La otra mitad de tus ficheros de audio

Lo más probable es que si acabas de empezar a construir una colección de música digital, aún no habrás tenido que lidiar con la palabra bitrate. Eso puede estar a punto de cambiar.

La tienda Apple iTunes, el más grande vendedor de descargas musicales, comenzó ayer a vender pistas de EMI Music, sin ninguna restricción de copia, por un precio algo más alto que el habitual, 1,29 dólares en lugar de 99 céntimos. Como compensación, estas pistas tienen mejor sonido, un bitrate de 256 Kbps en lugar de los 128 Kbps estándar. Apple ha llegado a sugerir que esto supone «una calidad de sonido indistinguible de la grabación original».

¿Qué es exactamente el bitrate? Explicado simplemente, es una medida de la cantidad de datos que se usan para representar cada segundo de música. Un número más alto significa que se dispone de más información para recrear el sonido. Para melómanos o para aquellos con buenos equipos de sonido, más datos suponen una gran diferencia.

El pasado otoño, el Dr. Naresh Patel, físico en Fort Wayne, Ind., se mudó a un hogar diseñado junto con su mujer Valerie. Disponían de un home theatre completo, con un projector, altavoces surround y un sistema de amplificación de gama alta. El centro del equipo de sonido eran dos altavoces Bowers & Wilkins que costaron 12.000 dólares al Dr. Patel «con descuento».

Todo funcionó a las mil maravillas hasta que el Dr. Patel conectó su iPod al sistema. Sentado en el punto dulce de su teatro para disfrutar su música, se sintió sin embargo horrorizado.

«No podía creer lo que oía» dijo. «No necesitas un oído entrenado para distinguir que faltaban tantas cosas: Imagen, anchura, profundidad del sonido. Casi sonaba monaural, como escuchar música sin estéreo. Claridad, sedosidad, la musicalidad de la música. Nada estaba allí».

El problema era la compresión —el proceso de eliminar datos del sonido para que la música quepa en un fichero más pequeño—. Que el sonido comprimido irrita las narices del audiófilo no es nuevo. Las raíces del debate están en los ochenta, cuando surgía el CD contra el viejo y querido vinilo. La degradación de la calidad CD hacia otra cosa incluso más limitada es para muchos audiófilos la prueba de que el apocalipsis está cerca.

Pero hay otros factores que hacen del debate sobre calidad de sonido y bitrates aún más relevante hoy. El almacenamiento digital es más barato que nunca, las velocidades de descarga se incrementan y los ficheros digitales con música han tomado el lugar de los CD en muchos hogares o automóviles. Mucha gente está explícitamente pidiendo descargas de más calidad, y Apple y otros proveedores están a punto para proporcionarlas —a un precio mayor, por supuesto, aunque el precio de los álbumes completos desde iTunes a alta calidad debería permanecer siendo el mismo—.

Barney Wragg, quien supervisa los esfuerzos de EMI en el campo de la música digital, afirma que ha habido un desplazamiento en el mercado musical. «La experiencia PC y reproductor MP3 ha cambiado. Ahora la gente quiere llevar la música de sus iPod a sus equipos estéreo y a sus automóviles. Esto impulsa la demanda de mayor fidelidad. Cuando conecto un iPod en mi coche, realmente se nota la diferencia».

Además del bitrate, la calidad de la música digital está también afectada por el formato, determinado por el software utilizado para comprimirla, lo que se conoce como codec. MP3 es una de las viejas técnicas para comprimir el sonido y no es de las más utilizadas por las tiendas online. Apple ha escogido un formato más nuevo llamado AAC, el cual es compatible con iPod y con otros dispositivos. Otras tiendas online utilizan WMA, el cual no puede reproducirse en un iPod.

Los tres formatos citados son loosy, lo que significa que el software codificador casi quirúrjicamente elimina la información del sonido que por otra parte no es fácil de oir, porque está cubierta por otros sonidos o situada en rangos de frecuencias que no son fáciles de alcanzar por el oído humano. La pista de Norah Jones Come Away With Me ocupa 33,4 MB almacenada en un formato sin compresión; los métodos loosy reducen el tamaño a unos 6,1 MB a 256 Kbps o 3,1 MB a 128 Kbps, con independencia del codec utilizado. Cuando se transforma un CD a ficheros de sonido en un PC, es posible elegir el bitrate deseado en la configuración de iTunes o de Windows Media Player.

