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Tres interesantes propuestas de educación infantil mediante la exploración del sonido y la escucha

Cada generación crece marcada por diversos instrumentos, géneros, artistas, agrupaciones o momentos musicales de la historia, sin embargo, las generaciones del presente comienzo de milenio tienen una ventaja que quizás no se había visto en siglos anteriores, tanto en términos de la riqueza creativa y las múltiples opciones que hoy aparecen a la hora de entender y hacer la música, como la asequibilidad y capacidad tecnológica de nuestros tiempos.

Esto ha resultado en la posibilidad de explorar nuevos métodos de creación sonora, nuevas formas de interacción con la escucha y diversos encuentros entre las múltiples manifestaciones de lo que consideramos musical. Así, a los más pequeños se les activa el oído, la curiosidad musical y la exploración sonora no desde una forma limitada o tradicional, no desde un lenguaje específico, sino desde la confluencia de múltiples formas y nociones, pudiendo hoy entrelazar formas de encuentro con lo sonoro, trascendiendo la premisa de la experimentación para acceder a la libertad de poder conocer el sonido y la música en sus tantas consideraciones.

Creación casera de dispositivos, experimentación con tecnologías audiovisuales, caminatas sonoras, exploración de la grabación de campo, interacción con objetos, desarrollo de partituras experimentales, procesos colectivos de performance, actividades de escucha, instrumentos de comunicación, creación mediante software y programación, entre tantas otras actividades que hoy en día se encuentran para gestar en los niños una curiosidad nueva que no solo se dirige al sonido y la música en sí, sino que se expande a su forma de interactuar con la realidad, relacionarse con otros seres vivos, concebir el mundo, representar sus emociones, comprender su realidad, expandirla, jugar con ella.

Un ejemplo de esta exploración abierta es Homosonorum-Niños, un taller de un colectivo chileno donde se “busca potenciar la creatividad de los pequeños mediante la realización de partituras musicales confeccionadas con elementos gráficos”, para ello recurriendo a múltiples formas pedagógicas de acercar a los niños al sonido y la música, yendo desde la interacción con objetos, el cuerpo y los paisajes, hasta la idea de “música rupestre”, la cual “simplifica mediante la gráfica la notación característica de la ‘Música Nueva', haciendo así accesible a un mayor rango humano la interpretación de los textos musicales con estas características.”

Como se aprecia en un reciente vídeo donde documentan actividades realizadas en colegios este año, el proyecto abarca niños de todas las edades y explora las tendencias de lo musical de forma abierta, desde el paisaje sonoro hasta la representación material de lo que se escucha. Estos métodos más experimentales y abiertos permiten acercar a los niños de una forma más intuitiva y los abren a un abanico de posibilidades estéticas, simbólicas y narrativas inimaginable, ya que la música se les presenta en su común dimensión de juego y sorpresa, donde no se trata de la rigidez de determinados parámetros preestablecidos sino de la constante experimentación abierta y colectiva.

Otro proyecto interesante en este sentido es Minute of Listening (Minuto de escucha) desarrollado por el grupo de trabajo de Sound and Music en Inglaterra. Su idea central es abarcar actividades sonoras en los colegios, principalmente orientadas a explorar la escucha en los pequeños, a incentivarla, cultivarla, expandirla y conocerla, siendo esto último de suma importancia: cómo los niños conocen los sonidos, como se acercan a la música, como se disponen a la escucha y de qué manera la imaginación y la inocencia expanden notablemente las posibilidades a la hora de escuchar.

Es sin duda un proceso que incide radicalmente en la configuración social, en la construcción de mundo, en la manera como desarrollamos las relaciones y asumimos la realidad. No se trata meramente de enseñar a los niños a escuchar, sino de gestar un mundo donde la escucha sea importante, donde haya más atención a lo que sucede en lo invisible, lo que se imagina desde lo sonoro, lo que se siente a la hora de detenerse a escuchar. Todo un ejemplo que muchos modelos educativos bien podrían seguir, ya que en vez de enseñarles a los niños la música como un asunto técnico y rígido, se les muestra como un proceso creativo que se desenvuelve desde una atención a la escucha misma.

Bajo la premisa de la interacción, la representación y la constante retroalimentación colectiva, Minute of Listening ha desarrollado un software que llevan a diferentes escuelas, donde se pueden escuchar desde grabaciones de campo de fiestas patronales y paisajes naturales, hasta músicas del mundo, instrumentos y voces de toda procedencia. La idea es que los pequeños logren interacciones mediante la imaginación, dibujando lo que escuchan, representando lo que suena, permitiéndoles así un aprendizaje donde la didáctica no depende de lo meramente tangible sino que este está en función de lo sonoro.

Otro proyecto que vale la pena mencionar es Dr. Bob SoundSchool, una escuela sonora gestada por la Moog Foundation y orientada también al trabajo con los niños en torno al sonido, salvo que en este caso la idea está inspirada en la figura de Bob Moog, más centrada en darles a conocer, de formas nuevas, la ciencia del sonido, la física de las señales, los procesos de síntesis y procesamiento de señal, la música por computadora, etc. Para ello desarrollan procesos lúdicos de todo tipo, yendo desde tradicionales métodos de aprendizaje mediante juegos con cartas o clases explicativas básicas, hasta interacción directa con aparatos y procesos creativos.

Estos últimos son de gran acogida por parte de los niños, y cómo no iba a ser así: si analizamos bien, la ciencia tras un theremin, un micrófono o un minimoog, es para un niño pura magia, juego; está en su naturalidad experimentar y explorar, y además, al no tener tan tajante la frontera entre el ruido y la música, las posibilidades de encuentro con lo sonoro son asombrosas, pudiendo ir más allá de los juicios que carga consigo la mayoría de edad, para aventurarse a la fascinante riqueza del azar que se halla en lo más inmediato del juego.

El trabajo de la fundación en este proyecto ha dado interesantes resultados, desde aperturas psicológicas como mejoras en deficit de atención hasta expansión de la creatividad, permitiéndole a los niños aprender desde la experiencia y conocer mediante la práctica directa entre perillas, teclas, campos electromagnéticos, procesos acústicos y reacciones algorítmicas. Su idea es “inspirar a los niños a pensar, conectar y crear”, de tal manera que su mente esté mejor dispuesta a construir el mundo del futuro desde nuevas vías y resolver de una mejor manera los problemas que se les puedan presentar.

Todo un ejemplo que sería fascinante ver implementado con mayor profundidad en nuestra sociedad. Si cada colegio integrara técnicas similares de exploración sonora, si los niños accedieran a temprana edad a las formas de experimentación con la música y si cultivaran una escucha más activa, más dispuesta, más presente, es muy seguro que sus generaciones y las venideras, tendrían ante sus oídos un mundo más atento y comprensivo, más capaz, no solo en términos técnicos y creativos, sino en el sentido mismo que forja el mundo.

Miguel Isaza
EL AUTOR

Miguel es un investigador que relaciona la filosofía, el arte, el diseño y la tecnología del sonido. Vive en Medellín (Colombia) y es fundador de varios proyectos relacionados con lo sonoro, como Éter Lab, Sonic Field y Designing Sound.

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