Escucho, me gusta, compro

Andrew Dubber

Hay muchos trucos de marketing muy sofisticados para la música online. Pero si pierdes de vista este principio fundamental, no llegarás a tener que molestarte en adoptarlos.

La música es un concepto único cuando se trata del consumo de medios. No vas al cine comprando la entrada porque ya has visto la película y te ha gustado, y mientras que resulta razonable que te compres un libro porque te has divertido hojeándolo en la tienda, lo normal es que lo compres primero y después lo leas. Los DVDs se parecen quizás algo más a la experiencia de comprar música. Te gustó la película así que te compras el DVD. Pero, de la misma forma, si te gusta la película es probablemente porque en el pasado pagaste la entrada para verla en el cine.

La música es diferente y la radio es la prueba. De lejos la forma más fiable de promocionar la música es dejar que la gente la oiga. Una y otra vez si es posible, y gratis. Tras un tiempo, con suerte, la gente se aprende la música y empieza a gustarles. En ese caso, tarde o temprano, querrán poseerla.

De esta forma, disfrutar de la música no es sólo entretenimiento. El consumo musical para casi todo el mundo es un asunto muy serio. Y con consumo no me refiero sólo a comprar para escuchar. Me refiero a coleccionar, organizar, y en general hacer que la música tenga sentido dentro del canon personal de cada uno. Entrar en este círculo requiere mucho más que una compra impulsiva.

En cualquier caso, tanto si se trata de una melodía pop, de punk con letras políticas, o de avantgarde experimental, la clave es simple. La gente tiene que oir la música. Después podría gustarle y, finalmente y con suerte, se lanzarán a una relación económica contigo para consumir y no solo escuchar tu música.

Es el orden en el que tiene que ocurrir y nunca ocurrirá en otro orden. No tiene sentido que la gente compre la música, después la oiga y al final le guste. No va a ser así.

No es el tipo de ciencia necesaria para construir un misil. Es algo perfectamente obvio, directo y práctico. Y sin embargo es un error que muchos cometen al intentar promocionar su música online.

Nadie quiere comprar música que no conoce y que por descontado nunca ha oído. Especialmente si viene de alguien que nunca ha estado en su marco de referencia.

Una muestra de 30 segundos es un desperdicio de tiempo y de ancho de banda. De hecho es peor que inútil. Es insuficiente para que a nadie le guste tu música. Deja que la escuchen, que la guarden, que vivan con ella. Y luego traeles de vuelta como fans.

Ahora más que nunca, hay que construir esa relación, porque es más tentador que nunca no tomarse la molestia y desaparecer. No importa lo buena que sea tu música, compite con millones de otras elecciones. Millones. La forma más simple de promocionar tu música y construir una relación económica con el consumidor es dejar que la oiga. Repetidamente y sin restricciones. Que aprendan a amar tu música y a tenerla como parte de su colección. Entonces es cuando querrán darte su dinero. No es que la música online consista en altruísmo. Es como el capitalismo funciona. Ofreces valor y te recompensan con dinero. No te dan primero el dinero. Y nadie te explica cuál esperan que sea tu valor.

Foto de Faraz.

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