Woden escribió:
Un compás de 2/2 implica (además de una duración determinada) una acentuación concreta.
Un compás de 2/2 revela una duración de dos blancas donde esas dos blancas representan el pulso. La acentuación no intervienen en esta definición. El compás es hoy día algo mucho más básico: no es más que un soporte visual del pulso y lo organiza en el número que interese a cada compositor o cada estilo, pudiendo ser regular o irregular. Creo, como tú, que las modernas indicaciones de compases son ineficaces para muchas músicas donde el pulso es complejo, con sucesiones de grupos de notas: de 2 y 3, básicamente y luego por combinación de 4, 5, etc. (Por cierto, que yo conozco el sistema del que hablas ya que toco con músicos que lo utilizan y lo encuentro fascinante). Pero la razó por la que lo encuentro ineficaz es por exceso (no por "reduccionismo"): escribir modos rítmicos búlgaros por ejemplo en notación de compás occidental es excesivo e innecesario. Imagina 2/8, 3/8, 2/8, 2/8, 2/8, 3/8, 2/8... ¡No digamos ya los indúes! El vídeo es muy bueno! Ya conocía el de McLaughlin, pero no éste.
En jazz o la música cubana por poner dos ejemplos que conozco, el ritmo no se expresa con la indicación del compás (aunque así nos lo enseñaron en el conservatorio, un gran error que los buenos profesores de interpretación se encargan de desmentir, ya que en la música tradicional también es así!). Ese no es el cometido del compás. El ritmo se expresa sin embargo con las figuras (la notación proporcional) y los signos de articulación. Lo que indica el compás, ni más ni menos, es el pulso, ese sentido interno de regularidad, de motor psicológico.
Hasta ahora en mi experiencia no me encontrado ningún inconveniente en leer/escribir música de jazz o cubana escrita a 2/2 o 4/4 generalmente, si no están compuestas en otros compases, como 6/8, 7/8, 5/4, 5/8, etc... He tenido dudas al escribir flamenco, pero no por el inconveniente de las distintas posibilidades si no por la variedad de ellas. Una "seguiriya" se puede escribir (y entenderse) en 12/8 (si es rápida) en 12/4 (si es lenta) con las convenientes agrupaciones cada 2 o 3 unidades de pulso; en 7+5 (negras o corcheas) con la misma advertencia de agrupación, en 4+3+3+2, etc. Sobre este esquema, que son también los que revelan cómo el guitarrista pisa con el pie derecho, se producen cantidad de contratiempos y se adelantan o atrasan los apoyos de los acompañamientos y melodías para crear riqueza rítmica.
Según esto yo veo algo forzado expresar ritmos según su acentuación cuando el soporte de pulso más o menos regular se indican sin ninguna dificultad en el tradicional compás. "I got rhythm" es un 4/4 aunque su métrica sea 2+3+3+3+3+2 a lo largo de dos compases. ¿Habría que acentuar p.e. así:
2+3+3+
3+3+2 por estar escrito a 4? No, ni mucho menos, es hasta de mal gusto hacerlo. A nadie del jazz se le ocurre tomar el compás como la indicación de acentuación rítmica.
Por último, me gustaría decir que el sentido interno del pulso tiene, si está entrenado, distintos niveles métricos. En un pulso de negra podemos sentir las subdivisiones a 2, 3 o 4; podemos sentir regularidad de blancas, redondas (con puntillo o no, depende de cada ejemplo), y más allá podemos sentir las semifrases y frases, hasta llegar a la forma como expresión del pulso a niveles estructurales. Esto nos lo enseñó Albert Bover en un seminario hace años y lo encontré muy interesante.
Esta idea me llevó a pensar que el pulso es realmente un soporte psicológico, una red más o menos regular donde uno expresa los ritmos, bien a favor del pulso, bien en contra (síncopas, contratiempos, desplazamientos, modulaciones...). En ese sentido la indicación del compás revela para mí de nuevo ese armazón o red de pulsos que debemos sentir al tocar juntos.
En fin, tema abstracto donde los haya...