únicos y muy expresivos. Su arquitectura de síntesis, no obstante, queda muy lejos de su heredero el K5000 que lo supera en todo.
Por su propio diseño, sus bajos y agudos se quedan muy cortos y, en general, todos sus timbres resultan bastante lo-fi, aunque con carácter. Sus salidas son algo ruidosas y con escaso rango dinámico. Mejores las salidas individuales que la salida MIX.
Lo que menos me gusta del K5m es su pantalla: enorme para la época, con gráficos explicativos y con mucha información... pero con una pésima visibilidad, contraste y ángulo de visión. Hay que dejarse los ojos para editarlo directamente... o usar un editor software.
Quien busque sonidos realistas, que mire en otra parte, aunque para su tiempo (en la que lo más realista que había era un DX7) estaba en general muy por encima de la media. Desde luego, no puede competir con ningún sinte S+S en realismo, aunque hay que recordar que estamos hablando de un sinte de 1985.
Su polifonía llega a las 32 voces y permite hasta 15 partes multitímbricas lo que, de nuevo, estaba muy por encima de la media de su competencia.
Es un sinte, en general, curioso, pero no se lo recomedaría a nadie que no le gustaran los sintes de manera enfermiza y que realmente disfrute con trastos raros.
Lo mejor: Sus posibilidades... y su estética
Lo peor: El software V-Producer
Aparte de su función sampler con el sistema VariPhrase, el VariOS tenía dos aplicaciones propias: el VariOS 8 y el VariOS 303. La primera emulando a los antiguos analógicos polifónicos de Roland y la segunda a la TB-303. Ambas aplicaciones suenan bastante bien, pero no justificaban los más de 1500 euros que se pedían por el VariOs en su momento. Al precio al que se ven de segunda mano, pueden ser una buena compra, pero a su precio original, no.
Además de esas dos aplicaciones, el VariOS fue la plataforma en la que Roland lanzó las tarjetas VC-1 y VC-2 que también emplearon los posteriores V-Synth.
La VC-1 es una emulación perfecta del D-50. La VC-2 es una tarjeta de tratamiento vocal y de armonización de voces. Ambas merecen mucho la pena y se encuentran en el Roland V-Synth XT.
La mayor pega del VariOS es la dependencia de su software para usarlo como sampler. Como puede suponerse, los drivers quedaron en Windows XP y el VariOS está atado a este sistema. Además, el software no es suficientemente estable y da ciertos problemas con los drivers.
Como módulo de sonido, el VariOS es bastante más útil que como sampler en tanto que funciona de forma totalmente autónoma. Tanto el VariOS 8 como el VariOS 303 suenan bien y son muy aprovechables.
Las tarjetas VC son mucho mejores, en mi opinión, y la VC-1 en particular es una maravilla: un D-50 actualizado, con todas las tarjetas ROM que salieron en su día y con suficientes bancos de usuario para entretenerse años. Lo malo es que las VC no son fáciles de encontrar y se cotizan más caras que cuando salieron al mercado.
El VariOS está muy bien dotado en lo que a conexiones se refiere: cuenta con conexiones digitales y analógicas, se conecta al PC mediante USB e incluso puede ser usado como un interfaz MIDI básico.
Es un aparato útil si ya se dispone de él, pero sólo recomendaría su adquisición a usuarios avanzados y que quieran dedicar bastante tiempo a experimentar y a aprender su funcionamiento. Desde luego, no es un chisme de enchufar y listo. Requiere esfuerzo sacarle partido.
A buen precio y con la VC-1, es sin duda la mejor opción para hacerse con un D-50, pero como ya he comentado, las VC escasean más incluso que los VariOS.
Lo mejor: Varias opciones de calidad en un único aparato.
Lo peor: Diseño poco ambicioso mirando el precio final
En mi opinión, sólo el Australis ya valía lo que inicialmente se pedía por el Chameleon, pero al comercializarlo como un sistema abierto, en lugar de valorarse lo mucho que el sistema ya ofrecía, se miraba a lo que todavía no había llegado... y que finalmente no llegó.
Es un aparato que en todas sus encarnaciones suena muy bien, pero en el que el Australis, por su calidad, tiene un protagonismo importante. Hay pocos VA que suenen tan bien como lo hace el Australis y que, sin embargo, hayan tenido tan poca repercusión.
Por lo demás, en efecto, le faltan controles, pero no es un aparato pensado para el control desde su panel frontal sino, como tantos otros, para usarlo junto a un controlador dedicado (de hecho hubo en su tiempo un paquete con el controlador Hades VMC-207, también diseñado en España).