La calidad varía según el codec. Mr. Wragg de EMI cita como regla sencilla que un MP3 a 320 Kbps equivale aproximadamente a un AAC a 256 Kbps. «La diferencia entre WMA y AAC es más difícil de establecer». Añade «Cada uno tiene una forma ligeramente diferente de obtener la compresión, pero en pruebas a ciegas su rendimiento es similar. Al mismo bitrate suenan parecidos, pero unos prefieren uno y otros prefieren el otro».

Hasta ahora, las tiendas online se han manejado con pistas a 128 Kbps —la mayor parte de ellas, al menos—. Hace dos años, un grupo de audiófilos creó MusicGiants, una tienda de descargas digitales especializada en ficheros lossless que están comprimidos de manera que no se descarta ninguna información contenida en el sonido, resultando en ficheros de unos 25 MB de media. MusicGiants dispone ahora de más de 500.000 canciones de las principales etiquetas.

Scott Bahneman, jefe ejecutivo de MusicGiants, afirma que comparar pistas lossless con pistas con compresión es como comparar fotografías tomadas con una cámara digital de alta gama con otras tomadas con la cámara de un móvil. «Cada bit cuenta cuando quieres calidad de sonido, resolución, o lo que sea» dice. La audiencia del sitio es el tipo de persona que gasta grandes sumas de dinero en caros equipos de sonido domésticos, y quieren la música almacenada en formato digital y no en CD.

Bahneman dice que su compañía planea ofrecer calidad mejor-que-CD en ficheros creados originalmente para formatos DVD-Audio o Super Audio CD, los cuales no tuvieron éxito entre los consumidores. Cada canción tendrá 250 MB de tamaño, aproximadamente el de un episodio de una comedia televisiva en iTunes, pero sin el vídeo. Estos ficheros Super HD tendrán un bitrate de hasta 11 Kbps y se venderá el álbum completo y no las canciones separadas por unos 20 dólares. Bahneman confía en que con los servicios de banda ancha y los enormes discos duros actuales, la descarga y el almacenamiento de ficheros de sonido de alta resolución no deberá ser un problema.

Los ficheros gigantes de MusicGiants seguramente no apelarán a las masas. La mayor parte de la gente está de acuerdo en que con sus reproductores con auriculares, los altavoces de su coche y los equipos de sonido compactos, no es fácil distinguir un bitrate bajo de uno alto. Lo que se pierde por la compresión en cualquier caso se pierde también al reproducir el sonido a través de ese tipo de altavoces.

Para probar el efecto de los distintos bitrates, tomé prestado un equipo de sonido que no sería el sueño húmedo de ningún audiófilo pero sí de mayor calidad que el equipo normal de un comprador de música estándar: Un receptor Harman Kardon AVR 147 y dos altavoces JBL L880 —1.400 dólares el par—, conectados a un iPod mediante el adaptador Hardman Kardon Bridge.

Este estudio no científico precisó de tres personas, incluyéndome a mí mismo, que escuchan música a diario en distintos formatos, desde la FM hasta el CD. Cargué el iPod con 11 versiones de Come Away With Me, abarcando varias calidades de MP3 y AAC de 64 Kbps hasta 320 Kbps, así como en el formato lossless de Apple. Sentados en el punto dulce, escuchamos las diferentes versiones en un orden aleatorio, intentando determinar si cada versión tenía una mayor o una menor calidad. El test era sencillo de realizar, y los resultados sorprendentes.

La diferencia entre 64 Kbps y 128 Kbps resultó escueta, y los tres estuvimos de acuerdo. Cuando los bitrates subieron de 128 Kbps, sin embargo, nuestras conclusiones empezaron a ser fortuitas. Ninguno fue capaz de decir la diferencia entre 320 Kbps y lossless. Un resultado inesperado fue que para todos nosotros los ficheros AAC sonaban mejor que los MP3 a bitrates bajos.

Así, aunque las pistas de peor calidad no suenen terribles para todos los escuchas, la diferencia entre 128 Kbps y 256 Kbps es real. Mucha gente gastará dinero extra por mercancía de mejor calidad, posiblemente anticipándose a disponer de un equipo de sonido mejor en el futuro. Podrías decidir no comprar todas tus pistas descargadas una segunda vez a mayor calidad, pero también que pagar 1,29 a partir de ahora resulta justo a cambio de una pista mejorada.

Nuestro Dr. Patel afirmó tener sentimientos mezclados. Siempre preferirá la calidad CD al audio comprimido, incluso a 320 Kbps. ¿Le importará en el futuro que haya disponibles descargas de mayor calidad en iTunes? «Siempre compraré lo mejor que pueda tener, pero no estoy en absoluto excitado. Esa no será una gran mejora».

Traducido libremente de New York Times.

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