Sonido en vivo

Aprende a evaluar el sonido de un concierto: guía para el espectador

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Concierto

Está claro que entre los técnicos de sonido, la crítica está a flor de piel. Solemos evaluar el sonido de nuestros compañeros de mesa sin demasiados tapujos y, normalmente, siempre somos mejores que ellos. Incluso aquel que no ha mezclado nunca para más de 200 personas es capaz de sonsacarle los colores al mismo Sean Sullyvan, Jon Burton o Robert Scovill.

Pero estas líneas no van para los técnicos (que, siguiendo esta tradición, lo verán como una traición severa), sino para el público en general, el mismo que sustenta nuestros sueldos de manera directa o indirecta y que, cuando les preguntas (siendo o no técnico) cómo suena un concierto, suelen responder con un: “no lo sé, no soy técnico”. Pues he aquí esta pequeña guía.

La diferencia entre sonar y música

Lo primero de todo es saber diferenciar los sonidos de la música. La mayoría de las veces me he dado cuenta que el espectador (sin conocimientos de sonido) confunde el “sonar bien” con “escucharse bien”. Ambos pueden parecer lo mismo, pero lo que quiero hacer entender es que un concierto puede sonar o escucharse perfectamente, pero que su musicalidad no sea del agrado del espectador. En estas circunstancias, es probable que el espectador afirme que “no suena bien” o “no se ha escuchado bien”, cuando en realidad es probable que se escuchara perfectamente, pero que musicalmente no fuera de su agrado. Aquí vamos a analizar la evaluación objetiva del sonido, y no la musicalidad de lo que se ofrece.

La importancia de la acústica

Antes de una evaluación de la mezcla debemos cerciorarnos de hechos físicos ajenos, normalmente, a las particularidades del concierto: acústica y posición del espectador. Estés donde estés, querido espectador, imagínate “cómo sonaría” ese espacio si sólo estuvieras tú y una palmada tuya. Intenta tirar de recuerdos estándares para valorar si hay o no una alta reverberación, algo como un eco. La mayoría de pabellones deportivos no han sido diseñados para conciertos, sino justamente lo contrario: conseguir que el sonido del público apabulle al equipo visitante. Eso, junto a la precariedad arquitectónica dificulta casi cualquier mezcla. Esos “ecos” pueden atenuarse cuando el sonido que proviene de los altavoces (aunque debería decir ‘cajas acústicas’) supera con creces el nivel de la reverberación. Por eso, en función de donde estés situado es posible que o suene muy fuerte o con mucha reverberación. Si te mueves (y puedes) seguro que consigues una audición mucho mejor. La culpa no es del técnico, ni de la banda, sino de una larga tradición de querer cobrar entrada en recintos grandes y cerrados, de uso polivalente pero de difícil sonorización.

Otro ejemplo muy habitual es pensar que en los auditorios la música amplificada (es decir, aquella donde hay concurso de altavoces, ya sea sólo en el escenario o en la boca del mismo) tiene que sonar igual de bien. ¡No! Son dos tipos de “sonorización” distintos: el auditorio está pensado justamente para amplificar sonido sin amplificar proveniente del escenario, por lo que es fácil entender que si ponemos una batería y una guitarra eléctrica, como espectador escucharás muy altos esos niveles. Pero estamos en lo mismo: hay quien ha decidido que ahí debe realizarse este tipo de conciertos electrificados cuando la naturaleza del propio edificio demanda lo contrario.

Entonces, ¿son las salas de concierto lo mejor? En teoría sí, pero la realidad apunta a otra cosa. ¿Recuerdas cómo sonaba tu salón el día que entraste en tu vivienda aún sin muebles? Exacto, sonaba ‘raro’, con reverberación. Todo ello desaparece cuando pones muebles, pero es fácil ver que ese comedor, en sus inicios, no tenía pinta de ser una buena sala de conciertos. Lo mismo le ocurre al promotor de una sala: o tiene el dinero y la suerte de poder edificar desde cero su sala o tiene que aprovechar lo que haya en el mercado; normalmente grandes naves diseñadas para la industria donde el uso como sala de conciertos nunca ha tenido razón de ser. En función de la inversión es posible conseguir que una enorme caja de hormigón suene perfectamente desde un punto de vista acústico, pero tendríamos que hablar del 21 % de IVA, de lo difícil que os supone ir a los conciertos, etc.