Le falta claramente una conexión USB con el ordenador y un sistema de cambio de skins rápido (se hace por MIDI) aunque, como digo, para mí, sólo con el Australis ya vale hasta el último céntimo que se pague por él. Digamos que el resto de skins son un buen extra, pero con un sistema mejor para su carga, se le podría sacar más partido.
Fue una pena que no saliera un Chameleon 2 y que se abandonara el sistema porque la idea era muy buena. Quizás pecó de poca ambición en sus inicios y de un hardware claramente pensado para sacar una versión más potente en el futuro. El mercado no respondió del modo esperado y tristemente todo quedó en nada.
Al precio al que se ven, es una buenísima compra.
Lo mejor: Simplicidad y resultados
Lo peor: Nada
En mi opinión lo tiene todo: muchos canales en muy poco espacio, buen sonido, fiable y, además, bonito y barato.
Es un mezclador muy silencioso y que vale mucho más de lo que cuesta. Tengo seis RX1602 en mi estudio y, la verdad, son de las mejores inversiones que he hecho.
La latencia para usar VSTi depende mucho del procesador. En el primer PC en el que la instalé (un Athlon a 1 Ghz), con el driver WDM y en Sonar yo conseguía una latencia de 11 ms sin fallos. En mi PC actual un PIV a 3 Ghz la latencia con driver WDM y Sonar es de 4 ms sin fallos. Sinceramente, con estos números cre que no hay de qué quejarse en cuanto a latencia y más teniendo en cuenta los años que tiene el sistema (1998).
Los problemas:
* el sistema está absolutamente muerto. Win XP es con casi total seguridad el último SO con el que se podrá usar esta tarjeta. Yamaha no presta soporte desde hace años y no parece que vaya a haber drivers x64.
* No funciona con cualquier chipset por lo que, hoy por hoy, hay que hacer auténticos esfuerzos para que funcione en un PC actual (y lo digo por experiencia propia, ya que me fue imposible hacerla funcionar en sistemas sin chipset Intel).
* La frecuencia de muestreo de la tarjeta se queda en 44.1 ó 48 Khz con 16 ó 32 bit de resolución, con lo que está muy por debajo de los estándares actuales en este campo. Olvídate de grabaciones a 24/96 porque con esta tarjeta no se puede. No obstante, su calidad de sonido es de verdad impresionante.
* El sistema es difícil de entender, sobre todo si tienes más de una tarjeta (al menos para mí lo fue). Requiere software adicional para acceder a todas las prestaciones de la tarjeta, con lo que la curva de aprendizaje no es precisamente ligera. De ahí que una vez que te has hecho con la tarjeta sea difícil abandonarla.
Mi conclusión: esta tarjeta da tanto que, a pesar de sus defectos (que no son pocos), no me veo usando otro sistema, entre otras cosas porque no conozco ninguno que me pueda ofrecer lo mismo mejorado. Eso sí, a mí me parece una maravilla porque ya conozco todos sus entresijos y porque todo me funciona a la perfección pero, he de reconocer, que no es una buena opción para un principiante o para el que busque "gratificación instantánea". Hay que dedicarle horas y, sobre todo al principio, mucha paciencia, y no creo que a estas alturas de la película merezca la pena tanto esfuerzo en un sistema condenado a la extinción.
Lo mejor: Posibilidades, sonido
Lo peor: Difícil de programar. No permite crear Fseq propias
Los patches están organizados en voices y performances. Las voices son sonidos sencillos creados a partir de cualquiera de los dos sistemas de síntesis que implementa el FS1r. La memoria interna ofrece 1408 presets (11 bancos de 128 sonidos) y un banco para sonidos programados por el usuario de hasta 128 sonidos.
Los performance son combinaciones de cuatro voices, pudiendo asignarse un canal MIDI distinto para cada una de ellas para operaciones multitímbricas. 384 performances (3 bancos con 128 posiciones) y 128 de usuario.
El FS1r tiene 32 voces de polifonía y una potente sección de efectos. Presenta cuatro controles giratorios de giro infinito que envía CCs y que pueden ser asignados a prácticamente cualquier evento.
Una característica fundamental en esta máquina son las FSequences, que son secuencias de formantes que permiten crear frases rítmicas o incluso “frases vocales”. Es un recurso magnífico pero que presenta serias limitaciones por culpa del interfaz de usuario de FS1r, por la falta de explicaciones en su manual y porque no existe un editor software que permita crear nuevas FSeq. En definitiva, la diversión no puede ir más allá de modificar las 90 FSeq preset del FS1r. Una lástima.
En general, se trata de una máquina muy capaz, con un sonido potente y brillante. Difícil de programar si no se cuenta con un editor software como, por ejemplo, la versión para el FS1r de Sound Diver que se proporcionaba junto a éste. Sin software, su programación en profundidad es imposible.

