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El ritmo armónico

Cuando hablamos de ritmo habitualmente nos referimos a la parte percusiva de un tema, a sus acentuaciones o a la velocidad. Habitualmente esa es la parte rítmica más visible de la música pero todo el contenido que genera una pieza musical tiene su propio ritmo “personal”. La estructura por ejemplo puede llevar un ritmo determinado según las partes de las que se constituya y cómo las repite (o cómo no las repite), la aparición de determinados instrumentos, la dinámica (alternancias entre diferentes intensidades generales al margen de la acentuación melódica) etc...

Estos elementos pueden encontrarse integrados de una manera “discreta”, pueden tener un énfasis especial o pueden ser contrastantes.

La parte más influyente sobre una melodía es su contexto armónico (los acordes que la acompañan), por lo tanto el ritmo armónico, los tiempos que tardamos en cambiar de un acorde a otro, influirán notablemente en la percepción que tengamos de ella.

Imaginemos un compás de cuatro tiempos. Los acordes pueden durar, por ejemplo, cada uno un compás completo, pueden durar la mitad o pueden cambiar velozmente de un tiempo a otro, pueden entrar en un tiempo débil o en un tiempo fuerte. La percepción rítmica en cada caso será diferente. Un cambio en la armonía, por lo general, genera una acentuación rítmica inevitable, independientemente de la intensidad con la que aparezca. La acentuación será mayor o menor dependiendo de la función armónica del acorde (tónica, dominante, etc...) y de otras variables como el contrapunto que genere con respecto a la melodía, por ejemplo acentuándose esta en tiempos débiles del compás y el acorde en tiempos fuertes o viceversa.

En resumen, tener esa acentuación rítmica intrínseca en cuenta es una herramienta expresiva muy potente, herramienta que vale la pena controlar y plantear, durante el desarrollo de cada composición, si conviene que siga un ritmo “discreto” o participe de un modo más activo.

Hagamos una prueba muy sencilla para comprobar la influencia del ritmo armónico. Coloquémonos de fondo un ritmo percusivo a modo de bucle a una velocidad media, ni muy rápido ni muy lento. Cojamos un instrumento polifónico, un teclado o una guitarra, y cambiemos de acorde cada ocho tiempos por ejemplo, siguiendo una progresión repetitiva y el ritmo percusivo que hemos puesto. Tras haber repetido esta secuencia unas cuantas veces, sin pararnos, comencemos a cambiar de acorde al doble de velocidad (cada cuatro tiempos) sin alterar el bucle percusivo ni el estilo rítmico con el que estemos haciendo sonar esos acordes, simplemente cambiemos la postura del acorde el doble de rápido, hagámoslo a continuación cada dos tiempos, luego cada uno... Percibiremos una sensación de velocidad general, como si todo fuera más rápido. Lo único que va más rápido (que ya es bastante como observamos) es el cambio de armonía. Si aparte de la percusión hubiera una melodía sonando cíclicamente también recibiríamos una percepción general (no sólo en la armonía) de cambio de velocidad aunque esta o el ritmo de percusión no se vieran alterados.

La armonía es como el “escenario” sobre el que se mueven los diferentes elementos de una composición musical (siempre que esta esté presente, claro), sus cambios rítmicos influyen en cómo los percibimos aunque estos no sean alterados directamente.

Os presento a “Miniature 2”. La cual me ayudará a convertir en ejemplo algunas de estas cosas:

En “Miniature 2” se distingue claramente el elemento melódico del armónico (no confundir el movimiento de un mismo acorde, mediante un arpegiado por ejemplo, de un cambio real en la armonía).

La primera parte del tema (minuto 0´00´´ hasta 0´21´´) lleva un ritmo constante muy básico. Cada acorde dura un compás de cuatro tiempos (podríamos decir que es un ritmo armónico de redonda por ejemplo). A continuación, en el minuto 0´21´´, entra un compás donde la velocidad armónica cambia a dos tiempos (blancas), lo cual “acelera” momentáneamente la música para entrar en el tema principal de la pieza: minuto 0´24´´. El ritmo armónico vuelve a congelarse a un acorde por compás (en este caso el acorde tampoco se mueve para dejar desnuda la primera aparición de esta melodía). El ritmo de la respuesta a esa melodía se acelerará a dos tiempos por acorde (minuto 0´29´´).

Retrocedamos al minuto 0´24´´ y veamos algo un poco más interesante. Este motivo musical aparece durante la pieza con tres ritmos armónicos diferentes. En el 0´24´´ tiene, como hemos visto un ritmo armónico de redonda (cuatro tiempos). En el 0´34´´ aparece con un ritmo armónico de blanca (la misma frase melódica es acompañada por dos acordes) y en el 1´21´´ la encontramos pero con ritmo de negras (es acompañada por cuatro acordes distintos). Los elementos usados son sencillos pero el contraste entre un ritmo armónico y otro sobre el mismo breve pasaje es notable y afecta de modos distintos en el carácter emotivo de la melodía.

Pero la razón más interesante por la que escojo esta pieza es el pasaje que sucede entre el minuto 0´56´´ y el 1´15´´ aproximadamente. Hasta ese momento era fácilmente perceptible el tipo de compás que transporta cada una de las partes: un compás binario de cuatro tiempos (4/4). En esa parte a algunos compases les he añadido un tiempo extra (convirtiéndolos en 5/4) aunque el arpegio melódico mantiene la misma estructura cíclica de cuatro corcheas. Para poder organizarlo y dar “coherencia” a ese contraste, a esa presunta ausencia de simetría que hasta ese momento mantenía el tema, los acordes, con su ritmo armónico (2 3 2 y 2) ayudan eficazmente a estructurar el pasaje generando pilares armónicos que moldean y sostienen la forma. Al mismo tiempo colabora directamente en invertir, de un modo curioso, la dirección en que se mueve el arpegio.

Ocurren ocasiones (no es el caso de esta pieza) en que el desplazamiento de los acentos melódicos y armónicos de los puntos de inicio de cada compás hacen que el oyente pierda el pulso rítmico real de la pieza generando una sensación métrica más flexible.

Si os gusta el tema, o si queréis verlo más de cerca, se encuentra disponible para descargar aquí. (Permanecerá con la opción de descargarla gratuitamente durante esta semana). En el archivo he incluido también la partitura en formato pdf y en formato Sibelius.

Todo aquello que transcurre en el tiempo tiene su propia cadencia, cada elemento de una pieza musical tiene ritmo y este ritmo puede tratarse simplemente por inercia o por separado, con más atención, de una manera creativa. Teniendo en cuenta que cada pieza que desplacemos influirá en la percepción que recibiremos de las demás.

Si tienes una pieza en la que has prestado una atención especial al ritmo armónico, y quieres compartirla, dejanos el enlace en los comentarios. Será un placer escucharla.

Juan Ramos

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