Colócate bien

Estés donde estés situado en un concierto, tu posición determinará muy bien cómo escucharás la mezcla. Básicamente sólo hay un único lugar donde se escucha a la perfección y suele ser justo en la perpendicular que se consigue mirando los altavoces que tienes delante del escenario (sí, esas cajas negras voladas) y a una distancia equidistante entre esos tres puntos. Ahí, normalmente, se suele colocar el técnico de sonido, justamente para que tenga el mejor control posible de la mezcla. Si te colocas en esa zona escucharás casi lo que quiere escuchar el técnico y tendrás un valor de juicio más objetivo. Dentro de este triángulo y cuanto más cerca de la mesa de sonido estés seguirás teniendo una buena imagen, un buen sonido. En espacios grandes, cuanto más cerca del escenario peor. Cuando más lejos de las cajas, peor. Cuanto más fuera del eje, peor. Sí, lo sabemos: es imposible conseguir una buena audición para todo el público, pero para eso hay entradas más caras y más baratas, aunque últimamente se pondera más la posibilidad de estar cerca del artista que otra cosa.

Si donde estás crees que no suena bien (musicalidad aparte), intenta acercarte a la mesa de sonido para verificar que lo que escuchas es lo que realmente suena. Casi la mitad de la audiencia no escuchará el concierto en condiciones óptimas, es algo que debes tener en cuenta.

La importancia de la voz… y de la vista

Es muy difícil, y así lo creo, que el técnico que mezcla una banda no preste la atención necesaria a la inteligibilidad. Entendemos inteligibilidad como la capacidad de conseguir que lo que dice una voz se entienda. A no ser que el estilo musical así lo obligue, lo que el cantante nos dice se debe entender. Si no es así pueden ocurrir dos cosas. Una es que la mezcla sea mala, pero normalmente lo que ocurre es que no estamos bien situados (nos remitimos al punto anterior). En caso de duda, acércate si puedes a la mesa de sonido.

Cuando estés en un sitio donde la voz se entienda, es fácil poder seguir: lo que ves es lo que debes escuchar. Aunque tengas pocos conocimientos musicales y aún menos técnicos todos sabemos lo que es una guitarra, una batería o un teclado. Intenta ver cuándo tocan y descifra si los escuchas: obsérvalos bien, aunque no sepas cómo deben sonar, pero si hay alguien tocando un instrumento, algún sonido debe asociarse a él. En condiciones normales aquí puedes empezar a tener consciencia de si la mezcla es buena o no: si tocan y puedes escucharlos bien es que hay una mezcla potencialmente buena. 

Intenta ser objetivo

Evita la subjetividad. No te dejes llevar por emociones. Pondera lo que ves y escuchas pero intenta no añadir ninguna parte emocional. A veces, como hemos dicho al principio, “no suena bien” porque no tocan bien, o por que el estilo musical no es de tu agrado o afición. Normalmente suena como los músicos o el líder de la banda quiere y, si no te gusta, tranquilo por que nadie te encarcelará por no gustarte el reggaeton.

R. Sendra
EL AUTOR

Con más de 20 años de experiencia en los escenarios, es técnico de sonido especializado en FOH. Trabaja para bandas nacionales e internacionales como técnico de mesa, y es productor técnico para diferentes festivales y grandes eventos. Kinosonik es su estudio de sonido basado en plataforma digital. Le gusta compartir y le encanta aprender.

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Comentarios
  • CLP
    #1 por CLP el 15/10/2017
    :grupo: =D>
  • grizzvolga
    #2 por grizzvolga el 15/10/2017
    No me ha gustado el artículo. Básicamente le echa la culpa al espectador, que no se entera, no sabe discernir, y encima no sabe que se tiene que se colocar cerca de la mesa de mezclas... o sea, que lugares como el Palacio de Vistalegre de Madrid, en el que es imposible que nada suene bien... o esos técnicos que no saben medir la respuesta acústica de un recinto antes de ponerse mezclar... ¿No tiene la culpa de nada? Pues vale...
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  • Soyuz
    MOD
    #3 por Soyuz el 15/10/2017
    #2 El artículo no dice nada de eso, creo yo. No le echa la culpa de nada al espectador, sólo le da consejos para poder evaluar mejor la calidad de sonido de un concierto. Tampoco culpa de nada a los técnicos, sino a cierto tipo de recintos.
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  • Ossia
    #4 por Ossia el 15/10/2017
    Dejando de lado la cantidad de detalles técnicos que hay que revisar para conseguir que un técnico tenga el máximo control sobre la producción, este artículo tiene su lógica... creo.
  • Juan Lou
    #5 por Juan Lou el 15/10/2017
    A mí me flipa cuando alguien me dice con gestos desde una zona fuera de la cobertura de la PA de una sala: "Sube la voz, que no se oye!". No se, tampoco hace falta ser ingeniero para entender que la fuente de sonido por donde suena la voz y el resto de la banda son esas cajas negras que están mirando hacia adelante colgadas a los lados del escenario y que si te pones en un sitio donde casi no ves su panel frontal no vas a oir un carajo de lo que salga por ahí. Pues aún así hay gente que parece no entenderlo, y me pasa con mucha frencuencia.

