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Imaginando el futuro sonoro de los hospitales mediante la música electrónica

Los hospitales son lugares para la salud, sin embargo, escucharlos no es en muchos casos tan sano como se creería. Los entornos sonoros presentes en un hospital suelen ser de muchos tipos, tanto por el contenido emocional y el drama que suscita la enfermedad como tal, como por el hecho de estar en una actividad incesante que hace frenético el paisaje sonoro. Y no solo esto, la gran cantidad de máquinas, constante comunicación verbal y las múltiples situaciones que suceden en este tipo de recintos, resulta en una compleja textura de sonidos, en muchos casos no tan saludables, sobre todo para el estado mental tanto de pacientes como de médicos.

En el reciente documental In Pursuit of Silence (En busca del silencio), se cuenta por ejemplo del creciente margen de error en las decisiones médicas a causa de diversos tipos de distracciones y estados en los que los doctores se someten dentro de la atmósfera del hospital, donde los niveles de ruido –en algunos casos bastante elevados– son identificados dentro de los factores que afectan más radicalmente. Además hay ciertos sonidos y espacios que constantemente se ven envueltos en ciertos tonos que ejercen una potente influencia emocional, anímica e incluso física sobre los pacientes.

Los estudios globales realizados muestran que entre 1960 y 2005 los niveles de sonido subieron de 57 a 72 decibeles en el día, y de 42 a 60 en la noche. La organización mundial de la salud estipula que más de 55 decibeles ya puede causar desorden notorio de sueño y es además causante de problemas en el corazón. Recomiendan niveles de 30 decibeles o menos, lo cual está bastante lejos de lo que los estudios para el 2005 ya entregaban: más de 100 decibeles de ruido en la noche, “tan fuerte como una motosierra”.

Asuntos como estos son los que un grupo de expertos se ha propuesto analizar y tratar, reuniendo músicos, ingenieros acústicos y profesionales de la salud para buscar vías de reformular el entorno sonoro de un hospital buscando “la creación de entornos que fueran menos cacofónicos y más armoniosos”, para ello implementando una serie de estrategias interesantes que van desde utilizar dispositivos que alerten silenciosamente a las enfermeras, máquinas de monitoreo vital sin el típico beep o incluso cambios en sonidos y anuncios reproducidos en los corredores, reemplazados en este caso por música ambient.

Este último es bien interesante, en tanto le entrega a la música electrónica la posibilidad de explorar ámbitos sociales interesantes, además de situarla en la exploración de estados mentales y la pregunta por lo que puede ser o no más saludable para ciertos entornos, quedando abierta la cuestión ya que quizás no para todos será igual de tranquilizante un sonido u otro, sin embargo, a la hora de preferir entre una suave tonada ambient y un imparable bullicio de voces y máquinas constantes, quizás muchos opten por la primera opción.

Semejante tarea de pensar la música apropiada para un hospital fue la adoptada por Yoko Kamitani Sen, quien abogó por la mencionada vía de comunicación silenciosa con las enfermeras –cuyas alarmas, de hecho, son entre el 85 y el 99% llamados menores, sin necesidad de intervención clínica–, según cuenta el estudio. La artista decidió crear un proyecto llamado Sen Sound donde se pudiera reimaginar el sonido de los hospitales, en el caso concreto de los sonidos de los beeps de aparatos de monitoreo, apuntando a un rediseño sonoro, en gran parte estimulado por lo que vivió cuando una enfermedad la dejó hospitalizada y cuenta haber restado “aterrorizada por los sonidos de la habitación”, lo cual la llevó a pensar otras formas de la manifestación sonora de estos espacios.

Cuenta que comenzó a hablar con todo tipo de personas (incluyendo profesionales del sector) sobre sus experiencias con el diseño, el sonido y la atmósfera percibida acústicamente en estos lugares, indagando especialmente en la relación de los mismos con la emoción o el estado mental, los cuales, según expone su estudio y práctica, pueden variar desde la exploración estética, que es donde se halla el particular enfoque de Kamitani, no creando música desde cero sino partiendo de los sonidos mismos de las máquinas y alarmas, tratando de transformar lo que considera disonante, para establecer otras coordenadas melódicas.

De todos modos, la artista cuenta que su idea es entrevistar a más personas para averiguar en mayor detalle lo que querrían en estas situaciones. Esto es por lo que comentábamos líneas atrás: hay una subjetividad implicada en el proceso auditivo que siempre hará variar nuestras preferencias, por tanto la idea es buscar entre la heterogeneidad de perspectivas no solo un sonido que se acomode a determinadas situaciones, sino también espacios y posibilidades de aislamiento y quietud respecto a los sonidos ajenos.

Esto sin embargo es igualmente retador porque, según expone el estudio, el silencio en términos de ausencia de sonido no es tampoco lo ideal, tanto porque hay quienes se alteran más con la asuencia de sonido, como porque esta ausencia genera un constraste mayor con cualquier sonido que pueda suceder en el ambiente. Sin duda un reto tanto para arquitectos como para ingenieros electrónicos, pasando por músicos, administradores y diseñadores. Seguramente, como ocurre con tantos otros sectores de nuestra vida cotidiana, será necesario ir implementando cambios en su sonido, y quizás la forma siempre será aprendiendo cada vez a escuchar de una forma más atenta y dedicada.

Vía Quartz | Sen Sound

Miguel Isaza
EL AUTOR

Miguel es un investigador que relaciona la filosofía, el arte, el diseño y la tecnología del sonido. Vive en Medellín (Colombia) y es fundador de varios proyectos relacionados con lo sonoro, como Éter Lab, Sonic Field y Designing Sound.

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