No deberías tener que vender tu alma por descargar un poco de música

Cory Doctorow

Éste es el acuerdo de licencia más corto, más simple y más justo posible: «No violes la ley del copyright». Si todo se hiciese a mi manera, cada descarga en iTunes o Amazon, cada ebook para Kindle y Sony Reader y cada juego para Xbox tendría este pero sólo este acuerdo de licencia.

«No violes la ley del copyright» significa muchas cosas, pero lo mejor es que avisa al comprador de que, digamos, «no vamos a andar jodiéndote».

La guerra del copyright ha producido resultados dispares y divertidos, pero creo que lo mejor ha sido que las discográficas empiecen a hacer campaña por una educación sobre el copyright basándose en que de otra forma los jóvenes estarán creciendo sin la sensibilidad moral que necesitan para convertirse en miembros útiles para la sociedad.

Las mismas discográficas que llevan décadas diciendo a sus abogados explícitamente que ellas no deben ser los guardianes de la moralidad de los jovenes. Que no tienen responsabilidad alguna sobre el sexo, drogas y rock'n roll, ni sobre el gangsta rap, ni sobre los fiestorros repletos de drogas. Ahora se convierten, y se golpean el pecho culpándose por lo corrompedor de la influencia de las descargas en nuestros pobres niños.

En realidad tienen parte de razón. Y es que los niños, y muchos adultos, no ven problema alguno en cargarse a las discográficas, y eso son malas noticias para ellos. Cuando empezó Napster, la sensación generalizada empezó a ser que las discográficas en realidad merecían morir, por todos esas nuevas bandas enlatadas, por cargarse el single, por fijar el precio de los CDs, y por esos contratos tan miserables que obligaban a firmar a sus artistas.

Luego llegó lo de los derechos digitales, los juicios, primero contra los que programaban herramientas como Napster pero después contra decenas de miles de usuarios de las mismas. Y el uso de software malicioso para impedir las copias, la creación de leyes a favor sólo de ellos, la destrucción de la radio por Internet. Ladrillo a ladrillo, las discográficas construyeron un sótano en el que encerrarles a todos. Las cinematográficas, empresas de difusión, editoriales de libros electrónicos o fabricantes de videojuegos no se quedaron atrás. Según crecía la lucha, aniquilar a la industria del entretenimiento se convertía en una idea cada vez más atractiva.

Una década después la industria discográfica por fin nos ha devuelto el single, parece haber algo parecido a competencia en los precios —lo de los contratos de los artistas, y las bandas enlatadas siguen siendo un pequeño inconveniente—. Incluso se olvidan de los derechos digitales en la mayor parte de sus ventas. Incluso sus catálogos son mucho más generosos que en los días de tiendas físicas de discos.

Ahora el discurso es «te hemos dado lo que pedías, nos hemos arrodillado ante ti, ahora por favor deja de jodernos y compra música otra vez, estamos ofreciendo un trato justo». Pero cualquiera que examina detalladamente el discurso ve lo que hay detrás; una nueva trampa.

Consiste en ese pesado acuerdo de usuario. Cuando vas a una de las pocas tiendas físicas de discos que quedan, no hay un funcionario en el mostrador gritándote «al comprar esta música, te demuestras de acuerdo con los siguientes términos y condiciones» a cada disco que miras, recordándote la interminable lista de derechos a los que te sometes si tienes la temeridad de comprar música en lugar de copiártela de alguien.

Si se pretende que el discurso legal por una descarga sea «un trato justo» lo menos que hay que pedir es que sea eso, un trato justo. Las actividades que esos acuerdos de licencia restringen van de lo dudoso a lo simplemente ridículo, a pesar de que para muchos todavía no es justo que una venta se incorpore directamente a una colección de música digital.

No es el trabajo de la industria del entretenimiento descubirme qué términos son justos o dejan de serlo si compro una descarga. Si copiar un MP3 es ilegal, que consigan que una ley lo diga. Siempre han sido buenos con las leyes y si no han conseguido una que diga esto, eso sólo demuestra lo poco razonable que es la propuesta. El acuerdo de licencia sin negociaciones y favorable sólo para una parte que se esconde detrás del «haz clic aquí para confirmar que has leído y estás de acuerdo con nuestras cláusulas de servicio» representa un punto de vista ilusorio de lo que en realidad es una compra.

Si el discurso es «éste es un trato justo» entonces bastaría con un acuerdo de licencia que dijese «puedes hacer lo que quieras con esto siempre que no rompas la ley».

El de ahora se parece más a «quien comprare aquí, abandone toda esperanza».

Visto en The Guardian.

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