El pequeño Monty

Nos gustaría que todos participarais activamente en la creación de este blog. Por eso hemos pensado que podríais contar vuestras experiencias para que todos podamos aprender de los demás. Seguro que hay gente que tiene anécdotas que nos pueden ayudar a todos.

Para ello abriremos una sección de relatos, donde al final realizaremos una encuesta. Empezamos esta nueva sección con El Pequeño Monty.

 

El pequeño Monty llevaba semanas practicando sus escalas en el teclado. Recorrerlo de extremo a extremo haciendo saltar sus dedos en los intervalos adecuados, manteniendo constante el tempo y sin fallar ninguna pulsación; ese era el reto que se había impuesto. De hecho tenía muy poco que ver con la música. Subir y bajar a través de la gama de sonidos que proporcionan las siete octavas parecía más bien un ejercicio gimnástico.

Para Monty esa práctica tenía algo de hipnótico, le gustaba el sonido que producía, pero sobre todo le gustaba el orden en que se producía, como progresaba de manera constante en el tiempo. Eso de progresar y ser constante es ciertamente paradójico y conseguirlo le hacia sentir la satisfacción del que alcanza la diana con una flecha o del que ejecuta un salto mortal y lo clava.

Ya lo estaba logrando sin errores aparentes al menos seis veces de cada diez que iniciaba el ejercicio, por ello decidió que era el momento de mostrarle a su mami el progreso realizado. Tuvo que insistir un poco para que mami se apresurara para presenciar su exhibición ya que algún asunto incomprensiblemente importante la hacia demorarse en la cocina en lugar de acudir de inmediato a su reclamo. Aunque el ejercicio le salía bastante bien no era cuestión de desaprovechar la racha, ya que llevaba casi toda la tarde sin cometer ningún error. Un poco como si la espera fuera a evaporar la “magía” que obraba en sus dedos que le permitía acertar en cada tecla en el momento preciso.

“Ya estoy aquí, a ver muéstrame eso que dices que te sale tan bien en el piano...”, dijo mami secándose las manos con un trapo de cocina. Desde luego mami había dejado a medias algo que parecía ser importante, de manera que la demostración tendría que valer la pena.

Monty se giro hacia el piano e inició el ejercicio directamente a “velocidad de crucero”, pero tan solo a la cuarta nota falló. Rápidamente reinició el ejercicio con cierta premura, un poco con el sentimiento de que volver a empezar enseguida haría que el error no se notara. Sin embargo, sus dedos no fluían con la misma facilidad y soltura como lo habían hecho toda la tarde cuando no había testigos de su rendimiento. El tempo era algo vacilante, la presión de las pulsaciones no era segura y la precisión se estaba afectando, de manera que antes de concluir la tercera octava volvió a cometer un error. Esta vez “había ido demasiado lejos” como para reiniciar el ejercicio desde el principio, de manera que siguió adelante buscando deliberadamente hacerlo mejor. Pero el tempo se iba acelerando como si huyera rápidamente para compensar el error cometido. De manera que muy pronto aparecieron dos errores de pulsación más; tan seguidos que hicieron sentir al chico que aquello distaba mucho de ser algo para lo cual mereciera la pena haber llamado a mami...

Encuesta:

¿Podrías explicar situaciones en las que hayas cometido errores en directo y sobre todo, la razón por la que crees que cometiste ese error y cómo hiciste para salir de él?

Por PsicoEscénico

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