    Respecto al comentario de "esos técnicos que no saben medir la respuesta acústica de un recinto antes de ponerse mezclar", yo diría que si no te dejan reubicar la PA ni poner paneles de difusores poco hay que hacer ahí. Una sala con exceso de reverberación y una PA colocada sin tener eso en cuenta te deja poco margen para evitar un desastroso resultado de la amplificación de la voz. Todo contando con que con buen criterio no vas a amplificar cosas innecesarias, aunque ahí podíamos entrar en otro tipo de consideraciones psicoacústicas como que aunque no amplifiques mucho está bien que la imagen mental del origen del sonido sea la misma para resto de la banda como para el de la voz y eso obliga a poner un poco de la banda en la PA también para no dejarla solo en el fondo del escenario.
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  • zakax
    #6 por zakax el 15/10/2017
    Yo por mi parte, una de cal y una de arena.
    Creo que a la gente que no se dedica a esto o no tiene un interés específico por estas cuestiones tampoco se le puede tratar de "tontos". La gente sabe perfectamente cuando algo suena bien, y quizás no te lo puedan explicar con palabras concretas, tan solo lo sienten y eso es al final lo que vale.

    Tambien hay otro factor importante y es que toda esa gente (y muchos de nosotros) vamos no solamente a escuchar el concierto, sino tambien a VERLO. Con lo cual la atención que le podamos prestar al show queda directamente dividida en porcentajes relativos entorno a lo que es "físico" por un lado, y a lo "no palpable" (el sonido o la química y la emoción). El 90% de la gente que conozco se emociona mas con un tio tocando dos notas pero dándolo todo en el escenario que con el músico mas experimentado del mundo dándonos virtuosas lecciones de música en posición estatica.

    Por suerte, el título del artículo es "Aprende a evaluar el SONIDO de un concierto", y bajo estas cirunstancias, me parece estupendo que se le pueda explicar a la gente que te tengas que situar en un triangulo equilatero delante del escenario, o de cualquier sistema de amplificación para estar en el "sweet spot".
    Mis amigos siempre me preguntan donde nos tenemos que poner para escuchar mejor el concierto antes de que empiece, y yo con gusto les explico el dónde y el porque.

    Saludos a tod@s!
  • Wikter
    #7 por Wikter el 15/10/2017
    Buen artículo, a la mayoría de aquí nos puede parecer elemental, pero en los supermercados hay gente que no sabe la diferencia entre sonidos agudos y graves... y son mayoría.
  • Frank Drebin
    #8 por Frank Drebin el 16/10/2017
    auguro un futuro donde los conciertos seran escuchados por auriculares, habra infrasub no os preocupeis...pero tendremos que elegir entre ligar y escuchar el evento de turno...
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  • Inxu
    #9 por Inxu el 17/10/2017
    #7 +1
  • Hono
    #10 por Hono el 18/10/2017
    #7 Efectivamente
  • Hono
    #11 por Hono el 18/10/2017
    #8 En Madrid, cerca de Ópera, había un garito, un after, dónde te daban unos cascos para escuchar la música; era el único medio. La verdad es que cuando entré, me pareció raro de cojones: poco ruido, la gente por ahí en plan frikie con los cascos y yo con una tajada de la leche. El problema es ese, que si quieres hablar con alguien tienes que quitarte los cascos...muy raro.
    Eso sí, lo bueno es que no molestan a nadie...
  • Paul Aynas
    #12 por Paul Aynas el 20/10/2017
    Bien enfocado.
  • Enrique
    #13 por Enrique el 22/10/2017
    Buen y necesario artículo para mentes cerradas.
  • Hono
    #14 por Hono el 31/10/2017
    De todas formas, que en la mayoría de los conciertos la mayoría de la audiencia no escuche lo que tiene que escuchar, tiene narices. Nos lo montamos un poco mal, la verdad...