vagar escribió:
No puedo poner la mano en el fuego por compositores como Schubert, por ejemplo, que no era intérprete consumado ni director.
Pues si yo tuviera que poner la mano en el fuego por la capacidad de transportar de Schubert no lo dudaría. No hay actividad musical en la que más se transporte que en la interpretación de lieder (canciones alemanas) Por mucho que la música original esté escrita en Do, si al cantante le va una tesitura en Solb, pues el pianista le pone las gafas del transporte y se va a la tonalidad que sea necesario. Es más complejo aún que los transportes típicos de la orquesta.
Por otro lado Schubert era un pianísta bastante hábil y el mito de que no tocaba es más una herencia de los libros de historia poco fundamentados en leer las fuentes y dar por sentada una especie de jerarquía romántica entre compositores. Schubert destaca más por sus canciones y, desde sus clases con Salieri, son un género considerado menor por parte de la elevada crítica musical de comienzos del siglo XX que beben de las monumentales sinfonías de Mahler y Bruckner. No era posible comparar una obra de arte como un ciclo de canciones con la 5a de Mahler. Así que le ponemos como músico con talento pero algo torpe. Schubert tuvo unos comienzos difíciles por el rechazo familiar a su intención de ser músico y no tuvo ni medios, ni mecenas. Cuando empezó a destacar, siendo bastante joven, la enfermedad acabó con él. Aún así compuso 9 sinfonías a una edad en la que Beethoven estaba estrenando la primera.
Schubert se pasaba las tardes-noches tocando el piano en las llamadas Schubertiades. Transportando lieder y tocando danzas sin parar.
Perdón por extenderme, pero es que le tengo un cariño especial a Schubert
Respecto a lo que sabemos o no de lo que hacían o pensaban los compositores. Olvidamos muy a menudo la ingente cantidad de correspondencia, notas, apuntes en las correcciones de los borradores de ediciones que iban a publicar, y otros documentos. No, no había WhatsApp, pero le daban al papel más que un adolescente a la pantalla. Ahí se encuentra una información valiosa que los historiadores románticos nunca consultaron y que es la responsable de que se repita en los libros una imagen distorsionada de la labor del músico.
Compositores como Beethoven escribieron libros sobre composición y allí aparecen los contenidos teóricos que enseñaba a sus alumnos y que él mismo había aprendido. Aunque nos parezca imposible, los compositores aprendían con libros, libros que se conservan y que muestran las materias que estudiaban y ejercicios propuestos para la práctica.
Al igual que Schubert, son muy notorios los casos de Liszt (su profesor de piano le hacía tocar los preludios y fugas del Teclado Bien Temperado transportados a todas las tonalidades) o Brahms (formaba dúo con el violinista Joachin. Afinar un piano no es posible sin herramientas, así que cuando llegaban a alguna localidad y el piano estaba bajo Brahms transportaba para que Joachin pudiese tocar. No hay más que mirar las partituras de las sonatas para violín de Brahms para hacerse una idea de lo que representa no solo transportar las notas, sino adaptar digitaciones a posiciones complicadas). ¿Cómo podrían hacerlo sin saber transportar o teniendo que contar con los dedos?
Para un compositor esta pregunta le provocaría una sonrisa complaciente. La mayoría aprendían en coros eclesiásticos. La lectura de partituras en tetragrama con claves de Do y Fa móviles y cambiantes les preparaba para lo que hoy se llama
Solfeo relativo. En el ámbito del acompañamiento de los coros eclesiásticos en órganos, muchos de ellos utilizan diapasones antiguos o muy altos o muy bajos, así que había que transportar para garantizar que el coro sonaba bien en cualquier iglesia.
Respecto a la música orquestal, toda la preparación de la partitura se hacía a mano y por parte del propio compositor. Desde la partitura general a cada una de las
particellas con sus respectivas copias por atril. No, no había tecla mágica, como en los modernos editores de partituras para trabajar en Do y luego, antes de imprimir, darle a la tecla de transposición. Leer la partitura transportada de los instrumentos transpositores era tan natural como para un pianísta leer en la mano izquierda la clave de Fa. La orquesta no es para ellos más que un complejo instrumento.
Aunque ninguno de ellos haya declarado bajo juramento ser capaz de transportar, hay bocetos en los que las partituras condensadas pasan del tono principal al tono de escritura del instrumento transpositor si la melodía cambia de actor orquestal.
Un profesional de la música que pasa 10 o 12 horas diarias 365 días al año con las partituras no lee las notas por la posición en las 5 líneas, lee distancias, intervalos, grupos de notas, acordes completos y no nota por nota. No hay duda de esto. Basta hacer la prueba.